La toxicidad del alcohol varía según tu genética, pero también según tu experiencia acumulada como bebedor. Es lo que conocemos por tolerancia al alcohol: la capacidad de tu organismo y tu cerebro para acondicionarse a él y sobrellevarlo. La tolerancia se desarrolla muy rápido porque tu cerebro aprende muy deprisa, y espera que le ofrezcas alcohol. En una semana de vacaciones, al inicio puede que te emborraches con una o dos copas de vino, por ejemplo. Sin embargo, ya en los últimos días, podrías necesitar una botella entera para alcanzar el mismo estado.
Sin embargo, desarrollar una alta tolerancia siempre entraña ciertos riesgos. Una vez fui a casa de un amigo y, cuando nos sentamos a ver el partido de rugby, me ofreció un trago. Acepté y me sirvió una copa llena de whisky escocés. Le di un sorbo y él se sirvió la misma cantidad. Mientras yo iba tomándome la mía a sorbos, él apuraba una y otra vez la suya y se servía más. Para cuando finalizó el partido, se había bebido una botella entera de whisky (¡salvo mi copa!). Su tolerancia al alcohol estaba por las nubes.
La triste historia de Amy Winehouse ejemplifica otro riesgo de la tolerancia al alcohol: las consecuencias de perderla. Tras seis semanas de terapia, la cantante volvió a consumir la cantidad que consumía antes de la rehabilitación. Pero, como había perdido su tolerancia al alcohol, aquella cantidad se había vuelto tóxica para ella.
Si lo piensas bien, esta tolerancia viene a ser dependencia (o, al menos, su origen). Así que, si al echar la vista atrás descubres que tu consumo de alcohol ha aumentado progresivamente, te emplazo a que leas el capítulo 7, donde explico en más profundidad cómo funciona la tolerancia.
Puede deberse a varias razones (y es probable que a más de una a la vez). Ante todo, está el factor tolerancia: quizá tu amigo se ha habituado a beber mucho más que tú, por lo que su cerebro está preparado para combatir los efectos del alcohol. Si pertenece a un sexo distinto al tuyo, eso también marcará la diferencia. Aunque un hombre y una mujer beban lo mismo, el nivel de alcohol en sangre será más elevado en la mujer. Esto es no solo porque las mujeres suelen tener menor estatura, sino también porque, proporcionalmente, el cuerpo de la mujer alberga un mayor porcentaje de grasa y un menor porcentaje de agua, y el alcohol se diluye en el contenido de agua corporal.
Si tu amigo ha comido algo antes, el tipo de alimento y la cantidad ingerida también van a marcar una diferencia, ya que la comida ralentiza la absorción de alcohol en el estómago. Por eso, algunas personas aseguran que beben medio litro de leche antes de salir de fiesta por la noche. Esto no es simple sabiduría popular; ciertamente, la leche no tendrá un gran efecto por sí misma, pero el líquido los llenará e hidratará, de modo que se sentirán menos sedientos. La grasa, como ocurre con otros alimentos que la contienen, retrasa el vaciamiento gástrico. Dado que el estómago absorbe solo el 20 % del alcohol, esto ralentiza la absorción de alcohol en la sangre [11] y [12].
Luego están los factores genéticos. Quizá la genética de tu amigo le permite metabolizar el alcohol más rápido. A algunas personas les cuesta especialmente, sobre todo después de que el organismo lo haya convertido en acetaldehído. Esta incapacidad ocurre con mayor frecuencia en personas de ascendencia japonesa, china y coreana [13]. Como resultado, estas sufren los efectos negativos muy rápido (en particular, experimentan mucho antes las sensaciones de rubor y embriaguez).
Algunas personas, sobre todo los hijos de hombres alcohólicos, parecen haber heredado cerebros «infrasensibles» al alcohol. Esto significa que, desde la primera vez que beben, ya presentan una tolerancia mayor que la de sus iguales. Se trata de una especie de tolerancia predeterminada que parece jugar a su favor al principio, pero que, con el tiempo, puede llevarlos a beber más y, por lo tanto, a un mayor riesgo de sufrir daños por consumo de alcohol.
¿Sueles terminar las noches de fiesta comprándote un kebab, una hamburguesa u otra comida de tu agrado? No se sabe con certeza por qué tenemos tanta hambre después de haber estado bebiendo.
Un motivo podría ser que el alcohol modifica la producción de azúcar en el hígado, por lo que te vuelves hipoglucémico; en otras palabras, alcanzas un bajo nivel de azúcar en sangre, lo cual te provoca hambre. También podría deberse a que comer, al igual que fumar, es un modo de potenciar tu sensación de recompensa-placer. O, si estás a dieta o restringiendo los alimentos de alguna forma, podría ocurrir que el efecto reductor de inhibición del alcohol sobre el GABA suavice tu determinación de no comer. Probablemente, existe una razón similar que explique por qué las personas ebrias tienen más posibilidades de mantener relaciones sexuales.
Al tener efectos sedantes, el alcohol te sume en un sueño muy profundo. Esto explica por qué la gente que se duerme borracha hace cosas raras, como levantarse para orinar en el armario. Tan profundo es su sueño que su cerebro consciente permanece dormido mientras que, de alguna forma, otra parte les ordena que orinen. Y, dado que los terrores nocturnos (intensas experiencias semejantes a pesadillas, pero en las que incluso puedes moverte) también se producen en este estado de sueño profundo, si tienes propensión a ellos, el alcohol puede provocarlos (ahondaremos en ello en el capítulo 6).
El efecto sedante se prolonga durante cuatro horas más o menos. Una vez transcurrido este tiempo, puede que despiertes con dolor de cabeza y, tal vez, con una sensación de parpadeo luminoso en los ojos, sintiéndote alerta a la vez que afligido; seguramente, te resulte difícil retomar el sueño. Si no te despiertas, es probable que duermas mal o de forma irregular.
Esto sucede porque tu cerebro sabe que la embriaguez es potencialmente peligrosa, de modo que no quiere caer en ella. En cuanto comenzaste a beber la noche anterior, tu cerebro empezó a cambiar. Dado que el alcohol bloquea los receptores de glutamato, se regula al alza el sistema del mismo, para lo cual aumenta la cantidad de dichos receptores.
Después, a medida que tu nivel de alcohol en sangre desciende durante la noche, te quedas con demasiados receptores y, por lo tanto, con mucha actividad de glutamato. Por eso estás muy despierto y alerta, y por eso te parece que el mundo tiene demasiada luz, demasiado ruido… Que tiene demasiado de todo, en general.
¡Buenos días! O quizá no tan buenos. La gente suele contar chistes de resacas como este: «¿Qué es lo mejor para una resaca? Beber mucho la noche anterior». Incluso existe una franquicia de películas supertaquilleras que giran en torno a lo desconcertados, indispuestos y arrepentidos que nos sentimos a la mañana siguiente. Pero lo que está sucediendo durante una resaca es más grave que eso: se trata de abstinencia. De acuerdo, los síntomas no son tan fuertes, desagradables y potencialmente mortales como los que puede sufrir un alcohólico. Pero no importa de qué lo disfraces: tu cerebro y tu organismo se están absteniendo del alcohol.
Podemos definir la resaca como una experiencia donde se aúnan diversos efectos fisiológicos y psicológicos desagradables, resultantes de la ingesta media o elevada de alcohol. Por lo general, aparece unas diez horas después de haber alcanzado el máximo nivel de alcohol en sangre, aunque esto varía dependiendo de factores como el sexo, el peso e incluso la disposición genética. Sin embargo, algunas personas no sufren la más mínima resaca: según algunos informes, entre el 3% [14] y el 23% [15] de la población es inmune a ellas. No es de extrañar que estas personas tengan más probabilidades de convertirse en bebedores empedernidos, al no experimentar esta consecuencia disuasoria.
Tal vez sepas por experiencia que la resaca puede durar entre unas pocas horas y más de veinticuatro. El alcohol afecta a muchos sistemas de tu organismo y tu cerebro, por lo que la resaca es, necesariamente, compleja, y de ahí las infinitas modalidades de sufrimiento. Hay más de cuarenta y siete síntomas posibles (puedes consultarlos en la tabla 1), y es probable que tengas tu propia combinación personalizada; en cualquier caso, van desde trastorno del sueño y deshidratación hasta ansiedad, tensión, estado emocional negativo e incluso déficits de atención, de memoria y de habilidades psicomotrices. Los síntomas dependerán de cuánto hayas bebido, pero también de lo que hayas bebido. Los alcoholes añejos y los madurados en barrica contienen muchos congéneres (ya hablamos de ellos antes), y se cree que estos pueden agravar las resacas. ¿Qué conclusiones sacamos? Aunque ya no estés borracho, lo más probable es que rindas poco en el trabajo, aparte de que quizá no sea una gran idea que conduzcas. En Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estimaron que los costes económicos derivados de las resacas por consumo de alcohol ascendieron en 2010 a unos doscientos cuarenta y nueve millones de dólares [16].
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