No puede haber cosa más armónica que la danza, que [72] afina el alma, ejercita el cuerpo, deleita a los espectadores, e instruye sobre muchos aspectos de la Antigüedad con su acompañamiento de flautas, címbalos, cadencia de las canciones y magia que entra por los ojos y los oídos. Y si además buscas la perfección de las voces, ¿en qué otro sitio podrías encontrarla? o ¿qué coral podrías oír más melodiosa? O si prefieres el sonido más agudo de la flauta y la siringa, también puedes disfrutar de ellas copiosamente con la danza. Paso por alto decir que mejorarás de carácter frecuentando este espectáculo, cuando te des cuenta de que el público aborrece las cosas mal hechas, llora por las víctimas de las injusticias y en una palabra alecciona las costumbres de los espectadores.
También te voy a decir ahora lo más digno de elogio [73] en los bailarines: a mí me parece que es asombroso que puedan cultivar al mismo tiempo la fuerza y la fluidez de los miembros, como si en una misma persona se mostrara la robustez de Heracles y la delicadeza de Afrodita.
[74] Quiero ya explicarte con palabras cómo debe ser el perfecto bailarín, tanto en alma como en cuerpo. Aunque ya dije con anterioridad la mayor parte de sus cualidades intelectuales, sostengo que debe tener buena memoria, estar bien dotado por la naturaleza, ser inteligente, rápido de inventiva, capaz ante todo de obrar oportunamente, con aptitud crítica para distinguir los mejores poemas, cantos y melodías, así como para rechazar los que están [75] mal compuestos. En cuanto al aspecto físico, creo que debe conformarse al canon de Policleto, sin ser ni demasiado alto y desproporcionadamente alargado ni corto y de naturaleza enana, sino perfectamente proporcionado, sin estar demasiado gordo, porque no tendría credibilidad, ni exageradamente flaco, pues resulta ello esquelético y cadavérico.
[76] Quiero contarte también, a manera de ejemplo, las rechiflas de un pueblo no lerdo para señalar tales características. En efecto, los de Antioquía, una ciudad muy inteligente que honra la danza de modo especial, vigilan con tal cuidado todo lo que se dice y ocurre, que no se les escapa nada a ninguno de ellos. Y así, al presentarse en escena un bailarín pequeñito, que representaba a Héctor, todos a una gritaron, como si fuera Astianacte: «¡Oh, Astianacte!, ¿dónde está Héctor?» En otra ocasión, un individuo exageradamente alto, intentaba representar a Capaneo y asaltar las murallas de Tebas: «¡Súbete al muro!», le gritaron, «¡porque no necesitas escalas!» Y a un bailarín muy gordo y muy pesado, que intentaba dar grandes saltos, le dijeron: «¡Por favor, ahórrate el altar!» 67 . Y al contrario, a uno muy flaco le dijeron: «¡Salud!», como si estuviera enfermo. No os he recordado estas anécdotas para haceros reír, sino para que sepas que también pueblos enteros se interesaron en el arte de la danza, hasta el punto de poder regular con normas sus aspectos buenos y malos.
Además de esto, el bailarín debe ser totalmente ágil [77] y de cuerpo al mismo tiempo desgalichado y compacto, para que pueda cimbrearse como un junco cuando la ocasión lo exija, y mantenerse rígidamente firme si ello es preciso.
Porque la danza no se aparta tampoco de la gesticulación [78] de manos de las competiciones públicas, sino que participa también de las bellezas deportivas dedicadas a Hermes, Polideuces y Heracles, como podrías ver prestando atención a cada una de estas pantomimas.
Heródoto cree que las percepciones visuales son más dignas de crédito que las auditivas, pero en la danza se unen las que llegan por los oídos y 68 las que proceden de la vista.
Su fascinación es tan poderosa que si un enamorado [79] acude al teatro, se tranquiliza viendo las funestas consecuencias del amor. Y uno que está apesadumbrado sale del teatro más alegre, como si hubiera tomado una medicina que hace olvidar y, para decirlo con el poeta, «bebiendo una droga contra el llanto y la cólera» 69 . Una prueba de la afinidad de la danza con la realidad y de que cada uno de los espectadores reconoce lo que se está representando, es que con mucha frecuencia los asistentes lloran, cada vez que se presenta algún suceso digno de compasión y lástima. La danza báquica, que se cultiva sobre todo en Jonia y en el Ponto, a pesar de ser satírica, hasta tal punto ha sojuzgado a la gente de allí, que en la época señalada todos acuden olvidándose de todo y están sentados todo el día, contemplando Titanes, Coribantes, Sátiros y rústicos. Y ejecutan estas danzas los individuos más nobles y más caracterizados de cada ciudad, no sólo sin avergonzarse, sino que se jactan de ello más que de su nobleza, de sus servicios públicos y de las distinciones de sus antepasados.
[80] Y ahora, puesto que ya te dije las virtudes de la danza, déjame que te explique también sus vicios. En cuanto a los del cuerpo, ya los comenté, y los del espíritu creo que tú mismo podrías observarlos con tales explicaciones. Muchos bailarines cometen terribles solecismos por ignorancia, pues es imposible que todos sean sabios. Unos se mueven de modo irracional, sin ninguna relación, por así decirlo, con la medida, con el pie por un lado y la música por otro. Otros se mueven con ritmo, pero los temas van retrasados o se anticipan, como recuerdo haber visto en alguna ocasión. Un bailarín que estaba representando el nacimiento de Zeus y a Crono devorando a sus hijos, se confundía en su danza con las desgracias de Tiestes, arrastrado por la semejanza. Y otro que representaba a Sémele fulminada por el rayo, la equiparó a Glauce, que pertenece a una generación posterior 70 . Pero no hay que condenar en mi opinión a la danza misma a causa de tales bailarines, ni hay que aborrecer su propia actividad, sino que debemos considerar que tales individuos son ignorantes, como así es, y elogiar a quienes lo hacen todo correctamente, de acuerdo con las normas y el ritmo del arte.
En una palabra, el bailarín debe ser perfecto en todo, [81] con un sentido completo del ritmo, bien parecido, proporcionado, coherente, irreprochable, incorruptible, íntegro, provisto de las más altas cualidades, agudo en sus ideas, con una formación profunda y sobre todo con sentimientos humanos. En realidad, la alabanza de los espectadores a tal bailarín será completa cuando cada uno de los asistentes reconozca su propia situación, o más bien se vea a sí mismo en el bailarín como en un espejo, tanto lo que suele sentir como lo que suele hacer. Es entonces cuando las personas no pueden contenerse de emoción y todos en masa se vuelcan al elogio, porque cada uno ve las imágenes de su alma y se reconocen a sí mismos. Realmente, el famoso dicho de Delfos «conócete a ti mismo» se realiza en ellos gracias al espectáculo, porque aprenden lo que tienen que elegir y lo que han de evitar, y se enteran de lo que antes desconocían.
Se produce en la danza, como en la literatura, lo que [82] la gente llama «mal gusto» cuando sobrepasan los límites de la imitación y se esfuerzan más de lo necesario; si hay que representar algo grande, lo representan inmenso, y si tierno, lo afeminan con exageración, mientras lo varonil lo llevan hasta el salvajismo y la bestialización.
Yo recuerdo, por ejemplo, haber visto una vez a un [83] bailarín que antes había sido famoso, inteligente en general y realmente digno de admiración, pero ignoro por qué destino siniestro fue a parar a una representación horrenda por exagerar la imitación. Estaba representando en efecto al Áyax enfurecido inmediatamente después de su derrota, y tanto se sobreexcitó que verosímilmente habría parecido no que representaba una locura, sino que realmente él se había vuelto loco: rompió la ropa de uno de los que llevaban el compás con su calzado de hierro 71 , arrebató la flauta a uno de los acompañadores, arremetió contra Ulises que estaba cerca, engreído por su victoria, y le partió la cabeza, con lo que habría perecido el desgraciado Ulises si no le hubiera protegido el gorro, que aguantó lo más fuerte del golpe, caído por obra de un bailarín enloquecido. Pero ya todo el público estaba también fuera de sí con Áyax y saltaban, gritaban y arrojaban sus vestidos; la chusma, totalmente ignorante por ello y sin pretensiones de buen gusto, incapaz de distinguir lo mejor de lo peor, creía que lo que estaba ocurriendo era una aguda imitación de la locura, mientras que las personas cultas, que se estaban dando cuenta y se sentían avergonzados por los acontecimientos, en vez de censurar la representación con su silencio, aplaudían también ellos, para disimular la insensatez de la danza ejecutada, dándose perfecta cuenta de que la realidad no era la locura de Áyax, sino la del bailarín. Nuestro héroe, no conformándose con esto, hizo otra cosa mucho más ridícula todavía: descendió al centro del público y se sentó entre dos consulares, completamente aterrorizados de que los tomara por ovejas y los apaleara.
El asunto produjo en unos admiración, risa en otros, y algunos sospechaban que por el excesivo entusiasmo en la imitación había ido a parar en una verdadera locura. [84] Cuentan que el propio bailarín, cuando recuperó sus cabales le entró tal disgusto por lo que había hecho, que incluso enfermó de pena, como si realmente se autocondenara por su locura. Y demostró personalmente su arrepentimiento de modo muy claro, pues al pedirle de nuevo sus admiradores que representara el Áyax para ellos, disculpándose dijo al público: «Ya es suficiente que el actor se vuelva loco una vez». Pero lo que más le molestó es que su antagonista y rival, al que se le asignó el mismo papel de Áyax, representó la locura de modo tan discreto y sensato que fue aplaudido, porque se mantuvo dentro de los límites de la danza, sin estropear la representación.
Te expuse, mi querido amigo, estos pocos logros y [85] actividades de la danza, elegidos entre muchísimos, para que no te molestes demasiado conmigo si la contemplo con apasionamiento. Si quisieras participar conmigo del espectáculo, estoy seguro de que se apoderaría totalmente de ti y que te convertirías además en un danzómano. No necesitaré decirte lo de Circe:
Me tiene suspensa que hayas bebido estas drogas
sin quedar encantado 72
porque sí que quedarás encantado, y no tendrás, por Zeus, cabeza de burro o corazón de cerdo sino que tu mente se mantendrá muy firme, y tú estarás tan a gusto que no le darás a otro para que beba ni una pizca de la poción. Exactamente como dice Homero acerca de la varita de oro de Hermes, que
adormece los ojos de los hombres
con ella
que quiere, o despierta a los que duermen 73 .
Esto es realmente lo que hace la danza, encantando los ojos y haciéndolos despertarse y avivando la inteligencia para cada una de las actividades.
CRATÓN . — Pues bien, Licino, ya me he dejado convencer por ti y tengo los ojos y los oídos abiertos. Acuérdate, amigo mío, cuando vayas al teatro, de reservarme un asiento a tu lado, para que no seas tú el único en volver de allí más sabio.
1 Parténope, amante de Metíoco el Frigio, era la heroína de una novela perdida. Ródope es tal vez la tracia citada infra en cap. 51, que se casó con su hermano Hemón y fueron convertidos por Zeus en las montañas de su nombre.
2 Alusión a los citarodas, de cuyos cantos, llamados nómos, tenemos un único ejemplo en Los persas de Timoteo.
3 Odisea XII 188.
4 Se refiere al cosmogónico Eros de Hesíodo, hermano de los Titanes, y no al amorcillo de Afrodita.
5 Los Coribantes, muy citados por Luciano, son asistentes de Rea y cuidaron al niño Zeus, disimulando sus lloros con el ruido de sus escudos.
6 Los Curetes sólo aquí son citados por Luciano: se confunden con frecuencia con los Coribantes. Toman nombre de Zeus Curos, Zeus muchacho.
7 Ilíada XVI 617-618.
8 Puesto que Neoptólemo también se llamaba Pirro, era inevitable que la invención de la danza pírrica le fuera atribuida. Según ARQUÍLOCO (Frag. 190), la originó (la danza) cuando bailó de alegría después de matar a Eurípilo.
9 Otros dicen que los espartanos aprendieron de Cástor un ritmo marcial llamado castoreo. Las muchachas de Caria que danzaban en honor de Ártemis pudieron dar origen a las famosas Cariátides.
10 No tenemos otras noticias de estos dos cantos.
11 Se sabe poco de las gimnopedias, excepto que incluían coros procesionales de jóvenes desnudos que competían entre sí danzando y cantando, en un lugar llamado Coro, junto al ágora.
12 Ilíada XVIII 593.
13 Ilíada XVIII 605-606.
14 Odisea VIII 256-58.
15 No conocemos tales inscripciones.
16 El carácter interpretativo del hiporquema es citado expresamente por ATENEO (I 15d), aunque las danzas claramente dramáticas eran la trágica, la cómica y la satírica.
17 HELIODORO , en Etiópica IX 19, de muchos detalles.
18 Empusa, asociada a Hécate, es un demonio inmundo que asusta a los viajeros en forma de perra, vaca, joven hermosa, y con este último aspecto se une a los hombres durante la noche o la siesta y les chupa la vida hasta que mueren.
19 Este mito bitinio de Príapo no se cita en otras partes, pero se sabe que allí era objeto de grandes cultos, parte de los cuales sería la danza con armas.
20 El drama en cada una de sus formas tiene su propia danza, la emméleia corresponde a la tragedia; la kórdax, a la comedia, y la síkinnis, al drama satírico.
21 Ilíada XIII 636 ss.
22 Ilíada XIII 730, 731.
23 Teogonia.
24 En el Banquete de JENOFONTE (II 15-16) Sócrates recomienda la danza como ejercicio y expresa su deseo de aprender algunas figuras que ha visto.
25 Cf. PLATÓN , Menéxeno 235e y 249c; JENOF ., Ec. III 14.
26 Aunque era característica del drama satírico, a veces se presentaba en la comedia.
27 Es decir, tomar en arte lo que es un solecismo en gramática.
28 Nombres de esclavos en la comedia.
29 Alusión a Nápoles y a los importantes juegos instituidos allí por Augusto el año 2 d. C.
30 En ATENEO , I 20d, se da a Batilo y Pílades como inventores.
31 Leyes VII 814e-816c.
32 Ilíada I 70.
33 Tuc., II 60.
34 Sigue un curioso compendio mitológico, notable por su brevedad y por su disposición geográfica, improvisado por Luciano como ayuda recordatoria.
35 Zeus, Posidón y Hades.
36 El antiguo cosmogónico Eros del cap. 7 y el hijo de Afrodita.
37 Las águilas enviadas por Zeus, que se encontraron en Delfos.
38 Dioniso Zagreo (Sabacio), hijo de Perséfone, fue despedazado por los Titanes, cocido en una caldera y comido. Zeus se comió el corazón. Renació como Yaco.
39 Induciendo a Sémele a que le pidiera a Zeus que se mostrara a ella en toda su majestad.
40 La princesa tracia Fílide se ahorcó porque no volvió su amado, uno de los hijos de Teseo.
41 Escila, enamorada de Minos, cortó el mechón de cabellos de púrpura de su padre, lo que permitió a Minos apoderarse de Mégara. Minos se desentendió de la muchacha, que se tiró al mar.
42 Anfión, que enloqueció de dolor por la muerte de sus hijos (y de Níobe) a manos de Apolo y Ártemis.
43 Por la posesión de Corinto.
44 En Corinto, como divinidades marinas Palemón y Leucotea.
45 Una de las hijas de Adrasto tenía que casarse con un jabalí, la otra con un león; Tideo llevaba un jabalí como divisa, Polinices un león.
46 En la que las Danaides mataron a sus cincuenta maridos, excepto a uno.
47 Esta historia le llegó a Luciano probablemente a través de Virgilio.
48 Hijo de Circe y Odiseo, no aparece en la Odisea, pero es el héroe de una continuación tardía, la Telegonía .
49 Alude también a la lucha entre Crono y Zeus, con la que éste se apoderó de Olimpia.
50 El Minotauro y el toro que lo engendró.
51 Alusión al mito que hace a las Sirenas hijas de la tierra.
52 Cinco de las ninfas Equínadas fueron convertidas en islas.
53 La historia de la cabeza de Orfeo es narrada por LUCIANO en Contra el ignorante que compraba muchos libros (11-12), t. II de esta colección.
54 Después de llegar Jasón, Medea soñó que éste había venido para llevarse a su casa una esposa legítima y que sus padres no respetaban su promesa, por lo que se puso de su parte.
55 Madre de Adonis, llamada Esmirna por Apolodoro.
56 Refleja la identificación entre Adonis y Osiris entonces normal, la recuperación trozo a trozo de su cuerpo despedazado, y sobre todo la llegada de la cabeza a Biblos (cf. La diosa siria 7, en este mismo volumen).
57 La historia del amor de Antíoco a Estratonice, la mujer de su padre, es contada en La diosa siria 17-18.
58 Dado por el oráculo a Creso (HERÓD ., I 47), aunque no se refería a la danza.
59 HOMERO , Odisea VIII 266-320; LUC ., Diálogos de los dioses 21.
60 Es decir, uno que lo imita todo.
61 PÍNDARO , Frag. 43.
62 Por su amplio uso de los gestos. Lexífanes también lo usa (Lex. 14).
63 República IV 436-441.
64 El tacto se consideraba no sólo una facultad aparte, sino un elemento en la actividad de los otros cuatro sentidos.
65 ARISTÓTELES , Ét. Nic. I 8.
66 Cf. ATENEO , I 20d.
67 Se refiere al alto estrado en el que se situaba el jefe de coro para dirigir sus movimientos.
68 HERÓDOTO , I 8.
69 Odisea IV 221.
70 La semejanza consiste en que Glauce murió también abrasada por la túnica envenenada que le envió Medea.
71 Calzado con pesadas suelas, originanamente de madera, pero de hierro en tiempo de Luciano, llamadas en griego kroupézai, que llevaba una persona que debía marcar el compás del bailarín y de los cantantes.
72 Odisea X 326.
73 Odisea V 47 s.
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