Читать книгу «Obras III» онлайн полностью📖 — Luciano — MyBook.

Con estos límites podemos definir los múltiples conocimientos del bailarín y los saberes intermedios que debe ante todo conocer: la mutilación de Urano, los nacimientos de Afrodita, la lucha de los Titanes, el nacimiento de Zeus, [38] el engaño de Rea, la sustitución de la piedra, las cadenas de Crono, el sorteo entre los tres hermanos 35 . Y luego sucesivamente la sublevación de los Gigantes, el robo del fuego, la creación de la humanidad, el castigo de Prometeo, la fuerza de ambos amores 36 ; a continuación, el andar errante de Delos, los dolores de parto de Leto, el asesinato de Pitón, el engaño de Titio y el descubrimiento del punto central de la tierra por el vuelo de las águilas 37 .

Después de esto, Deucalión y el gran naufragio durante [39] su vida, y el arca guardando un solo remanente del género humano, y los hombres creados de nuevo a partir de las piedras. Luego, la desmembración de Yaco 38 , el engaño de Hera 39 y el abrasamiento de Sémele, el doble nacimiento de Dioniso, la historia de Atenea y la de Hefesto y Erictonio, la lucha por el Ática, Halirrotio y el primer juicio del Areópago, en una palabra, toda la historia mitológica ática. Pero, selectivamente, las andanzas de Deméter, el [40] hallazgo de Core, la hospitalidad de Celeo, la agricultura de Triptólemo, la viticultura de Icario, la desgracia de Erígone, la historia de Bóreas, de Oritía, de Teseo y de Egeo. Igualmente, la acogida de Medea y su posterior huida a los persas, las hijas de Erecteo y de Pandión, lo que sufrieron e hicieron en Tracia. Y luego, Acamante, Fílide 40 , el primer rapto de Helena, la campaña de los Dioscuros contra la ciudad, lo que le ocurrió a Hipólito y el regreso de los Heraclidas. Porque también esto lógicamente se consideraría ático.

He señalado estos poquísimos relatos atenienses, a [41] manera de ejemplo, entre los muchísimos que he omitido. Viene a continuación Mégara, Niso y Escila, el rizo de púrpura, el recurso de Minos, su ingratitud hacia su bienhechora 41 . Sigue a esto Citerón y los sucesos de los tebanos y los labdácidas, la llegada de Cadmo, la postración del buey, los dientes del dragón y el surgimiento de los hombres sembrados, y de nuevo la transformación de Cadmo en dragón y la construcción de la muralla al son de la lira, la locura del constructor 42 , la jactancia de la mujer Níobe y el silencio por su dolor, los sucesos de Penteo y Acteón y de Edipo, Heracles con todos sus trabajos y la matanza de sus hijos.

[42] Sigue Corinto, también llena de mitos, con Glauca y Creonte, y antes que ellos Belerofonte y Estenebea, la lucha entre el Sol y Posidón 43 , luego la locura de Atamante y la huida por el aire de los hijos de Néfele sobre un carnero y la acogida de Ino y Melicertes 44 .

[43] A continuación la historia de los Pelópidas y de Micenas y lo que ocurrió allí y antes, Ínaco, Ío y su guardián Argos; Atreo, Tiestes, Aérope, el vellocino de oro, la desfloración de Pelopia, el asesinato de Agamenón y el castigo de Clitemnestra. Y aún antes de esto, la expedición de los siete capitanes y la acogida de Adrasto a los yernos fugitivos, el oráculo acerca de ellos 45 , la negativa a enterrar a los caídos y la muerte por ello de Antígona y Meneceo. Y los relatos de Nemea, Hipsípila y Arquémoro, [44] recuerdos imprescindibles para el bailarín. Y de tiempos anteriores conocerá la virginidad vigilada de Dánae, el nacimiento de Perseo y la lucha que él emprendió contra las Gorgonas; será también familiar para él el relato etiópico de Casiopea, Andrómeda y Cefeo, a quienes enumeró entre los astros la fe de las generaciones posteriores. Conocerá también las antiguas historias de Egipto y Dánao y el atentado de la noche de bodas 46 .

También Lacedemonia proporciona no pocos de esos [45] relatos: Jacinto y Céfiro, el rival en amores de Apolo, la degollación del muchacho por el disco, la flor procedente de la sangre y la inscripción lúgubre sobre ella, la resurrección de Tindáreo y la consiguiente ira de Zeus contra Asclepio. Además, la recepción de Paris y el rapto de Helena después del juicio sobre la manzana.

Tenemos que creer en efecto que la historia de Esparta [46] está relacionada con la historia de Troya, que es abundante y tiene muchos personajes; en realidad se presenta en escena un drama para cada uno de los que cayeron allí. Hay que tenerlos en el recuerdo especialmente, desde el rapto hasta los acontecimientos que se produjeron en los regresos, incluyendo los viajes de Eneas y el amor de Dido 47 .

Tampoco son ajenos a éstos los dramas de Orestes y las aventuras del héroe en Escitia, ni desentonan los acontecimientos anteriores, sino que son afines a los troyanos, como la estancia en plan casto de Aquiles en Esciros, la locura de Ulises, la soledad de Filoctetes, y en general todas las andanzas de Ulises con Circe, Telégono 48 , el poder de Eolo sobre los vientos y el resto hasta el castigo de los pretendientes. Con anterioridad, el complot contra Palamedes, la ira de Nauplio, la locura de Áyax y la muerte del otro en las rocas.

[47] También la Élide proporciona muchas oportunidades a los que intentan la danza, con Enomao, Mirtilo, Crono, Zeus, los primeros competidores en los Juegos Olímpicos 49 .

[48] También es abundante la mitología de Arcadia con la huida de Dafne, la bestialización de Calisto, los furores vínicos de los Centauros, el natalicio de Pan, el amor de Alfeo y su viaje bajo el mar.

[49] Además, si llegas a Creta con tu narración, también allí la danza reúne muchísimos relatos, los de Europa, Pasífae, los dos toros 50 , el laberinto, Ariadna, Fedra, Andrógeo, Dédalo, Ícaro, Glauco, el arte profético de Poliido, Talo, el peregrino de bronce de Creta.

[50] Y si cruzas a Etolia, también allí la danza encuentra un gran número: Altea, Meleagro, Atalanta, el tizón, la lucha del río y Heracles, el nacimiento de las Sirenas 51 , la emersión de las Equínadas 52 y la instalación de Alcmeón después de su locura. Además, Neso y Deyanira con sus celos, de los que vino la pira en el Eta.

[51] También Tracia tiene muchos relatos imprescindibles para el bailarín, los de Orfeo, su desmembración y su cabeza parlante flotando sobre la lira 53 , Hemo y Ródope, el castigo de Licurgo.

Tesalia todavía proporciona más, los de Pelias y Jasón, [52] Alcestis, la expedición de los cincuenta jóvenes, la nave [53] Argo y su quilla parlante, los sucesos de Lemnos, Eetes, el sueño de Medea 54 , la desmembración de Apsirto, los acontecimientos de la travesía y luego Protesilao y Laodamia.

Y si pasas de nuevo a Asia, también allí hay muchos [54] dramas, porque enseguida está Samos y la desgracia de Polícrates y los viajes de su hija hasta Persia, y otros aún más antiguos, la verborrea de Tántalo, el convite de los dioses en su casa, la carnicería de Pélope y su hombro de marfil.

También en Italia, el Erídano, Faetón y sus hermanas [55] los álamos llorando lágrimas de ámbar. Un hombre así [56] conocerá también las Hespérides y el dragón que guarda el fruto de oro y el esfuerzo de Atlas, y también lo de Gerión y la expulsión de bueyes de Eritea. Tampoco ignorará [57] todas las metamorfosis míticas, cuantas personas se transformaron en árboles, fieras o pájaros, y cuantas se convirtieron de mujeres en hombres; me refiero a Ceneo, a Tiresias y a otros como ellos.

En Fenicia se enterará de lo de Mirra 55 y del famoso [58] duelo asirio compartido 56 y también de cosas más recientes que siguieron al poder macedonio como las aventuras de Antípatro y Seleuco por el amor de Estratonice 57 . [59] Porque los relatos egipcios, que son bastante místicos, los conocerá desde luego, pero los presentará de forma más simbólica. Me refiero al de Épafo, Osiris y las transformaciones de los dioses en animales.

Ante todo, conocerá sus amores, incluidos los del propio Zeus y las formas que adoptó. Conocerá también toda la representación trágica del Hades, los castigos y las razones [60] de cada uno, y la amistad de Teseo y Pirítoo hasta el Hades.

[61] En pocas palabras, no ignorará nada de lo que cuentan Homero, Hesíodo y los mejores poetas, especialmente los trágicos.

He seleccionado estos poquísimos relatos entre muchos, más bien de entre una cantidad innumerable, escogiendo los más importantes y dejando el resto a los poetas para que los canten, a los propios bailarines para que los presenten y a ti para que los redescubras por analogía con los anteriormente citados; es necesario que los tenga todos a mano el bailarín, previamente preparado para cada ocasión y guardados en cantidad.

[62] Como es un imitador y se compromete a explicar por medio de movimientos lo que se está cantando, necesita, lo mismo que los oradores, practicar la claridad, para que todo lo que representa resulte evidente, sin necesidad de intérprete alguno, sino que, como decía el oráculo de Delfos 58 , el espectador de la danza «debe comprender a un mudo y oír a un bailarín que no habla».

Esto es precisamente lo que dicen que le pasó a Demetrio [63] el Cínico. Estaba éste denunciando el arte de la danza, lo mismo que tú, afirmando que era un complemento de la flauta, las siringas y el compás de los pies, sin que el bailarín contribuyera en nada a la acción, sino que se movía inútilmente, con un movimiento irracional y absurdo, sin ningún sentido, mientras la gente estaba encantada con los accesorios de la acción, los trajes de seda, la belleza de las máscaras, las flautas y sus trémolos, las buenas voces de los cantores, con todo lo cual se embellecía la actividad del bailarín, que por sí mismo no era nada. Y el bailarín que en aquel momento, en tiempo de Nerón, gozaba de gran prestigio, que no era tonto, según dicen, sino que destacaba como el que más en el recuerdo de la historia y la belleza de sus movimientos, hizo a Demetrio una petición muy discreta en mi opinión, que le viera bailar y luego lo denunciara; se comprometió además a representar para él sin flautas ni cantos. Así lo hizo; ordenó silencio a los que marcaban el compás, a los flautistas y al propio coro y él bailó por su cuenta los amores adulterinos de Afrodita y Ares, la denuncia del Sol, Hefesto tendiendo su trampa y cogiendo en sus redes a ambos, Afrodita y Ares, el retrato de cada uno de los dioses presentes, Afrodita avergonzada, Ares asustado pidiendo perdón 59 , y todo lo que incluye esta historia, de modo que Demetrio, más que complacido por lo que estaba ocurriendo, pagó al bailarín con el más alto elogio: lanzó un grito y dijo a grandes voces: «Amigo, estoy oyendo la historia que estás representando, no sólo la veo; me parece que estás hablando con las mismas manos».

[64] Y, puesto que estamos en tiempos de Nerón en nuestro relato, quiero contar también lo ocurrido con un bárbaro respecto al mismo bailarín, lo que podría ser el mayor elogio del arte de la danza. Un individuo de estirpe real de los bárbaros del Ponto había llegado a presencia de Nerón por algún asunto y estaba contemplando en unión de otras personas las actuaciones de aquel bailarín, que representaba con tanta claridad que, aunque no entendía lo que se cantaba, pues era medio griego, lo comprendía todo. Cuando ya estaba a punto de volverse a su casa, al despedirse Nerón le invitó a pedir lo que quisiera, con la promesa de dárselo. Y él le contestó: «el bailarín; si me lo das, me darás la mayor alegría». Y al preguntarle Nerón «¿Y para qué podría serte útil allí?» le contestó: «Tengo vecinos bárbaros, que no hablan mi lengua y no es fácil encontrar un intérprete para ellos; si necesito uno, éste me lo interpretará todo con señales». Hasta tal punto le había impresionado el descubrimiento de la notoriedad y claridad interpretativa de la danza.

[65] La mayor dedicación y el máximo objetivo de la danza es la capacidad de imitación, como dije, practicada de la misma manera que los oradores, especialmente los que se dedican a lo que llamamos «ejercicios». De hecho, lo que más alabamos en ellos es su parecido con los personajes que asumen y que lo que dicen no esté en desacuerdo con los príncipes, tiranicidas, pobres o labradores que representan, sino que se presente en cada uno de ellos su peculiaridad y su distintivo.

[66] También quiero contarte el comentario de otro bárbaro sobre este tema. Al ver cinco máscaras que tenía preparadas un bailarín —pues la acción tenía cinco partes— preguntaba, al ver un solo bailarín, quiénes eran los que iban a bailar y representar los restantes personajes. Y cuando se enteró de que la misma persona iba a desempeñar y ejecutar bailando todos los papeles, dijo: «Amigo mío, no te habías dado cuenta de que tenías un solo cuerpo, pero muchas almas».

Así opinaba aquel bárbaro. Y con razón también los [67] griegos de Italia llaman pantomimo al bailarín, precisamente por lo que hace 60 . Es precioso el famoso precepto poético de «Hijo mío, en tus relaciones con todas las ciudades, imita a las fieras marinas que andan entre las rocas» 61 , y es imprescindible para el bailarín: debe compenetrarse con sus temas, conviviendo con cada detalle de lo que hace.

En general, la danza se compromete a mostrar costumbres y emociones y a representarlas, introduciendo en escena unas veces a un amante, otras a un hombre irritado, a otro enloquecido o a otro afligido, y todo ello dentro de unos límites fijados. Lo más sorprendente de todo es que en un mismo día se muestra Atamante enfurecido, al momento Ino aterrorizada, de nuevo el propio Atreo, poco después Tiestes, luego Egisto o Aérope. Y todo ello es el mismo individuo.

Además, los otros espectáculos y audiciones exhiben una [68] sola actividad. Porque, o se trata de la flauta o de la cítara o de la música vocal, la representación trágica o la bufonada cómica. El bailarín, en cambio, lo abarca todo, y podemos ver que su equipo es variado y una mezcla de todo: flauta, siringa, golpear de pies, ruido de címbalos, voz melodiosa del actor, cadencia de cantores.

Por otra parte, las otras actividades corresponden a una [69] de las dos partes del ser humano, unas al alma y otras al cuerpo, mientras que en la danza ambas están combinadas. En efecto, la representación es una exhibición del intelecto y una expresión de actividad corporal, y, lo más importante, es la sabiduría en el desarrollo de la acción y la inexistencia de algo irracional. Por cierto, Lesbonacte de Mitilene, un hombre de bien, llamaba a los bailarines «manisabios» 62 y solía ir a verlos con la esperanza de salir del teatro convertido en mejor persona. Y Timócrates, su maestro, al ver en cierta ocasión una sola vez, sin asistir a propósito, a un bailarín que estaba haciendo su trabajo, dijo: «¡De qué espectáculo me ha privado mi respeto por la filosofía!»

[70] Si es verdad lo que dice Platón sobre el alma 63 , el bailarín muestra espléndidamente sus tres partes: la irascible cuando representa a un hombre encolerizado, la concupiscente cuando exhibe amantes, y la racional cada vez que sujeta con freno cada una de las pasiones: ésta se encuentra diseminada en cada una de las partes de la danza, lo mismo que el tacto está repartido entre los sentidos 64 . Y al preocuparse de la belleza y de la simetría en las figuras de la danza, ¿qué otra cosa hace sino aseverar la idea de Aristóteles, cuando elogiaba la belleza y la consideraba como una tercera parte del bien? 65 . Incluso oí a uno que aventuraba una opinión exageradamente atrevida sobre el silencio de los personajes en la danza, al decir que también esto encerraba un dogma pitagórico 66 .

Además, mientras que otras ocupaciones procuran las [71] unas placer y las otras provecho, la danza es la única que facilita ambos y la utilidad es tanto más provechosa por cuanto va acompañada del placer. ¡Cuánto más agradable es este espectáculo que el de ver a jóvenes boxeando, echando sangre, o a otros luchando en el suelo! La danza con frecuencia los presenta de una forma más segura, más hermosa y más placentera. Y en lo que se refiere al movimiento sostenido de la danza, sus contorsiones y giros circulares, sus saltos y posturas de espalda, no sólo son agradables para los espectadores en general, sino que para sus ejecutantes son sanísimos. Yo diría que lo más hermoso y al mismo tiempo lo más equilibrado de los ejercicios gimnásticos es que suavizan el cuerpo, lo hacen flexible y ligero y le enseñan a estar dispuesto a los cambios, lo que contribuye no poco a darle fuerza.


1
...
...
13