Читать книгу «Obras I» онлайн полностью📖 — Luciano — MyBook.

Tal es la nómina de los escritos lucianescos. Se trata, como puede ya entreverse a través de los meros títulos, de temas muy variados. ¿Es posible ensayar una clasificación? La empresa resulta ciertamente arriesgada dada la riqueza de sus temas, la variedad de su tratamiento, la mezcla que hace su autor de todos los procedimientos que la formación sofística le ofrecía. A grandes rasgos, puede establecerse una doble clasificación atendiendo al fondo y a la forma.

1. Si atendemos a la temática abordada por Luciano, es posible distinguir en la obra lucianesca tres grandes grupos:

Ante todo, los escritos de tendencia retórica. Se trata de los opúsculos más claramente sofísticos, y, por ende, de aquellos en los que más abunda la frivolidad. Cabe situar en este grupo —que comprende obras de épocas muy diversas— escritos como El tiranicida, Fálaris I y II, y, muy especialmente, el Elogio de la mosca, que es una de las más estupendas muestras del arte sofístico de Luciano. Caen de lleno dentro de este grupo las prolalías (escritos de introducción a las conferencias sofísticas), así como Sobre las dipsadas y Sobre una falta cometida al saludar.

Escritos de tendencia satírica y moral. Hay que incluir dentro de este grupo los distintos tipos de diálogos (Diálogos de los dioses, Diálogos marinos, Diálogos de los muertos), así como opúsculos en los que se ataca a la filosofía (Hermótimo, Filosofía de Nigrino, El pescador), o aquellos en los que Luciano fustiga la tontería humana (Icaromenipo, Menipo, Prometeo), la superstición (El aficionado a la mentira), la afición a historias absurdas y maravillosas (Relatos verídicos), etc.

Por la temática cabe, asimismo, distinguir aquellos opúsculos que realizan una dura crítica de la actualidad. Cae de lleno dentro de este grupo el curioso tratado Cómo debe escribirse la historia (posiblemente el único escrito serio de Luciano), así como aquellos opúsculos en los que Luciano ataca aspectos concretos de la vida de su tiempo: por ejemplo, Alejandro y La muerte de Peregrino. Hay que señalar que, caso de que se aceptara la tesis de Baldwin sobre Luciano como un escritor preocupado por cuestiones sociales de su tiempo, muchos escritos considerados como meramente retóricos deberían incluirse en este grupo. Pero, según hemos de ver, el punto de vista del crítico mencionado es poco menos que inaceptable.

2. Si atendemos a la forma, hay un grupo de obras que destacan dentro de la producción lucianesca: son los diálogos. Luciano se consideraba, como hemos de ver, el creador de un género nuevo al combinar el diálogo filosófico, al estilo de Platón, con la comedia. Pero dentro de los diálogos hay, realmente, diferencias importantes: en algunos casos tenemos una breve conversación entre dos o más personajes, sin que medie introducción alguna (Diálogos de los dioses, Diálogos marinos, Diálogos de las cortesanas, Diálogos de los muertos). Se trata, a no dudarlo, del tipo que más famoso ha hecho a su autor.

En otros casos, el diálogo lucianesco adquiere el aspecto de un auténtico drama en miniatura, en el que, en algunas ocasiones, el propio Luciano puede intervenir, hablando en boca de alguno de los personajes. Caen dentro de este grupo obras como Subasta de vidas, El gallo, Caronte, Zeus trágico, Timón, El pescador y La asamblea de los dioses.

Un problema complejo, difícil de resolver, es la cuestión de la cronología de la obra lucianesca. Se han intentado diversos procedimientos para conseguir establecer ciertos criterios básicos que permitan, al menos, una cierta base objetiva. Pero todos, hasta ahora, han sido más o menos contestados. P. M. Bolderman53 y T. Sinko54 han aclarado algunos puntos de esta cuestión, pero sin aportar, ni mucho menos, soluciones definitivas. Hubo un momento en que pareció que R. Helm55 podía dar con la clave, con su tesis sobre los descubrimientos, por parte de Luciano, de la mina de temas que le proporcionaba Menipo. Pero tras las críticas de Bompaire56, los puntos de vista de Helm han quedado profundamente desacreditados. Se intentó, más tarde, establecer un criterio a base de considerar que las piezas en las que el autor firmaba con el nombre de Licinio pertenecían a un mismo período57. Pero el hecho de que Licinio sea un seudónimo, que Luciano pudo utilizar en cualquier momento de su vida, convierte esta tesis en poco verosímil58. Se ha creído poder sostener que las obras en las que Luciano ataca a los estoicos sólo son comprensibles a partir de la muerte del emperador Marco Aurelio, filósofo estoico a su vez, contra cuya escuela es poco probable que se escribiera estando en vida el emperador-filósofo59. Pero se trata, como podemos comprender, de meras suposiciones.

Pero no todo es imposible de determinar, y si tenemos en cuenta las referencias del propio autor se puede obtener una cierta cronología relativa, a veces relativamente aproximada si se conjugan datos internos y referencias a hechos externos. En conjunto podríamos establecer los siguíentes datos:

Las obras retóricas (tipo Fálaris, Hipias, Heracles, Elogio de la mosca) pertenecen, sin duda, al período de la juventud, cuando Luciano hace sus primeras armas como sofista. Más o menos próximas al 157, fecha de su primer establecimiento en Atenas, serían Filosofía de Nigrino, Diálogo de los dioses, Diálogos marinos, Diálogos de los muertos, Zeus trágico, Zeus confundido, Caronte, Icaromenipo.

Posiblemente escritas a raíz, o inmediatamente después de su viaje a Antioquía, fueron El sueño, Relatos verídicos, quizá, el Menipo. Es probable que, durante su segunda estancia en Atenas —una de las etapas más fecundas de su vida—, escribiera Hermótimo, Timón, Asamblea de los dioses, Cómo debe escribirse la historia, Doble acusación, Los fugitivos, El pescador. Tales obras habría que situarlas, pues, hacia los años 162-165. Sobre la muerte de Peregrino habría que fecharla hacia 169, y hacia 171, el Alejandro o El falso profeta. Serían sus obras más tardías escritos como Lexífanes, El eunuco, Vida de Demonacte, Pleito entre consonantes60.

4.

El escritor

Para comprender, en todo su alcance, la significación de Luciano, para su época, como escritor, debemos abandonar el criterio moderno de originalidad para acogernos a otro concepto, el de mímesis, que no debemos traducir por imitación sin más, porque, de hacerlo, no llegaríamos a comprender jamás el ideal literario de la literatura de esta época. Poco avanzaremos si nos empeñamos, como por otra parte se ha hecho en épocas pasadas, en considerar que mímesis implica, meramente, un simple copiar los procedimientos de los autores clásicos. Bompaire, autor de un inteligente libro sobre Luciano, pero al tiempo un investigador que ha sabido comprender muy bien el espíritu del siglo II, ha acuñado una fórmula que, creemos, permite superar la alicorta visión del siglo pasado en lo que concierne a la valoración positiva de la época de Luciano, sobre todo en el aspecto literario-estilístico. Propone Bompaire61 que debemos evitar la traducción de mímesis por pastiche, y tender a ver en este concepto —capital para esta época— una «referencia al patrimonio literario» que representan los autores de la mejor literatura clásica. Como ya había expresado Dionisio de Halicarnaso62, se trata, esencialmente, de que el alma del estudioso de un autor del pasado entre en contacto con este escritor y, a fuerza de una lectura asidua y atenta, llegue incluso a identificarse con el espíritu del autor-modelo. Más o menos por la misma época, el autor del tratado Sobre lo sublime insiste, en repetidas ocasiones63, en que, al escribir, debe tenerse la impresión de que nos están escuchando los autores más perfectos del pasado, e imaginar cómo reaccionarían al leer o escuchar lo que el imitador lee o escribe. Se trata, en suma, de una «toma agonal de contacto», principio éste que ha presidido todo auténtico renacimiento humanístico, como es el del período que estudiamos.

Dentro de la clasificación de las principales tendencias literarias que priman en la época de Luciano, tal como las ha establecido Reardon64, Luciano queda comprendido dentro de lo que el citado historiador del siglo II llama la creación retórica. Creación que, indudablemente, se nutre de una inteligente combinación de los géneros del pasado, previamente estudiados y asimilados. Ahora bien, para sacar el máximo partido de los géneros literarios, Luciano acude a dos principales métodos: de un lado, la contaminación, de otro, la trasposición. Valorar, en su auténtico sentido, estos dos procedimientos significa estar en condiciones de expresar un juicio de valor sobre Luciano como escritor. Veámoslo:

Es bien sabido que una de las formas más empleadas por Luciano es el diálogo en el que toman parte grandes figuras del pasado: filósofos, historiadores e, incluso, dioses y personajes mitológicos. Pero aunque el diálogo, como forma literaria, tiene una larguísima historia antes de Luciano65, éste sabe dotarlo de un contenido nuevo que le concede una profunda originalidad. Ha sido el mismo Luciano quien, en interesantes pasajes de su obra66, nos ha informado sobre los principios en que se basó para su re-creación. En el opúsculo A uno que le dijo: eres un Prometeo... (6), se echa en cara a Luciano, por parte de un personaje, que lo que ha hecho ha sido, sin más, unir dos géneros tan dispares como son comedia y diálogo. Y en la Doble acusación (34), se le critica el que haya destruido la tradicional seriedad del diálogo mezclándolo con elementos tomados de la comedia.

El sentido de estas críticas es, pues, claro: sea o no cierta la acusación, la verdad es que en estos pasajes se nos informa de lo que Luciano consideraba como su gran aportación a la literatura la contaminación de dos géneros preexistentes, creando una forma nueva, que habrá de conocer, a lo largo de la historia, una considerable fortuna (Erasmo, Quevedo, Fontenelle, etc.).

Pero una pregunta hemos de formularnos al llegar a este punto: ¿es Luciano el inventor de este nuevo tipo de género literario, o lo tomó de otros autores, aunque dándole su sello propio? Se ha pensado, a la vista de los numerosos elementos cínicos dispersos por toda la obra lucianesca, que Luciano habría tomado esta nueva forma literaria de la sátira menipea. Tal es la tesis de Helm en su bien conocido libro Lukian und Menipp. ¿Qué era la sátira menipea? Aunque prácticamente nada conservamos del famoso Menipo, a través de las imitaciones de que ha sido objeto se ha intentado, en algunas ocasiones, definir este curioso género satírico. Sabemos que se caracterizaba por una serie de elementos típicos (viajes celestes, banquetes, subastas, viajes al mundo subterráneo, etc.), por la presencia de tipos bien concretos, sobre todo, filósofos. Es, asimismo, cierto —y ello es resultado del carácter cínico de este autor— que lo fundamental era la mezcla de elementos serios y cómicos, presencia de parodias y un cierto fondo edificante, como es normal en la literatura creada por el cinismo, que elaboró una especie de contracultura muy original, estudiada recientemente por J. Roca67 en un interesante estudio en el que se complementan las aportaciones de Dudley, Höistad, Piot y Kleinknecht68.

Sin embargo, Menipo es un autor demasiado poco conocido para que podamos adherirnos a la tesis de Helm, que propugna, sin más, que Luciano utiliza, como fuente única, a Menipo. Luciano, que afirma, en alguna ocasión, imitar a Menipo69, jamás dice que se limite a imitar a este solo autor. Por ello, Bompaire ha podido modificar la tesis de Helm, postulando que, junto a Menipo, el sofista de Samósata ha imitado a otros muchos autores70.

Al lado de la contaminación, empero, Luciano ha utilizado la trasposición. Si el primer procedimiento consiste, básicamente, en una mezcla de géneros, la trasposición se realiza cuando se adapta la forma de un género literario a otro. Platón, por ejemplo, traspuso los mimos al género dialógico. Pues bien, Luciano realizó esta misma operación, adaptando la comedia con fines propios. Hoy conocemos bien, gracias al trabajo de Andrieu71, los procedimientos lucianescos de trasposición.

Pero, con todo, tenemos aquí planteado un problema. En un principio, se preguntó la crítica si realmente nuestro sofista había echado mano de la comedia antigua72. La respuesta fue ambigua, pues, aunque hallamos en Luciano determinados temas de este género (por ejemplo, la bajada al infierno de Las ranas de Aristófanes), no pudo señalarse un empleo normalizado de la comedia antigua.

Una respuesta más clara se ha dado cuando se plantea la cuestión del empleo de la comedia nueva por parte de Luciano. Pero si la respuesta es aquí unánimemente afirmativa, el problema se agudiza cuando se trata de determinar el grado de presencia de estos elementos cómicos en Luciano. La tesis extrema está representada por Kock, quien ha pretendido hallar, en la prosa de algunos Diálogos de las cortesanas73, versos más o menos modificados. Contra tal postura se ha observado —por ejemplo, Bompaire— que un tipo así de trasposición sería en extremo rudimentario. En verdad, un procedimiento indigno del refinado arte de Luciano. Una posición más aceptable, sostenida por K. Mras74, defiende que Luciano halló en la Comedia Nueva un simple estímulo para su producción literaria. En el otro extremo de la gama de teorías sobre esta cuestión, un Legrand75 llegará a sostener que no hay base suficiente para afirmar que Luciano se inspire en la comedia. Que no hay, en los Diálogos de las cortesanas, paráfrasis alguna de comedias. También Helm se une a este punto de vista.

¿Ha traspuesto Luciano, además de comedias, otros géneros a sus diálogos? La cosa es harto dudosa. Se ha intentado sostener, por ejemplo, la presencia de poemas épicos en la obra lucianesca. Se ha sostenido, incluso, que hay razones para creer en la trasposición de idilios. Pero, aparte el hecho de que los puntos de contacto, los indicios, son más bien escasos (por ejemplo, Teócrito, Id. II, y Diál. Cort. 4), todo lleva a hacer creer que los elementos épicos e idílicos que podamos hallar en los diálogos de nuestro autor deben proceder de meras reminiscencias de escuela.

Hasta aquí, los puntos referentes al arte de Luciano, tomado en sí mismo. Pero es interesante, también, intentar rastrear el origen de los temas abordados por el escritor, el de sus personajes, el ambiente que domina en sus opúsculos. Ello nos proporcionará, al mismo tiempo, creemos, la procedencia de lo que cabría llamar el caudal cultural de Luciano.

Comencemos por sus personajes históricos, que abundan en su obra. Luciano, autor de un importante tratado teórico sobre Cómo debe escribirse la historia, bien estudiado por algunos autores76, está relativamente bien informado respecto de los hechos básicos de la historia de Grecia77. Pero, hecho un tanto extraño en un conocedor de la historia de la Hélade, sus personajes suelen ser figuras tradicionales que actúan en situaciones típicas: Creso es, en nuestro escritor, el tipo de rey opulento; Alejandro, el vencedor, un tanto jactancioso; Solón, el consejero de los grandes príncipes. Las figuras de los grandes filósofos están siempre cortadas de acuerdo con un patrón típico. ¿Cómo explicar este hecho?

La respuesta, a juicio de los críticos más recientes, es que la formación lucianesca es una formación escolar. Los procedimientos de la enseñanza retórica (la meletē, los progymnásmata) son los que hallamos en los autores de esta época, y Luciano no podía ser una excepción. El hecho ha sido muy bien estudiado por Bompaire78 y Reardon79, quien ha señalado que el estudio de los tópoi «es central para el estudio de Luciano». Por su parte, Bompaire ha insistido, con razón, en que «no puede dejar de subrayarse la importancia de la teoría y del catálogo de los tópoi en la retórica antigua... Buena parte de las ideas de Luciano, y su misma imaginación, se alimentan, consciente o inconscientemente, a base de tales repertorios».

El tipismo que hallamos en sus personajes históricos es el mismo, por otra parte, que descubrimos en sus figuras mitológicas. Las actitudes que adopta el Zeus lucianesco se nutren de Homero: su Prometeo es invariablemente el ladrón del fuego, su Hermes es el dios que disfruta hurtando.

Pero es que incluso los personajes inventados de Luciano caen dentro lo que cabría llamar arquetipos psicológicos: sus figuras constantes, sobre todo en los Diálogos, son el supersticioso, el heredero que espera con impaciencia la muerte del anciano que ha de legarle su dinero, el petulante, el nuevo rico, el adulador, el avaro, el misántropo, el incrédulo... Es muy posible que tales tipos procedan de la comedia. Pero tampoco hay que olvidar que la retórica había clasificado, con vistas a la enseñanza, los tipos clásicos que, sin duda, utilizaría Luciano.

Pero no acaban aquí los elementos retórico-escolares. También las descripciones geográficas. No practica nuestro autor lo que en su tratado Cómo debe escribirse la historia había señalado —siguiendo principios clásicos— como la base de toda buena historiografía: la autopsia, el principio que señala que el historiador y el geógrafo deben describir lo que han visto con sus propios ojos. Y, en efecto, sus ciudades, sus ríos, sus paisajes están, todos, cortados de acuerdo con el patrón retórico de la época. Bompaire80 ha dado importantes ejemplos de ello, en su obra sobre nuestro autor.