LIBRO I
Dificultad que supone gobernar seres humanos
Una 1 vez se nos ocurrió reflexionar [1] sobre cuántas democracias han sido derrocadas por quienes preferían regirse con un régimen distinto del democrático, y sobre cuántas monarquías y cuántas oligarquías han sido ya, a su vez, abolidas por el pueblo, y sobre el hecho de que, de cuantos intentaron imponer la tiranía, unos fueron inmediatamente derrocados, y otros, por poco tiempo que se hayan mantenido en el poder, son objeto de admiración por haber sido varones tan sabios y afortunados. Nos pareció haber observado que también en las viviendas particulares muchos amos, unos con mayor número de criados y otros con muy pocos, no son capaces de mantener ni siquiera a estos pocos en actitud obediente 2 . Además, seguíamos reflexionando sobre el hecho [2] de que gobernantes son los boyeros de sus bueyes, los yegüeros de sus caballos y que todos los que reciben el nombre de pastores podrían también ser considerados razonablemente gobernantes de los animales a cuyo cuidado están; pues bien, nos parecía apreciar que todos estos rebaños obedecen de mejor grado a sus pastores que los hombres a sus gobernantes. En efecto, los rebaños van exclusivamente por donde los pastores los dirigen, pacen en los lugares a los que los conducen y se mantienen alejados de aquellos de los que los apartan. Además, permiten a los pastores hacer el uso que quieran de los productos que se obtienen de ellos y aún no tenemos noticias de que nunca un rebaño se rebelara contra su pastor, ni para desobedecerle ni para impedirle hacer uso de sus productos, sino que, al contrario, los rebaños son más ariscos con cualquier extraño que con quienes los gobiernan y sacan provecho de ellos. Los hombres, en cambio, contra nadie se levantan más que contra aquellos en quienes noten intención de gobernarlos.
Excepcionales dotes para gobernar del persa Ciro
[3] Mientras meditábamos sobre estos asuntos, íbamos comprendiendo, al respecto, que al hombre, por su naturaleza, le es más fácil gobernar a todos los demás seres vivos que a los propios hombres. Pero, cuando caímos en la cuenta de que existió el persa Ciro, que consiguió la obediencia de muchísimos hombres, muchísimas ciudades y muchísimos pueblos, a partir de ese momento nos vimos obligados a cambiar de idea y a considerar que gobernar hombres no es una tarea imposible ni difícil, si se realiza con conocimiento. Por ejemplo, sabemos que a Ciro le obedecían de buen grado gentes que, unos distaban de él muchos días de camino, otros incluso meses, otros que no lo habían visto nunca y otros que sabían bien que ni siquiera lo verían jamás, y, sin embargo, estaban dispuestos a serle sumisos 3 . En efecto, hasta tal [4] punto sobresalió del resto de los reyes, tanto de los que habían heredado el poder de sus padres como de los que lo habían obtenido por sí mismos, que el rey escita, aun siendo numerosísimos los escitas, no sería capaz de extender su dominio sobre ningún otro pueblo y se daría por satisfecho simplemente con mantenerse en el gobierno del suyo propio. Lo mismo le ocurriría al rey tracio con los tracios, al rey ilirio con los ilirios y a todos los otros pueblos de los que tenemos noticia; también se dice que los pueblos de Europa todavía en la actualidad son autónomos e independientes unos de otros. Sin embargo, Ciro, que había recibido en herencia a los pueblos de Asia, asimismo autónomos, partiendo con un pequeño ejército de persas se hizo caudillo de los medos y de los hircanios 4 con el consentimiento de cada uno de ellos; sometió a sirios, asirios, árabes 5 capadocios, los habitantes de ambas Frigias, lidios, carios, fenicios y babilonios, gobernó a bactrios, indios y cilicios y, asimismo, fue soberano de sacas 6 , paflagonios, magadidas 7 y un elevado número de pueblos cuyos nombres no se podrían ni decir; y tuvo poder también sobre los griegos de Asia, y, bajando hacia el mar, sobre chipriotas y egipcios. Además, gobernó [5] sobre todos estos pueblos que no tenían la misma lengua que él ni una lengua común entre ellos; y, sin embargo, pudo abarcar tan extenso territorio por el temor que les inspiraba, de suerte que a todos aterrorizó y nadie intentaba nada en su contra, y fue capaz de infundirles tanto deseo de que todos le agradaran, que en todo momento exigían ser gobernados según su criterio, y se anexionó tantos pueblos, que es costoso incluso recorrerlos sea cual sea la dirección en la que se comience a marchar desde el palacio real, tanto si es hacia Oriente como hacia Occidente, hacia el Norte como hacia el Mediodía. Nosotros, considerando [6] que este varón es digno de admiración, nos pusimos a investigar cuál fue su linaje, qué dones naturales tuvo y qué clase de educación recibió para distinguirse tanto en el gobierno de los hombres. Así que, todo lo que averiguamos y todo aquello de lo que nos parece habernos percatado acerca de su persona intentaremos exponerlo ahora.
Estirpe, aspecto y carácter de Ciro
[2] Se dice que el padre de Ciro fue Cambises, rey de los Persas; este Cambises era de la estirpe de los Perseidas, y los Perseidas reciben su nombre por Perseo 8 . Su madre, está generalmente admitido, fue Mandane; y esta Mandane era hija de Astiages, rey de los medos 9 . Todavía en la actualidad entre los bárbaros se mantiene la tradición, en relatos y canciones 10 , de que Ciro era muy bien parecido y muy generoso de corazón, muy amante del estudio y muy ávido de gloria, hasta el punto de soportar toda fatiga y de afrontar todo peligro con tal de recibir alabanzas 11 .
La educación entre los persas
[2] Tal era la naturaleza física y espiritual que se recuerda que tenía. Fue educado en las leyes de los persas 12 , y estas leyes no parecen comenzar a ocuparse del bien común en el mismo punto en el que comienzan en la mayor parte de las ciudades; pues la mayoría de las ciudades, dejando que cada cual eduque a sus hijos como quiera y que los propios adultos vivan como deseen, luego les ordenan no robar ni saquear, no irrumpir en ninguna casa con violencia, no golpear a quien no sea lícito, no cometer adulterio, no desobedecer al gobernante y, asimismo, cosas por el estilo; y si alguien infringe uno de estos preceptos, le imponen un castigo.
En cambio, las leyes persas se anticipan preocupándose [3] de que, desde el principio, los ciudadanos no sean tales que tiendan a alguna acción ruin o vergonzosa; y se ocupan de la siguiente manera: existe entre ellos un lugar llamado «Ágora Libre», en donde están el palacio real y los demás edificios de gobierno. De allí han sido desplazados a otro lugar las mercancías y los mercaderes con sus voces y groserías para que su tumulto no se mezcle con el buen orden de la gente que ha recibido educación. Esta plaza que rodean los edificios de gobierno está dividida [4] en cuatro partes: una de ellas es para los niños, otra para los efebos 13 , otra para los varones adultos y otra para quienes sobrepasan la edad militar. De acuerdo con la ley, cada uno de estos grupos acude al lugar que le corresponde. Los niños y los adultos, al amanecer; los ancianos, cuando a cada uno convenga, excepto en los días determinados en los que deben acudir. Los efebos duermen incluso cerca de los edificios de gobierno con sus armas ligeras, a excepción de los casados; a éstos no se les busca, a no ser que se les haya advertido con antelación que se presenten, pero tampoco está bien visto que falten a menudo.
Clasificación de los individuos
[5] Al mando de cada uno de estos grupos hay doce jefes, pues también están divididas en doce las tribus de los persas 14 . Como jefes de los niños se eligen, de la clase de los ancianos, a los que parece que van a darles la mejor formación; como jefes de los efebos se eligen, de la clase de los hombres adultos, a los que parece que les van a procurar mejor educación; como jefes de los varones adultos, a quienes parece que van a hacerles especialmente cumplidores de los mandatos y órdenes de la suprema autoridad; y, también, se eligen dirigentes de los ancianos, a quienes les inducen a que igualmente ellos cumplan con su deber. Y ahora vamos a exponer los deberes de cada una de estas edades para que quede más claro cómo los persas se preocupan de que sus ciudadanos sean los mejores.
La clase de los niños 15
Los niños que van a la escuela pasan [6] su tiempo aprendiendo la virtud de la justicia y dicen que van allí con este propósito, como entre nosotros dicen que van para aprender las letras. Y sus jefes pasan la mayor parte del día juzgándolos, pues entre los niños, como entre los adultos, hay acusaciones de robo, rapiña, violencia, engaño, calumnia, y otros delitos por el estilo, que es verosímil que cometan. Y a los que reconocen culpables de alguno de estos delitos los castigan. También [7] castigan a quienes descubran que han hecho una acusación injusta, y juzgan también por la acusación que más odio produce entre los hombres y que es menos objeto de juicio, la de ingratitud; y al niño de quien deciden que, pudiendo demostrar agradecimiento no lo hace, también a éste le dan un fuerte castigo, pues piensan que los desagradecidos son los más negligentes con respecto a los dioses, sus padres, su patria y sus amigos, y es opinión generalizada que a la ingratitud, sobre todo, acompaña la desvergüenza, pareciendo que ésta, a su vez, es la máxima guía para [8] todos los actos inmorales. Enseñan a los niños también la virtud de la templanza, y contribuye en gran manera a su aprendizaje el hecho de ver cómo sus mayores viven con templanza cada momento del día. Asimismo, les enseñan a obedecer a sus jefes, a lo que contribuye en gran manera el hecho de ver que sus mayores obedecen a sus jefes a rajatabla. Les inculcan, además, la sobriedad en el comer y en el beber, a lo que contribuyen en gran manera también el hecho de ver que sus mayores no abandonan sus puestos para ir a comer antes de que sus jefes les dejen marchar, y la costumbre de que los niños no coman con su madre, sino con su maestro cuando los jefes lo indiquen. Se traen de casa pan, como alimento básico, y berro 16 , como companage, y para beber, por si alguno tiene sed, un tazón para extraer agua del río. Además de estas enseñanzas, aprenden a disparar el arco y la lanza. Hasta que tienen dieciséis o diecisiete años de edad, los niños se ejercitan en estos menesteres y a continuación entran en la clase de los efebos.
La clase de los efebos
A su vez, estos efebos viven de la [9] manera siguiente: a partir del momento en que salen de la clase de los niños, durante diez años duermen, como ha quedado dicho antes, cerca de los edificios de gobierno para salvaguardar la ciudad y para ejercitar la templanza, pues parece que esta edad necesita del máximo cuidado. Durante el día se ponen al servicio de las autoridades por si son requeridos para realizar algún servicio relativo a la comunidad. Y, cuando es necesario, todos permanecen junto a los edificios de gobierno; pero, cuando el rey sale de caza, lo que hace muchas veces al mes, deja allí la mitad de la guarnición. Los que salen con él deben llevar un arco y, junto al carcaj, un cuchillo o un hacha 17 en su vaina y, además, un escudo ligero y dos lanzas, una para dispararla de lejos y otra para, en caso de necesidad, usarla a mano en un encuentro cuerpo a cuerpo.
Y se preocupan de la caza como actividad pública, y el [10] rey es en ello, como en la guerra, su caudillo, y él mismo caza y cuida de que cacen los demás, porque es opinión general que éste es el ejercicio más auténtico para el entrenamiento bélico 18 . En efecto, la caza acostumbra a levantarse pronto, a soportar el frío y el calor, ejercita en la marcha y la carrera y obliga a tirar al arco y disparar la lanza a las fieras cada vez que una aparezca de improviso. También en la caza es obligado templar el ánimo cuando, como ocurre a menudo, un animal fiero hace frente, pues hay que golpearlo si se acerca, y esquivarlo si se abalanza; de modo que no es fácil encontrar en la caza ningún elemento [11] que esté ausente en la guerra. Los efebos salen de caza con un almuerzo más copioso que el de los niños, como es natural, pero en lo demás totalmente semejante al de ellos. Mientras cazan no pueden almorzar; pero, si fuera necesario permanecer más tiempo de caza por causa de un animal, o, si por alguna otra razón quieren alargar la caza, toman como cena este almuerzo y siguen cazando durante el día siguiente hasta la hora de cenar de nuevo; y cuentan estos dos días como uno, porque no gastan más que los víveres de una sola jornada. Y lo hacen para acostumbrarse y ser capaces de hacerlo también en la guerra, si fuera preciso. Los jóvenes de esta edad tienen como comida las piezas que cacen y, en su defecto, berros, y si alguien piensa que comen desganados cuando tienen de comida sólo berros con pan, o que beben desganados cuando beben agua, recuerde cuán agradable es comer torta de cebada o pan candeal para el que está hambriento y cuán agradable beber agua para el que tiene sed.
[12] Por su parte, las tribus que no han salido de caza se entretienen ejercitando las demás prácticas que aprendieron de niños: tirar al arco y disparar la lanza, y pasan el tiempo organizando certámenes de estas pruebas entre ellos. Tienen lugar también certámenes públicos y se proponen premios, y de la tribu en la que se encuentren en mayor número los jóvenes más hábiles, valerosos y fieles, los ciudadanos alaban y honran no sólo a su jefe actual, sino también al que los educó cuando eran niños. Los magistrados se sirven de los efebos que se han quedado en la ciudad, si hubiera que hacer guardia, seguir la pista de malhechores, perseguir forajidos y cuantos menesteres precisan fuerza y velocidad. Estas acciones son las que realizan los efebos. Después de diez años de permanencia en esta clase, entran en la de los adultos.
La clase de los adultos
A partir del momento en que éstos salen [13] de la clase de los efebos, pasan, a su vez, veinticinco años del modo siguiente: en primer lugar, como los efebos, se ponen al servicio de las autoridades, por si hubiera que realizar cualquiera de las acciones relativas a la comunidad que son ya propias de personas sensatas, pero todavía vigorosas. Si se ha de ir de expedición, los que han sido así educados marchan sin ni siquiera flechas ni lanzas, sino con las llamadas armas de cuerpo a cuerpo: una coraza alrededor del pecho, un escudo en la mano izquierda, como llevan los persas en las pinturas 19 , y en la derecha una daga o un cuchillo. Es de esta clase de donde son designados todos los cargos públicos, excepto los maestros de los niños. Después de cumplir veinticinco años en esta clase, cuando tienen probablemente algo más de cincuenta años de edad, entran en la clase de los que son ancianos, y ése es el nombre que reciben.
La clase de los ancianos
[14] Por su parte, estos ancianos ya no salen fuera del país a ninguna expedición guerrera; se quedan en su país y juzgan todos los asuntos, ya sean públicos o privados, participan incluso en los procesos de pena de muerte y son ellos quienes eligen todos los cargos públicos; y, si un miembro de la clase de los efebos o de los adultos infringe una ley, lo hace público el jefe de tribu correspondiente, o cualquier ciudadano que lo desee, y los ancianos, una vez oída la acusación, lo excluyen. El que ha sido excluido pasa el resto de su vida privado de los derechos de ciudadanía.
La Constitución de los persas
[15] Para dar a conocer más claramente el conjunto de la constitución persa, me remontaré un poco hacia atrás en el tiempo; pues, después de lo dicho anteriormente, me sería posible exponerla en pocas palabras. Se dice que los persas son cerca de ciento veinte mil 20 , y ninguno de ellos es apartado por ley de honores o cargos públicos, sino que todos los persas tienen el derecho de enviar a sus hijos a las escuelas públicas de justicia. Pero sólo los que pueden educar a sus hijos sin hacerles trabajar los envían allí, y los que no pueden no los envían 21 . Los niños que hayan sido educados con maestros públicos tienen el derecho de pasar su juventud en la clase de los efebos, mientras que los que no han recibido esa educación no tienen ese derecho. Por su parte, los que hayan cumplido las normas vigentes en la clase de los efebos tienen el derecho de sumarse a la clase de los adultos, y de participar en cargos y honores; en cambio, los que no hayan vivido en la clase de los efebos, no tienen acceso a la de los adultos. A su vez, los que vivan intachablemente en la clase de los adultos pasan a formar parte de la clase de los ancianos. Así, la clase de los ancianos está compuesta de aquellos que hayan pasado por todos los niveles de virtud. Y ésta es la Constitución con cuya práctica los persas creen que pueden convertirse en los mejores ciudadanos.
Dieta y reglas de urbanidad los persas
Todavía en la actualidad quedan testimonios [16] de que su régimen alimenticio es equilibrado y de que hacen bien la digestión, pues todavía en la actualidad es vergonzoso para los persas escupir, sonarse o no retener ventosidades en público, y es vergonzoso también dejarse ver yendo a algún lugar a orinar o a hacer otra cosa por el estilo; y no podrían evitarlo, si no practicaran un régimen alimenticio equilibrado ni consumieran humores con trabajos pesados, de suerte que los eliminan por otros conductos 22 . Esto es lo que puedo decir acerca de los persas en general. Ahora, para comenzar el relato, hablaremos de los hechos de Ciro comenzando desde su infancia.
Ciro en Media con Astiages
[3] Hasta los doce años o poco más, Ciro recibió esta educación, y eran evidentes sus diferencias con los niños de su edad por la rapidez con que aprendía sus deberes y por la perfección y valor con que hacía todo. Después de este tiempo, fue cuando Astiages 23 hizo ir a su hija y al hijo de ella a Media, pues deseaba verlo, porque sabía de oídas que Ciro era hermoso de cuerpo y noble de espíritu 24 , y Mandane entonces va hacia la casa de su padre con su hijo, Ciro. Tan pronto [2] como Ciro llegó y se enteró de que Astiages era el padre de su madre y, como era niño de natural cariñoso, al punto lo abrazó como lo podría abrazar quien se hubiera criado con él y fuera amigo suyo desde antiguo, y al verlo maquillado, los ojos pintados, aplicado colorete y puesta la peluca —adornos que eran tradicionales entre los medos, como también lo son los trajes de púrpura, los caftanes, los collares en el cuello y las pulseras en las muñecas, a diferencia de Persia, donde todavía en la actualidad casas y ropas son mucho más ordinarias y el tipo de vida es más sencillo 25
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