b) En segundo lugar, se le atribuye la «justicia» (dikaiosýnē), principal meta de la educación de los persas 153 , en claro contraste con la educación ateniense, que se centraba en el aprendizaje de la grammatikḗ tékhnē. Esta virtud es, además, el fundamento del Estado, y es inseparable del respeto a las leyes y del principio de la igualdad de derechos para todos los persas garantizada por la monarquía. El soberano encarna las leyes: es una «ley con ojos» 154 . Muy semejantes son el juicio de Isócrates, que considera las palabras del rey como leyes 155 , y el de Platón, quien atribuye al buen legislador el conocimiento de la ley eterna, por lo que puede descuidar las leyes escritas 156 .
c) La tercera cualidad con la que el autor adorna a Ciro es el «respeto» (aidṓs), cualidad obligada del héroe homérico 157 , a cuya desaparición Hesíodo atribuye la pérdida de buena conciencia en el mundo 158 y que considera Platón como base del arte político en pie de igualdad con la justicia 159 .
d) En relación con su entorno, Ciro manifiesta su «generosidad» (euergesía), no concebida sólo como ayuda material, sino como actitud fundamental del hombre 160 . En inscripciones de ca. 450, el calificativo euergétēs «benefactor», aparece junto a próxenos «protector»; ambos conceptos encajan perfectamente con la idea de soberano padre que refleja la Ciropedia. Jenofonte presenta como partes integrantes de la euergesía otras cualidades más concretas: la philanthrōpía, la philomathía «amor al estudio», y la philotimía o «avidez de gloria» 161 .
e) De modo muy similar habría que entender otra de las cualidades de Ciro, la mansedumbre, la «dulzura en el trato» (praótēs) 162 , término que todavía no aparece en Homero, pero que en el siglo IV se convierte en consigna de la democracia moderada.
f) Muy relacionada con esta última se encuentra la «obediencia» (peithṓ), elemento básico de la paideía, de los jóvenes persas 163 con vistas a que más tarde sean soldados disciplinados 164 . El símil de las abejas ilustra la necesidad social de esta virtud, fundamento de la eukosmía 165 .
g) Por último, ha de hacerse referencia a una de las cualidades en la que Jenofonte hace mayor hincapié 166 : la «continencia» (enkráteia), indispensable para poder soportar las fatigas, el hambre y la sed. Esta virtud, que distinguía a los persas del resto de los pueblos, especialmente de los medos 167 , no aparece todavía en Homero y, cuando asoma a la tragedia, lo hace referida a algún elemento exterior al sujeto 168 ; Platón es el primero que la aplica al dominio sobre uno mismo 169 y así también la interpreta Jenofonte, aunque dándole mayor énfasis, ya que se presenta como fundamento del estado y del imperio 170 .
6. LENGUA Y ESTILO
La lengua y el estilo de Jenofonte gozaron de admiración en la Antigüedad, Su dulzura aparece reflejada en el apelativo que le aplica el Léxico Suda: «abeja ática», a lo que ya aluden Cicerón, al decir que su estilo es más dulce que la miel 171 , y Diógenes Laercio, quien llama a Jenofonte «musa ática» por su dulce expresión 172 . Los gramáticos y críticos literarios antiguos apreciaban su sencillez y sus recursos estilísticos 173 . Así, Demetrio admira su concisión, que no excluye las frecuentes repeticiones encaminadas a dar mayor solemnidad al párrafo, y el ritmo casi métrico de algunos pasajes 174 . Como ático, experimentó un auténtico renacimiento en la época del aticismo y sobrevivió a los siglos oscuros. Fue en el siglo XIX cuando su valoración experimentó un fuerte descenso por duras críticas, que la investigación actual intenta situar en su justa proporción con el fin de recuperar la imagen amable del autor, aunque no alcanzara las dimensiones sublimes de Tucídides como historiador ni de Platón como pensador.
Si bien es cierta esa sencillez que, como hemos visto, se le atribuye tradicionalmente e hizo creer a F. Blass 175 que Jenofonte «war nicht Kunstredner, sondern Naturredner», no lo es menos el hecho de que aprovecha todos los medios del arte de la oratoria de su tiempo. Sin duda, Jenofonte sintió la influencia de los sofistas y de los maestros de retórica, pero su carácter ateniense lo preservó de todo exceso llevándolo a utilizar los recursos de la prosa artística con la máxima moderación 176 .
En cuanto a la lengua, el autor de la Ciropedia presenta auténticas diferencias con el ático clásico contemporáneo. Su larga ausencia de Atenas y su contacto con griegos de otros dialectos han dejado huella en su obra. Gautier 177 ha tipificado las particularidades de la lengua de Jenofonte en distintas categorías: dorismos, hechos susceptibles de ser atribuidos al dorio o al jonio indistintamente, jonismos, elementos helenísticos, «poetismos». Estas peculiaridades, ajenas al ático clásico, han sido, generalmente, atribuidas a la larga estancia de Jenofonte fuera de Atenas. No quiere esto decir que el autor hubiera olvidado su lengua materna, sino que el contacto con otros dialectos le sirvió para enriquecerla.
En cuanto al estilo, una fuente segura es la retórica de su tiempo, especialmente los sofistas; Jenofonte fue discípulo de Pródico y pudo serlo también de Gorgias, cuyo estilo, pleno de recursos, como el hipérbaton, la antítesis, la igualdad de los miembros de la frase, las terminaciones semejantes en los miembros de las frases (homoiotéleuton), ejerció una importante influencia en la prosa ática del momento. Las figuras estilísticas que se encuentran con mayor frecuencia en la Ciropedia son 178 :
a) Anáfora 179 , a menudo acompañada de la disposición simétrica de la frase.
b) Antítesis, como en III 1, 19.
c) Perífrasis, tal como télos eíkhen, en vez de etéleuta 180 .
d) Metáforas, por ejemplo, cuando Creso refiere la muerte de uno de sus hijos «en la flor de la vida» 181 .
e) Símiles, como el del brillo de las armas antes de la batalla, semejante al de un espejo 182 , o el símil del liderazgo de Ciro con el de la abeja-jefe 183 . Muy frecuentes son las imágenes procedentes del ámbito marinero o campesino 184 , de la caza 185 , o de la música 186 .
f) Metonimias, por ejemplo, cuando presenta thýrai en el sentido de corte del rey y no de puertas 187 , o cuando utiliza hópla en el sentido de almacén de armas 188 .
g) Máximas, que también aparecen frecuentemente en tragedia y oratoria. En la Ciropedia, como en otras obras de contenido pedagógico del mismo autor, se encuentran a menudo, por ejemplo: «para aparentar ser diestro en lo relativo a los asuntos que quieras no hay camino más corto que ser diestro en ellos» 189 , o «los respetuosos rehúyen quizá los actos públicamente vergonzosos, en tanto que los prudentes rehúyen también los que son vergonzosos en privado» 190 .
h) Asíndeton y polisíndeton. Jenofonte emplea estos recursos estilísticos para dar dinamismo a la acción en el primer caso 191 y para dar énfasis en el segundo 192 , aunque no siempre se puede ver la diferencia de matiz con claridad.
7. INFLUJO DE LA CIROPEDIA EN LA LITERATURA POSTERIOR
La influencia de la Ciropedia en la literatura posterior ha sido enorme 193 . Sus pasajes anovelados, especialmente el episodio de Abradatas y Pantea, pueden haber servido de modelo para la novela, que florece desde el siglo I a. C.; pero es la ideología que aporta lo que verdaderamente motivó su transcendecia. Así, el cinismo 194 , que en un primer momento influyó en la Ciropedia por medio del fundador de la escuela, Antístenes —quien presenta el «esfuerzo» (pónos) como fundamento de la kalokagathía encarnada en dos modelos, Ciro y Heracles indistintamente—, recibe a su vez, el influjo de la Ciropedia a la hora de confeccionar la imagen del soberano ideal, como demuestra uno de los discípulos de Diógenes, Onesícrito, partícipe en la campaña de Alejandro e historiador suyo, cuando llama a su soberano «filósofo en armas» 195 . También los estoicos sintieron una especial predilección por Jenofonte. Es muy probable que Zenón de Citio, quien, según parece, se dedicó a la filosofía incitado por la lectura del libro II de los Memorables 196 , se sintiera influido por la Ciropedia, a la hora de escribir su República, obra desgraciadamente perdida.
Por otra parte, a nadie escapa que las cualidades presentadas en la Ciropedia coinciden con las del prototipo de los reyes helenísticos, como atestiguan los textos oficiales 197 . Así, entre los Ptolomeos la piedad era una cualidad de vital importancia con vistas a mantener la tradición, en la que se respaldaban para justificar su autoridad, y entre los príncipes de Capadocia el apelativo eusebḗs (pío) era común 198 . Conceptos tales como philanthrōpía, praótēs y euergesía, que hemos visto atribuidos a Ciro, dominan el ideal del rey helenístico, experimentando, a menudo, una mayor extensión del término, como ocurre con la euergesía, que se proyecta universalmente, como demuestran los títulos de pántōn euergétēs o koinòs euergétēs, sólo imaginables a partir de las conquistas de Alejandro. También es evidente que el concepto de émpsychos nómos «ley viviente» 199 referido a los reyes helenísticos, recuerda el epíteto blépōn nómos 200 aplicado a Ciro por Jenofonte.
En cuanto a la influencia de la Ciropedia en el mundo romano, muy notable en el caso de Cicerón, Escipión y Séneca 201 , hay que señalar que, en primer lugar, incide en el ámbito de la religión. En la era de los Escipiones se produce un sentimiento defensor de la religión tradicional frente a los nuevos cultos orientales que invadían Roma. A la cabeza de este movimiento se encuentran Escipión, Lelio y Furio, quienes toman el modelo de la exaltación de la religión ancestral, presente en la Ciropedia, para resucitar los valores religiosos genuinamente romanos 202 . También deudora de Jenofonte es la propaganda, primero, del príncipe y, después, del emperador como cúmulo de virtudes 203 para justificar su auctoritas, lo cual culminará en el fenómeno de la divinización del emperador.
La atracción que sentía el lector romano por Jenofonte, en mayor medida que por Platón o Isócrates, venía motivada por el propio carácter del romano, que gustaba de las vidas ejemplares, las enseñanzas militares y las cuestiones políticas prácticas, como la ampliación de los límites del Estado o la relación con los pueblos aliados 204 . No es de extrañar, entonces, que el modelo tratado por Jenofonte fuera materia de discusión en el círculo de los Escipiones 205 .
Con todo, el máximo representante de la influencia de la Ciropedia en Roma es Cicerón. Gruber analiza dos de sus cartas que lo demuestran; en la primera, dirigida a su hermano Quinto 206 a fines del año 60, constata que la Ciropedia era utilizada sistemáticamente por Escipión el Africano y se refiere a la imagen del soberano trazada por Jenofonte, en la que admira la combinación perfecta entre la máxima autoridad y una extraordinaria afabilidad. En la segunda carta, dirigida a L. Papirio Peto 207 diez años después de la anterior, Cicerón afirma haber leído a menudo la Ciropedía, como, por otro lado, lo atestigua el hecho de que su tratado De senectute presente casi una traducción del final de la obra de Jenofonte, y el haber intentado llevar a la práctica sus enseñanzas durante su cargo al frente de la administración de Cilicia. También en De republica elogia a Ciro cuando pone en boca de Escipión las fórmulas de iustissimus et sapientissimus rex primero, y tolerabilis aut... amabilis después, referidas a él 208 . El ejemplo del soberano persa también se hace patente al trazar la imagen de los reyes romanos, quienes, a su vez, sirven de ejemplo para los políticos contemporáneos 209 . Mayor dependencia de la obra de Jenofonte presentan los pocos fragmentos que quedan del libro V, en el que Cicerón trazaba el ideal del príncipe, especialmente al referirse a los fundamentos educativos o a la teoría de la decadencia del Imperio 210 .
Menor es la influencia que experimenta Salustio, si bien es clara la semejanza entre el pasaje de la muerte de Ciro y el del rey Micipsa en su lecho de muerte recomendando a Yugurta y a sus hijos permanecer unidos 211 . El modelo jenofonteo también incidió en la vida política romana, por ejemplo, cuando el año 27 el Senado en la Curia Iulia decidió otorgar a Augusto el título honorífico de virtutis clementiaeque iustitiae et pietatis causa 212 , o, incluso en época muy posterior, cuando Ausonio atribuye al emperador Graciano el conjunto de las virtudes que Jenofonte había atribuido a Ciro 213 .
En el Renacimiento y los siglos XVII y XVIII , el influjo de la Ciropedia se deja sentir con fuerza en la literatura europea. Así N. Maquiavelo, en El Príncipe 213bis , recoge muchas de las ideas expresadas por Jenofonte:
El príncipe no debe cesar, pues, jamás de pensar en el ejercicio de las armas y en los tiempos de paz debe darse a ellos más que en los de guerra... Debe no solamente tener bien ordenadas y ejercitadas sus tropas, sino también ir con frecuencia de caza, con la que, por una parte, acostumbra su cuerpo a la fatiga, y por otra, aprende a conocer la calidad de los sitios... para ejercitar su espíritu, debe leer las historias; y al contemplar las acciones de los varones insignes debe notar cómo se condujeron ellos en las guerras... Alejandro Magno imitaba a Aquiles, César seguía a Alejandro y Escipión caminaba tras las huellas de Ciro. Cualquiera que lea la vida de este último, escrita por Jenofonte, reconocerá después en la de Escipión cuánta gloria le resultó a éste haberse propuesto a Ciro como modelo, y cuán semejante se hizo a él, por otra parte, con su continencia, afabilidad, humanidad y liberalidad (cap. XIV).
También Montaigne conocía la Ciropedia 214 y alababa el sistema que enseñaba la virtud a los niños. Bossuet elogia a Ciro como conquistador y a Jenofonte como historiador 215 . Y Fenelón, por su parte, imita la Ciropedia en su Telémaco 216 .
En cuanto a España, durante los siglos XVI y XVII florecieron obras dirigidas a la instrucción de los príncipes 217 . De entre todas estas obras moralizantes que recomendaban la piedad, la castidad y el cuidado del bien público, sólo unas pocas resaltaron por su originalidad; por ejemplo, El Concejo y Consejeros del Príncipe de Fadrique Furio Ceriol, quien a la hora de trazar las cualidades del consejero presenta numerosas afinidades con el modelo jenofonteo 218 .
8. TEXTO
8.1. MANUSCRITOS .
Aunque las relaciones entre los numerosos manuscritos existentes para la Ciropedia son harto complejas, W. Gemoll 219 los ha sistematizado en tres grupos a los que aplica las letras x, y, z.
a) El grupo x, el más polémico, está formado, en primer lugar, por el Codex Parisinus 1640, C 220 , de 1320. La copia transcrita de la Alta Edad Media ha sido fechada por A. Hug a finales del siglo IX o principios del X 221 . Otro componente de este grupo es el Codex Etonensis, E, que no puede datarse antes de la segunda mitad del siglo XV 222 .
A. W. Persson 223 , basándose en el hecho de que el grupo x presenta un extraordinario parentesco con el grupo z en los libros I-II, IV 5, 15-VIII y con el grupo y en los libros III-IV 5, 15, recurre a los papiros conocidos en su tiempo y a citas indirectas antiguas y concluye que existen dos redacciones diferentes de la Ciropedia en la Antigüedad, transmitidas por las familias z e y respectivamente, y que el grupo x no tiene una redacción independiente, sino que procede de una recensión de ambos grupos hecha en época bizantina. La influencia del estudio de Persson ha sido enorme 224 dándose el caso de que la última edición de la Ciropedia, realizada por M. Bizos 225 , a la que hemos pretendido ser fieles, tiene como base los grupos de manuscritos z e y, y cuando hace referencia a uno de los manuscritos del grupo x, el C, es para referirse a un editor, ya sea como testimonio en los casos dudosos, o como apoyo de una lección personal considerada buena por el editor 226 . M. García Valdés 227
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