5. IDEOLOGÍA
5.1. INFLUENCIA E INTERRELACIONES.
a) Sócrates y la sofística. — El Ciro reflejado en la Ciropedia parece un discípulo de Sócrates. A menudo el lector se siente transportado al ambiente del Económico o de las Memorables, donde el maestro tiene gran protagonismo. En la Ciropedia, especialmente a partir del libro II, cuando los rasgos del rey bárbaro van desapareciendo, hay momentos en que parecería que es Sócrates, en vez de Ciro, quien habla 87 . De origen socrático, aunque frecuentemente a través de Platón, son muchas de las doctrinas reflejadas en la Ciropedia: la inmortalidad del alma, la virtud o la relación entre la ignorancia y la injusticia 88 . Pero donde el autor manifiesta mejor la ferviente admiración que sentía por su maestro es en el pasaje en que Ciro pregunta al príncipe armenio Tigranes por el sofista que le educaba, cuyo nombre no menciona; el amor a su recuerdo y el dolor por su injusta pérdida reflejan los sentimientos reales del autor respecto a Sócrates 89 .
En cuanto a la influencia de la sofística 90 , hay que señalar que no es tan clara como en las Memorables o el Económico, pero se deja sentir en la estructura del discurso y en la referencia a temas tratados por los sofistas; por ejemplo, la alusión a la dificultad que entraña el camino de la virtud, o el interés por la agricultura 91 , procedentes ambos temas de Pródico, o el «maestro de jóvenes» que enseña el engaño lícito 92 , trazado previamente por Gorgias.
b) Cinismo. — Antístenes, fundador de la escuela, ejerce un innegable influjo en Jenofonte, quien le ha levantado un hermoso monumento en el Banquete para manifestar el respeto que este pensador le inspiraba. Constantes ideológicas, como la conveniencia de alcanzar la «autosuficiencia» (autárkeia), base de toda virtud, la exaltación del «esfuerzo» (pónos), o la admiración por la figura de Ciro, son de cuño cínico 93 .
c) Platón. — Las similitudes entre las ideas del fundador de la Academia y Jenofonte son evidentes, especialmente en lo relativo a la educación, la división del trabajo 94 , la inmortalidad del alma 95 , o las partes que la constituyen 96 . Ambos autores eran discípulos de Sócrates y sus coincidencias van más allá de las enseñanzas del maestro, aunque existían asimismo notorias diferencias 97 . El contraste entre ambos se manifiesta aún más claramente a la hora de concebir la ciudad ideal. Aulo Gelio 98 recoge la tradición de que Jenofonte escribió su Ciropedia como réplica al comienzo de la República, entendiendo como tal aproximadamente los dos primeros libros (duo fere libri); sin embargo, Aulo Gelio no refiere los nombres de los autores que sostenían esa opinión ni aporta argumentos que la apoyen 99 .
La crítica no se pone de acuerdo a la hora de aceptar la hipótesis de la influencia directa de la República sobre la Ciropedia, pues, mientras unos la consideran solamente posible 100 , otros la dan por segura 101 . Con todo, el conocimiento de la República por parte de Jenofonte viene avalado por la similitud de conceptos y términos: la creencia de que el alma manifiesta su carácter divino durante el sueño, al liberarse del cuerpo, parece sacada del pasaje de la República en que el hombre se abandona al reposo para acudir a la verdad 102 . La idea de que el arrojo del soldado se acrecienta cuando defiende lo que más aprecia 103 , la conveniencia de no devastar los campos del vencido 104 , el símil del pastor-rey 105 o el de la colmena 106 están presentes también en la República.
No obstante, las diferencias entre ambas obras son grandes. Mientras Platón ofrece una formación fundamentalmente intelectual al futuro gobernante, Jenofonte se centra en el aspecto práctico 107 , quizá porque no posee la capacidad de abstracción de su oponente. En lo que concierne a las mujeres, el planteamiento de ambos autores es radicalmente distinto: Platón las hace partícipes en el trabajo y la guerra, y propone la comunidad de mujeres y de hijos 108 , entendiendo como única familia la ciudad; Jenofonte, en cambio, manifiesta un distanciamiento respetuoso hacia la mujer, y ensalza el amor conyugal en el breve relato de Tigranes y su esposa 109 y, sobre todo, en el de Abradatas y Pantea 110 . Ciro jamás se aprovecha de los derechos de conquista sobre las mujeres del vencido 111 , y se muestra favorable a la institución del matrimonio al preparar el de sus amigos 112 y casándose el mismo 113 . Respecto a los hijos y al amor filial, Jenofonte, en claro contraste con Platón, demuestra una cierta ternura, que se refleja en pasajes como el de Gobrias y el dolor por la muerte de su hijo 114 o el de Creso abrumado por las desgracias de sus hijos, uno mudo y el otro muerto «en la flor de la edad» 115 . Quedan, pues, muy lejos las mujeres y los niños que asoman de vez en cuando a la Ciropedia de las inhumanas mujeres de la República y de los niños sacrificados por el bien de la ciudad. Esa humanidad de Jenofonte puede entenderse como reflejo, por un lado, de su apacible vida conyugal con Filesia y, por otro, de la dolorosa pérdida del hijo de ambos, Grilo, en Mantinea, frente a un Platón que no fue ni esposo ni padre 116 .
En cuanto a la relación entre la Ciropedia y Las leyes 117 , está claro que Platón, en su última obra, critica la educación de los persas por considerarla de corte femenino y dirigida por las mujeres sin ayuda de los varones, alejados por la guerra 118 . No cabe duda de que se trata de un ataque a las teorías pedagógicas de Jenofonte; incluso llega a decir: «Adivino, pues, por lo que toca a Ciro, que fue buen general y amante de su patria, pero que no se ocupó nada de su recta educación y que no prestó en absoluto atención al gobierno de su casa» 119 , pareciendo replicar tanto a la Ciropedia como al Económico. No obstante, pueden encontrarse también similitudes entre la Ciropedia y Las leyes, por ejemplo, en cuanto a la conveniencia de la práctica de la caza como preparación para la guerra 120 , o en cuanto a la ignorancia política 121 , pero, principalmente, al constatar ambos autores la incapacidad de los sucesores de Ciro 122 .
d) Isócrates. — Las ideas fundamentales del A Nicocles y las de la Ciropedia, especialmente en lo relativo a la tipificación de los deberes del buen gobernante, coinciden hasta tal punto que la obra de Jenofonte parece el desarrollo de la del orador, ya que, si se admite la fecha de 370 123 para el A Nicocles, éste es anterior a la Ciropedia. Aún más claro es el paralelismo entre la Ciropedia y el Evágoras isocrático, elogio a un personaje altamente idealizado, cuya vida es la realización de unos principios morales básicos. Una vez más, la fecha de composición de la obra de Isócrates es anterior a la que se le atribuye a la Ciropedia, ya que oscila entre 370 y 365 124 . Es muy posible, pues, que Isócrates mostrara el camino a Jenofonte al trazar un programa de educación del príncipe acompañado de elogio, si bien es verdad que la Ciropedia mejora y amplía su modelo procediendo con mayor libertad en el tratamiento de un héroe perteneciente a la historia legendaria.
5.2. LA «CIROPEDIA »: REFLEJO DE LA VIDA Y DEL PENSAMIENTO POLÍTICO DE JENOFONTE .
Ya hemos señalado la importancia de la experiencia personal del autor para la confección de su obra. En su estancia por tierras asiáticas, Jenofonte recogió numerosas tradiciones orales relativas a la figura de Ciro el Viejo; de ahí la frecuencia de expresiones tales como «dicen» o «se dice» 125 . Anécdotas e incidencias de la «Expedición de los Diez Mil», en la que participó y a la que había dedicado la Anábasis, asoman con frecuencia en la Ciropedia: los muchos recuerdos de fallos y fracasos de la campaña aparecen prevenidos, evitados o corregidos. Así, sus advertencias sobre la deslealtad de los persas se fundan en la traición de Tisafernes 126 , el interés por la alineación de las tropas responde al deseo de corregir los fallos de la batalla de Cunaxa 127 y la consideración de la dificultad que entraña la acción de equipar los caballos durante la noche es fruto de la experiencia relatada en la Anábasis 128 . A menudo el autor parece trasladar la acción de la Ciropedia a los momentos vividos durante la expedición: así, cuando se refiere a las túnicas de color púrpura de los soldados, en realidad está pensando en las túnicas que llevaban los soldados de Ciro el Joven 129 , y cuando alude a los egipcios en la batalla de Timbrara, está recordando la presencia de soldados egipcios en Cunaxa 130 : los parajes que recorre Ciro en Lidia o Armenia le eran familiares a Jenofonte, porque los había atravesado durante la Expedición de los Diez Mil; el lento avance de Ciro el Viejo hacia Babilonia en varias etapas, está prácticamente copiado de la marcha de Ciro el Joven hacia el Este 131 . En cuanto a la figura de Ciro el Viejo, no pasa inadvertido que tiene claras huellas de Ciro el Joven, a quien el autor conoció personalmente y cuyas virtudes resaltó en la Anábasis 132 . No en vano se ha llegado a decir que la Ciropedia era menos una historia de Ciro el Viejo que el sueño de lo que hubiera hecho Ciro el Joven de haber vencido, o que la Ciropedia es una teoría de ideas políticas y militares suscitada por la Anábasis en el pensamiento de Jenofonte 133 .
Respecto a las ideas políticas que aparecen reflejadas en la obra, armonizan perfectamente con las de La República de los lacedemonios y aplican al Estado las referidas al gobierno de la casa en el Económico. De hecho, el régimen político de la Persia de la Ciropedia poco tenía que ver con la realidad histórica, ya que se manifiesta como una oligarquía plutocrática tal como la entendía Sócrates en las Memorables 134 . A nadie debe extrañar que se elija este régimen en lugar del democrático: en Atenas la democracia radical se había quedado sin defensores después de haberse cometido en su nombre tantos excesos y errores, el más transcendental de los cuales fue la condena de Sócrates. De ahí que el pensamiento político del siglo IV prefiera sistemas oligárquicos puros, como el propuesto en el siglo v por el viejo oligarca; oligarquías moderadas, como las de Isócrates y Jenofonte, que representan el tercer partido, el de Terámenes, o las democracias moderadas representadas por Hiperides, Esquines y Demóstenes 135 .
Por encima de esa oligarquía moderada compuesta por los homótimoi, Jenofonte presenta un monarca «constitucional» 136 , Cambises, quien, como dice Mandane, «no tiene como medida su voluntad, sino la ley» 137 ; se trata, pues, de un sistema mixto, por un lado oligárquico y por otro monárquico 138 . No obstante, cuando, en el libro VIII, Ciro se manifiesta como soberano, no se comporta como un monarca «constitucional», sino absoluto. ¿Responde esta transformación a un cambio ideológico del autor durante la redacción de la obra, o se trata de una incoherencia interna a favor de su falta de unidad? Más bien parece responder al interés del autor por marcar la diferencia entre el gobierno de Cambises, que se ceñía a un reino de fronteras más o menos amplias, y el de Ciro, que, como queda esbozado en el Proemio, abarcaba un gran imperio. Jenofonte, a diferencia de Platón, no se interesa por el gobierno de una ciudad o de un reino, sino por el de un imperio, lo que constituye uno de los rasgos originales de la obra como precursora de conceptos que serán propios del helenismo.
5.3. «PAIDEÍA ». EL IDEAL DEL SOBERANO .
Si, como está generalmente admitido, el centro de interés de la obra de Jenofonte es la preocupación pedagógica 139 , aún puede afirmarse con mayor énfasis en el caso de la Ciropedia, cuyo protagonista aparece muy idealizado con el fin de encarnar el prototipo del soldado excelso y del soberano justo que mantiene su autoridad sobre un vasto imperio por obra de sus cualidades innatas y la paideía recibida 140 . En esta obra más que en otras se habla de la educación como medio para alcanzar la aretḗ, como fuerza creadora del poderío persa. Lo que extraña al lector es que el paradigma propuesto no corresponde a un griego, sino a un persa. Hay que tener en cuenta que, en la Grecia del siglo IV , el concepto de «griego» comienza a aplicarse a residentes de más allá de los límites de la Hélade. No en vano Isócrates constata que los pueblos que participaban de la paideía reciben el nombre de griegos con mayor propiedad que los propios griegos 141 . Jenofonte, participando del mismo criterio, hace una mezcla perfecta de la kalokagathía griega con la aretḗ persa, si bien señala el contraste entre la educación griega, basada en el individualismo, y la persa, vinculada a la comunidad 142 . La estricta división de la sociedad en clases y el sistema militarista, unido a un régimen de vida sobrio fundamentado tanto en la práctica de la continencia y de la obediencia como en el fortalecimiento físico, debían sonar extraños al público ateniense. Mucho más próximos le parecerían los valores cívicos y morales que Jenofonte atribuye a los persas: el respeto a las leyes, el amor a la patria y a la libertad, así como la importancia dada al buen ejemplo 143 .
Cabe preguntarse si el autor sólo pretendía exponer sus teorías educativas y políticas o si tenía intención de llevarlas a la práctica. Parece verosímil que Jenofonte con esta obra se propusiera promover entre los círculos cultos de su ciudad la comprensión hacia un estado guerrero 144 . Por otra parte, no hay que olvidar que él mismo participó en la sublevación de Ciro el Joven contra su hermano Artajerjes II, símbolo de la decadencia persa, en la idea de que, si la revuelta triunfaba, Ciro el Joven traería consigo el renacimiento de los antiguos ideales de Ciro el Viejo unidos a las mejores fuerzas del helenismo. Sobre esa base, Jenofonte atribuye a su protagonista una serie de cualidades que considera indispensables para el correcto ejercicio del poder, partiendo de la concepción socrática de la virtud, del modelo de Isócrates y, sobre todo, de las virtudes cardinales platónicas. No obstante, su perspectiva difiere de la del autor del Panegírico, pues, mientras éste establece en sus obras las mismas virtudes que aparecen en la Ciropedia desde la proximidad del consejero, Jenofonte lo hace desde el distanciamiento propio del historiador. También su enfoque es distinto del de Platón, ya que no parte de la dialéctica filosófica como él, sino de la necesidad práctica de encontrar la personalidad capaz de detentar el podér en el máximo de espacio y de tiempo —en el caso de Ciro, sobre un vasto imperio y en el amplio período que cubre desde su juventud hasta su muerte—, habida cuenta de la inestabilidad inherente a la mayor parte de las formas de gobierno. Jenofonte no presta atención a la naturaleza del Estado o a su constitución política y prefiere detenerse en anécdotas o excursos sobre cuestiones estrictamente militares.
Procede ahora analizar las cualidades del soberano ideal trazado por Jenofonte 145 .
a) En primer lugar, la «piedad» (eusébeia). Ya en el comienzo, el padre de Ciro, Cambises, le aconseja ser respetuoso con los dioses y no ir jamás en contra de sus preceptos 146 . Ciro obedece y, cada vez que emprende una nueva acción, se encomienda a la divinidad o, si la empresa se ve coronada por el éxito, se lo atribuye a su auxilio 147 . No es una piedad ritual la de Ciro, simplemente reflejada en la celebración de unos sacrificios y libaciones, sino una piedad basada en la profunda convicción de que constituye uno de los pilares fundamentales del imperio; de ahí que en el Epílogo relacione expresamente la decadencia del poderío persa con el abandono de esta virtud 148 . El interés de Jenofonte por resaltar el origen divino de la estirpe de Ciro 149
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