Delebecque, tras reconocer el sello del estilo de Jenofonte, tanto en el aspecto interno —vocabulario, uso de partículas— como en el externo —referencia a la traición de Tisafernes 26 , a la Anábasis 27 o a determinados rasgos morales inconfundiblemente suyos 28 —, defiende la autenticidad del Epílogo como parte integrante de la Ciropedia y producto del desarrollo normal de la obra.
En cuanto a su datación, si se toman como terminus post quem los años 362/361, fecha de la revuelta de las provincias occidentales a la que alude indirectamente, puede verse que prácticamente coinciden con la fecha establecida supra para el resto de la obra (361/360, años de la campaña de Agesilao en Egipto). Por ello, sería improcedente suponer un intervalo de tiempo entre el Epílogo y los capítulos anteriores. Resumiendo, puede decirse que Jenofonte comenzó la Ciropedia poco después de la vuelta de Agesilao a Asia (365), incitado por este suceso que obligaba a dirigir la atención, una vez más, hacia Persia; se encontraba en el libro VI hacia el año 361, ya que a partir de él se encuentran resonancias de la revuelta de las provincias orientales y de la campaña egipcia de Agesilao, y terminó la obra antes de 358, año del advenimiento de Artajerjes III, a quien Jenofonte no tuvo apenas tiempo de conocer.
3. MODELOS Y FUENTES
La combinación que hace Jenofonte de material histórico y pseudohistórico complica el análisis de las fuentes, ya que la delimitación entre ambos no es clara. Esta dificultad se incrementa por la presencia de elementos no literarios.
3.1. EL ELEMENTO PERSA .
En primer lugar, la acción se desarrolla en Persia. La elección de ese escenario no es accidental. Jenofonte estaba muy sensibilizado con los problemas de la zona, como demuestra que se enrolara en el ejército que apoyaba a Ciro el Joven contra su hermano Artajerjes; tal interés responde a la corriente filoexótica que aparece en Grecia como efecto de la crisis moral subsiguiente a las Guerras Médicas 29 . De cualquier modo, es evidente que la Ciropedia contiene muchos elementos persas auténticos, procedentes, unos, de sus recuerdos y, otros, de sus lecturas, particularmente Heródoto.
Sobre la base de un análisis comparativo de la técnica narrativa, A. Christensen 30 ha resaltado el influjo de la épica irania en la Ciropedia, y concluye que la repetición de situaciones a lo largo de la obra —tales como las oraciones dirigidas por Ciro a los dioses 31 , o la reserva de una parte del botín para los magos 32 — es rasgo común a la epopeya irania. En su opinión, es en los diálogos donde se manifiesta la impronta del historiador griego, y en las historietas, que a menudo sazonan el relato, donde se deja sentir el estilo de los cuentistas iranios como Firdûsî 33 . Así, el trágico accidente de caza acaecido al príncipe asirio (IV 6, 3-6) recuerda al ocurrido a Ardašâr î Pâbhaghân 34 ; el episodio romántico de Araspas, Abradatas y Pantea (V 1; VI 1, 31-49) tiene extraordinarias similitudes con el apasionado amor recogido en el Šâhnâmâ; la trenodia de Pantea a la muerte de su esposo (VII 3, 8-14) recuerda a la de Tahmînagh 35 a la muerte de su hijo. La figura de Ciro como rey modelo y organizador de un imperio se asemeja a la de Ardašâr î Pâbhaghân 36 . Con todo, es en los últimos momentos de Ciro (VIII 7) donde Christensen ve más claro el paralelismo; en efecto, el Šâhnâmâ de Firdûsî, que conserva el esquema de las antiguas crónicas iranias, presenta los momentos finales del rey modelo regulando la sucesión, comunicando su testamento político y ordenando sus exequias tal como hace Ciro poco antes de morir.
Si bien el entusiasmo de Christensen lo lleva a caer en exageraciones, hay que reconocer que el elemento persa está presente en la Ciropedia, como lo atestiguan los nombres de los personajes y la alusión a las armas, vestimenta y costumbres persas. Sin embargo, estos elementos exóticos parecen, más bien, destinados a crear la ambientación de un relato de corte preeminentemente griego con decorado persa.
3.2. EL ELEMENTO ESPARTANO .
Menos superficial es el elemento espartano. En efecto, el consejo del Rey se ajusta al modelo de la Gerousía; la educación de los niños persas está calcada de la de Esparta, y los homótimos que rodean a Ciro no son más que una réplica de los homoîoi de La República de los lacedemonios.
¿Cuáles son las causas de esta aproximación de Jenofonte a un régimen tan opuesto al de su ciudad, Atenas? Por una parte, su experiencia en el ejército de mercenarios griegos que apoyaban a Ciro el Joven le sirvió para ponerse en contacto con soldados espartanos, por medio de los cuales pudo llegar a conocer sus instituciones políticas, que personalmente tuvo ocasión de comprobar, cuando, por su filolaconismo, sufrió el extrañamiento de su patria 37 y fue a vivir a Escilunte, en la Élide, a una finca que le regalaron los propios espartanos 38 . Por otra parte, las tendencias aristocráticas y guerreras que animan la ideología de Jenofonte tienen su realización más próxima en el sistema laconio, cuyo fin era convertir a los ciudadanos en los mejores guerreros por medio de una formación interior del hombre que acompañara al adiestramiento técnico y una firme educación política y moral 39 .
3.3. FUENTES GRIEGAS .
La mención más antigua de Ciro que se conserva en la literatura griega es de Esquilo, Persas 770 ss., pero no puede ser considerada como fuente de la Ciropedia en el sentido propio. Es, prácticamente, seguro que la figura del rey persa fue tratada en los Persiká de los logógrafos antiguos, como Carón de Lámpsaco, Dionisio de Mileto o Helánico, que pudieron ser consultados por Jenofonte. Más clara parece la relación con una de las obras de Antístenes 40 , Ciro, de la que sólo se conoce el título, ya que ideas propias de este filósofo cínico —tales como que la felicidad procede de la virtud basada en el conocimiento o la exaltación del «esfuerzo» (pónos )— aparecen reflejadas en la Ciropedia 41 . Con todo, está fuera de dudas que las fuentes más cercanas para la figura del Ciro de Jenofonte son Ctesias (Persiká VII-XI 42 ) y Heródoto. Sobre esta base puede ser de utilidad clasificar la Ciropedia en bloques narrativos con el fin de ver el reflejo o el contraste —a menudo, Jenofonte se aparta de sus modelos, generalmente tratando de perfeccionar la imagen de Ciro— con las fuentes 43 :
a) Vida de Ciro hasta la toma de Media. — Tanto Jenofonte como Heródoto 44 presentan a Ciro procedente de estirpe real, como hijo del rey persa Cambises y Mandane, hija del rey medo Astiages; por el contrario, Ctesias 45 lo hace proceder de un bandolero de la estirpe persa de los mardos y de una pastora de cabras.
La relación de Ciro con Astiages aparece tratada de modo muy diverso por los tres autores. Heródoto 46 convierte a Astiages en fallido asesino de su nieto, Ciro, a quien manda matar por temor a perder el trono; gracias a una serie de peripecias realmente novelescas, el niño se salva, vuelve a la corte y acaba siendo reconocido por su abuelo, quien, aun creyendo conjurado el peligro, lo devuelve a sus padres. Posteriormente, Ciro subleva Persia contra Media, de la que era vasalla, captura a Astiages y se hace dueño del país. En el relato de Ctesias 47 , Ciro va a la corte de Astiages, que no es su abuelo, y desempeña allí distintos trabajos —portador de antorcha, escanciador, etc.—, hasta que consigue el favor del rey. Ante la sublevación de los cadusios, Astiages lo pone al frente de un ejército para someterlos; pero, en lugar de ello, se les une y, tras convertirse en su jefe, vence a Astiages y ocupa su trono. Tanto la versión de uno como la de otro difieren bastante de la que ofrece Jenofonte, que presenta, primero, a Ciro como nieto modelo y, después, como jefe del ejército persa que sale en ayuda de los medos 48 .
b) Campaña de Lidia. — Heródoto la presenta desdoblada en dos batallas, la de Pteria, de resultado indeciso, y la de Sardes, que supuso la toma de la ciudad y el apresamiento de Creso 49 . Después de la conquista de Lidia, el general Hárpago, comisionado por Ciro, procede a la campaña contra Jonia, Caria, Licia y otros pueblos de Asia Menor, que consigue someter 50 .
Jenofonte presenta novedades frente a los hechos históricos: en primer lugar, combina las campañas de Lidia y Babilonia, muy probablemente para concentrar la acción y magnificar el éxito de Ciro; en segundo lugar, adorna la batalla de Sardes con sucesos que nada tuvieron de históricos, como la muerte de Abradatas 51 , el esposo de la bella Pantea. La toma de la ciudad 52 se narra de manera muy similar a la de Heródoto; en cambio, las campañas de Caria y Asia Menor aparecen, más bien, como una pacificación y son llevadas a cabo, en lugar de por Hárpago, por un desconocido, Adusio 53 . Por último, Jenofonte minimiza, en favor de los griegos, la conquista persa de Jonia 54 .
c) Campaña de Babilonia. — Tras dedicar un largo excurso a la descripción de las murallas y los monumentos de la ciudad, Heródoto narra los trabajos para la desviación del cauce de dos ríos; primero el Gindes y después el Eufrates 55 , y finalmente la caída de Babilonia ante el prolongado asedio de los persas. El historiador subraya que se trata de la primera conquista de la ciudad para distinguirla de la llevada a cabo por Darío.
Por su parte, Jenofonte reduce la desviación del cauce de los dos ríos al de uno, el Eufrates, como siempre ad maiorem gloriam Cyri, a quien se atribuye la idea de esta stratḗgēma 56 . Por lo demás, parece conocer bien el relato de Heródoto, ya que coincide con él en detalles tales como la duración de los trabajos en el río, que, en ambos, es de un año 57 , o la circunstancia de que Babilonia se encontrara en fiestas cuando fue tomada 58 .
d) Extensión del imperio de Ciro. — Mientras Heródoto presenta a Ciro como rey de los persas por derecho de sucesión, y de los medos, lidios, jonios, carios, licios y asirios por derecho de conquista, Jenofonte, ya en el Proemio 59 , hace una extensa relación de los pueblos que le debían obediencia: persas, medos, hircanios, sirios, asirios, árabes, capadocios, frigios, lidios, carios, fenicios, babilonios, bactrios, indios, cilicios, sacas, paflagonios, magadidas, jonios, chipriotas y egipcios. Es evidente que Jenofonte atribuye a Ciro la conquista de territorios sometidos posteriormente.
En el último libro alude, primero, sólo a seis satrapías 60 Arabia, Capadocia, Gran Frigia, Lidia-Jonia, Caria, Eolia-Pequeña Frigia, pero, poco después, hace referencia a la última extensión del imperio, completando así la lista de países sometidos 61 .
e) Matrimonio y muerte de Ciro. — Según Heródoto 62 , Ciro desposó a Casandane, hija de Farnaspes, noble aqueménida. Por su parte, Ctesias lo casa con una tía suya, Amitis, hija de Astiages 63 . Jenofonte presenta una versión distinta convirtiendo en su esposa a la hija de Ciaxares, seguramente con la intención de fortalecer las relaciones medo-persas 64 .
En cuanto a la muerte de Ciro, Heródoto reconoce que había muchas versiones, de las que escogió la más plausible: luchando contra los maságetas y sufriendo en su cadáver el ultraje de ser introducida su cabeza en un odre lleno de sangre humana 65 . No tan truculenta es la versión de Ctesias, que lo hace morir a consecuencia de una herida recibida durante una batalla contra los dérbices, pueblo del Irán oriental 66 . A Jenofonte 67 no le satisface ninguna de las dos versiones de sus predecesores, y prefiere hacerlo morir, ya anciano, en su palacio, dictando sus últimas disposiciones a la manera de los reyes de la tradición irania, como intuyó Christensen (cf. supra, 3.1).
Respecto a otros aspectos de la Ciropedia, tales como las lecciones de estrategia y táctica 68 por un lado, y las de dietética y medicina 69 por otro, parecen apuntar a que Jenofonte consultara literatura especializada en estos temas 70 .
4. TÉCNICA NARRATIVA
Jenofonte, en la Ciropedia, como en otras obras, opera con material procedente de otros escritos de su autoría, adaptándolo a su propósito literario, pero delatando en algunos detalles la formulación originaria. Por medio de esas constantes, consigue relacionar, por un lado, los distintos libros entre sí y, por otro, el conjunto de la obra con sus otros escritos. El hecho de que la narración no sea lineal y presente interrupciones o retardación de la acción no implica que los distintos elementos queden descolgados del hilo conductor o que no exista unidad en el conjunto; Jenofonte sabe entrelazar perfectamente los episodios y la acción principal, y tales variantes deben ser entendidas como recursos literarios encaminados a conseguir un clímax que incremente el impacto de la personalidad de héroe.
a) Discursos. — En total hay cuarenta y tres discursos, la mayoría de los cuales se sitúa en los momentos previos al inicio de la batalla. Su extensión es considerable, pero hay que tener en cuenta, por un lado, la licencia que puede permitirse el autor a la hora de manejar el tiempo a lo largo de la obra y, por otro, su función preparatoria para el lector, manteniéndolo en el máximo suspense para que se acreciente la fuerza narrativa de la escena suprema. También son frecuentes en la Anábasis, donde pone de manifiesto una elocuencia sobria, persuasiva y vigorosa; los discursos de la Ciropedia, en cambio, tienen un tono más sencillo, casi coloquial, y no son en absoluto pomposos ni excesivamente didácticos. Aunque la mayor parte de las veces son pronunciados por Ciro, en algunas ocasiones aparecen en boca de otros personajes, recurso que Jenofonte emplea para que sus sentimientos e ideas lleguen a todo tipo de gentes.
b) Diálogos. — Tratan, en general, los mismos temas que los discursos, pero presentan mayor dinamismo y expresividad, porque su estilo es más vivo, llegando a tomar a menudo la forma de una discusión animada con una carga dramática importante. Si bien el manejo de la dialéctica no adquiere las dimensiones geniales de Platón, la habilidad de Jenofonte en los diálogos es innegable. Baste recordar los mantenidos por: Ciro y Tigranes para decidir sobre la suerte del rey armenio 71 ; Ciro y Creso sobre las auténticas riquezas 72 ; Ciro y Ciaxares para convencer a éste de que su cólera no tiene justificación 73 ; Ciro y Araspas acerca del amor (con claras reminiscencias platónicas 74 ); Feraulas y un joven saca sobre la riqueza y la felicidad 75 .
c) Episodios anovelados. — Es donde Jenofonte despliega mayor ternura. Unas veces son escenas graciosas, incluso cómicas, como la de Ciro niño sentado a la mesa de su abuelo 76 , sus celos por el escanciador Sacas 77 , su inocente relato sobre la borrachera de su abuelo 78 , el ingenio de un enamorado de Ciro para recibir un beso suyo 79 . Después, ya como jefe del ejército, multitud de escenas divertidas en el campamento, como la del jefe que entrenaba con disciplina tan excesiva a sus hombres que, cuando envía a uno de los soldados en busca de una carta, marcha toda la compañía tras él por mantener la formación 80 ; o la del soldado ávido de comida, que no llega a probar bocado por su excesiva glotonería 81 ; o la del feo compañero del taxiarco Sambaulas 82 . Otras veces, son escenas serias, tristes e, incluso, patéticas, como la del joven príncipe armenio Tigranes que se encuentra ante la humillante rendición de su padre 83 , o las tristes historias de los nobles asirios, Gobrias y Gadatas, víctimas de la crueldad de su rey 84 . El relato de Creso 85 , rey de Lidia, que había poseído cuantiosas riquezas hasta su derrota ante Ciro, se asemeja mucho al de Heródoto 86
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