Читать книгу «Ciropedia» онлайн полностью📖 — Jenofonte — MyBook.

[11] »¡Que a nosotros, soldados, no nos pase esto! Ya que somos conscientes de que desde niños empezamos a practicar nobles acciones, marchemos contra los enemigos, que, lo sé sin duda alguna porque yo mismo los he visto, son inexpertos para competir con nosotros. Pues todavía no son combatientes capacitados quienes saben tirar al arco, disparar la lanza o montar a caballo con destreza, pero si han de esforzarse de algún modo no resisten porque son inexpertos en fatigas; ni quienes, teniendo que velar, son vencidos por el sueño, pues también son inexpertos a ese respecto; ni tampoco quienes, expertos en estos menesteres, son ignorantes, empero, de la conducta que se debe seguir con aliados y con enemigos, pues es evidente que son inexpertos en los conocimientos más importantes 46 . [12] Vosotros, en cambio, sois capaces de manejaros de noche como los otros de día 47 y consideráis que las fatigas conducen a una vida feliz; usáis a menudo el hambre como condimento y soportáis la costumbre de beber sólo agua mejor que los leones, y habéis almacenado en vuestras almas la posesión más hermosa y más propicia para la guerra: la alabanza os causa más alegría que al resto de los hombres, y forzoso es que los amantes de la alabanza asuman con gusto todo esfuerzo y todo peligro con tal de obtenerla. [13] Si digo esto de vosotros en contra de lo que pienso, me engaño a mí mismo, pues lo que no resulte así por vuestra parte será deficiencia que recaerá sobre mí. Pero yo confío en la experiencia que tengo de vosotros y de los enemigos y en que estas esperanzas favorables no me engañarán. Partamos con confianza, porque está lejos de vuestras mentes la intención de apoderaros injustamente de bienes ajenos. En efecto, en esta ocasión los enemigos vienen siendo ellos quienes han comenzado las acciones injustas, y a nosotros, en cambio, nuestros amigos nos llaman para que los auxiliemos. Y ¿qué hay más justo que defenderse y más hermoso que socorrer a los amigos? Pero creo que no en menor grado os da confianza el hecho [14] de salir sin que yo haya descuidado los deberes para con los dioses, pues, después de haber estado mucho tiempo a mi lado, sabéis que procuro siempre tomar como punto de partida a los dioses, no sólo en las empresas importantes, sino también en las insignificantes.» Finalmente dijo: «¿Por qué he de seguir hablando? Elegid vuestros hombres, tomadlos a vuestras órdenes, preparad lo demás y marchad hacia Media. Yo, por mi parte, volveré junto a mi padre y, luego, me pondré al frente de vuestras tropas, para, en cuanto me entere de cuál es la situación de los enemigos, hacer los preparativos que están en mi mano, a fin de que con la ayuda de la divinidad combatamos en condiciones óptimas.» Y sus hombres cumplieron sus órdenes.

Presagios favorables en la salida hacia Media 48

[6] Ciro fue a su casa, dirigió plegarias a los dioses patrios: Hestia y Zeus 49 y el resto de las divinidades, y partió para la campaña; y lo acompañaba su padre. Una vez que estuvieron fuera del palacio, se dice que hubo truenos y relámpagos de buen agüero para él. A la vista de estos fenómenos, partieron sin esperar otro presagio, considerando que a nadie escaparían los signos del más grande de los dioses.

Consejos de Cambises para ser un buen jefe: 1) Buscar el favor divino

[2] Durante el camino el padre de Ciro comenzó a hablarle en los siguientes términos 50 : «Hijo mío, que los dioses propicios y favorables te envían, es evidente por los sacrificios y las señales celestes; y tú mismo también los conoces. En efecto, yo te enseñé convenientemente para que entendieras, sin ayuda de otros intérpretes, los designios de los dioses y para que fueras tú mismo quien comprendiera las señales perceptibles por los ojos o por los oídos, sin estar a merced de los adivinos, por si acaso quisieran engañarte diciendo una cosa distinta de lo indicado por los dioses y, además, a fin de que, si alguna vez te encontraras sin adivino, no tuvieras dificultades para interpretar los signos divinos, sino que, conociendo a través del arte adivinatorio los designios de los dioses, los pudieras obedecer» 51 . Entonces dijo Ciro: [3]

—Y aquello, padre, que los dioses siéndonos propicios deseen aconsejarnos, yo, siguiendo tus recomendaciones, me ocupo de cumplirlo en la medida de mis posibilidades. Pues recuerdo haberte oído decir, una vez, que, como es natural, puede tener más influencia, tanto cerca de los dioses como de los hombres, aquel que no les adula cuando está en dificultades, sino que se acuerda de los dioses, sobre todo, cuando las cosas le salen a pedir de boca. Y decías que de igual manera hay que ocuparse también de los amigos.

—¿No es verdad, hijo, dijo Cambises, que, gracias a [4] esos cuidados, ahora te diriges más a gusto a hacer rogativas a los dioses y tienes más esperanzas de obtener lo que precisas porque te parece tener conciencia de no haberlos desatendido nunca hasta el momento presente?

—Claro que sí, padre, contestó Ciro, me encuentro en una disposición tal para con los dioses como si fueran amigos míos 52 .

[5] —Pues entonces, hijo mío, dijo Cambises, ¿recuerdas aquello que resolvimos, una vez, de que los hombres hacen mejor las cosas si saben lo que, precisamente, los dioses les han otorgado, que si lo ignoran; que si trabajan consiguen más beneficios, que si permanecen inactivos, y que si velan viven con menos riesgos de peligro que si se descuidan? Y, por tanto, nos parecía que hay que presentarse a sí mismos tal como se debe ser y pedir entonces a los dioses su favor.

[6] —Sí, por Zeus, exclamó Ciro, claro que recuerdo habértelo oído decir, pues forzoso era obedecer tu palabra. También sé que a eso añadías que no es conforme a la ley divina, si no se ha aprendido a montar a caballo, pedir a los dioses la victoria en combates hípicos; si no se sabe tirar al arco, pedir el triunfo sobre quienes sí saben; si no se sabe pilotar, rogar para que las naves se mantengan a salvo mientras se dirige el timón; si no se siembra trigo, rogar para que les salga una buena cosecha; si no se ha prevenido la guerra pedir la salvación en ella: todas estas súplicas y otras por el estilo están al margen de las leyes divinas, y quienes piden algo contrario a la ley divina, decías, es natural que no lo obtengan de los dioses, como tampoco consiguen nada de los hombres quienes piden algo contrario a la ley humana.

2) Cuidar de que los soldados tengan suficientes provisiones

—Pero, hijo mío, ¿has olvidado lo que [7] una vez tú y yo razonábamos, que era una conveniente y hermosa labor para un varón poder ocuparse de convertirse en un hombre probadamente hermoso de cuerpo y noble de espíritu, y de tener suficientes recursos él y su familia? Pero, aun siendo ésta una importante labor, el hecho de saber dirigir a otros hombres de modo que tengan recursos en abundancia y sean todos como deben ser, se nos revelaba entonces como algo verdaderamente admirable.

—Sí, padre, por Zeus, dijo Ciro, me acuerdo de que [8] también decías eso, y yo convenía contigo en que era una empresa de gran magnitud el buen gobierno. También ahora, dijo, mantengo la misma opinión cuando en mis reflexiones razono sobre el hecho mismo de gobernar. Sin embargo, cuando, al observar a otros pueblos, reflexiono sobre qué clase de personas se mantienen como sus gobernantes y qué clase de gente van a ser nuestros adversarios, me parece muy vergonzoso achicarse ante gente tal y no desear marchar a enfrentarse con ellos. Todos ellos, empezando por estos amigos nuestros, me doy cuenta de que juzgan necesario que el gobernante se distinga de los gobernados en comer más copiosamente, tener más oro en su casa, dormir más tiempo y vivir, en todas sus facetas, más descansadamente que los gobernados. En cambio, yo creo que el gobernante se tiene que distinguir de los gobernandos no por su vida muelle, sino por su previsión y celo en el trabajo.

—Pero, hijo mío, dijo Cambises, en ocasiones no hay [9] que combatir con los hombres, sino con los hechos en sí mismos, sobre los cuales no es fácil conseguir una victoria cómoda. Por ejemplo, sabes sin duda que, si el ejército no tuviera los recursos necesarios 53 , tu autoridad inmediatamente se habrá venido abajo.

—Por esa razón, padre, dijo Ciro, afirma Ciaxares que proveerá a todos los que partan de aquí, sea el número que sea.

—¿En esas riquezas de Ciaxares, hijo mío, depositas tu confianza en el momento de salir?

—Sí, dijo Ciro.

—Y qué, ¿sabes cuántas tiene?, preguntó Cambises.

—Por Zeus, contestó Ciro, no lo sé.

—¿Y, a pesar de todo, confías en cosas que son inseguras? A ti te harán falta muchas cosas, y Ciaxares ya ahora se ve obligado a realizar muchos gastos, ¿no lo sabes?

—Lo sé, dijo Ciro.

—Así que, dijo Cambises, ¿si le faltan medios o te engaña a propósito, en qué situación se encontrará tu ejército?

—Es evidente que no en buena. Ahora bien, padre, replicó Ciro, si ves alguna fuente de ingresos que se pueda conseguir por mi parte mientras todavía estamos en tierra amiga, dila.

[10] —¿Me preguntas, hijo mío, dijo Cambises, si alguna fuente de ingresos podrías conseguir por tu parte? ¿De quién es más verosímil que provengan ingresos que de quien tiene poderío militar? Tú sales de aquí con una infantería que sé no admitirías cambiar por otra mucho más numerosa, y la caballería más poderosa, la de los medos, será tu aliada. Por consiguiente, ¿qué pueblo vecino crees que no va a querer ponerse a vuestro servicio por deseo de agradaros y por temor a sufrir algún tipo de represalias? Es necesario que tú, en unión de Ciaxares, busques el modo de que nunca os falten las existencias necesarias y que os las ingeniéis para obtener una fuente de ingresos regulares. Pero, sobre todo, recuerda esto: nunca esperes a procurarte recursos cuando la necesidad te obligue, sino que cuando estés bien abastecido debes prever para la época de escasez, pues obtendrás más de aquellos a quienes pidas, si no das la impresión de estar necesitado, y serás inocente a los ojos de tus propios soldados; con esto, también conseguirás más respeto de los demás, y, si quieres hacer ya el bien ya el mal a alguien con ayuda de tu ejército, tus soldados te prestarán un mejor servicio mientras tengan cubiertas sus necesidades, y, sábelo bien, entonces podrás pronunciar discursos más persuasivos, cuando puedas demostrar que eres capaz de hacer tanto el bien como el mal.

—Padre, dijo Ciro, me parece que todo lo que dices [11] está bien, incluso lo de que ninguno de los soldados me vaya a agradecer lo que ahora reciban, pues saben por qué motivo Ciaxares los lleva como aliados. En cambio, aquello que reciban por encima de lo dicho lo considerarán un honor y, naturalmente, se lo agradecerán muchísimo a quien se lo otorgue. Si se tiene un poderío militar mediante el cual es posible beneficiar a los amigos en réplica a la ayuda recibida, y es posible también intentar obtener alguna ganancia a expensas de los enemigos, pero luego se descuida la obtención de recursos, ¿crees tú, preguntó, que este supuesto es menos vergonzoso que tener campos y trabajadores para cultivarlos y, luego, dejar que la tierra quedara improductiva, sin labrar? Por tanto, ten la convicción de que yo nunca dejaré de ingeniármelas para procurarles recursos a los soldados, ni en tierra amiga ni en enemiga.

3) Convencerse de que la táctica es sólo una parte del arte de la guerra

[12] —Y ¿qué hay hijo mío, dijo Cambises, de las restantes condiciones que, en ocasión, nos parecía forzoso no descuidar? ¿Las recuerdas?

—En efecto, recuerdo bien que yo me dirigí a ti en busca de dinero para pagar a quien afirmaba haberme enseñado las funciones de general 54 , y tú, al mismo tiempo que me lo dabas, me preguntaste en estos términos: «Hijo, ¿acaso entre las funciones de general te mencionó algo de economía el hombre al que llevas su paga? Pues, sin duda alguna, los soldados necesitan recursos no menos que los criados domésticos.» Y, después de que yo, haciendo honor a la verdad, te dije que no me había menciondo una palabra de ello, me volviste a preguntar si me había hablado sobre la salud y la fuerza física, considerando que el general debe ocuparse de estos [13] asuntos como lo hace de su cargo. Y cuando negué también esto, me volviste a preguntar si me había enseñado algunas habilidades que podrían convertirse en los aliados más poderosos para las acciones bélicas. Y ante mi negación también con respecto a ese punto, me volviste a preguntar si me había enseñado alguna técnica para ser capaz de infundir ánimo en el ejército, alegando tú que, en toda ocasión, el ánimo se diferencia en todo del desánimo. Después que yo negué con la cabeza también, tú de nuevo interrogaste si había hecho alguna disertación para instruirme sobre la obediencia de las tropas y con qué clase de [14] artimañas conseguirla preferentemente. Y cuando quedó al descubierto que tampoco había hablado de esto, finalmente me preguntaste qué me enseñaba pretendiendo enseñarme las funciones de general, y yo, entonces, respondí que la táctica, y tú te echaste a reír y, recogiendo uno por uno los puntos anteriores, me preguntaste de qué serviría a un ejército la táctica sin recursos, sin la salud, sin el conocimiento de las artes inventadas para la guerra y sin la disciplina. Una vez que me hubiste demostrado que la táctica es una pequeña parte de la totalidad de las funciones del general 55 , yo te pregunté si eras capaz de enseñarme algo de eso, y tú me recomendaste acudir a los varones considerados doctos en las ténicas militares para conversar con ellos e informarme de cómo es cada una de estas artes.

4) Cuidar la salud de los soldados 56

A partir de entonces me relacionaba [15] con aquellos de quienes había oído decir que eran los más diestros en estos temas. Respecto a la alimentación de los soldados, fui convencido de que eran suficientes recursos los que Ciaxares nos iba a proporcionar. En cuanto a la salud, como oía y veía que las ciudades que quieren mantenerse sanas eligen médicos y que los generales llevan con ellos médicos para que cuiden de la salud de los soldados 57 , así también yo, en cuanto llegué a este cargo, me ocupé de este asunto y creo, padre, dijo Ciro, que voy a tener conmigo varones muy competentes en el arte de la medicina.

A esto, su padre respondió:

[16] —Hijo mío, estos de los que hablas son como los remendones de trajes rotos: los médicos, cuando alguien enferma, entonces lo curan. Tú, en cambio, vas a tener un cuidado de la salud más elevado que ése: que no haya absolutamente ningún enfermo en el ejército ha de ser tu preocupación.

—¿Por qué camino, padre, preguntó Ciro, tengo que ir para poder cumplir ese propósito?

—Si vas a permanecer algún tiempo en el mismo sitio, en primer lugar es preciso no descuidar la salubridad del lugar donde acampes y no errarías si te ocuparas de ello 58 . Pues la gente no cesa de hablar de lugares malsanos y salubres, y presentan como evidentes pruebas de cada uno de estos dos tipos de lugar la complexión y la tez de la población autóctona. Pero, después, no bastará sólo ir a examinar el terreno; acuérdate tú de cómo te cuidas para estar sano.

Y Ciro dijo:

—En primer lugar, por Zeus, intento no quedar nunca [17] demasiado lleno en la comida, porque resulta pesado. En segundo lugar, hago ejercicio para digerir lo que haya ingerido; pues me parece que así la salud se mantiene mejor y aumenta el vigor.

—Así, hijo mío, dijo Cambises, es como hay que ocuparse también de la salud de los demás.

—Pero ¿tendrán los soldados tiempo libre para ejercitar su cuerpo?

—Por Zeus, contestó Cambises, no sólo es conveniente sino forzoso que lo tengan. En efecto, es preciso que el ejército, si pretende cumplir con su deber, siempre esté entrenado, causando males a los enemigos o el bien a sí mismo. Difícil es ya alimentar a un solo hombre inactivo, pero todavía mucho más difícil, hijo mío, es alimentar una casa entera, y lo más difícil de todo es alimentar a un ejército inactivo, pues en un ejército son muchísimos los individuos a comer, parten con el mínimo de víveres y utilizan copiosísimamente lo que reciben; así que es conveniente que el ejército nunca esté inactivo.

—Quieres decir, padre, dijo Ciro, según me está pareciendo, [18] que igual que no es de ninguna utilidad un campesino inactivo, así tampoco es de ninguna utilidad un general inactivo.

—Yo, por mi parte, dijo Cambises, garantizo que el general laborioso, a no ser que lo impida algún dios, hará al mismo tiempo que sus soldados tengan el máximo de provisiones y los dispondrá con la mejor preparación física.

—Además, replicó Ciro, respecto a la práctica de cada una de las técnicas guerreras, me parece bien que se anuncien certámenes y se propongan premios con vistas a mejorar al máximo su entrenamiento en cada una de ellas, para que, cuando sea preciso, se pueda hacer uso de hombres entrenados.

—Tienes mucha razón, hijo mío, dijo Cambises; pues, si haces eso, ten la seguridad de que verás a las compañías practicar su cometido siempre como coros de danza 59 .

5) Buscar el celo, la disciplina la disciplina y la amistad de los soldados 60

[19] —De otro lado, dijo Ciro, mantengo la opinión de que, para infundir ánimo a los soldados, no hay nada más eficaz que tener capacidad de imprimir esperanza en sus personas.