—Pero, hijo mío, replicó Cambises, eso es como si en una cacería un cazador llamara siempre a las perras con la misma llamada que cuando ve la presa, pues en un primer momento sé bien que puede hacer que le obedezcan con arrojo, pero, si las engaña muchas veces, acaban por no obedecer su llamada ni siquiera cuando vea realmente la presa. Así ocurre también en lo que se refiere a las esperanzas: si alguien miente frecuentemente infundiendo expectativas de bienes, tal persona acaba por no ser capaz de persuadir a nadie, ni siquiera cuando se refiera a esperanzas con base real. Por el contrario, hay que abstenerse de decir las cosas que uno mismo no sepa con seguridad, hijo mío; otros, diciéndolo, en alguna ocasión pueden obtener el mismo resultado, pero debe mantenerse acreditada al máximo la capacidad de exhortación de uno mismo para cuando se presenten los peligros más graves.
—Sí, por Zeus, exclamó Ciro, me parece que tienes razón, padre, y esta conducta me complace.
—Me parece que el arte de promover la obediencia de [20] los soldados no es ajeno a mi experiencia, padre, pues tú en un primer momento me lo inculcaste desde pequeño, obligándome a obedecer, luego me entregaste a los maestros, quienes, a su vez, obraban del mismo modo, y, cuando estábamos en la clase de los efebos, nuestro jefe se ocupaba con firmeza de lo mismo; y también me parece que la mayor parte de nuestras leyes, por encima de todo, encierran estas dos enseñanzas: gobernar y ser gobernado. Pues bien, cuando a menudo reflexiono sobre estos asuntos, me parece que, en todos los casos, lo que más incita a la obediencia es alabar y honrar al sujeto obediente, y deshonrar y castigar al desobediente.
—Claro, replicó Cambises, para hacerse obedecer a la [21] fuerza, ése, hijo mío, es el camino; pero para algo mucho más importante que eso, para hacerse obedecer voluntariamente, hay otro camino más corto. En efecto, a quien los hombres estiman más diestro que ellos en lo tocante a sus propios intereses, a éste lo obedecen sumamente gustosos. Y puedes reconocer que esto es así también en muchos otros casos, por ejemplo, en el de los enfermos, con cuánto interés llaman a quienes les van a mandar lo que han de hacer; en el mar, con cuánto interés la tripulación obedece a los pilotos, y con cuánta intensidad desean algunos no ser abandonados por aquellos a quienes consideran que conocen el camino mejor que ellos mismos. En cambio, cuando creen que por obedecer van a recibir algún mal, ni quieren ceder con castigos ni se dejan arrastrar por regalos, pues nadie recibe voluntariamente regalos para su propia desgracia.
[22] —¿Quieres decir, padre, que para hacerse obedecer no hay medio más eficaz que parecer más diestro que sus subordinados?, preguntó Ciro.
—En efecto, dijo Cambises, eso digo.
—Y ¿cómo, padre, podría uno ofrecer rápidamente tal imagen de sí mismo?
—Hijo mío, contestó Cambises, para aparentar ser diestro en lo relativo a los asuntos que quieras, no hay camino más corto que llegar a ser diestro en ellos 61 . Cuando los examines uno a uno comprenderás que te digo la verdad. En efecto, si tú, no siéndolo, quieres aparentar ser un buen campesino, un buen jinete, un buen médico, un buen flautista o cualquier otra cosa, imagínate cuántos ardides habrás de ingeniar para aparentarlo. Incluso, si convencieras a mucha gente para que te alabaran con vistas a adquirir fama, y te procuraras bellos equipos para cada uso de estos oficios, de momento engañarías, pero, poco después, cuando dieras en intentarlo, te revelarías además como un cumplido fanfarrón.
[23] —¿Pero cómo podría uno llegar a ser realmente diestro en algún oficio que le vaya a ser útil?
—Es evidente, hijo mío, contestó Cambises, que, en lo que respecta a cuantas materias se llegan a conocer después de aprenderlas, ello es posible a base del aprendizaje, como tú aprendiste el arte táctica; pero, en lo que respecta a cuantas materias no pueden ser aprendidas por los hombres ni previstas por la previsión humana, es a base de consultar a los dioses a través de la adivinación como podrías ser más diestro que otros; y aquello que comprendieras que es preferible que sea realizado, es ocupándose de ello como podría realizarse, pues el ocuparse de su deber es más propio de varón sensato que el descuidarlo.
Sin embargo, el camino que hay que seguir para hacerse [24] amar por los soldados, prosiguió, cosa que en mi opinión se encuentra entre las tareas más importantes, evidentemente es el mismo que cuando se desea recibir el afecto de los amigos 62 ; en efecto, creo que uno se debe mostrar como su protector. Pero, hijo mío, dijo, es difícil todo esto: tener la capacidad de beneficiar siempre a quienes uno desee beneficiar, mostrar que compartes su alegría si les sobreviene un éxito, que compartes su aflicción si les ocurre una desgracia, que tienes interés en ayudarles en las dificultades, que temes vayan a cometer un error y que intentas tomar medidas para que no lo cometan. Esta disposición es, sin duda, muy necesaria para prestarles ayuda. También durante las acciones guerreras debe ser manifiesto [25] que el jefe les supera en aguantar el sol en verano, el frío en invierno y las fatigas en el transcurso de las dificultades 63 . Pues todos estos factores contribuyen a granjearse el afecto de los subordinados.
—¿Quieres decir, padre, preguntó Ciro, que el jefe debe tener más aguante que sus subordinados a la hora de enfrentarse a todas las situaciones?
—En efecto, eso digo, respondió Cambises. Sin embargo, hijo mío, ten confianza, pues sabe bien que las mismas fatigas no alcanzan de modo semejante al jefe y al individuo particular, aunque tengan unas condiciones semejantes, sino que la honra, de algún modo, alivia las fatigas del jefe y también el consuelo de saber que nada de lo que haga va a pasar inadvertido 64 .
[26] —En el momento en que ya, padre, los soldados tengan cubiertas las necesidades, estén sanos, sean capaces de soportar las fatigas, estén ejercitados en las artes guerreras y ansiosos de demostrar su valor y les agrade más obedecer que desobedecer, en ese momento ¿no te parecería sensato que uno quisiera ir a combatir con los enemigos cuanto antes?
—Sí, por Zeus, exclamó Cambises, si se va a vencer; si no, yo, por mi parte, creería tanto más en mi propia valentía y en la de los hombres que me siguen cuanto más precavido fuera, como también intentamos hacer con la mayor seguridad el resto de las acciones que creemos son de la máxima importancia para nosotros.
Consejos para adquirir ventaja sobre los enemigos. 1) Ser tramposo
[27] —Pero ¿cuál es el mejor medio para adquirir la superioridad sobre los enemigos, padre?
—Por Zeus, respondió Cambises, lo que me preguntas no es ya un asunto desdeñable ni sencillo; pero sabe bien que quien lo pretenda conseguir debe ser conspirador, disimulado, tramposo, mentiroso, ladrón, bandido y superior en todo a sus enemigos.
Y Ciro, echándose a reír, dijo:
—Por Heracles, padre, ¡en qué clase de hombre dices tú que debo convertirme!
—Con tal conducta, hijo mío, serías el varón más justo y conforme a las normas establecidas.
—¿Entonces, cómo es que cuando éramos niños y efebos [28] nos enseñabais lo contrario?
—Sí, por Zeus, replicó Cambises, y todavía en la actualidad lo hacemos de cara a amigos y conciudadanos, pero, para ser capaces de perjudicar a los enemigos, ¿no sabes que aprendisteis muchas malicias?
—Por mi parte, yo no, padre, dijo Ciro.
—Entonces, preguntó Cambises, ¿para qué aprendíais a tirar al arco, a disparar la lanza, a cazar jabalíes engañándolos con redes y fosas, y a ciervos con cepos y cuerdas? ¿Por qué no luchabais con leones, osos y leopardos en igualdad de condiciones, y siempre intentabais combatirlos con algún tipo de ventaja? ¿O no comprendes que todo eso son malicias, engaños, trampas, y ventajas fraudulentas? 65 .
2) Engaños
—Sí, por Zeus, exclamó Ciro, pero se [29] trataba de animales salvajes; en cambio, si se trataba de hombres, aunque sólo diera la impresión de pretender engañar a alguien, sé que recibía muchos golpes.
—En efecto, no os permitíamos, creo, tirar al arco, ni disparar la lanza a personas, sino que os enseñábamos a tirar a un blanco para que en ese momento no dañarais a los amigos, pero para que, si alguna vez se producía una guerra, pudierais apuntar a hombres también. Y os educábamos en el arte del engaño y de la ventaja fraudulenta no en caso de los hombres, sino de animales, y no para dañar a vuestros amigos en estos ejercicios, sino para que, si alguna vez se producía una guerra, no estuvierais desentrenados al respecto.
[30] —Así que, padre, dijo Ciro, si es útil conocer ambas conductas: beneficiar y perjudicar a los hombres, se nos debían haber enseñado también ambas en el caso de los hombres 66 .
[31] —Se dice, hijo mío, dijo Cambises, que en tiempos de nuestros antepasados hubo una vez un maestro de niños que, efectivamente, les enseñaba la justicia, como tú pides, enseñándoles a no mentir y a mentir, a no engañar y a engañar, a calumniar y a no calumniar, a no ganar por medios fraudulentos y a ganar por medios fraudulentos. Y delimitaba dentro de esas conductas qué había que hacer a los amigos y qué a los enemigos. Incluso les enseñaba que es justo engañar también a los amigos, al menos si es para obtener provecho, y robarles las pertenencias para [32] sacar provecho también. Con estas enseñanzas también era forzoso que los niños 67 se entrenaran para practicarlas entre ellos, como dicen que los griegos enseñan a los niños a servirse del engaño en las competiciones atléticas y a entrenarse entre ellos para poder practicarlo. Así pues, algunos que así habían llegado a ser expertos tanto en engañar como en ganar por medios fraudulentos y quizá sin ser tampoco inexpertos en codicia, no se abstenían de intentar ganar por medios fraudulentos ni con sus amigos. A [33] partir de estas acciones, se gestó un decreto, en vigor todavía en nuestros días, por el que simplemente se enseñara a los niños, como nosotros enseñamos a los criados a que en su comportamiento con nosotros digan la verdad, no engañen, no roben ni saquen ganancia por medios fraudulentos, y, si hacen algo al margen de estas normas, se les castigue para que, acostumbrados a tal hábito, lleguen a convertirse en ciudadanos más dóciles. Y, cuando llegaban [34] a la edad que tú tienes ahora ya parecía libre de peligro enseñarles también normas contra los enemigos 68 , pues parecía que ya no os dejaríais arrastrar a ser ciudadanos incivilizados habiendo sido criados en el respeto mutuo. Así como tampoco nosotros conversamos sobre temas amorosos con los demasiado jóvenes, para evitar que, como se añade su ligereza en el actuar a su fuerte deseo, los jóvenes hagan uso de esa ligereza desmedidamente.
3) Actuar por sorpresa
—Sí, por Zeus, dijo Ciro. Pues bien, [35] considerando que yo he llegado tarde a instruirme en esas ventajas fraudulentas no escatimes, padre, explicaciones, si es que puedes enseñarme la manera de ser superior a mis enemigos.
—Pues bien, replicó Cambises, ingéniatelas como puedas para procurar sorprender con tus hombres bien ordenados a los enemigos en desorden, con tus hombres bien armados a los enemigos desarmados, con tus hombres despiertos a los enemigos dormidos, y para procurar recibir su ataque cuando ellos sean visibles para ti, mientras tú seas invisible para ellos; cuando ellos estén en terreno desfavorable, mientras tú estás en lugar bien defendido.
[36] —Y ¿cómo, padre, preguntó Ciro, podría uno sorprender a los enemigos en tales descuidos?
—Hijo mío, replicó Cambises, tanto vosotros como vuestros enemigos inevitablemente tenéis que pasar por muchas situaciones de este tipo, pues es inevitable que ambos bandos hagáis la comida y es inevitable que ambos descanséis y que, al alba, casi todos a la vez tengáis que retiraros para hacer vuestras necesidades, y es inevitable también hacer uso de los caminos sea cual sea el estado en que estén. Tienes que percatarte de todas estas situaciones, y en lo que tú sepas que sois más débiles, a ello sobre todo dedica tu atención, y en lo que notes que los enemigos son fáciles de dominar, por allí sobre todo debes atacarlos.
4) Inventar nuevos ardides
[37] —¿Pero la superioridad frente a los enemigos consiste sólo en tomar estas medidas, o existen otras de otro tipo?
—Sí, hay muchas más, hijo mío, respondió Cambises. En efecto, todos en general prestan rigurosa vigilancia a estas medidas porque saben que son necesarias. Pero quienes engañan a los enemigos también pueden hacer que se confíen para cogerlos desprevenidos, permitirles que les persigan para hacer que se desordenen y atraerlos con la huida a un terreno desfavorable para echárseles allí encima.
Pero, hijo mío, continuó Cambises, si quieres aprender [38] todos los ardides, tienes que servirte no sólo de los que aprendas, sino que también tú mismo debes ser inventor de ardides contra los enemigos, como también los músicos no se sirven sólo de las composiciones que aprenden, sino que también intentan componer otras nuevas. Y las composiciones que son lozanas son vehementemente celebradas en la música, pero en la guerra son mucho más celebrados los nuevos ardides, pues pueden engañar mejor a los adversarios. Y si tú, hijo mío, prosiguió Cambises, no hicieras [39] más que adaptar para los hombres los ardides que ingeniaste para las fierecillas 69 , ¿no crees que llevarías mucho adelantado para aventajar a tus enemigos? En efecto, cuando en lo más riguroso del invierno ibas a cazar pájaros, te levantabas y te ponías en marcha de noche, y antes de que los pájaros se desplazaran del lugar, tú habías confeccionado las redes para atraparlos y habías igualado el suelo removido con el no removido. Y habías amaestrado pájaros 70 , de suerte que estuvieran a tu servicio en el momento conveniente y engañasen a los pájaros de su misma especie; tú, entretanto, permanecías al acecho escondido, de suerte que los pudieras ver, pero ellos no te vieran a ti; y te habías ejercitado en tirar de las redes antes de que las aves huyeran.
Y para cazar la liebre 71 , ya que come en la oscuridad [40] de la noche y se esconde durante el día, criabas perras que por el olfato la encontraran. Pero, como huía rápidamente en cuanto la encontraban, tenías adiestradas otras perras para que la atraparan a la carrera; y, si se les escapaba también a éstas, como conocías sus vías de escape y a qué clase de sitios huían, las liebres eran atrapadas, ya que en esos sitios extendías unas redes que no se vieran, y la propia liebre, en la precipitación de la huida, caía y se enredaba. Y para que no se escapara de allí colocabas unos hombres que vigilaran lo que pudiera ocurrir y que, situados muy cerca, estaban dispuestos a echarse sobre ella rápidamente. Tú mismo desde atrás con un grito lanzado no más tarde que los chillidos de la liebre, la asustabas, de suerte que, al quedarse aturdida, fuera atrapada, y en cuanto a los hombres que estaban delante, les enseñabas a que estuvieran en silencio y les hacías esconderse al acecho. [41] Así que, como dije antes, si quisieras emplear ardides de este tipo con los hombres, no sé si serías vencido por un enemigo; pero, si alguna vez es inevitable que ambos ejércitos traben combate en terreno llano, a la vista de todos y bien armados, en tal caso, hijo mío, verdaderamente valen mucho las ventajas preparadas con mucha antelación. Y yo te digo que estas ventajas existen cuando los soldados están bien entrenados físicamente, bien templados psíquicamente y han hecho buena práctica en las artes guerreras.
Cómo actuar en cada situación
[42] Tienes que saber, además, esto bien: todos aquellos a quienes exiges obediencia también te exigirán que veles por ellos. Por tanto, que tu espíritu no esté nunca desprevenido; de noche estáte atento a lo que puedan hacerte tus subordinados cuando llegue el día, y de día, para que las noches transcurran apacibles.
Cómo se ha de ordenar el ejército para la batalla 72 , [43] cómo conducirlo de día o de noche, por caminos angostos o desahogados, montañosos o llanos, cómo acampar 73 , cómo disponer los centinelas nocturnos y diurnos, cómo dirigirse hacia el enemigo o retirarse de él, cómo vadear una ciudad enemiga, cómo marchar contra sus murallas o evitarlas, cómo atravesar valles boscosos 74 y ríos, o cómo defenderse de la caballería, de los lanceros o de los arqueros, o, si se te presentaran los enemigos de improviso cuando marchas en columna, cómo debes aguantar el ataque, y, si se te presentasen los enemigos por cualquier otro lado que no sea de frente cuando marches tú en línea de combate 75 , cómo hay que contraatacarles, de qué manera se podrían conocer al máximo los planes de los enemigos y de qué manera ellos conocieran menos los tuyos 76 ¿debería decirte yo todas estas técnicas? Todo cuanto yo sabía, muchas veces me los has oído decir; además, de ninguno de los que parecen entendidos en estas materias has dejado de escuchar ni de aprender algo. Así que, ante la coyuntura, en mi opinión, debes hacer uso de los consejos que en cada momento te parezcan convenientes.
No actuar en contra de los presagios
[44] Aprende también de mí, hijo mío, continuó Cambises, esto que es lo más importante: no pongas en peligro tu persona ni tu ejército en contra de los presagios y augurios, pues debes saber que los hombres eligen realizar empresas a partir sólo de conjeturas [45] sin saber de cuál de ellas obtendrán bienes. Podrías sacar esta lección de los propios hechos ya sucedidos, pues ya desde antiguo muchos hombres, incluso los que parecían más sabios en estos asuntos, persuadieron a ciudades para que emprendieran la guerra contra aquellas a mano de las cuales perecieron quienes se habían dejado persuadir para atacarles; muchos otros engrandecieron a multitud de individuos y ciudades a mano de los cuales, una vez encumbrados, sufrieron los más grandes males; y muchos otros que tuvieron la posibilidad de tratar como amigos a determinadas personas y obtener muchos beneficios, por preferir tratarlos como esclavos más bien que como amigos, recibieron castigo a mano de esas mismas personas; a muchos otros que tenían lo que les correspondía, no les bastó con vivir agradablemente, y, por haber deseado ser dueños de todo, no conservaron ni siquiera lo que tenían; y muchos otros, tras haber conseguido el tan deseado oro, por su causa perecieron 77 . Así resulta que la [46] sabiduría humana no sabe en modo alguno elegir lo mejor más que un hombre que echara a suerte su conducta y conforme al resultado actuara. En cambio, hijo mío, los dioses, por ser eternos, saben todo: el pasado, el presente y lo que resultará de cada uno de los acontecimientos, y, de entre los hombres que los consultan, a aquellos a quienes se muestren propicios les anuncian lo que es necesario hacer y lo que no. Y si no quieren aconsejar a todos, no es nada extraño, pues no están obligados a ocuparse de los que no quieran.
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