Читать книгу «Ciropedia» онлайн полностью📖 — Jenofonte — MyBook.

—¿Quién podría hablar a Astiages en nuestro favor?

—¿Quién podría convencerlo mejor que tú?, dijeron [12] ellos.

—Pero, por Hera, exclamó Ciro, si no sé en qué clase de persona me he convertido, que ya no soy capaz ni de hablar ni de dirigir la mirada hacia mi abuelo como antes, y me temo que si aumenta mi miedo me convierta en un rematado tonto e idiota, a diferencia de cuando era pequeño, cuando se me tenía por un conversador muy hábil.

Los niños entonces le replicaron:

—Molesto es lo que dices; si no vas a poder hacer nada por nosotros en caso de necesidad, nos veremos obligados a pedir a algún otro lo que está en tus manos.

Ciro se picó al oír estas razones; sin decir una palabra [13] se alejó, se dio valor a sí mismo y entró en el aposento de su abuelo no sin antes haber cavilado sobre la manera de dirigirse a él sin causarle molestia alguna y conseguir lo que los niños y él mismo deseaban. Y comenzó del modo siguiente:

—Dime abuelo, si uno de tus esclavos se escapa y lo capturas, ¿cómo te comportarás con él?

—¿De qué otro modo, contestó Astiages, sino atándolo y obligándolo a trabajar?

—Y si él vuelve por sí mismo, ¿qué le harás?

—¿Qué podría hacerle sino azotarlo para que no lo volviese a hacer y tratarle de nuevo como antes?

—Podría ser hora de que te prepares una cosa con la que azotarme ahora, porque estoy planeando escaparme de ti con mis camaradas para ir a cazar, dijo Ciro.

Y Astiages replicó:

—Has hecho bien en advertirme: te prohíbo moverte de palacio. Pues buen pastor sería yo, si por unos pedazos de carne dejara extraviarse al hijo de mi hija.

[14] Al oír esto, Ciro obedeció y se quedó, pero como estaba apesadumbrado y sombrío se pasaba el día callado. Cuando Astiages se dio cuenta de la profunda aflicción de Ciro, con intención de alegrarle lo sacó de caza. Una vez que hubo reunido muchos infantes y caballeros y a los niños, camaradas de Ciro, y hubo congregado a las fieras en lugares aptos para la caballería, organizó una gran cacería. Él mismo la presenciaba luciendo sus atributos reales y ordenó que nadie disparara hasta que su nieto se hubiese saciado de piezas. Pero Ciro no permitió este impedimento y dijo: «Si quieres que cace a gusto, abuelo, deja que todos éstos persigan las piezas en rivalidad conmigo y compita cada cual lo mejor que pueda.»

[15] Entonces, Astiages accedió y allí de pie contemplaba cómo se medían con las fieras y rivalizaban persiguiéndolas y disparándoles las lanzas. Y se alegraba de que Ciro, de puro placer, no pudiera estar callado, sino que rompía a gritar como un cachorro de buena casta cada vez que se aproximaba una fiera, y exhortaba a los participantes llamando a cada uno por su nombre. Y Astiages se regocijaba al ver cómo Ciro se reía de uno, pero se daba cuenta de que también a otro lo alababa sin ninguna clase de envidia. Astiages, al final, se marchó en posesión de muchas piezas, y a partir de entonces tan contento se había quedado con esta cacería, que siempre que podía salía con Ciro y llevaba consigo muchos caballeros y niños y todo lo hacía por Ciro. Así era como Ciro pasaba la mayor parte de su tiempo, y era motivo de alegría y bien para todos, pero de mal para nadie.

Ataque del príncipe asirio

Cuando Ciro hubo cumplido aproximadamente [16] quince o dieciséis años, el hijo del rey de los asirios 32 , en vísperas de su boda, tuvo deseos de salir de caza, también él, por esta época. Al enterarse de que en la zona fronteriza entre Asiria y Media había muchas fieras sin cazar, por causa de la guerra, le entraron deseos de ir allí. Para cazar sin peligro, se llevó consigo muchos caballeros y peltastas 33 , que tenían la misión de azuzarle las fieras desde las espesuras hacia las tierras cultivadas y apropiadas para la caballería. Al llegar adonde los asirios tenían sus plazas fuertes y guarniciones, cenó para salir de caza a la mañana siguiente temprano.

[17] Ya al atardecer, el relevo de la guardia anterior, compuesto de caballeros e infantes, llega de la ciudad. Entonces tuvo la impresión de que estaba en posesión de un ejército numeroso, pues estaban congregados dos guarniciones y, además, los caballeros e infantes que habían venido con él. En consecuencia, decidió que lo mejor era saquear la tierra de los medos: esta acción resultaría más lucida que la de cazar y proporcionaría, según pensaba, gran cantidad de ofrendas para los sacrificios. En tales circunstancias, se levantó temprano y se puso al frente del ejército: dejó a los infantes concentrados en la frontera, y él avanzó con la caballería hacia las plazas fuertes de los medos, y allí permaneció acompañado de los mejores y el mayor número de sus soldados para evitar que los centinelas medos pudieran recibir ayuda contra las fuerzas atacantes. Envió a sus compañeros, divididos en grupos, a atacar cada uno un lugar y les ordenó que rodearan al enemigo que encontraran y se lo trajeran a su presencia. Y ellos así lo hacían.

Ciro sale también a defender el país

[18] Cuando Astiages fue puesto al corriente de que había enemigos dentro del país, sale a defender la frontera él en persona, acompañado de su guardia personal, y su hijo hizo otro tanto con los caballeros que se encontraban junto a él e indicó a todos los demás que salieran en su ayuda. Tan pronto como vieron a un número elevado de asirios dispuestos en línea de batalla y a los caballeros en posición de descanso, los medos también se detuvieron. Por su parte, Ciro, al ver que los demás habían salido en masa en defensa de la frontera, también él sale, después de haberse puesto sus armas entonces por vez primera —momento que creía que no iba a llegar nunca, tan grande era su deseo de armarse con ellas—; eran muy bellas y le sentaban muy bien porque su abuelo las había hecho a medida. Armado de esta guisa se abalanzó sobre el caballo. Al verlo, Astiages se preguntó quién le habría ordenado venir; de cualquier modo, le dijo que se mantuviera a su lado. Y Ciro, cuando vio frente a él [19] a tan elevado número de caballeros, preguntó:

—Abuelo, ¿esos soldados que están quietos sobre sus caballos son enemigos?

—Claro que son enemigos, replicó Astiages.

—¿Y aquellos que cabalgan?, continuó.

—Claro, aquéllos también.

—¡Por Zeus, abuelo, exclamó Ciro, a pesar de su aspecto miserable y de montar caballejos miserables se llevan nuestras propiedades! Es necesario, pues, que algunos de los nuestros avancen contra ellos.

—Pero, hijo mío, ¿no ves la cantidad de caballeros que se mantienen formados en línea de batalla? Si los atacamos, ellos, a su vez, nos cortarán la retirada y no tenemos aquí todavía el grueso de nuestras fuerzas.

—Si te quedas aquí, dijo Ciro, y recibes el refuerzo de nuestras tropas de auxilio, éstos tendrán miedo, no se moverán, y, cuando vean a alguien avanzar contra ellos, los que llevan el botín lo soltarán inmediatamente.

Estas sugerencias de Ciro le parecieron razonables a [20] Astiages y, al mismo tiempo que se admiraba de que fuera tan sensato y avispado, ordena a su hijo tomar una compañía de caballería y avanzar contra los que se llevaban el botín. «Y yo, dijo Astiages, avanzaré contra éstos si se mueven hacia ti, para forzarlos a dirigir su atención hacia nosotros.» Entonces, Ciaxares se lanzó al ataque con los hombres y caballos más vigorosos. Cuando Ciro los vio partir, se unió inmediatamente a ellos y se puso en cabeza rápidamente. Ciaxares iba detrás de él y el resto de la tropa no se quedaba a la zaga. Tan pronto como los saqueadores los vieron acercarse, inmediatamente soltaron [21] el botín y echaron a huir. Sin embargo, Ciro y su gente les cortaban la retirada, y a quienes cogían por sorpresa al punto los golpeaban, Ciro el primero, y a los que se habían apresurado a escabullirse, los perseguían y no los dejaron hasta atrapar a algunos de ellos. Como un perro de pura raza falto de experiencia se precipita imprudentemente contra un jabalí, así también Ciro se precipitaba en su persecución con la vista puesta sólo en golpear al que alcanzaba y sin prever nada más.

Pero los enemigos, cuando vieron a los suyos en serias dificultades, se movilizaron en masa hacia delante con la convicción de que la persecución cesaría en cuanto los [22] viesen avanzar. Ciro, por su parte, no cejaba en su empeño, sino que por obra de su regocijo llamaba a su tío mientras continuaba la persecución y, presionando a los enemigos, provocaba su violenta huida. Ciaxares lo seguía, quizá por no tener que avergonzarse ante su padre, y el resto de los hombres lo seguían también con más ardor en la persecución en tales circunstancias, incluso los que no eran muy valerosos para enfrentarse al enemigo. Pero Astiages, al ver que los unos hacían una persecución irreflexiva y que los enemigos, en cambio, les hacían frente en formación compacta, temeroso de que les sucediera algún percance a su hijo y a Ciro, que caían desordenadamente sobre tropas bien preparadas, dirigió sus tropas contra los enemigos. Los enemigos, a su vez, tan pronto como vieron [23] avanzar a los medos, se detuvieron blandiendo sus lanzas unos y tensando sus flechas otros, en la idea de que sus adversarios, cuando estuvieran a tiro de flecha, se pararían _ como solían hacer casi siempre —pues solían avanzar los unos contra los otros hasta que estuvieran muy próximos y se quedaban disparándose a menudo hasta el atardecer—, pero cuando vieron a los suyos precipitarse en su huida contra sus propios compañeros, a la tropa de Ciro dirigiéndose contra ellos a muy poca distancia y a Astiages con la caballería ya a tiro de flecha, se dan la vuelta y huyen. Los medos los perseguían muy de cerca a todo galope y atrapaban a muchos; a quienes alcanzaban los golpeaban, tanto caballos como jinetes, y a quienes caían los mataban. Y no pararon hasta que se encontraron cerca de la infantería asiria. Llegados allí, pararon, temerosos de exponerse a que una tropa más numerosa les hubiera tendido una emboscada. Acto seguido, Astiages ordenó la [24] retirada muy satisfecho de la victoria de su caballería y sin saber qué decir a Ciro, consciente de que era responsable del éxito, pero reconociendo que era un loco por su temeridad. En efecto, entonces, mientras todos los demás volvían a sus casas, Ciro se quedó solo no haciendo otra cosa que dar vueltas por entre los caídos; los soldados que habían recibido la orden a duras penas lo arrancaron del lugar y lo condujeron ante Astiages, mientras Ciro se escabullía de ellos porque veía la cara de enfado de su abuelo ante su vista 34 .

Regreso a Media

[25] Estos sucesos habían ocurrido en Media y todos tenían el nombre de Ciro en la boca, en relatos y en canciones. Respecto a Astiages, que ya antes lo estimaba, esta hazaña lo había dejado atónito. Y Cambises, el padre de Ciro, se alegraba de recibir estas noticias; pero, cuando oyó decir que Ciro realizaba ya acciones de varón adulto, lo llamó para que completara su formación dentro de los usos persas. Entonces, se dice que Ciro expresó su intención de marcharse para evitar que su padre se disgustase y su patria se lo reprochara. También a Astiages le pareció inevitable devolverlo a casa. Y después de regalarle los caballos que él deseaba recibir e incluir en su equipaje toda clase de regalos, lo devolvió a Persia porque lo amaba y, además, tenía grandes esperanzas de que se convirtiera en un varón capaz de ser útil a los amigos y terrible para los enemigos 35 . Al llegar el momento de su partida, todos lo escoltaban a caballo: niños, jóvenes de su edad, adultos y ancianos e, incluso, el propio Astiages; y cuentan que no hubo nadie que no volviera [26] a casa llorando. Se dice que también el mismo Ciro se marchó con abundantes lágrimas. También cuentan que repartió entre sus camaradas muchos regalos de los que Astiages le había dado 36 , y que, finalmente, se quitó la túnica meda que llevaba puesta y se la regaló a uno de ellos demostrando que aquél era al que más quería 37 . Sin embargo, quienes habían recibido y aceptado los regalos se dice que se los llevaron a Astiages, quien los aceptó y, después, se los envió a Ciro, pero que él se los devolvió a los medos diciendo: «Abuelo, si quieres que cuando vuelva a visitarte lo haga con alegría y no tenga ningún motivo de vergüenza, permite que los que hayan recibido algo de mí lo posean.» Y Astiages, una vez enterado del deseo de Ciro, hizo como él le había pedido.

El enamorado de Ciro

Si se ha de hacer mención de un relato [27] amoroso en torno a Ciro, he aquí uno: se dice que, cuando Ciro estaba a punto de marcharse y llegaba el momento de la separación, sus parientes se despidieron de él besándolo en la boca, a la costumbre persa 38 —en efecto, todavía en la actualidad lo hacen los persas—, y que un medo 39 , muy hermoso de cuerpo y noble de espíritu, conmovido desde hacía tiempo por la belleza de Ciro, cuando vio que sus parientes lo besaban, se quedó rezagado. Después de que el resto de los presentes se marchó, se dirigió a Ciro y le dijo:

—¿Soy yo el único de tus parientes que no conoces, Ciro?

—¡Cómo!, exclamó Ciro. ¿Es que acaso tú también eres pariente mío?

—Sí, replicó.

—Entonces, por eso me mirabas. En efecto, muchas veces creo haberme dado cuenta de ello, dijo Ciro.

—Siempre quería acercarme a ti, dijo el medo, pero, por los dioses tenía vergüenza de hacerlo.

—No debías haberla tenido siendo pariente mío, dijo Ciro mientras se acercaba a él para besarlo.

[28] Una vez que Ciro lo hubo besado, el medo le preguntó:

—¿También en Persia existe la costumbre de besar a los parientes?

—Sí, contestó Ciro, sobre todo cuando se encuentran después de mucho tiempo o se despiden unos de otros.

—Sería el momento de que me vuelvas a besar, pues, como ves, me voy ya.

Ciro, después de besarlo de nuevo, lo despidió y se marchó. No llevaban hasta entonces mucho camino hecho cuando el medo volvió con su caballo sudoroso. Al verlo, Ciro le preguntó:

—¿Se te ha olvidado algo de lo que querías decirme?

—No, por Zeus, contestó el medo, vuelvo después de una larga separación.

—Por Zeus, pariente, exclamó Ciro, al contrario, es un rato corto.

—¿Cómo corto? ¿No sabes, Ciro, que incluso el tiempo que tardo en pestañear, me parece que es muy largo porque no te veo, de tan hermoso como eres?

Entonces, Ciro de llorar pasó a reír y le dijo que se marchara confiado, porque volvería a estar entre ellos después de tan corto espacio de tiempo, que podría volver a verlo aun sin necesidad de pestañear si quería.

Ciro pasa a la clase de los efebos

Ciro volvió a Persia y se dice que [5] todavía estuvo un año más en la clase de los niños. Al principio se burlaban de él, considerando que llegaba acostumbrado a la vida muelle que había aprendido en Media; pero, cuando lo vieron comer y beber con gusto, como ellos, y se dieron cuenta de que, si alguna vez se celebraba un festín durante una fiesta, más bien entregaba su propia parte, que pedía más, y observaron que, además, los aventajaba en los restantes aspectos relativos a cualquier asunto, entonces sus camaradas volvieron a inclinarse ante él. Después de completar este grado de su educación y entrar en el grupo de los efebos, entre éstos parecía también destacar por su interés en cumplir con sus obligaciones, su resistencia en aquello que la requería, su respeto a los mayores y su obediencia a los jefes.

Ciaxares accede al trono de Media. Ataque del Asirio 40

Pasado un tiempo, Astiages murió en [2] Media, y Ciaxares, su hijo y hermano de la madre de Ciro, recibió el imperio de los medos. Por su parte, el rey de Asiria, una vez que hubo sometido a todos los sirios, pueblo no insignificante, hecho súbdito suyo al rey de los árabes y teniendo ya también como súbditos a los hircanios, durante el asedio de los bactrios 41 maduraba la idea de que, si debilitaba el poderío de los medos, dominaría con mayor facilidad a todos los pueblos circundantes, pues ésta le parecía la más poderosa [3] de las tribus vecinas. Entonces despacha embajadas a todos los pueblos sometidos a su poder: a Creso, rey de los lidios, al rey de Capadocia, a los de ambas Frigias, a los paflagonios, indios, carios y cilicios 42 , levantando calumnias contra los propios medos y persas, alegando que éstos eran pueblos importantes y poderosos asociados con vistas a un mismo objetivo y que habían concertado alianzas matrimoniales entre sí, que se corría el peligro de que, si nadie se les adelantaba y debilitaba su poder, marcharan sobre cada pueblo y los sometieran uno por uno. Entonces firmaron alianzas con él, unos convencidos por sus palabras y otros seducidos por regalos y riquezas, pues el rey asirio tenía muchas.

Ciro al mando del ejército enviado en auxilio de los medos

Ciaxares, el hijo de Astiages, cuando [4] se enteró de la conspiración y de los preparativos de levantamiento conjunto contra él, hijo inmediatamente los preparativos que pudo como réplica a esta amenaza. Envió embajadas a Persia, ante el Estado y ante Cambises, esposo de su hermana y rey de los persas 43 . Envió una embajada también a Ciro, pidiéndole que, si la comunidad persa enviaba soldados, intentase ir al frente de sus hombres. Pues Ciro había cumplido, a la sazón, diez años en la clase de los jóvenes y estaba incluido ya en la clase de los varones adultos. Entonces, [5] una vez que Ciro hubo accedido, los ancianos, reunidos en consejo, lo eligieron comandante del ejército que se iba a enviar a Media y le permitieron también elegir doscientos homótimos 44 , y a cada uno de estos doscientos le permitieron escoger, a su vez, a cuatro hombres también homótimos. Éstos hacen mil en total. A su vez a cada uno de estos mil hombres le ordenaron, asimismo, escoger de entre el pueblo persa diez peltastas, diez honderos y diez arqueros. Así, hicieron en total diez mil arqueros, diez mil peltastas y diez mil honderos, aparte de los mil del comienzo. Tan numeroso ejército le fue entregado a Ciro.

Discurso a los homótimos

[6] Inmediatamente después de su elección, Ciro comenzó antes que nada por los dioses y, después de ofrecerles un sacrificio favorable, eligió a sus doscientos hombres. Cuando los hubo elegido, y cada uno de ellos, a su vez, a los cuatro correspondientes, los reunió y, entonces, por vez primera en medio de ellos, [7] les dijo lo siguiente 45

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