BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 22
Asesor para la sección griega: CARLOS GARÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ALFONSO MARTÍNEZ DÍEZ .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008
López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.
Carlos García Gual ha traducido Fenicias, Orestes, Ifigenia en Áulide y Bacantes , y Luis Alberto de Cuenca y Prado, Helena y Reso .
PRIMERA EDICIÓN , 1979.
ISBN 9788424930530.
HELENA
INTRODUCCIÓN
Por una serie de coincidencias derivables de los escolios a Aristófanes, Tesmoforiazusas , versos 1012 y 1060-1061, sabemos que la Helena se representó por vez primera en 412 a. C. La versión de Eurípides sigue fielmente las de Estesícoro (Palinodias , fragmentos 62-63 de los Lyrica Graeca Selecta de Page) y Heródoto (II 112-120).
Hermes ha trasladado a la esposa de Menelao a Egipto, junto al anciano rey Proteo, una racionalización del dios marino, tan pródigo en metamorfosis. Entre tanto, los héroes, al pie de Ilión, combaten por una imagen hecha de nube, por una falsa Helena. En Heródoto, esta fantástica visión del mito tradicional explicaba racionalmente la contienda troyana; según esa explicación, Príamo no hubiera dudado en devolver Helena y tesoros para evitar la mortandad, y no hubiese jamás prevalecido el capricho de Paris sobre el buen sentido de Héctor; pero los dánaos, cegados por un dios, se negaron a aceptar las evasivas —lógicas, pues Helena no estaba en Troya— del rey teucro, y la sangre corrió por las llanuras anatolias hasta inundar los ríos de cadáveres. En Eurípides, un espíritu inquieto, siempre en renovación, la subversión de la leyenda ya no explicaba nada, justificándose a sí misma en tanto que intriga novelesca o nuevo sesgo de una fantasía.
Pues bien, en Egipto ha muerto Proteo, y Helena es requerida de amor por Teoclímeno, hijo de aquél, por más que ella le rechaza una y otra vez, fiel al recuerdo rubio de Menelao (¡ella, la femme-objet por excelencia de la epopeya!). Hay que decir que el enamoramiento de Teoclímeno es creación de Eurípides, dando vida en el hijo de Proteo a una especie de necio ogro folklórico de cuya crueldad y torpe lascivia deben los amantes huir.
La llegada de Teucro, hermano de Ayante Telamonio (en quien los comentaristas quieren ver un trasunto del rey Evágoras de Chipre, amigo fiel de Atenas en los difíciles momentos en que fue escrita Helena ), de paso por Egipto en dirección a Chipre, teje una red de funestos presagios en torno a los regresos de los héroes victoriosos en Troya. Con todo, nada puede impedir, acto seguido, el efectista e imprevisto arribo de Menelao a las riberas del Nilo, víctima de las tempestades y, a la vez, contraste feliz con su supuesta muerte en los abismos del océano. Menelao y Helena se encuentran junto a la tumba de Proteo y, después de los años y del fraude divino, se reconocen.
Karin Alt ha estudiado, en un hermoso artículo 1 , esa anagnórisis, momento cumbre en la acción del drama. Al disponer así el reconocimiento de la pareja, Eurípides anuncia lo que va a ser la escena suprema de la novela griega, que nacería tres siglos más tarde, y preludia también la comedia nueva de Menandro.
El Náufrago y la Bella (otros dos personajes del folklore), protegidos por la potestad mántica de Teónoe, hermana de Teoclímeno, consiguen, merced a una serie de ardides y estratagemas, escapar de las inhumanas leyes de Egipto, y regresar, henchidos de vientos favorables y de felicidad, a tierra lacedemonia. Cástor y Pólux, los Dioscuros, hermanos de Helena, sancionan ex machina el happy end de la acción dramática.
Ésta es, en suma y sin detalles, la trama argumental de Helena , una tragedia sui generis que más parece una comedia fantástica o de enredo, pero con un elemento mítico muy desarrollado, lo que aproxima su contenido al de la novela helenística (Caritón, Jenofonte de Éfeso, Jámblico, Aquiles Tacio) y bizantina (Calímaco y Crisórroe ), y, por citar un ejemplo deducido del teatro clásico español, se nos antoja parangonable con el tipo de comedia que representa La Gloria de Niquea , de nuestro Villamediana, a caballo entre lo mágico, lo fantástico, lo alegórico y lo hermético.
Gilbert Murray 2 considera la Helena euripidea como una «rather brilliant failure», y, más adelante, refiriéndose a la protagonista de la pieza, afirma: «En el intento de rehabilitar a Helena, ésta queda reducida al tipo más insípido de las criaturas imaginarias: una heroína de perfecta belleza y de intachable conducta, sin el menor carácter fuera del amor a su marido…»
W. Schmid 3 insiste, por su parte, con justicia en el virtuosismo de los efectos escénicos del drama. Se diría que Eurípides, al componerlo, «estaba pensando sólo en el teatro».
Albin Lesky 4 justifica la falta de profundidad que preside la obra acudiendo al proceso de secularización que afectaba a la tragedia en época de Eurípides: el hombre es aquí juguete del azar, y lo es sin ningún género de implicaciones filosóficas o religiosas. El deus ex machina final no es más que un truco, un artificio que desempeña el papel de Azar, pero que es incapaz de someterlo a unas normas o a unos esquemas. Teónoe, la vidente, tal vez sea el personaje menos frívolo, pero tiene también ciertos perfiles que la ayudan a no desentonar dentro del marco de prestidigitación escénica impuesto por el poeta. Es, pues, la misma dimensión de pensamiento 5 que albergará más tarde a los novelistas, desde el autor ignoto de Nino y Semíramis hasta Marie de France, el Roman de Troie , nuestra novela de caballerías del siglo XVI , Cervantes, Fielding, Sterne, Stendhal o Tolkien. El mundo de lo divino retrocede así ante el mundo de lo puramente humano, regido por Fortuna, la misma diosa prepotente del universo renacentista.
C. M. Bowra 6 , por ejemplo, se siente cautivado por la vivacidad, el encanto y la inteligencia de la Helena euripidea, una de las heroínas más atrayentes diseñadas por el dramaturgo, «símbolo de lo que pueden el buen sentido y la dulzura allí donde la fuerza ya ha fracasado».
A mi parecer, Helena es una deliciosa aventura literaria tanto para el que escribe como para quien escucha o lee, una exquisita ceremonia lúdica tan lejos de la antigua problemática religiosa como de la nueva y atormentada distorsión «humanista» y existencial, un paréntesis de irrealidad y fantasía que sólo podría conducimos a las Etiópicas de Heliodoro o a la anónima Queste del Sainct Graal (y, por qué no, al Persiles y Sigismundo o al Manuscrit trouvé à Saragosse de Potocki). La psicología de los personajes no es, por supuesto, estudiada por el dramaturgo de una forma exhaustiva. Prevalecen ingenio y agudeza sobre profundidad y reflexión. Pero el sabor exótico que imprime el poeta en su narración, los numerosos elementos románticos con que se enriquece la obra, el agudo sentido del humor, la habilísima doble intención en las palabas de la heroína cuando habla con Teoclímeno, todo ello hace de Helena el comienzo —y no la decadencia— de algo. De ese modo, al concluir el drama con una breve y sentenciosa estrofa anapéstica recitada por el Coro (sistema que ya había utilizado en Alcestis , su primera tragedia, y del que se sirvió con frecuencia), un nuevo drama —nuestro teatro occidental— da comiezo, o, como dice Antonio Tovar 7 , «cuando Eurípides, al redactar en su vejez Helena , corta el cordón umbilical que aún ligaba a Esquilo, Sófocles y Aristófanes a la tierra sagrada del Ática, abre las posibilidades del teatro en todas nuestras literaturas».
Esquema de la obra
PRÓLOGO (1-163). Expuesto por Helena y, a partir del verso 68, por Teucro y Helena.
PÁRODO (164-385). Propiamente, un largo kommós entre Helena y el Coro.
EPISODIO 1.° (386-514). En realidad, un segundo Prólogo, esta vez a cargo de Menelao y de una anciana portera (versos 437-482) del palacio de Teoclímeno
EPIPÁRODO (515-527). A cargo del Coro.
EPISODIO 2.° (528-1106). Larguísimo Episodio centrado en dos cuestiones fundamentales: el encuentro y posterior anagnórisis entre Menelao y Helena, en el que se incluye un dúo de reconocimiento cantado por ambos (versos 625-697), y la elaboración de un plan arriesgado, pero con la aquiescencia de Teónoe (que aparece en el verso 865 y desaparece en el 1029), para regresar a la patria.
ESTÁSIMO 1.° (1107-1164). Tardío primer Estásimo en el que el Coro se lamenta de las desgracias de los protagonistas y de la inutilidad de la guerra de Troya.
EPISODIO 3.° (1165-1300). La estratagema da resultado: Helena engaña a Teoclímeno en presencia de Menelao, que finge ser un marinero superviviente del naufragio en el que él mismo habría perdido la vida. Para cumplir con los ritos funerarios de la Hélade, hace falta una nave que transportará las ofrendas…
ESTÁSIMO 2.° (1301-1368). Estásimo de la Gran Diosa, que aquí es Deméter, y no Cíbele-Rea. Se narra el mito del rapto de Perséfone.
EPISODIO 4° (1369-1450). Últimos preparativos de la navegación ritual. Teoclímeno ofrece a Menelao el mando de la nave, a instancias de Helena. El engaño ha surtido definitivo efecto.
ESTÁSIMO 3.° (1451-1511). Estásimo de los buenos augurios para el viaje de los esposos, y preludio del happy end en la invocación a los Dioscuros de la Antístrofa II.
ÉXODO (1512-1692). Un mensajero informa a Teoclímeno de la huida de Helena y Menelao. El rey de Egipto se enfurece y quiere dar muerte a Teónoe, su hermana, pero un servidor de ésta se interpone. Los Dioscuros, ex machina , ponen fin a la ira de Teoclímeno justificando la actuación de la vidente, y anuncian que Menelao y Helena serán divinizados.
NOTA BIBLIOGRÁFICA
Cito tan sólo las ediciones que he tenido a la vista, sean del texto original griego, bilingües o simples traducciones.
G. MURRAY Euripidis Fabulae , III, Oxford, 19132 .
L. DE LISLE , Euripides: Obras completas (versión española de G. Gómez de la Mata), IV, Valencia, s. d .
H. GRÉGOIRE , Euripide: Hélène , París, 1961.
K. ALT , Euripidis Helena , Leipzig, 1964.
A. M. DALE , Euripides: Helen. Edited with Introduction and Commentary , Oxford, 1967.
R. KANNICHT , Euripides: Helena , I (Einleitung und Text) y II (Kommentar), Heidelberg, 1969.
NOTA SOBRE LAS FUENTES
Figuran a continuación los pasajes en que no he creídooportuno seguir la edición de
1 «Zur Anagnorisis in der Helena», Hermes 90 (1962), 6-24.
2 Euripides and his Age , Londres, 1913, págs. 144-145.
3 Geschichte der griechischen Literatur , III, Múnich, 1940, pág. 516, nota 1.
4 La tragedia griega , Barcelona, 1966, págs. 204-206.
5 Cf. A. M. DALE , Euripides: Helen , Oxford, 1967, págs. xv-xvi. No es ocioso que Dale hable de piezas shakespearianas como la encantadora Twelfth Night al referirse a Helena . También ha sido comparada con A Midsummer-Night’s Dream y, sobre todo, con dos obras maestras de la última época: Measure for Measure y The Winter’s Tale .
6 Historia de la literatura griega , México, 19677 , págs. 93-94.
7 «Aspectos de la Helena de Eurípides», Estudios sobre la tragedia griega , Madrid, 1966, pág. 137.
ARGUMENTO
Con relación a Helena, Heródoto 1 dice que marchó a Egipto, y que Homero 2 confirma este hecho, haciendo que ella, en la Odisea , ofrezca a Telémaco la droga que hace olvidar las penas, la misma que le había dado Polidamna, esposa de Toón. No es esto precisamente lo que Eurípides dice. En efecto, Homero y Heródoto 3 cuentan que ella, errabunda con Menelao tras el saco de Ilión, llegó a Egipto, y que allí consiguió las antedichas drogas, mientras que Eurípides afirma que la auténtica Helena no fue jamás a Troya, sino un fantasma suyo, pues Hermes, después de haberla raptado por voluntad de Hera, la entregó a la custodia de Proteo, rey de Egipto. Muerto éste, su hijo Teoclímeno había intentado obligarla a casarse con él, pero ella fue entonces a sentarse como suplicante junto a la tumba de Proteo. Allí se le presenta Menelao, que había perdido en el mar sus naves, pero conservaba a unos pocos de sus compañeros ocultos en una caverna. Trabando conversación, ambos maquinan un ardid para engañar a Teoclímeno y, subiendo a bordo de una nave con la excusa de ofrecer un sacrificio en honor de Menelao, muerto en el mar, llegan sanos y salvos a su patria.
PERSONAJES
HELENA .
TEUCRO .
CORO .
MENELAO .
Una ANCIANA .
Un MENSAJERO .
TEÓNOE .
TEOCLÍMENO .
Otro MENSAJERO .
SERVIDOR de Teónoe.
Los DIOSCUROS .
HELENA . — He aquí las bellas ondas virginales del Nilo, que, en lugar de la divina lluvia, riega los campos y el país de Egipto cuando la blanca nieve se disuelve. Proteo, cuando [5] vivía, era el rey de esta tierra, habitaba en la isla de Faros y era soberano de Egipto. Había desposado a una de las doncellas marinas, a Psámate, después de dejar ésta el lecho de Éaco. Y engendró dos hijos en su palacio, un varón, Teoclímeno, [llamado así porque honró a los dioses todos los días [10] de su vida], y una noble doncella, Ido, delicia de su madre mientras fue niña, y a la que, una vez llegada a la edad oportuna para el matrimonio, la llamaron Teónoe, porque sabía las cosas divinas, lo que es y lo que será, prestigios heredados [15] de su abuelo Nereo.
En cuanto a mí, mi patria, Esparta, no carece de gloria, y mi padre es Tindáreo; pero es fama que Zeus, bajo la apariencia de un cisne, llegó volando hasta mi madre Leda y entró furtivamente en su lecho, fingiendo huir de la persecución [20] de un águila, si es que la historia es fidedigna. Me llamaron Helena. Los males que he sufrido, voy a decirlos.
En relación con su belleza respectiva, fueron a ver a Alejandro en lo más intrincado del Ida tres diosas, Hera, Cipris y la virgen hija de Zeus, con el deseo de que él dictaminara [25] en juicio acerca de su hermosura. Prometiendo a Alejandro que desposaría mi belleza —si bello es lo que tantas desdichas me ha causado-—, Cipris triunfó, y el ideo Paris, abandonando sus establos, llegó a Esparta, seguro de poseer [30] mi lecho. Pero Hera, ofendida por no haber vencido a sus rivales, convirtió en vano viento mi unión con Alejandro, y no fui yo lo que abrazaba el hijo del rey Príamo, sino una [35] imagen viva semejante a mí que la esposa de Zeus había fabricado con aire celeste. Y él creyó que me poseía, vana apariencia, sin poseerme.
Otros designios añadió Zeus a estos males, pues llevó la guerra al país de los helenos y a los desventurados frigios, [40] para aliviar a la madre tierra de una gran multitud de hombres y para que cobrara fama el más valiente hijo de la Hélade.
No presidía yo el esfuerzo de los frigios; no era yo, sino mi nombre, la única recompensa para la lanza de los helenos. Hermes me había conducido envuelta en una nube a través de las profundidades del éter —no me había olvidado [45] Zeus— hasta la casa de Proteo, elegido por ser el más virtuoso de todos los mortales, a fin de que yo conservase para Menelao mi lecho inviolado. Y aquí estoy, mientras que mi desdichado [50] esposo, después de reunir un ejército, persigue a mis raptores al pie de las murallas de Ilión. Muchas almas han perecido por mi culpa a orillas del Escamandro, y maldicen por ello de mí, que tanto he sufrido, y me acusan de haber [55] promovido esta terrible guerra traicionando a mi esposo.
¿Por qué estoy viva aún? Al dios Hermes le he oído decir que todavía habitaré la ilustre tierra de Esparta en compañía de mi esposo, sabedor él de que nunca fui a Ilión ni compartí el lecho con nadie.
[60] Mientras Proteo vio esta luz del sol, mi matrimonio se mantuvo intacto; pero ahora que está oculto en la oscuridad de la tierra, su hijo Teoclímeno persigue mis bodas. Y yo, siéndole fiel a mi primer esposo, he venido a postrarme [65] suplicante ante la tumba de Proteo, a fin de que conserve mi lecho para Menelao y para que, aunque mi nombre sea infame en la Hélade, al menos aquí mi cuerpo no se cubra de vergüenza.
TEUCRO . — ¿Quién es el soberano de estos fortificados recintos? Casa es digna de compararse con la de Pluto. Regios [70] son los pórticos y bien revestida la morada. ¡Ah! Oh dioses, ¿qué visión es ésta? Estoy viendo la odiosísima imagen sanguinaria de la mujer que me perdió a mí y a todos los aqueos. ¡Que los dioses te rechacen, escupiéndote, [75] por tu parecido con Helena! Si mi pie no pisara tierra extranjera, la muerte te daría con estas flechas infalibles; pagarías así tu semejanza con la hija de Zeus.
HELENA . — ¿Por qué, oh desventurado, quienquiera que seas, te diriges a mí y me odias por las calamidades de ella?
TEUCRO . —Me he equivocado. Cedí a la cólera más de [80] lo debido. Toda la Hélade odia a la hija de Zeus. Perdóname lo dicho, mujer.
HELENA . — ¿Quién eres? ¿De dónde has venido a esta tierra?
TEUCRO . — Soy, mujer, uno de los desdichados aqueos.
HELENA . — No hay que admirarse, entonces, de que odies [85] a Helena. Pero, ¿quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Quién es tu padre?
TEUCRO . — Mi nombre es Teucro. Telamón es el padre que me engendró. Salamina la patria que me ha criado.
HELENA . — ¿Qué te ha traído a estas tierras del Nilo?
TEUCRO . — Mis parientes me han expulsado de mi país [90] natal.
HELENA . — ¡Qué desgracia para ti! Y, ¿quién te ha echado de la patria?
TEUCRO . — Telamón, mi padre. ¿Hay pariente más íntimo?
HELENA . — ¿Por qué? Todo eso esconde grandes calamidades.
TEUCRO . — Mi hermano Ayante me ha perdido, al morir en Troya.
[95] HELENA . —¿Cómo? No le quitarías la vida tú con tu acero…
TEUCRO . — Él mismo se mató, precipitándose sobre su propia espada.
HELENA . — Loco estaría. ¿Qué cuerdo hubiera obrado así?
TEUCRO . — ¿Conoces a un tal Aquiles, hijo de Peleo?
На этой странице вы можете прочитать онлайн книгу «Tragedias III», автора Euripides. Данная книга относится к жанру «Старинная литература».. Книга «Tragedias III» была издана в 2022 году. Приятного чтения!
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