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HISTORIA DE LA TRANSMISIÓ N DEL TEXTO DE EURÍ PIDES

Es muy probable que a fines del siglo v a. C. todas las obras escritas por Eurípides estuvieran en circulación, al menos en ambientes literarios y artísticos. La circunstancia de ser el trágico más popular originó tal cantidad de deformaciones, cambios, omisiones, adiciones e interpolaciones 103 en sus tragedias, producto las más de las veces de los actores que las representaban, que, en ocasiones, resultaban prácticamente ilegibles. Este hecho contribuiría no poco a que Licurgo decidiera hacer en el año 330 a. C. una edición oficial de los tres trágicos más importantes, con el propósito de que sirviera de patrón a ulteriores copias 104 .

Sabemos que el texto canónico de los trágicos viajó de Atenas a Alejandría para ser copiado, pero que nunca más regresó a su punto de partida 105 . Los sabios alejandrinos dedicaron todo su esfuerzo a esclarecer el texto de los clásicos. En los Pínakes («Tablillas») de Calímaco hay una mención específica de ese género literario, pero fue Aristófanes de Bizancio, a fines del siglo III y principos del II a. C., quien editó a los trágicos basándose en criterios propios, ya que no suprimía las falsas lecturas ni las interpolaciones, si estaban bien atestiguadas, sino que la mantenía mediante lecturas marginales y signos críticos 106 . Tales variantes, o se incorporaron al texto, o se perdieron. También desaparecieron los signos críticos con que trataba de llamar la atención a propósito de detalles estilísticos o métricos 107 . A Aristófanes de Bizancio le debemos, asimismo, nueve hypothéseis, que consisten, a diferencia de otras que nos han llegado 108 , en una información concisa sobre el argumento, lugar de la acción, composición del Coro, intérprete del prólogo, fecha y puesto que consiguió en el certamen.

Es muy probable que el sabio editor y comentarista se sirviera de otras fuentes, como podrían ser las ediciones para actores y las escolares. Pero lo que es seguro es que su edición es la antecesora directa de nuestros manuscritos medievales, pues, como han comprobado los papiros 109 , son escasos los textos que no recibieron el influjo de las ediciones alejandrinas. Un caso aparte es el del papiro de Estrasburgo, que ofrece una división de versos y kôla 109a distinta de la que acompañaba a la edición de Aristófanes de Bizancio, como se ha comprobado en el caso de Eurípides, Timoteo y los Escolios de Berlín 110 .

Viene luego un largo período en que proliferaron las copias dirigidas a profesores, estudiantes, bibliotecas y particulares. Contra lo que podría suponerse, eran respetuosas en alto grado con la tradición 111 .

La tradición indirecta nos demuestra que con el paso del tiempo se formó una selección de las obras de nuestro autor, la cual comprendía obras que hemos conservado y otras que no nos han llegado. Se está de acuerdo hoy en que la tradición medieval del texto de Eurípides se remonta a una selección de siete obras (Hécuba, Orestes, Fenicias, Hipólito, Medea, Alcestis y Andrómaca ), que no es anterior al Bajo Imperio, sino que se trataría de una creación típica de la Universidad de Constantinopla, fundada en el año 425 d. C.

Tendremos ocasión de ver que la transmisión textual de Eurípides está organizada en torno a dos familias de manuscritos. Pues bien, al constituirse el prototipo de la segunda familia, Reso y Troyanas fueron añadidas a tal selección, que quedaba formada ahora por las nueve obras que nos han llegado con escolios, y que, a su vez, había de servir de base al prototipo de la primera familia, de comienzos del siglo VI d. C. 112 .

De las siete obras antes mencionadas, destacan con mucho Hécuba, Orestes y Fenicias, que disfrutaron de especial predilección entre los bizantinos, como lo demuestra el hecho de que nos hayan sido transmitidas por más de doscientos códices anteriores al año 1600. Poseen, al menos, dos argumentos y contienen escolios bizantinos antiguos y ricos 113 .

De mediados del siglo VI d. C. sería el prototipo de la segunda familia, formada por veinte tragedias, o sea, las nueve dotadas de escolios y, además, otras trece (Bacantes, Dánae, Helena, Electra, Heraclidas, Heracles, Suplicantes, Ifigenia en la Táurica, Ifigenia en Áulide, Ión, Cíclope, Reso y Troyanas ), de las que sólo nos han llegado unos pocos escolios aislados 114 .

Vamos a examinar, siquiera sea someramente, el proceso de división y catalogación de los manuscritos hasta su agrupación en familias. Pero adelantemos algo sobre los manuscritos más importantes, ya que de los demás sólo daremos las siglas. Como hemos dicho, hay dos familias. En la primera destaca sobre todos M (Marcianus 471) del siglo XII. Tenemos luego B (Parisinus 2713) del XII ; A (Parisinus 2712) del XIII ; V (Vaticanus 909) del XIII ; H (Palimpsesto de Jerusalén ) del x; O (Laurentianus XXXI) del XIV . De la segunda familia sobresalen L (Laurentianus XXXII, 2) del siglo XIV , que contiene todas las tragedias, menos Troyanas y Reso, y P (Palatinus 287, más Laurentianus 172) del siglo XIV , también, que comprende todas las obras.

Ahora bien, los manuscritos de Eurípides no fueron objeto de estudio hasta bien entrado el siglo XVIII , cuando Musgrave (1778) consultó manuscritos ingleses y algunos extranjeros (A y B ). Vienen luego las meritorias ediciones de Beck (1778-1788), Porson (1797), Hermann (1800) y Mathiae (1813-1837). Todos ellos siguieron como criterio su intuición filológica y los conocimientos que tenían sobre la lengua y la métrica del autor trágico. Pero hasta Lenting, en su edición de Andrómaca (1829), no encontramos una edición basada en los manuscritos ordenados por semejanzas, aunque todavía no se habla de familia ni de genealogía. Es precisamente en la Medea de Kirchhoff (1852) donde aparece el primer stemma de los manuscritos euripideos, al tiempo que se postula la existencia de un arquetipo en el siglo IX o X . Distinguía Kirchhoff entre autógrafo, escrito por el gramático en persona, y arquetipo, códice más reciente, copiado cuando ya había corrupciones en la tradición textual. Creía en una división bipartita de la tradición: una, con todas las tragedias que nos han llegado; otra, con las que poseen escolios. Ésta se bifurcaría, a su vez, en una familia que da origen a V y A, y otra que comprendería a Haun. 417, O, D, y otros manuscritos.

Lo más importante del trabajo de Kirchhoff es haber visto el parentesco entre V y A, y entre B y O. Cuando tres años más tarde (1855) publicó toda la obra de Eurípides, continuó hablando del arquetipo, pero sin citar recentiores ni stemma, siendo su logro más importante, en este caso, el considerar a M como el más interesante de los doce manuscritos que manejó.

Después de este editor vemos nacer un movimiento que pretende la eliminatio recentiorum y que alcanzará su cenit en la edición de Méridier. No hay que olvidar que Kirchhoff fue discípulo de Lachmann, quien había aplicado con todo rigor ese método en sus ediciones de Propercio y Lucrecio 115 .

Prinz se sirvió solamente de seis manuscritos (MABVLP ) cuando publicó las tragedias de Eurípides (1883), pero ofreció una colación completa de A y B. Un acontecimiento de primer orden para la tradición manuscrita de los trágicos griegos fue, sin embargo, la publicación por parte de Wilamowitz de su Einleitung in die griechische Tragödie (1888), donde examinó los manuscritos M y V, advirtiendo que V ocupa un puesto intermedio entre MBA y LP. Posteriormente, Murray (1902), aparte de MVABLP, utilizó DFHnOHQ, el Marcianus 470 y el Neapolitanus II F, 41, absteniéndose de los bizantinos de la Tríada, aunque con frecuencia se vio obligado a usarlos. Distingue el autor inglés entre una familia MAVB y otra LP, pero observa que, a menudo, L o LP van solos en sus lecturas, frente a los restantes manuscritos, y que jamás VL se oponen a MA, siendo muy raro que ML discrepen de VA.

Méridier (1923 y años siguientes) da un paso más allá en dirección a la total eliminación de los manuscritos tardíos, pues, fuera de MAVLP, considera recentiores a todos los demás, incluso a FOQ. No menciona, ni siquiera, el palimpsesto H.

La situación cambiará sustancialmente con la publicación del catálogo de los manuscritos de Eurípides 116 , y, sobre todo, con la visión completa de los códices anteriores al año 1600 117 . Afirma Turyn que l , corrector de L, habría salido de la pluma de Demetrio Triclinio, y se fija con exactitud en la reelaboración del texto euripideo en la época de los Paleólogos, por obra de Moscópulo, Tomás Magister y Demetrio Triclinio. Trazó un nuevo stemma codicum, esencialmente bipartito. Del arquetipo (sigma ) salen cuatro ramas: 1) hiperarquetipo (alfa ): HMBVACO ; 2) una familia de recentiores: RSSa con una cabeza que sería ; 3) el Christus patiens ; 4) una rama (xi ) a través de la cual las tragedias de la selección pasaron probablemente a L y P. Turyn coincide con Kirchhoff en ver una familia formada por V y A. Las novedades más importantes que aporta son la particular valoración de algunos recentiores que, según él, procederían directamente del arquetipo; la posición de M , considerado gemelo de manuscritos como O ; y la eliminación de L y P para la Tríada.

Este trabajo, decisivo para todo estudio posterior sobre el texto de las tragedias de Eurípides, ha recibido bastantes críticas, especialmente por prescindir de L y P en la Tríada 118 . A propósito de estos dos manuscritos, se ha visto que P es una copia de L en las piezas alfabéticas 119 (Suplicantes, Reso, Ión, Ifigenia en la Táurica, Ifigenia en Áulide, Cíclope, Heraclidas, Heracles, Helena y Electra ), pero que en la Tríada (Hécuba, Orestes y Fenicias ) las diferencias entre L y P son demasiado grandes y decisivas como para aceptar que P derive de L. Resulta, entonces, que en las obras alfabéticas y en Reso, P procede directamente de L, pero en la Tríada está basado en una copia (pi ), revisada también por Triclinio, de un antepasado común (lambda mayúscula). Zuntz ha trazado un claro stemma para L y P 120 .

Posteriormente 121 , se han distinguido dos familias de manuscritos, BOMHAV y QLP, situando el arquetipo en el siglo v d. C., no en los siglos IX y x, como creían Turyn y Zuntz. El manuscrito más antiguo sería B (1150), siguiéndole H (1160) y M (1170-1200); B sería el representante no contaminado de la primera familia y P el de la segunda.

El manuscrito B presenta sólo las siete tragedias con escolios, mencionadas al principio, pero no Reso ni Troyanas. Es el manuscrito más antiguo de Eurípides, aunque en beta hay influencias permanentes de la segunda familia. Se cree que Juan Tzetzes y Eustacio de Tesalónica encontraron por el año 1150 el ejemplar medieval épsilon de veinte dramas, del que hicieron una transliteración parcial, atestiguada en el siglo xv por manuscrito Q, en lo referente a las nueve obras de la primera familia. Antes de acabar el siglo XII las veinte tragedias de la segunda familia fueron transliteradas 122 . La transliteración sería el origen de lambda, fuente usada por Tomás Magister y Demetrio Triclinio para la transcripción de L y P a fines del XIII y comienzos del XIV .

Por su parte, L sufre interpolaciones, procedentes de la tradición de beta, en las siete tragedias con escolios.

Como resumen podemos decir que se ha mantenido hasta nuestros días la hipótesis de Kirchhoff (1852) sobre la existencia de un arquetipo en la tradición manuscrita de Eurípides, pero quienes así lo sostienen se ven obligados a admitir que se trataría de un arquetipo con variantes, que habrían pasado desde los manuscritos en uncial al arquetipo o a una copia directa. Sería un arquetipo lleno de variae lectiones 123 . En el caso de Eurípides, sólo en las tragedias con escolios podría aceptarse el conocido hecho de que la transliteración de uncial a minúscula se realiza sólo una vez 124 . La obra euripidea nos ha llegado en una tradición abierta. En todo caso, tenemos que admitir un proceso de contaminación horizontal en el que ha sido constante el intercambio de lecciones 125 , lo que supone no pocas dificultades al filólogo cuando trata de fijar el texto 126 .

Añadamos unas palabras para ver en qué han contribuido los papiros a ilustrarnos acerca de las obras perdidas de Eurípides, autor del que nos han llegado muchos fragmentos papiráceos 127 . Conocemos fragmentos de las tragedias Arquelao, Erecteo, Cresfontes, Cretenses, Edipo, Télefo, Alcmeón, Alcmena, etc., además de algunas hipótesis. Han merecido un estudio aparte Télefo 128 , Cretenses 129 , Hipsípila 130 , Faetón 131 , Antíope 132 , Erecteo 133 .

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