[12] Es justo ahora también, caballeros helenos, que recordemos vuestra parte en la reconstrucción como miembros de la misma raza, es decir, que fuisteis afectados de la misma manera por estos acontecimientos y que nos mostrasteis el más evidente afecto, aquel mismo que siempre tuvisteis por la ciudad. Podría comprenderse mejor si observamos la actuación de la primera y más antigua ciudad de la Hélade, me refiero a Atenas: ¿cómo se comportó en los momentos desgraciados? Y no voy a contar lo que sigue porque crea que sea justo destronarla —jamás habría sido yo tan chovinista—, sino porque, a la vez que quiero consolar a mis conciudadanos, quiero demostrar a los presentes que es una virtud patria ser afortunado en cualquier circunstancia y forma parte de su estimable destino que le fue asignado en suerte. Cuando Atenas fue despojada de su [13] flota, fue privada de sus murallas y de todo su imperio, y llegó a tal punto que el pueblo fue obligado a exilarse de su patria —pues voy a pasar en silencio tantos acontecimientos que tuvieron lugar entre tanto—, pero cuando así fueron tratados, nadie, salvo Farsalia, Argos y Tebas 17 , le dio una muestra de agradecimiento, ni grande ni pequeña, por todos aquellos favores que habían recibido siempre de manos de Atenas, ni porque la ciudad había sido cantada como el baluarte de la raza 18 . Pero estas ciudades, las que ya he mencionado, recibiendo a los exilados y oponiéndose a quienes los reclamaban, devolvieron este favor a la ciudad que en todo les superaba, en donde dicen los oráculos que la buena fortuna se ha instalado 19 .
Continuemos. Vamos a considerar ahora las circunstancias [14] de nuestra ciudad, a ver si es propio de alguno de sus amantes avergonzarse de ella. Ésta, hasta estos momentos, había sido puesta como el paradigma de belleza de la ciudad, puesto que su contemplación dejaba encantados enseguida a los que llegaban tanto por tierra como por mar, y porque a todos aquellos que pasaban dentro mostraba y ofrecía los más bellos monumentos de los que la vista no podía cansarse, como tampoco podía cansarse de la duración de la estancia. Ahora sería interminable enumerarlos todos. Un poco más arriba ya hemos tratado 20 el afán que invadió [15] a nuestros gobernantes cuando fue necesario que la ciudad experimentase la parte contraria de la fortuna. ¿Pero qué muestra de buena disposición no se dio entre vosotros, hombres de nuestra misma dignidad? ¿En todas las ciudades y en los consejos provinciales 21 no hubo lamentos de quienes proferían grandísimos gritos y anhelaban la ciudad como si fuera su patria, de los que creían que se debían suspender las fiestas, y de los que pronunciaban discursos en su honor según sus capacidades 22 ? Os sentíais como si hubiese [16] tenido lugar la ruina de toda Asia. ¿Quién recuerda que en algún otro momento se hayan organizado en la Hélade acciones de socorro que superen a éstas? Llegaron víveres de todas partes, por tierra y por mar, para aquellos que permanecieron en el lugar, y surgió cierta rivalidad y celo entre las más grandes ciudades de ambos continentes, que los invitaban a venir a sus propias ciudades como si fueran conciudadanos y les enviaban vehículos y medios de transporte, pero que además aprestaron residencias, derechos a participar en sus consejos y toda clase de recursos, como si lo estuvieran haciendo en favor de sus padres o hijos; cosas similares aprestaron aquellos que carecían de tanta grandeza pero que no eran inferiores ni en ardor ni en [17] honra. ¿Quién no lo consideró como su feliz ocasión? ¿Quién no consideró que estaba recibiendo un favor más que prestándolo cuando recibieron como convecinos a hombres que tan preeminentes habían sido? ¿Quién podría llevar a término una relación completa de las aportaciones en dinero y las promesas para el futuro que se recibieron de ambos continentes, y todas las otras muestras de generosidad hechas conforme a la capacidad de cada uno? Y no por esta razón la ciudad creyó conveniente recibir todo sin distinción o como querían quienes lo ofrecían, sino sólo en tanto que para ella fuese mejor aceptarlo. ¿Qué necesidad [18] hay de enumerarlas atribuyendo a cada ciudad las suyas? Pues todos los pueblos que ocupan nuestra Asia mostraron para con la ciudad una unánime liberalidad en la reconstrucción de las más nobles de sus antigüedades. Unicamente con respecto a esta ciudad ese antiguo dicho —que quienes se encuentran en una situación difícil son olvidados por sus amigos— se ha demostrado que era falso 23 . Tanto renombre, gracia y gloria el hado le reservó incluso durante la desgracia.
Ahora se ha alejado todo cuanto había de fúnebre melodía [19] y de triste apariencia, y también el elogio que del dolor nacía. El continente se viste de blanco; la Hélade se reúne para su fiesta por un motivo dichoso; la ciudad, como en un drama, de nuevo crece desde sus fundamentos tras haber mudado su edad, siendo a la vez una ciudad vieja y nueva, como en la historia del ave Fénix que resucita de sus propias cenizas: pues no le pareció bien al dios que naciera un ave Fénix distinto en lugar del que había muerto y con posterioridad a él. Pero parece como si todo hubiera avanzado por su camino. Después de haberla fundado originariamente [20] Teseo, más tarde Alejandro la llevó hasta esta forma. Pero una tercera mano, la de aquellos que han resultado vencedores en todas las circunstancias, la ha levantado y reunido 24 . Pues por el amor que tenían a la ciudad, no creyeron conveniente cambiarla de lugar sino que la restauraron sobre sus huellas. La naturaleza de la ciudad, que considera a dos diosas como sus jefas 25 , requería una [21] pareja de fundadores. Y los puertos han recobrado el abrazo de su más querida ciudad 26 , y a su vez es adornada por ellos; nada impide al Meles tener vecinos 27 . En primavera y en verano las puertas están abiertas adornadas con coronas. Los coros de ninfas y musas bailan dentro de la ciudad y alrededor de ella; el céfiro no inquietará cuando sople 28 . [22] ¡Dichosos los ancianos que han alcanzado este día, en el que vuelven a contemplar Esmirna en toda su belleza! ¡Dichosos los niños que no sufrieron ninguna pérdida, pero que verán la patria tal y como sus padres la habitaron! ¡Dichosos los que están en la flor de la vida, que compartieron tanto los trabajos como los sufrimientos, pero que celebrarán sacrificios y fiestas con ellos mismos y con los que lleguen a esa edad, puesto que las esperanzas depositadas en el futuro son incluso mejores que los bienes presentes!
[23] ¡Zeus Poliado!, ¡diosas a quienes os correspondió esta ciudad!, ¡Posidón, que tienes parte tanto en el terremoto como en la salvación de él!, ¡dioses de los emperadores!, ¡dioses de los griegos! ¡conceded que esta fundación sea para nosotros un segundo intento mejor y más seguro, que proporcione una mayor alegría y fama a sus fundadores y buenos resultados para la ciudad para todo el futuro, y que mi actuación sea reconocida de alguna manera entre los griegos ahora y siempre!
1 Los emperadores Marco Aurelio y su hijo Cómodo; cf. XIX 1.
2 Asclepio.
3 No obstante, él mismo había actuado de manera similar muchos años antes con respecto a la ciudad de Rodas, cf. XXIV 1.
4 El autor parece que se está excusando por no haber estado presente en la ciudad y quiere aclarar que no había huido dominado por el miedo. Ésa era una actitud que con anterioridad había criticado. Cf. XLIX 38-9.
5 Cf. XVIII.
6 Según la leyenda, Estesícoro compuso un primer poema titulado Helena en el que reflejaba los rasgos más desagradables que la tradición había conservado sobre la mujer que fue origen de la guerra de Troya. A consecuencia de ellos, el poeta quedó ciego y no recobró la vista hasta que se retractó en un nuevo canto. PLATÓN , Fedro 234a.
7 Los emperadores como evergetas, benefactores; cf. P. GAUTHIER , «Les cités grecques et leurs Bienfaiteurs», Bulletin de Corresp. Hellénique Supplément XII, (1985), págs. 39-52.
8 Cf. XXVII 22.
9 Los dos fundadores anteriores de la ciudad. Ambos son considerados como personalidades excepcionales del mundo griego y no obstante son superados por los emperadores romanos.
10 Marco Aurelio, contra sus tendencias íntimas, se vio obligado a mantener una guerra perpetua en la frontera del Danubio. A. BIRLEY , Marcus Aurelius. A Biography = Marco Aurelio [trad. ital. C. DE GRANDIS ], Milán, Rusconi, 1990, págs. 199-229.
11 PAUSANIAS , VII 5, 2-3.
12 HESÍODO , Teogonia , 81-90.
13 Era práctica común otorgar con carácter honorífico el cargo de máxima autoridad municipal al emperador, quien normalmente se conformaba con nombrar un delegado.
14 El favor recibido de manos de los emperadores ha señalado a Esmirna como una ciudad especialmente querida por ellos. Esto repercute directamente en la perpetua rivalidad interciudadana.
15 PLUTARCO , Temístocles 29, 10 y Apophthegmata , 185F.
16 Esta reunión del Senado posiblemente se debe al hecho de que Asia era una provincia senatorial.
17 Después de la derrota en la Guerra del Peloponeso Argos y Tebas recibieron a algunos exilados demócratas atenienses, entre ellos a Trasibulo. Aristides constituye la única noticia de que Farsalia también participara en el socorro.
18 Cf. PÍNDARO , frag. 76.
19 Este oráculo es desconocido.
20 §8.
21 Debe entenderse que Aristides no está haciendo referencia sólo al consejo de la provincia de Asia sino a todos los demás de provincias griegas.
22 La destrucción de Esmirna produjo una profunda conmoción en todo el mundo griego surgiendo voces de lamento y solidaridad.
23 SÓFOCLES , frag. 667 N. Cf. ARISTIDES , I 60.
24 Esta versión entra en conflicto con XVII 3, XVIII 2 y XXI 3-4, donde Teseo aparece como segundo y Alejandro como tercer fundador.
25 Las dos Némesis, un culto particular de la ciudad. Son las diosas que aparecieron en el sueño de Alejandro incitándole a fundar la ciudad. Su templo estaba situado en el monte Pago, lugar del acontecimiento.
26 Cf. XVIII 6.
27 Quizás los muelles, pero también los habitantes de la ciudad.
28 Cf. XIX 3.
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