XX
PALINODIA POR ESMIRNA
INTRODUCCIÓN
Algunos años después de la destrucción de Esmirna en el terremoto del 178 1 , las obras de reconstrucción, patrocinadas por los emperadores a instancias de Elio Aristides, avanzaban a buen ritmo y comenzaban a ofrecer los primeros frutos. El renacimiento de la ciudad era ahora algo más que un sueño. Para festejar la nueva situación se organizó en Esmirna una reunión que se quería aprovechar para dar las gracias tanto al emperador como a los demás griegos por su colaboración y auxilio en aquellos momentos tan difíciles. La totalidad de los autores que se han acercado al tema pensaron que se debía tratar de una reunión del Consejo provincial de Asia 2 . Para ello se invocaba el testimonio, problemático, de los Prolegomena , donde se recuerda que Marco Aurelio convocó este consejo para tratar el problema de la ruina de la ciudad 3 . Pero como se vio en XIX, este consejo habría que entenderlo como la medida que los emperadores tomaron para asegurar la participación de los griegos, o de parte de ellos, en la reconstrucción de la ciudad. Más bien el discurso de Aristides parece dirigido a los griegos de ambos continentes, tanto a los europeos como a los asiáticos 4 , mientras que no se hace mención alguna a la institución provincial 5 . Por ello se debería entender que se trataba, mejor, de una reunión extraordinaria del consejo del Panhelenion fuera de su sede habitual, Atenas 6 , o de alguna otra convocatoria de similares características.
Aristides se quiso hacer nuevamente presente en esta ocasión. Para ello recurre de nuevo a la epístola: compone esta Palinodia por Esmirna , un billete destinado a ser leído en el seno de esta reunión 7 . El título no se corresponde con la naturaleza de la obra. Son muy escasos los pasajes que constituyen una retractación del destino de la ciudad y de su anterior obra (XVIII) en la que desesperaba ante la desgracia 8 . Más bien, se trata de un nuevo discurso de carácter político. A través de él el sofista quiere, en primer lugar, justificar su ausencia de la ciudad en un momento tan complicado y de crisis tan profunda como fue el propio terremoto y los tiempos inmediatamente posteriores 9 . A la vez, y para compensar esta carencia de virtudes ciudadanas, se esfuerza por resaltar su papel como embajador ante los emperadores que, a su juicio, ha sido trascendental para la reconstrucción de la ciudad 10 . Por último, aprovecha para dar las gracias tanto a los emperadores mismos como a todos los griegos por el socorro primero y el apoyo para la reconstrucción de la ciudad 11 .
La edición utilizada ha sido la de B. Keil, y sólo se ha tenido que admitir un añadido que él mismo recogía en el aparato crítico.
1 De nuevo la fecha es incierta. A. BOULANGER , Aelius Aristide ..., pág. 162, simplemente lo fecha después del terremoto, 178. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna , pág. 281, piensa que al menos transcurrieron dos o tres años desde el terremoto. C. BEHR , Aelius Aristides ..., pág. 113, afirma que se pronunció en 178 ya que fecha el terremoto en 177. Con toda seguridad esta última es la peor opción puesto que es muy poco tiempo para que la reconstrucción fuera efectiva.
2 Cf. A. BOULANGER , Aelius Aristide ..., pág. 389; C. BEHR , Aelius Aristides ..., pág. 113.
3 Prolegomena III DINDORF , pág. 737 y F. W. LENZ , The Aristeides Prolegomena , Leiden, Brill, 1959. pág. 111-112.
4 §§ 1,4, 12. En §§ 16 y 19 se recuerda tanto el socorro prestado por la Hélade, como la ocasión para reunir a toda la misma.
5 La única mención a esta institución en § 15. Pero, puesto que está en plural, mejor hay que entenderla como indicación de todos los consejos de todas las provincias griegas.
6 A. J. SPAWFORTH y S. WALKER , «The World of the Panhellenion I. Athens and Eleusis », Journal of Roman Studies , 75 (1985), 78-104.
7 §2.
8 §§ 3 y 19-23.
9 Cf. § 3. He tratado el asunto de los terremotos y la conciencia cívica en un artículo sobre otro pasaje de la vida de Aristides, «Ciudad y terremotos», Ritual y conciencia cívica en el Mundo Antiguo . Madrid, 1995, págs. 171-179.
10 Cf. § 1.
11 Sobre los emperadores, cf. §§ 4-11. Sobre los griegos, cf. §§ 12-14.
XX. PALINODIA POR ESMIRNA
A mí, caballeros helenos, me ha venido a suceder lo mismo [1] que les ocurre a esos personajes trágicos que guardan silencio durante mucho tiempo, y después, cuando se presenta la ocasión, hablan dirigiéndose bien hacia el coro, bien hacia cualquier otro. Pues, después de haberme contenido todo este tiempo pasado, es decir, desde que ocurrió aquello que todos sabéis, y de no haberme lanzado a la consolación de mis conciudadanos ni de haber hecho otra cosa salvo haber escrito a nuestros jefes 1 en tanto que era algo oportuno, y salvo observar lo que se derivó en consecuencia, ahora, ya que los dioses han actuado con generosidad y nuestros reyes, conducidos en nuestro favor por la voluntad divina y manejando los asuntos humanos, tras rechazar un destino que era extraño al de la ciudad, han introducido a cambio un destino favorable y el que desde antiguo le convenía, creo que ahora podría ser el momento oportuno para hablar. Si me estuviera permitido moverme [2] a donde quisiera, presente allí os hablaría, pero puesto que el Salvador 2 me lo impide, únicamente me queda la posibilidad de dirigirme a vosotros por carta. Y si de esta actitud se puede ofrecer algún ejemplo, no es necesario sorprenderse; pero en justicia, si es algo que os conviene, nadie se puede sentir ofendido por ello aunque no se haya [3] llevado a cabo nunca hasta ahora 3 . Cuando me enteré de lo que había sucedido —pues en aquel momento no me encontraba presente en la ciudad sino que me había marchado con antelación, y tomad en consideración por mandato de quién 4 — canté algunas monodias 5 hasta que, por el sufrimiento, llegué a componer algunos discursos sin advertirlo. De ninguna otra manera, salvo entregándome a estos ejercicios, me hubiese sido posible resistir. Ahora es el momento de que imite a Estesícoro con su palinodia 6 , y no de guardar silencio en respuesta a mis súplicas después de haber cantado aquello que no quería. No obstante me parece que me distingo de Estesícoro en estos aspectos: pues éste compuso un segundo poema en compensación a sus desafortunadas palabras sobre Helena, mientras que yo, aquellas cosas que entonces alabé desde el dolor, esas mismas ahora las alabaré desde el gozo, ofreciendo palabras de buen augurio limpias de dolor.
A nosotros, caballeros helenos, nos tocó sufrir aquella [4] desgracia conforme a la fortuna común de los hombres, por la que no es posible recorrer nuestro camino hasta el final libre de desgracias. Pero también la reconstrucción ha sido posible gracias a la fortuna de la ciudad, gracias a la que nadie ha estado privado siempre de bienes. Esto podría llegar a comprenderse si se tiene en consideración la época en la que ocurrió. ¿Cómo alguien sensato no iba a atribuir a la parte de buena fortuna de la ciudad el que fuese derribada en aquel momento en el que no iba a permanecer en ruinas, ni iba a suponer algo parecido a la muerte de un hombre, como ya ocurrió antes con algunas otras ciudades, sino cuando iba a ser levantada sobre mejores fundamentos? El [5] hado observó, según parece, la conjunción. Pues la fundación de la más bella ciudad proporciona honor 7 a los mejores emperadores en todos los aspectos 8 y los que tienen todas las ciudades bajo su mando, mientras que para la ciudad el haber sido levantada por la acción de éstos y poder inscribirlos como sus fundadores transforma su desgracia en un hecho afortunado. Antes cantábamos a Teseo y a Alejandro 9 , uno el más humanitario de los griegos, creo, el otro el que más admiración generó de entre todos los reyes a causa de su ánimo para la guerra. Pero ahora hemos recibido los fundadores más gloriosos y grandes, aquellos que tienen sometida toda la tierra y todo el mar tanto por lo que de sus padres recibieron como, además, por lo que ellos mismos han adquirido, quienes son excelentes no menos en sabiduría, justicia, sinceridad y bondad, si no más, que en vigor [6] con las armas 10 . ¿Pues quién vive tan fuera de las columnas de Hércules o quién vive tan al oriente del Cáucaso que ignore su humanidad y magnanimidad? Éstos no han permitido que el nombre de Esmirna pase a la categoría de leyenda, sino que insuflaron cierta emanación de su fortuna a la ciudad e hicieron posible que no se lamentase la [7] ruina de la ciudad sino que se celebrase su fundación. En efecto se canta que un sueño de Alejandro fue el preludio de la fundación 11 , pero éstos tan gran desvelo mostraron que llegaron a levantarnos antes de que partiese el que iba [8] a anunciarles las desgracias que habíamos sufrido. Hicieron uso de los más divinos y gloriosos instrumentos, pues nos consolaron con sus palabras, demostraron lo que una vez Hesíodo profetizó 12 —qué gran cosa es la música nacida de la realeza—, proporcionaron todos los fondos para el remedio de lo que había sucedido y además para dotarnos de otros adornos. Y no les bastó con esto, sino que, como si participaran en el gobierno de su propia ciudad 13 , enseñaron cuáles eran los caminos para obtener dinero, convocaron a los que pretendían honores bajo la esperanza de ellos, y anunciaron la ayuda de obreros a quienes los quisieran, pero que no se molestarían si no los queríamos. E incluso nos ordenaron comunicarles cualquier otra cosa que necesitáramos para así darnos satisfacción. De este [9] modo, me parece que ni siquiera la totalidad del dinero de los hombres es equivalente a la atención continua que nos prestaron. Si es justo decirlo, esta atención hizo que el terremoto fuese algo provechoso para la ciudad. Pues antes de que se sufriese este golpe de fortuna, de ningún modo era evidente en qué grado se estimaba a la ciudad ni en qué modo los demás debían comportarse con ella 14 . Pero ahora es posible repetir aquello que dijo Temístocles, si es que debe creerse esta historia que sobre él se cuenta, que, después de recibir los regalos de manos del rey persa, dijo estas palabras a sus hijos, que ahora ellos habían sido salvados cuando se habían arruinado 15
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