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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 238


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por RICARDA CANTARERO SÁNCHEZ .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1997.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO333

ISBN 9788424932626.

XVII

PRIMER DISCURSO DE ESMIRNA

INTRODUCCIÓN

Los discursos XVII al XXI de Elio Aristides constituyen un grupo bien definido dentro de lo que se podría considerar su obra política. Son discursos que tienen como tema fundamental su ciudad, Esmirna 1 , aunque de diversas maneras y bajo puntos de vista diversos. Son obras, además, que poseen un profundo sentido institucional: a diferencia de la mayoría de los trabajos conservados del sofista, no son ejercicios retóricos u obras destinadas a sostener disputas con otros practicantes de la profesión, sino que están directamente vinculados con las distintas esferas de poder, ya sea municipal, provincial o imperial.

El primero de éstos, el Discurso de Esmirna I, es un discurso que pese a su sencillez y brevedad no deja de plantear algunas dificultades importantes. Siendo un discurso dirigido a una autoridad que se dispone a visitar Esmirna, la obra se aleja de lo que los cánones describen como un prosphōnētikós , una arenga de bienvenida 2 . En ella no aparece el elogio del destinatario que las reglas exigen, sino que el autor se limita a hacer un «retrato» de la ciudad con la clara intención de animar y excitar el deseo no sólo de visitarla sino de permanecer en ella algún tiempo. Así, tras una brevísima introducción de carácter histórico en la que se reflejan las tres etapas mitológicas de la fundación de la ciudad, y el recuerdo de la celebración de la Nave Sagrada durante la festividad de las Dionisias, el autor realiza un recorrido por la ciudad y sus alrededores a través del que se recuerdan las bellezas extraordinarias que Esmirna posee.

Como prácticamente para todas la obras de Aristides, proponer una fecha de composición es algo realmente complicado y aventurado. La razón principal en este caso, además de la ausencia de cualquier referencia cronológica clara dentro del discurso 3 , reside en la incertidumbre que rodea al destinatario.

A. Boulanger se inclinaba a creer que éste no era otro que Marco Aurelio y su hijo Cómodo 4 . Los dos emperadores, tras la revuelta de Avidio Casio, realizaron un viaje por Oriente que los llevó a Cilicia, Antioquía, Egipto, Esmirna, Éfeso y Atenas 5 . Así, el discurso no sería otra cosa que una carta enviada posiblemente a Antioquía o a Alejandría por el sofista a requerimiento de las autoridades de la ciudad para convencer al emperador de la conveniencia de visitar Esmirna. Por tanto la fecha de la obra no podría ser otra que el año 176 6 . El interés de Esmirna por recibir a Marco Aurelio es comprensible si se tiene en cuenta lo que las visitas imperiales significaban para el prestigio y el orgullo de la comunidad 7 . La ausencia de menciones directas al emperador, mientras que lo natural sería lo contrario 8 , podría encontrar explicación en la tardanza con la que el sofista acabó presentándose ante el emperador cuando éste estuvo en la ciudad 9 .

No obstante, el investigador francés no pudo dar por absolutamente cierta su posibilidad, y tuvo que admitir que quizás sólo estuviera dirigida la obra a un gobernador de la provincia 10 . Esta es la opción elegida por C. Behr, que sigue la opinión de K. Turzewitsch y que U. Wilamowitz recogió 11 . El argumento fundamental para esta posibilidad es la relación que existe entre XVII y otra obra posterior, XXI, que también recibe el mismo título. Según se deja entrever, el destinatario de esta obra es el hijo de otro personaje que con anterioridad fue saludado por el sofista, casi con toda seguridad el mismo al que XVII estaba destinado 12 . Puesto que con dificultad el destinatario de XXI puede ser Cómodo, el de XVII es muy difícil que sea M. Aurelio. Ante esta conclusión sólo queda admitir que XVII y XXI fueron dirigidos a sendos gobernadores de la Provincia de Asia, que fueron padre e hijo. Por otra parte, el intento de identificación del primero de ellos con P. Cluvio Máximo Paulino, y el establecimiento de la fecha en 157, no es sino pura conjetura. Hasta que los fastos provinciales no se establezcan con seguridad no se podrá comprobar la veracidad de esta suposición, es decir, si existe padre e hijo que ocuparan el cargo en las condiciones requeridas, y en su caso, el establecimiento de la fecha de composición.

La edición que se ha seguido para la traducción de esta obra, como para todas las restantes de este volumen, es la de B. Keil 13 , la mejor disponible hasta ahora pero claramente insuficiente. Se han tomado algunas variantes de C. Behr 14 , que en su traducción ofrece algunas correcciones de la edición citada, y de la más antigua de W. Dindorf 15 .



1 Aristides nació en un distrito rural que en 124 se convirtió en la ciudad de Hadriani por iniciativa imperial; C. BEHR , Aelius Aristides and the Sacred Tales , Amsterdam, A. M. Hakkert, 1968, págs. 1-4. No obstante, el sofista poseyó desde el momento de su nacimiento la ciudadanía de Esmirna y siempre consideró que ésta era su ciudad, cf. L 73; U. WILAMOWITZ , «Der Rhetor Aristeides», Sitzungsberichte der preussischen Akad. der Wissenschaften 28 (1925), 334.

2 MENANDRO EL RÉTOR , 415-418; D. A. RUSSEL , N. G. NILSON , Menander Rhetor , 1981, págs. 327-330.

3 La única posible indicación está en § 10 donde dice que es demasiado trabajo incluso para un anciano. No obstante, no permite un acercamiento preciso a la cuestión.

4 A. BOULANGER , Aelius Aristide et la sophistique dans la province d’Asie au IIe siècle de notre ère , París, 1923, págs. 384-387.

5 El viaje, con el detalle de las etapas, aparece descrito en M. L. ASTARITA . Avidio Cassio , Roma, 1983.

6 C. J. CADOUX , Ancient Smyrna. A History of the City from the earliest Times to 324 A.D ., Oxford, 1938.

7 S. MACCORMACK , «Change and Continuity in Late Antiquity: The Ceremony of the Adventus», Historia 21 (1972), 721-52.

8 No obstante, en § 13 se indica la buena disposición de la ciudad para aquellos que hayan decidido vivir verdaderamente la filosofía. Esto podría entenderse como una referencia indirecta a Marco Aurelio.

9 FILÓSTRATO , Vidas de los sofistas 582-583. F. GASCÓ , «The Meeting between Aelius Aristides and Marcus Aurelius in Smyrna» Amer. Journ. Philo . 110(1989), 471-478.

10 Lo hace siguiendo la propuesta de E. ROHDE , «Die asianische Rhetorik und die zweite Sophistik», Rheinische Museum 41 (1886), 170-190.

11 C. BEHR , Aelius Aristides ... págs. 91-92. U. WILAMOWITZ , «Der Rhetor Aristeides», 352.

12 Para todo ello véase la introducción a XXI.

13 Aelii Aristidis Smyrnaei quae supersunt omnia , ed. B. KEIL , vol. II: Orationes XVII-LIII , Berlín, 1958 (= 1898).

14 P. Aelius Aristides The Complete Works , volume II. Orations XVII-LIII [trad, al inglés por C. BEHR ], Leiden, E. J. Brill, 1981.

15 Aristides , vol. I, ed. por W. DINDORF , Hildesheim, 1964 (= Leipzig 1829)

XVII. PRIMER DISCURSO DE ESMIRNA

El discurso no debe componerse de igual manera cuando [1] se dedica a esta ciudad y cuando se dedica a las demás: pues éstas no podrían mostrar tanto cuanto se dijera de ellas, mientras que nosotros no podríamos decir cuánto puede ésta mostrar. Pero la obligación debe ser cumplida escrupulosamente conforme a la ley, puesto que también éstos lo ordenan 1 . Quizás en esta peculiaridad haya una ventaja para la ciudad, y para el orador casi ningún peligro. Pues éste, mientras más bello se presenta el espectáculo, tanto más parece sufrir, como es natural, por no estar a la altura de las circunstancias, de manera que, a la vez, será refutado y encontrará una excusa en los argumentos de su propia refutación. Por otra parte, a la ciudad se le añade gloria si no sólo se apoya en la presentación de tantos y tan grandes monumentos que puede mostrar, sino también en los discursos sobre su herencia patria.

La fortuna de nuestra ciudad no es reciente, sino que data de [2] nuestros antepasados, y la ciudad ha sido para sí misma como una colonia y una metrópoli. Esta es la tercera ciudad desde que se fundó la originaria 2 , pues, de la misma manera que las esculturas y los discursos compuestos con esmero se arreglan por segundas y terceras manos, así también era necesario que la ciudad fundada por una tercera mano alcanzase la más perfecta belleza. Y esta misma ciudad, que se ha renovado a sí misma como se cuenta del ave sagrada 3 , ha [3] llegado a ser la más antigua y la más nueva. La ciudad más antigua fue fundada en el Sipilo 4 , donde se dice 5 que están los lechos de los dioses y los lugares donde danzan los Curetes alrededor de la madre de Zeus 6 . Desde el principio, tan querida fue para los dioses, que los poetas 7 dicen que los dioses se reúnen con los héroes en ella cuando realizan un banquete juntos. Las ninfas recibieron aquella primera ciudad, y ahora está bajo el agua, sumergida en el lago según se [4] dice 8 . Después de aquélla, una segunda ciudad fue fundada a los pies del Sipilo 9 , a lo largo del malecón de la costa; estaba situada en medio de la antigua y la moderna, y ahora se ha convertido en la antigua si se la compara con ésta última. Esta segunda ciudad fue como un ejercicio de la fundación definitiva que se realizó con otras figuras de inferior calidad 10 . Pues levantada en su tercer estrato, como los poetas lo llaman 11 , la ciudad se ha dispuesto en esta apariencia única.

Su pueblo más antiguo es autóctono de aquí. Y cuando [5] tuvo que recibir colonos, también los recibió de aquellos que en el otro continente eran autóctonos 12 , y la ciudad se unió por medio de un lazo divino con los griegos de Europa, pues tanto ofreció como recibió colonos: ofreció a los peloponesios su héroe epónimo 13 y el derecho a sentirse orgullosos de su título, y recibió de Atenas, según reza la leyenda, a los Erecteidas tras la guerra contra las amazonas y, posteriormente, a los demás que vinieron después 14 . Como herencia de su metrópoli disfrutó tanto de los lujos de la vida diaria 15 como del valor en las situaciones de guerra, que hace que luchar sea más ventajoso para ella que para las demás ciudades, de tal manera que también esta actitud ha sido llamada por algunos poetas «el carácter esmirneo» 16 . Una única prueba bastará, cuyo recuerdo también vas a ver —pues las primeras horas de la primavera te han convocado aquí—: en las dionisias 17 , la trirreme sagrada es transportada en derre dor [6] del ágora en honor a Dioniso. Esta ceremonia es un símbolo de cómo una vez los quiotas navegaron contra la ciudad para capturarla cuando estaba deshabitada, ya que los hombres estaban lejos, en la montaña, durante una celebración religiosa. Y cuando fueron vistos por los hombres que ya descendían del monte, no sólo fracasaron en su intento sino que además perdieron las naves. Entonces los esmirnotas bailaron una danza guerrera en honor a Dioniso y celebraron [7] los ritos báquicos sobre los cadáveres de los quiotas 18 . Y éste es un aderezo de las hazañas de la ciudad, y sirve de botón de muestra de las otras que es necesario pasar por alto: de ahí que haya sido divulgado por muchos. Se podrían citar también muchas otras contiendas de la ciudad; y de cierto un trabajo que requeriría mucho tiempo libre es contar los últimos enfrentamientos habidos en vuestro favor y en vuestra alianza en cualquier circunstancia 19 . Pero ¿qué necesidad hay de externderse en estos temas? Es natural que las ciudades cuyo honor reside en mitos y en historias del pasado se vuelquen en ellos, pero aquella que subyuga tan pronto como es divisada y no consiente que se investigue su historia, ¿qué necesidad hay de glorificarla por aquello que una vez ocurrió, en lugar de guiar al espectador a través de ella como si lo llevase de la mano, convirtiéndolo en testigo de mis palabras?

Creo que, si la imagen de alguna ciudad debiese aparecer [8] en el cielo, como se cuenta que ocurrió con la corona de Ariadna 20 y con las otras imágenes de ríos y animales que fueron honrados por los dioses, ésta habría conseguido ser la que apareciese. De esta manera, me parece que por su naturaleza está inclinada a ser el paradigma de ciudad, y que no tiene además necesidad de un poeta ciudadano 21 que le consiga favor ni de ninguna otra técnica para su elogio, sino que es ella misma la que consigue el amor de todos los hombres, y es ella misma la que atrae las miradas sin necesidad de haber seducido los oídos. Se ha extendido sobre el mar difundiendo [9] su flor de perpetua juventud, como si no hubiese sido fundada gradualmente, sino como si se hubiese levantado de la tierra de una sola vez, ofreciendo un tamaño ni forzado ni apresurado, sino que por todas partes la ciudad es grande y armoniosa, y su magnitud es provisión de belleza. No podrías decir de ella que es muchas ciudades esparcidas cada poco, sino una sola, equivalente a muchas, pero una sola, consistente y armónica, que procura que sus partes guarden proporción con la totalidad, como si de un cuerpo humano se [10] tratase. Sus ornamentos, tanto los del interior como los que la rodean, son igualmente numerosos y espléndidos, y no falta ninguno de los más agradables, sino que toda la ciudad, gracias a sus estatuas, se parece a las túnicas bordadas. Cuando avances de oeste a este, irás de templo en templo y de colina en colina a través de una sola avenida más bella que su nombre 22


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