Las brisas de la primavera y el verano tienen un sonido [12] más agradable que los ruiseñores y las cigarras de los poetas, y cada una, penetrando por distintos sitios, convierte a toda la ciudad en un bosque. ¿No es esto mejor que cualquier pintura y escultura? La ciudad, siempre adornada como para la procesión anual, se embellece con las construcciones privadas y públicas: un espectáculo más magnífico que la tienda meda 27 . Los encantos nunca la abandonan, ni [13] ninguna de las Musas que inundan las ciudades de los hombres habita fuera de la ciudad. Muchas son nativas, muchas son foráneas; podrías decir que éste es el hogar del continente por lo que se refiere a la educación 28 . Hay una abundancia inconmensurable de toda clase de teatros para juegos y otras pruebas. Y además de éstos, hay manufacturas de todas clases y productos tanto de la tierra como del mar émulos entre sí. Para abreviar, ésta es la única ciudad que es apropiadísima para cada uno de estos dos linajes: para aquellos que han preferido terminar sus días con comodidad, y para aquellos otros que han creído conveniente dedicarse sin engaño a la filosofía. Pues ambos disponen de los descansos convenientes a sus trabajos, de manera que no caen enfermos.
[14] Este es el ornamento que está delante de sus puertas, en lugar de un Apolo guardián de las calles, como un atrio de la ciudad, el Meles, el epónimo canal de las Ninfas 29 desde sus fuentes hasta el mar, de forma que éstas tienen un baño fluyente y las nereidas lo reciben de manos de Nereo 30 tras un breve trecho. Fluye el Meles, surgiendo igualmente de cuevas, casas, árboles y de en medio de su lecho, y avanzando hasta el mar. Su cauce, en la parte de sus fuentes de más arriba, es circular y bien podrías compararlo con un collar, y lo que sigue, podrías compararlo con un estrecho de mar. En su desembocadura es muy poco estruendoso; sin ruido se mezcla con el mar amansando el oleaje, cediendo sitio al mar cuando avanza por los vientos, siguiéndolo cuando se retira, mostrando una única superficie de ambas aguas, de [15] manera que no podrías saber dónde se han encontrado. Incluso los niños podrían contar, y es posible que cualquiera lo vea, que está repleto de unos peces que están domesticados y sirven de comensales a quienes celebran banquetes en sus orillas, que bailan al son de la flauta no sólo sobre tierra seca sino también en su espacio 31 , y que se tiran de cabeza contra los comensales en medio de su borrachera. La más bella descendencia del río, y la que tiene relación con todas las ciudades, es Homero 32 , el común educador de Grecia y amigo de cada uno de nosotros por herencia paterna y desde la infancia. Por ello me parecería conveniente que en justicia todos ofrecieran las primicias de sus palabras a las fuentes del Meles, como si fueran los rizos de su cabello, tal y como el poeta dijo de Esperquio 33 , cantando al río en favor de Homero.
Cuando se cruza el Meles, se encuentra una región, según [16] creo, regalo de Posidón a la ciudad, semejante, pero a la vez diferente, a la que se dice que hay en torno a Tesalia. Pues allí, una vez que separó las montañas, creó Tesalia como una tierra llana a partir de un lago, habiendo evacuado el río Peneo por una falla. Pero aquí separó el mar de las montañas e hizo que la belleza del continente estuviera en correspondencia con la del mar y en armonía con la ciudad. No dejó una zona pantanosa ni desecó por completo el suelo, sino que cuando se cava existen signos de su antigua naturaleza, y también se ven cuando se dirige la vista hacia las regiones que la rodean, contra las que una vez el mar golpeaba, y cuando se cruza la llanura marina entre fuentes y manantiales, y así hasta el final. Y cuando se ha vuelto a [17] avanzar un poco, de nuevo la ciudad aparece como si te estuviera acompañando, y allí su belleza es mejor calculada y medida en menos tiempo. Y nadie hay tan apesadumbrado que vea lo que tiene delante del camino y no cambie de actitud, cambiando lo que tiene frente a sus ojos a la derecha, y lo que está a su izquierda ante su vista. Pues la ciudad atrae hacia ella como la piedra magnética al hierro, y subyuga por una voluntaria obligación. La ciudad ha experimentado lo mismo en relación a sus lugares exteriores que éstos con respecto a la ciudad. Pues no hay hartazgo para quien mira a sus alrededores desde la ciudad, pero, si alguien mirase la ciudad desde fuera, igualmente nunca sería posible alcanzar la plena satisfacción.
[18] Esta ciudad es la única para la que su reputación se ha trocado en perjuicio, pues ninguna persona de fuera que hubiese oído de ella conseguiría abarcarla toda con el pensamiento. Me parecería bien que cada uno en privado tomase esta decisión: de la misma manera que se dice que un hombre picado por una víbora no quiere contárselo a otro salvo que también lo haya experimentado 34 , así también que quien hubiese visto las bellezas de la ciudad sólo las pusiera en común con quien las haya visto o vaya a verlas inmediatamente 35 , pero que a los demás no se las diese a conocer con facilidad, de la misma manera que no se divulgan los misterios [19] sagrados a los profanos. Pues quizás un poeta podría expresarlo y seducirnos: que el puerto está en el centro de la ciudad, y el mar a la vista, no menos visible para quienes viven alejados a ambos lados que para quienes viven próximos a él. Y la acrópolis se eleva sobre toda la ciudad, el mar se extiende como una basa, desviándose hacia el este del Meles tanto cuanto para pasar por un recodo. Y otras cosas se podrían [20] elogiar cuando les llegase su turno. Está aquella gracia que se extiende por todos lados como Iris 36 y que afina a la ciudad como si se tratase de una lira, haciéndola armoniosa consigo misma y con sus ornamentos situados fuera; y está también su omnipresente resplandor que se eleva continuo hasta el cielo, como el del bronce del que habla Homero 37 . ¿Quién lograría exponer todo esto con detalle? Pues ni el Meles es de tan bellos hijos ni nadie es tan afortunado en el arte de la oratoria. Esta es la única ciudad que requiere de [21] una investigación ocular y no sólo informarse de oídas, y la única que necesita no sólo de una investigación ocular sino de una estancia prolongada y del trato con ella, para quien tenga la intención de contemplarla con justicia y recoger de allí las recompensas de los elogios. Yo, además, añadiré esto a mi itinerario. Un poco antes recordé el interior del golfo 38 ; lo que resta sobre todo lo demás será breve. Es completamente [22] apropiado por su nombre para esta ciudad, y no conviene a ninguna otra. Pues por su mansedumbre, utilidad, belleza y constitución es un golfo, pero por su fuerza, mar abierto. Aunque tiene el nombre de un solo golfo, se extiende en numerosos golfos, como las tablillas de escribir plegadas. Los diferentes promontorios conforman diferentes golfos, e innumerables son los puertos y los fondeaderos. Podrías decir que se parece a las vasijas de múltiples pitones; así, siempre ofrece un punto de amarre gracias a una pequeña península, y permite periplos de no pocos días si se hace anclar la nave en cada fondeadero.
Y me está llegando la hora de anclar mi discurso aquí.[23] ¿Qué necesidad hay de hablar de su pueblo? Tú mismo lo juzgarás 39 y lo harás mejor guiándolo por la más bella senda. Ahora sé que te parece a ti y a los muchos que están presentes que he hablado proporcionadamente, pero en seguida se demuestra que todas mis palabras han sido inferiores a la ciudad. Y estoy satisfecho de resultar inferior ante tales realidades.
1 Posiblemente el discurso fue escrito por mandato de los magistrados de la ciudad. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., pág. 278.
2 Las tres fundaciones de Esmirna se atribuyen a Tántalo o a Pélope la primera, a Teseo la segunda, y a Alejandro Magno la tercera. Cf. XXI 3-4, 10.
3 El ave Fénix; cf. OVIDIO , Metamorfosis XV 460-78.
4 Grupo de montañas al este de la ciudad. CADOUX , Ancient Smyrna ..., págs. 4-6. Esta primera ciudad fue fundada por Teseo.
5 HOMERO , Ilída XXIV 615.
6 Los Curetes ejecutaban armados ruidosas danzas para que el llanto de Zeus no llegara a Cronos. La versión más difundida de la leyenda lo sitúa en Creta. A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , 2a ed., Madrid, Gredos, 1982, pág. 52.
7 PÍNDARO , Olímpica I 37.
8 La ciudad se sumergió en el Nauloco, al norte del golfo de Esmirna, tras ser destruida por el rey lidio Aliates en el 588 a.C. aproximadamente; cf. HERÓDOTO , I 16; PAUSANIAS , VII 5, 1; C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ... págs. 83-85.
9 Esta segunda fundación no aparece recogida en XX 20, donde sólo se recuerdan las fundaciones de Teseo y Alejandro Magno.
10 PLATÓN , Político 286A.
11 PÍNDARO , Pítica III 43. Esta fundación es atribuida a Alejandro (PAUSANIAS , VII 5, 1-3), pero ESTRABÓN , XIV 37, más correctamente, atribuye la tercera ciudad a Antígono y especialmente a Lisímaco en el 290 a.C. Este último habría realizado un sueño de Alejandro; cf. ARISTIDES XIX 4; C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ... págs. 94-95, 100.
12 Los atenienses que vinieron con Teseo. La autoctonía de los habítantes de Atenas es un tema repetido también por el propio ARISTIDES , I 25-34 y 328; cf. N. LORAUX , L’invention d’Athènes , Paris, 1981, págs. 150-2.
13 Pélope, el hijo de Tántalo, cf. XXI 3. Después de haber vencido en carrera a Enómao, se casa con su hija y se hace con el reino dando su nombre al territorio; cf. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ... pág. 36; A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , págs. 190-194.
14 Esta unión entre los griegos de ambos continentes, y con Atenas como vertebradora de la misma, no era sólo una unión sentimental sino que contaba con las instituciones del Panhelenion; cf. A. J. SPAWFORTH , S. WALKER , «The World of the Panhellenion I. Athens and Eleusis», Journ. Roman Stud . 75 (1985), 78-104.
15 TUCÍDIDES , I 6, 3.
16 PÍNDARO , frag. 204.
17 También llamadas Antesterias. Polemón y sus descendientes tenían el privilegio de conducir esta trirreme; cf. FILÓSTRATO , Vidas de los sofistas 530-531. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., págs. 208-209.
18 Quizás fuese un acontecimiento real durante la guerra entre Ptolomeo III y Seleuco II en 244. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., págs. 114-115. Un relato algo diferente encontramos en HERÓDOTO , I 150; aquí son unos exilados de Colofón los que lograron apoderarse de Esmirna y arrebatársela a los eolios, mientras éstos estaban fuera celebrando una fiesta en honor a Dioniso.
19 La ayuda prestada a los romanos contra Antíoco y Aristónico. En XIX 11 se relatan con algún detalle.
20 Esta corona, de oro y piedras preciosas, fabricada por Hefesto, fue el regalo de bodas de Baco para Ariadna. Fue catasterizada en la corona Boreal; A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , pág. 373.
21 Homero que, según la leyenda más difundida, era originario de Esmirna.
22 Es el camino dorado, mencionado únicamente por ARISTIDES , XVIII 6.
23 Magna Mater . El templo recibía el nombre de Metroo, Corp. Inscrip. Graec . 3387, y ESTRABÓN , XIV 646.
24 Aquí posiblemente esté una de las claves para acercarse a la fecha del discurso. Si el término presbytēs significa anciano, como lo hemos traducido, habría que pensar en la década de 170. En cambio C. BEHR , The Complete Works II ... pág. 3 prefiere traducirlo por «hombre de larga experiencia», que le permite fecharlo en 157.
25 ESTRABÓN , XIV 646 recuerda el trazado ortogonal de las calles de Esmirna.
26 Cf. § 9.
27 La magnífica tienda de Jerjes, HERÓDOTO , IX 82.
28 Esmirna ocupó uno de los primeros lugares del movimiento cultural conocido como Segunda Sofística, cf. XXIII 22. Véase G.W. BOWERSOCK , Greek Sophists in the Roman Empire , Oxford, 1969, págs. 17-29.
29 Epónimo puesto que toma el nombre de las ninfas de la región. C. J. CADOUX , Ancient Smyrna ..., págs. 10-12.
30 El mar Mediterráneo.
31 HERÓDOTO , I 141.
32 En Esmirna había un templo dedicado al poeta, ESTRABÓN , XIV 646. Cf. E. ARISTIDES , XXI 8 y XXXIII 29.
33 HOMERO , Ilíada , XXIII 148.
34 PLATÓN , Banquete , 217E.
35 La visita del destinatario del escrito aparece como inminente.
36 La mensajera de los dioses.
37 HOMERO , Ilíada , 457.
38 § 14.
39 Aquí el verbo «juzgar» no tiene que tener necesariamente el sentido judicial que Behr quería darle; cf. C. BEHR , The Complete Works, II ..., pág. 358, n. 45.
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