Cuando las cualidades del alma filosófica (valentía, moderación, etc.) se nutren mal, arrancan al alma de la filosofía. Los que corrompen a los filosófos no son los sofistas sino los acusadores de éstos, que son los más grandes sofistas: la multitud en la asamblea, teatro, etc. Los sofistas no enseñan privadamente otra cosa que las convicciones que la multitud se forja cuando se congrega. Son muy pocos los que tratan dignamente con la filosofía, y, al no ver nada sano en la política, se alejan de ésta.
497a La juventud y la filosofía
Cuando los adolescentes abordan la filosofía, al llegar a su parte más difícil, la relativa a los conceptos abstractos (tò perì toùs lógous), la abandonan. En la adolescencia hay que darles una educación apropiada a la edad, y, sólo cuando la fuerza corporal declina, hacerlos ocuparse de la filosofía.
499e Posibilidad de persuadir a la multitud
La multitud está mal dispuesta con la filosofía porque nunca ha visto un filosófo como el descrito, pero se le puede persuadir de que lo dicho es verdad.
502c El objeto del estudio supremo
Hay que probar a los guardianes en la práctica de los estudios superiores, para ver si son capaces de llegar hasta el objeto del estudio supremo, la Idea del Bien, que es algo superior a la justicia.
506e Alegoría del sol
Las cosas múltiples son vistas, las Ideas pensadas. Lo que es el sol en el ámbito visible respecto a la vista y de lo que se ve, es la Idea del Bien en el ámbito inteligible (noētòs tópos) respecto del intelecto (noûs) y de lo que se intelige, o sea, de las Ideas. Así como el sol aporta a las cosas visibles la propiedad de ser vistas y también su vida, así la Idea del Bien confiere a las Ideas el poder de ser conocidas pero además el existir (tò eînai) y la esencia (ousía), aunque ella misma no sea esencia sino que esté más allá de la esencia.
509d Alegoría de la línea
Dividida una línea en dos secciones desiguales, y cada una de ellas en otras dos, tendremos, en la sección visible, una subsección de imágenes (sombras, reflejos) y otra de la cual en la primera hay imágenes (seres vivos, artefactos). A su vez, en la primera subsección de la parte inteligible, el alma se sirve de supuestos (hypothéseis), sin marchar hasta un principio) (archḗ) sino hacia la conclusión. En la otra subsección parte de supuestos, pero avanza por medio de Ideas hasta llegar al principio no supuesto (anypòthetos archḗ). La seeción visible se conoce mediante la opinión y, dentro de ella, la subsección de imágenes por la conjetura (eikasía) y la otra por la creencia (pístis); la sección inteligible es conocida mediante la inteligencia (noûs): dentro de ella la subsección inferior mediante el pensamiento discursivo (diánoia), la superior por el intelecto (noûs).
LIBRO VII
517b Alegoría de la caverna
La caverna es el ámbito visible en que vivimos y el fuego en ella es el sol: afuera está el ámbito inteligible, las Ideas, y el sol es la Idea del Bien. El arte de volver el alma desde las tinieblas hacia la luz es la educación Los gobernantes, una vez educados de ese modo, deben gobernar.
522c Estudios del filósofo: 1) aritmética
Para escapar al ámbito del devenir (génesis) y captar la esencia el guardián debe estudiar aritmética, que eleva el alma y la obliga a discurrir (dialégesthai) sobre los Números en sí.
526c 2) geometría plana
Aunque los geómetras hablan de ‘cuadrar’, ‘aplicar’, etc., como si sus discursos apuntaran a la praxis, la geometría se dirige al conocimiento de lo que es siempre.
528a 3) estereometría
El estudio del sólido en sí mismo ha sido emprendido hasta ahora débilmente; el Estado debe promoverlo.
528e 4) astronomía
No hay que ocuparse de ella con la vista, ni aunque se mire hacia arriba, sino con la inteligencia: los astros que se ven sólo sirven como ejemplos para el estudio de los que no se ven, en su velocidad, figura y relaciones verdaderas.
530d 5) armonía
Lo mismo en el caso de la teoría matemática de la música: a partir de los acordes que se oyen hay que elevarse al examen de los números armónicos y de los que no lo son, lo cual es útil para la búsqueda de lo Bello y lo Bueno.
531d La Dialéctica, estudio supremo
Los estudios anteriores sólo son un preludio a la dialéctica, que sólo pueden alcanzar los capaces de dar y recibir razón de la esencia. Tal como el prisionero llega al término de lo visible cuando puede ver el sol, el dialéctico arriba al término de lo inteligible cuando contempla la Idea del Bien. El método dialéctico es el único que marcha hasta ella cancelando los supuestos.
533e Retorno a la alegoría de la línea: ordenamiento epistemológico
El conocimiento relativo a las cuatro subsecciones son: ciencia (epistḗmē), pensamiento discursivo, creencia y conjetura; a estas dos en conjunto, opinión, y a las dos primeras en conjunto, inteligencia (nóēsis). Esta se refiere a la esencia, y la opinión al devenir. Esencia: devenir :: inteligencia: opinión, y a su vez ciencia: creencia :: pensamiento discursivo: conjetura.
534b Formación de los dialécticos
Estudiarán desde niños. A los veinte años se elegirá a los más inteligentes y durante diez años se les hará tener una visión en conjunto (sýnopsis) de lo que en forma dispersa estudiaron cuando niños. A los treinta años se seleccionará a los más capaces de prescindir de los sentidos y de marchar hacia lo que es en sí, y se les hará descender a la caverna para ejercitarse en todo tipo de trabajo. A los cincuenta se los forzará a contemplar la Idea del Bien, y a, tomándola como paradigma, alternarse durante el resto de sus vidas en el gobierno del Estado.
LIBRO VIII
543c Las cinco clases de constituciones políticas
El régimen correcto es el descrito, la aristocracia. Hay cuatro regímenes (politeíai) deficientes: la timocracia o timarquía, la oligarquía, la democracia y la tiranía. Y hay otros tantos tipos de hombres, de cuyo comportamiento nacen aquéllos.
545d La corrupción del mejor Estado (discurso de las Musas)
Ni siquiera los mejores guardianes podrán controlar por completo la fecundidad y esterilidad ajustándose al número geométrico total’; de este modo se procreará en momentos no propicios y nacerán niños no favorecidos por la naturaleza, que serán inferiores a sus padres, y cuando les toque gobernar descuidarán la música y la gimnasia Así surge la timocracia.
547d La timocracia
Llegarán al gobierno hombres más fogosos y más aptos para la guerra que para la paz. Lo que prevalece en este régimen, con la fogosidad, es el deseo de imponerse y ser venerado.
548d El hombre timocrático
Ajeno a las Musas, ama el poder y los honores, de joven desdeña la riqueza, mas no de adulto. Es hijo de un padre bueno que vive en un Estado mal organizado, y que alienta en él lo racional. Pero su madre y criados cultivan en él lo apetitivo, pues anhelan tener más riqueza y poder y critican a su padre. En este conflicto llega a un compromiso, y cede el gobierno de sí a lo fogoso.
550c La oligarquía
Régimen basado en la tasación de fortunas; en él mandan los ricos. Surgen porque los hombres que ansiaban honores terminan por volverse amigos de la riqueza y llevar a los ricos al gobierno. Son en realidad dos Estados: uno de los ricos y uno de los pobres.
553a El hombre oligárquico
El hijo del hombre timocrático primero imita a su padre, pero, al verlo luego procesado y privado de su fortuna, deja de lado la ambición y fogosidad que prevalecían en su alma y se vuelve hacia el lucro. Su parte racional sólo mira cómo acrecentar su riqueza. Reprime los deseos de placer para no gastar su fortuna.
555b La democracia
Surge cuando los pobres ven que los gobernantes oligárquicos no valen nada y que sólo gobiernan por debilidad. En este régimen abunda la libertad de palabra y de hacer cada uno lo que le da la gana.
558c El hombre democrático
Hay deseos necesarios, que hay que satisfacer para no morir, y deseos innecesarios. En el hijo del hombre oligárquico se produce una pugna entre ambos tipos de deseos. Si ninguno de ambos tipos es auxiliado desde fuera, el hombre democrático vive de un modo que no es contrario a la libertad ni a toda norma.
562a La tiranía
El deseo insaciable de libertad pierde a la democracia (como el deseo insaciable de riqueza pierde a la oligarquía). Los ricos que son despojados de su fortuna luchan contra el pueblo; éste pone a su cabeza un individuo que se desembaraza violentamente de sus enemigos. Al principio, el tirano libera de deudas a los pobres y les da tierras, pero, cuando se reconcilia con algunos enemigos y extermina a los demás, promueve guerras para mostrarse como conductor y para que los impuestos empobrezcan a los ciudadanos y no puedan ocuparse de conspirar contra él. Se llenará de enemigos, y será odiado por muchos.
LIBRO IX
571a El hombre tiránico
En el hijo del hombre democrático hay deseos reprimidos, que, a más de innecesarios, son contrarios a toda norma; los forjadores de tiranos estimulan éstos; así las opiniones morales anteriores son sometidas por otras que, cuando está interiormente regido de modo democrático, sólo se liberaban durante el sueño; no se arredrará ante crimen alguno.
576b Primera prueba de la superioridad del justo sobre el injusto
El hombre tiránico es el más injusto y, si llega a gobernar solo mucho tiempo, es el más desdichado; es el que menos hace lo que quiere; está forzado a la adulación y al servilismo.
580d Segunda prueba
Según la parte del alma que predomine, hay tres tipos de hombres: el filósofo, el ambicioso y el amante del lucro. Subyacentes a cada uno de estos tipos hay tres clases de placeres. El filósofo es el que mayor experiencia tiene en estas tres clases. Por lo tanto, su modo de vida es el más agradable.
583b Tercera prueba
El estado en que no se sufre es intermedio entre el placer y el dolor. Pero cuando se ignora el verdadero placer se toma por placer la cesación del dolor. Cuando el alma sigue a la parte filosófica, cada una de las partes hace lo que le corresponde y obtiene los placeres que le son propios. El hombre tiránico, en cambio, somete la parte racional a la apetitiva. Por ende, el tirano vive del modo más desagradable y el rey del más agradable. El tirano está alejado del verdadero placer en una cantidad que es el triple del triple.
588b La justicia es más ventajosa que la injusticia
El que comete injusticia esclaviza lo mejor de sí, y, si la oculta y no la expía, se vuelve más perverso.
LIBRO X
595a La poesía imitativa alejada de la verdad
Hay muchas camas, pero una sola Idea de Cama, mirando a la cual el artesano fabrica las camas múltiples; y a su vez el pintor hace otra cama, aunque no una cama real. Hay, pues, tres camas: 1) la que existe en la naturaleza y que es creada por el ‘productor de naturalezas’ (phytourgós), o sea, Dios; 2) la que hace el artesano (dēmiourgós), o sea, el carpintero; 3) la que hace el pintor, que es el imitador. Y no la imita como es, sino como le parece según de dónde la mire. Lo mismo los poetas: son imitadores de imágenes de la excelencia, sin acceder a la verdad.
602c La poesía cultiva la parte inferior del alma
Una misma magnitud parece distinta según de dónde se la vea, perturbando así al alma. A esta perturbación se opone la parte racional, que es, por lo tanto, distinta y superior a la parte perturbada. En esta y otras luchas interiores del alma, la poesía colabora con la parte inferior, que es la preferida por los poetas para imitar.
608c La inmortalidad del alma
El mal de una cosa es lo que la corrompe. Pero los males del alma (la injusticia, la cobardía, etc.) no la destruyen. Nunca la perversión de una cosa destruye a otra, sino sólo la propia perversión. De modo que si los males propios del alma no la pueden destruir, menos aún podrán los males propios del cuerpo, que son ajenos al alma. Y si el alma no perece ni a causa de un mal propio ni de uno ajeno, es inmortal.
612b Las recompensas del justo
Aunque la justicia vale en sí misma y no por sus consecuencias, goza de la mejor reputación entre los dioses y hombres; pues a los dioses no se les escapa quién es justo y quién injusto. Y si el justo es amado por los dioses, le sucede lo mejor, en vida o tras la muerte. Lo mismo con los hombres: tarde o temprano reconocen la justicia del justo.
614b Mito de Er
Tras morir, las almas son juzgadas y, según eso, pasan mil años de castigo bajo tierra o mil de deleites en el cielo. Y al prepararse para renacer, no es elegida cada alma por el demonio que guía a su destino, sino que ellas mismas escogen sus demonios. Deben elegir entre modos de vida muy distintos, y luego su demonio debe conducir su ejecución. En la elección pesan los hábitos de la vida anterior. En estos modos de vida no hay ningún rasgo del alma, porque ésta cambia según el modo de vida elegido: en eso radica su riesgo.
III. TRES TEMAS DE LA REPÚBLICA
1. La teoría de las Ideas y los conceptos universales
Que la teoría de las Ideas ha surgido a partir de una problemática moral de origen socrático, ya fue indicado por primera vez por Aristóteles, en testimonios, por lo demás, dudosos (Met. I 6, 987b y XIII 4, 1078b), pero en ese punto confirmados por los diálogos juveniles de Platón. En éstos se destaca, frente al relativismo imperante en la Atenas del siglo V a. C., la búsqueda de un patrón supraindividual que pueda dar normas a los actos. Sócrates simbolizaba este patrón supraindividual en el Apolo délfico que respondía a las consultas de individuos y de gobiernos sobre lo que debía hacerse. En efecto, la pregunta sobre qué es la valentía (Laques 190d), la moderación (Cármides 159a), la piedad (Eutifrón 5d), etc., que también Jenofonte pone en boca de Sócrates, aparece como genuinamente socrática, y no remite a un universal abstracto, como lo entendió Aristóteles, sino más bien a la realidad divina, en comunicación con la cual —en el reconocimiento de la propia ignorancia y en el acatamiento de los mandatos divinos— se genera la cualidad moral de nuestros actos, con lo cual Dios viene a ser la fuente de la perfección o excelencia (aretḗ) humana.
Ciertamente, en los diálogos juveniles, Platón no dice que sea divina, y muy pocas veces que sea realidad (ousía: Eut. 11a, Hipias Mayor 302c), pero sí insiste en que se trata de un patrón supraindividual, y así no acepta que el interlocutor conteste con la mera referencia a una instancia particular como «valentía es permanecer en el puesto enfrentándose al enemigo, sin huir» (Laques 190e), «piadoso es lo que ahora hago» (Eut. 5d), «bello es una virgen bella» (Hip. Ma. 288a). No por eso es en Platón un concepto universal, ni siquiera al elaborar sobre esa base la teoría de las Ideas2.
A no dudarlo, la pregunta por la valentía pide decir «qué es lo mismo en todos esos casos» (Laques 191e, cf. Eut. 5d), o sea, lo común a todas las instancias particulares a las que damos el nombre de ‘valientes’. Pero si esto se interpreta a la manera del universal aristotélico, como una característica que se halla efectivamente en cada una de esas cosas particulares, se malentiende el pensamiento socrático-platónico, ya que para éste, por ejemplo, la acción de Eutifrón de denunciar a su padre no es de ningún modo piadosa, por lo cual la universalización de actos como ése no podría resultar nunca en la piedad. Es probable que, en esa primera etapa de Platón, lo piadoso, lo justo, etc., fueran simplemente ideales éticos, como decía Stenzel2bis. Conviene notar, no obstante, que el inmediato antecedente de tales patrones morales era el dios socrático, y que, en la etapa siguiente de Platón, tales valores o cualidades forman el ámbito de lo divino, por lo cual cabe dudar de si la etapa juvenil ha quebrado en ese sentido la continuidad.
Si es correcta nuestra interpretación de que el patrón supraindividual para Sócrates era el dios, al obedecer cuyas prescripciones perfeccionamos nuestra alma, esta concepción había de estar subyacente en la tesis platónica juvenil de la excelencia o aretḗ —cuyas caras eran la justicia, la piedad, etc.—, sin reflexiones sobre su status
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