Читать книгу «Obras III» онлайн полностью📖 — Luciano — MyBook.
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[17] Esto es lo que cuentan sobre los fundadores del santuario. Ahora voy a hablar sobre la situación del templo, cómo tuvo lugar y quién lo mandó hacer. Dicen que el templo actual no es el que se había construido primero, sino que éste se derrumbó posteriormente y el que ahora existe fue obra de Estratonice, mujer del rey de los asirios 28 .

Yo creo que es la misma Estratonice de la que se enamoró su hijastro, al que delató el ingenio de su médico. En efecto, cuando le sobrevino el enamoramiento, perplejo por un mal que le parecía vergonzoso sufría calladamente, yacía sin tener ningún dolor, el color de su piel se le alteró por completo y su cuerpo día a día se debilitaba. El médico, cuando vio que no tenía ninguna enfermedad notoria, se dio cuenta de que estaba enfermo de amor; son muchos los síntomas de un amor secreto: mirada desvaída, la voz, el color de la piel, las lágrimas. Cuando lo comprendió hizo lo siguiente: con la mano derecha palpaba el corazón del jovencillo mientras hacía llamar a todos los de la casa; el muchacho se mantuvo muy tranquilo mientras entraban todos los demás, pero al llegar su madrastra se le mudó el color de la piel, empezó a sudar, le entraron temblores y el corazón le daba saltos. Lo ocurrido puso en evidencia para el médico el enamoramiento del muchacho y lo curó de la siguiente manera: mandó [18] llamar al padre del chico, que estaba completamente asustado y le dijo: «El mal por el que está debilitado el muchacho, no es una enfermedad, sino un pecado , pues no sufre dolores, pero padece de mal de amor y de demencia. Desea lo que nunca alcanzará porque ama a mi mujer, a la que no pienso renunciar.» Así mentía el médico con astucia. Y el otro al punto le suplicaba: «Por tu sabiduría médica, no me destruyas a mi hijo, pues no incurrió en esta desgracia por su voluntad, sino que su enfermedad es involuntaria. Por ello no causes por despecho un sufrimiento a todo el reino ni asesines a la medicina siendo médico». Así suplicaba el Rey en su ignorancia. Y el médico le contestó: «Tratas de forzar una injusticia al intentar destruir mi matrimonio y extorsionar a un médico. ¿Qué hubieras hecho tú mismo si el muchacho deseara a tu esposa, y yo te hiciera la misma petición?». Y él a esto replicó que tampoco escatimaría a su mujer ni regatearía la salvación de su hijo, aunque estuviera enamorado de su madrastra, pues no era igual desgracia perder a la esposa que al hijo 29 . Cuando oyó esto el médico le dijo: «¿Qué me estás suplicando? Porque el muchacho desea a tu esposa, y lo que yo te dije era todo mentira». El Rey se dejó convencer por estas palabras y le dejó a su hijo la mujer y el reino, y él se dirigió al país de Babilonia, y fundó junto al Éufrates una ciudad a la que dio su propio nombre, donde también le sobrevino la muerte 30 . Así diagnosticó el médico el amor y lo curó.

[19] Pues bien, esta Estratonice, cuando aún cohabitaba con su primer marido, tuvo un sueño en el que Hera le ordenó levantarle un templo en la Ciudad Sagrada y la amenazaba con grandes desgracias si desobedecía. Ella al principio no se tomaba ningún interés, pero más tarde le sobrevino una grave enfermedad, le contó el sueño a su marido y trata de conciliarse con Hera, prometiendo levantarle el templo. Y al punto recobró la salud y el marido la envió a la Ciudad Sagrada, y con ella un gran tesoro y un numeroso ejército, lo uno para construir y lo otro por razones de seguridad. Mandó llamar también a uno de sus amigos, un joven bellísimo que se llamaba Combabo 31 , a quien dijo: «Eres el amigo a quien más aprecio, por tu nobleza, y te elogio muchísimo por tu sabiduría y tu benevolencia hacia nosotros, que desde luego demostraste. Ahora necesito una persona de gran fidelidad y por ello quiero que acompañes a mi mujer para llevar a cabo una obra en mi nombre, ofrecer sacrificios y mandar el ejército. A tu regreso, tendrás una gran recompensa por nuestra parte».

Pero ante estas palabras, Combabo al punto le suplicaba con mucha insistencia que no lo enviara, ni le confiara el tesoro, que era demasiado para él, ni la mujer, ni la fundación sagrada. Combabo temía que sintiera posteriormente celos hacia él a causa de Estratonice, a la que iba a acompañar él solo. Pero como (el Rey) no se dejaba convencer, [20] le suplicó por segunda vez que le diera un plazo de siete días y que luego lo enviara, una vez que hubiera llevado a cabo algo de mucha necesidad. Cuando obtuvo el plazo sin esfuerzo, se dirigió a su casa y cayendo al suelo de rodillas se lamentaba con las siguientes palabras: «¡Desgraciado de mí! ¿Qué me importa esta confianza? ¿Qué me importa el viaje, cuyo desenlace ya presiento? Soy joven y voy a acompañar a una mujer hermosa, lo que para mí será una gran desgracia, a no ser que yo mismo elimine toda causa de daño; por ello tengo que llevar a cabo una gran acción, que me curará de todo miedo».

Después de pronunciar estas palabras, se castró: tras cortarse los órganos genitales, los puso en un pequeño vaso, con mirra, miel y otros perfumes; luego lo precintó con un sello que solía llevar y se curó la herida. A continuación, cuando creyó oportuno salir, se dirigió al Rey en presencia de muchos testigos, y al tiempo que le daba el vaso le dijo: «Señor, yo tenía este gran tesoro entre mis propiedades y lo estimaba muchísimo; ahora, en vista de que voy a hacer un gran viaje lo depositaré en tu poder; mantenlo seguro, pues para mí es más valioso que el oro y equivale a mi propia vida. Cuando regrese, lo recuperaré de nuevo intacto». El Rey lo aceptó, le puso otro sello y lo mandó guardar a sus tesoreros.

[21] Combabo a continuación hizo el viaje sin problemas; al llegar a la Ciudad Sagrada se pusieron a construir el templo presurosamente y se les pasaron tres años con la obra, en los que ocurrió lo que Combabo temía, pues Estratonice al convivir mucho tiempo empezó a desearle y después se volvió completamente loca por él. Cuentan los de la Ciudad Sagrada que Hera fue la causante voluntaria de este suceso, que por una parte no ignoraba en absoluto que Combabo era un hombre honesto y por otra castigaba a Estratonice porque no había ofrecido el templo de buen grado.

[22] Ella al principio se mostraba sensata y ocultaba su pasión, pero cuando el mal superó su tranquilidad de ánimo, se la veía consumida, andaba llorando todo el día, gritaba el nombre de Combabo y éste lo era todo para ella. Por último, no pudiendo soportar su desgracia, trataba de encontrar una proposición con buena apariencia; se resistía a reconocer a otro su enamoramiento y a ella misma le daba vergüenza intentarlo. Entonces se le ocurrió la idea siguiente, emborracharse con vino y entablar una conversación con él. La franqueza entra con el vino y la desgracia ya no es totalmente vergonzosa, sino que todo lo que ocurre se olvida.

Tal como lo pensó, lo hizo. Cuando acabaron de cenar, ella acudió a las habitaciones en las que se alojaba Combabo, le suplicó abrazada a sus rodillas, y le confesó su amor. Pero él acogió sus palabras con aspereza, rechazó sus proposiciones y le reprochó su borrachera. Como ella le amenazara con hacerse un gran daño, Combabo temiéndolo todo le contó la historia, refirió toda su desgracia y puso en evidencia lo ocurrido. Al ver Estratonice lo que nunca hubiera esperado, desistió de su locura pero no olvidaba su amor, sino que acompañándole siempre, tenía este consuelo de su amor imposible. Este amor pervive todavía en la Ciudad Sagrada y aún ahora se celebra. Las mujeres desean a los galos y los galos se vuelven locos por las mujeres, pero nadie tiene celos, sino que creen que el asunto es completamente divino.

Pues bien, lo que ocurría en la Ciudad Sagrada en [23] relación con Estratonice no pasó en absoluto desapercibido al Rey, sino que muchos que venían acusaban y contaban lo sucedido. Muy afligido por estos hechos mandó llamar a Combabo desde la obra inconclusa. Otros cuentan un relato que no es cierto, que Estratonice, una vez que fracasó en su requerimiento, ella misma escribió a su marido acusando a Combabo de atentar contra ella, y lo que los griegos dicen sobre Estenebea y Fedra de Cnoso, eso es lo que los asirios cuentan respecto a Estratonice 32 . Yo no creo que Estenebea hiciera tales cosas, ni Fedra tampoco, si de veras deseaba a Hipólito. Pero dejemos que las cosas queden como están 33 .

[24] Y cuando la noticia llegó a la Ciudad Sagrada, y Combabo se enteró de la acusación, acudió confiado, porque su defensa había quedado en casa, y nada más llegar el Rey mandó encadenarlo y encerrarlo en prisión. A continuación, y en presencia de los amigos que había cuando envió a Combabo, le hizo comparecer y le acusó de adulterio y libertinaje; con gran dolor se lamentaba echándole en cara su confianza y su amistad, afirmando que era tres veces culpable, por ser un adúltero, quebrantar su lealtad y ser impío con la diosa en cuyo santuario había cometido su delito. Y muchos de los presentes le censuraban porque los habían visto juntos públicamente. Por último, todos opinaron que Combabo debía morir inmediatamente, porque había cometido acciones merecedoras de muerte.

[25] En todo este tiempo, él se había mantenido en silencio. Pero cuando ya era conducido a la muerte habló y pidió su tesoro, afirmando que el Rey no lo hacía matar ni por la ofensa ni por el adulterio sino porque quería poseer lo que le había dejado al marcharse. Ante esto, el Rey mandó llamar al tesorero y le ordenó traer lo que le había dado para que lo guardara. Cuando lo trajo, Combabo rompió el sello, mostró lo que había allí y lo que a él mismo le había pasado, y dijo: «Señor, temiendo que me ocurriera esto, cuando me enviaste a este viaje yo fui contra mi voluntad y como me vi muy obligado por ti, hice esto, noble para mi Rey pero desgraciado para mí. Aun encontrándome en tal situación, se me acusa de un pecado viril».

El Rey, asombrado ante estas palabras, le abrazó y llorando le dijo: «Combabo, ¿cómo te infligiste tan gran daño? ¿Por qué te hiciste a ti mismo algo tan vergonzoso y que nadie hizo? Yo de ningún modo lo apruebo. ¡Desdichado! que tuviste valor para hacer lo que ojalá no hubieras sufrido ni yo lo hubiera visto, porque yo no necesitaba esta defensa; pero puesto que un dios así lo quiso, en primer lugar conseguirás de mí una venganza, la muerte de los propios delatores, y después te llegará una gran recompensa, abundante oro, una cantidad inmensa de plata, vestiduras asirias y caballos regios. Podrás comparecer ante mí sin que nadie te anuncie, ni te apartará nadie de mi presencia, aunque esté acostado con mi mujer» 34 .

Tal como dijo, así lo hizo; aquéllos fueron llevados a la muerte y a él se le ofrecieron regalos y la amistad se iba haciendo mayor. Parecía que ningún asirio se podía comparar con Combabo en sabiduría y felicidad.

Y a continuación, al solicitar que se le permitiera terminar [26] las obras que faltaban en el templo —ya que lo había dejado incompleto— de nuevo fue enviado, acabó el templo y quedó allí en lo sucesivo. El Rey le concedió por su virtud y buena actuación que su imagen en bronce se instalara en el santuario. Y aún ahora en su honor hay un Combabo de bronce en el templo, obra de Hermocles de Rodas, con forma de mujer, pero con indumentaria varonil 35 .

Se cuenta que sus mejores amigos, para consolarle de su desgracia se solidarizaron con su mutilación, se castraron y llevaban la misma vida que él. Otros mezclan a los dioses en el asunto, afirmando que Hera por amor a Combabo dio a muchos esta idea de la mutilación, para que [27] no sufriera él solo por su falta de virilidad. Lo cierto es que una vez que se estableció esta costumbre, aún hoy se mantiene y cada año son muchos los que se castran en el templo y se hacen como mujeres, ya sea para consolar a Combabo o para ser gratos a Hera. Desde luego se castran, pero ya no llevan indumentaria masculina sino que suelen vestirse con ropas femeninas y desempeñan actividades femeninas. Según oí decir, también la causa de ello se atribuye a Combabo, pues le ocurrió lo siguiente: una mujer extranjera acudió en peregrinación y al ver su hermosura, cuando todavía llevaba indumentaria masculina, sintió un gran amor, pero al saber posteriormente que estaba castrado, se mató. Ante ello, Combabo, desmoralizado por su fracaso en amor, se puso indumentaria femenina, para que ninguna otra mujer sufriera la misma decepción. Ésta es la razón de la indumentaria femenina de los galos 36 .

Ya he hablado bastante de Combabo. Mencionaré de nuevo a los galos en otro relato posterior 37 , hablando de la forma en que se castran y de la clase de enterramiento que emplean y por qué razón no entran en el templo. Pero primero deseo hablar de la situación del templo y su tamaño, y ya voy a hacerlo.

El lugar mismo en el que está consagrado el templo [28] es una colina; se encuentra aproximadamente en el centro de la ciudad y está rodeado de doble muro; uno de los muros es antiguo y el otro no muy anterior a nuestro tiempo. El atrio del templo está orientado al Norte y tiene una extensión como de cien brazas. En él también están los falos que colocó Dioniso, y éstos tienen una altura de trescientas brazas 38 . A uno de estos falos sube un hombre dos veces cada año y permanece en lo alto del falo siete días. El motivo de su ascensión se dice que es el siguiente: la mayoría cree que en la altura conversa con los dioses y pide bienes para toda Siria, y ellos desde cerca oyen sus plegarias 39 . Otros, en cambio, creen que esto se hace por Deucalión, como recuerdo de aquella calamidad, cuando los hombres subieron a los montes y a los árboles más altos, aterrorizados por el gran diluvio. A mí esto no me parece convincente; opino que también esto lo hacen por Dioniso y mis conjeturas se basan en lo siguiente: en los falos que levantan para Dioniso ponen hombres de madera, pero no voy a decir por qué razón 40 . Sin embargo, me parece que también este individuo sube al falo imitando al hombre de madera.

[29] Su ascensión es así: con una pequeña cadena se abraza al falo; a continuación va subiendo sobre piezas de madera adheridas al falo, de una medida que corresponde a la punta del pie. Al mismo tiempo que va subiendo, va lanzando hacia arriba la cadena a ambos lados, como si estuviera llevando unas riendas. Si alguien no ha visto esto, ha visto, en cambio, a los que suben a las palmeras, sea en Arabia o en Egipto o en cualquier otro lugar, y entiende lo que digo 41 .

Cuando ha llegado al final de su camino, suelta otra cadena que lleva consigo, esta vez larga, y arrastra hacia arriba lo que desea, leños, vestidos y utensilios con los que se construye un alojamiento a la manera de un nido, y allí permanece el número de días que dije. Muchos acuden y llevan oro y plata, otros bronce, lo depositan ante su vista y se marchan, diciendo cada uno su nombre. Otro que está al lado lo comunica al de arriba y éste al recibir el nombre reza por cada uno y al mismo tiempo hace sonar un instrumento hecho de bronce, que al moverse produce un sonido fuerte y áspero 42 . Nunca duerme, porque si el sueño le vence alguna vez, sube un escorpión, le despierta y le hace daño. Éste es el castigo por dormirse 43 . En cuanto a lo que dicen del escorpión, son relatos sagrados y tienen buena apariencia, pero no puedo decir que son auténticos; en mi opinión contribuye mucho a la vigilia el miedo a caerse.

De los escala-falos ya se ha dicho bastante. El templo [30] está orientado a Levante. El aspecto de la fábrica es como el de los templos que hacen en Jonia. Destaca del suelo una gran base de dos brazas de altura, sobre la que está situado el templo. El acceso se ha hecho de piedra, no muy grande. Al subir, presenta un magnífico espectáculo el atrio del templo, provisto de puertas de oro; por dentro, la nave resplandece por la abundancia de oro y el artesonado es todo de oro. Exhala un olor divino, como el que se dice del país de Arabia y desde lejos al subir te envuelve un aroma buenísimo; cuando te marchas de nuevo, no te abandona sino que tu ropa retiene por mucho tiempo el perfume y tú lo recordarás para siempre.

Por dentro el templo no es simple, sino que en él se [31] ha construido otro aposento y el acceso a éste es pequeño; no está equipado con puertas, sino que todo él está abierto al exterior. Ahora bien, al gran templo entran todos, pero al aposento sólo los sacerdotes, y ni siquiera todos los sacerdotes, sino los que están más próximos a los dioses y los que tienen a su cargo todo el cuidado del templo. En el aposento están entronizados Hera y el que aun siendo Zeus ellos llaman con otro nombre 44 ; ambos son de oro y ambos están sentados, pero mientras a Hera la conducen leones, el otro está sentado sobre toros 45 .