—Os han reservado una habitación en un hotel céntrico en Inverness. Alguien os irá a recoger al aeropuerto y os llevará a este. Por cierto, tenéis que hacer escala en Londres. No hay vuelos directos a la capital de las Tierras Altas desde aquí. Lo verás todo en el dosier que ha enviado el cliente, y que ya debes de tener en la bandeja de entrada de tu cuenta de correo.
—¿Nos espera alguien de la propia familia?
—Solo sé que el contacto es un tal Andrew McFarland. Es posible que se trate de un hijo; por el apellido. El cliente se llama Roger McFarland. Tenéis todos los gastos cubiertos durante una semana. Quieren que estéis con tiempo suficiente para visitar el castillo y prepararlo todo.
—De acuerdo. Todo parece estar bien claro. Llevaré mi propio equipo.
—Como quieras, ellos me han comentado que podrían prestarte uno. Lo que no podrás llevarte es tu moto, como puedes suponer —le recordó entre risas—. Confío en que puedas pasar sin ella la semana que estés en Inverness.
—Siempre puedo alquilar una para ir al castillo. Sabes que soy una mujer con suficientes recursos —la retó con ironía haciendo ver que así era.
Ya lo había hecho en algunas de las ocasiones en las que había estado en otros países y continentes. Tenía decisión y recursos para lograr lo que se proponía.
—Como quieras. ¿Alguna cuestión relacionada con este trabajo?
—Ninguna por el momento. Echaré un vistazo al dosier que me has enviado. Si se me ocurren te las iré haciendo sobre la marcha.
—Perfecto. Cerramos el tema de Escocia hasta nueva orden. Otra cosa, ¿qué tal la sesión de fotos de hoy?
—Todo controlado. Veré las que merecen la pena y te las enviaré para que las vea el cliente.
—Estupendo. Ya verás cómo al final me agradecerás este trabajo en Inverness.
—Lo único atractivo que veo en este son los parajes de la región a la que vamos y el castillo de Eilean Donan, por supuesto —ironizó Karen segura de lo que decía.
—Aprovechad Denise y tú para conocer la región, como bien dices. Por cierto, ¿irá Vincent?
—Acabas de decirme que han enviado dos billetes de avión. Uno es para mí y el otro para Denise. —No dio opción a Nora a que dijera nada más.
—Pero él podría reservar uno. Y una habitación en el hotel en el que os alojéis Denise y tú.
—Ni me molesto en comentárselo.
—¿Marchan bien las cosas? Sabes que puedes contar conmigo…
Karen asintió con una mueca irónica.
—Descuida, lo sé. Solo que no hay mucho que contar. Ambos queremos cosas distintas, ya te lo he contado en alguna que otra ocasión. Cada día nos distanciamos más.
—Está bien. Estaremos en contacto antes de que os marchéis.
—Te mando las fotos en cuanto llegue a casa.
—De acuerdo.
Karen salió de la oficina y caminó sin rumbo durante una hora. La verdad era que no sabía qué pensar de todo aquello. ¿A quién no le gustaría ir a las Tierras Altas escocesas y fotografiar sus parajes? Ni qué decir de visitar Eilean Donan, aunque fuera para asistir a una boda en este. Rechazaba fotografiar las celebraciones de todo tipo, pero en especial las bodas. No creía en estas después de presenciar el desastroso matrimonio de sus propios padres. Eso de para toda la vida… Lo sentía, pero no creía en ello. Tal vez por ese motivo siempre había tenido relaciones con hombres que pensaban como ella; nada de compromiso. Y si en algún momento atisbaba una sola señal de que a su pareja se le pasaba por la cabeza formalizar la situación, entonces… comenzaba la fase de enfriar la relación. Eso se le daba de maravilla. No quería ataduras, ni sentimentalismos, ni nada que se le pareciera. Siempre iba con la coraza puesta cuando conocía a un hombre que parecía mostrar interés en ella. Casi hasta agradecía que Vincent estuviera perdiendo el interés en ella. Resopló cuando sintió una ligera opresión en su pecho que le hacía respirar con dificultad.
Tendría que llamar a Denise para contarle la noticia. A ver qué le parecía. Suponía que esta no pondría ningún reparo; al contrario, podría imaginar la cara que pondría. Se le iluminaría el rostro. Y en cuanto a Vincent… Se mordió el labio con gesto pensativo. ¿A qué venía la sugerencia de Nora de contárselo e incluso pedirle que las acompañara? Se preguntó gesticulando en mitad de la calle mientras algunos peatones se la quedaban mirando. No tenía sentido hacerlo. No cuando llevaban algunas semanas sin apenas comunicarse, porque era lo que hacían a través del móvil. Mejor así.
Llegó a casa y se puso a seleccionar las fotografías de las modelos que eran aptas para el cliente. Luego se las enviaría a Nora, y llamaría a Denise. Pero no hizo falta porque esta se le anticipó.
—Iba a llamarte ahora mismo. Estoy revisando las fotos de la sesión de esta mañana. —Había pulsado el altavoz de su móvil y lo había colocado en la mesa baja del salón. De ese modo ella podría ir trabajando en las imágenes.
—Genial. ¿Qué te ha contado Nora del nuevo proyecto?
—Se trata de hacer el reportaje de una boda.
—Vaya…
El tono de falta de emoción impregnó la respuesta de Denise. Lástima que ella no pudiera ver la cara que tenía Karen. Una sonrisa traviesa bailaba en sus labios porque era consciente de cómo iba a cambiar de parecer en cuanto le dijera dónde tenían que irse.
—Todavía no te he dicho dónde es, de manera que siéntate si te pillo de pie porque no te lo esperas.
—¿Qué pasa, que no es aquí en París?
—¿Qué tal tu inglés, o tal vez sería mejor especificar un poco, tu escocés? Ya sabes que tienen sus propias palabras para diferenciarse de los ingleses. —Karen seguía trabajando en las imágenes de la sesión de fotos de esa mañana, pero controlaba el móvil de reojo esperando la respuesta de su amiga.
—¡¿Qué?! ¿En Escocia? Pero… pero… Habrás dicho que sí, ¿no? Sé que no eres fan de los reportajes de boda, por eso te lo comento. Pero… Es Escocia…
—No te preocupes por eso. He aceptado el encargo.
—¡Sí!
—Sabía que tu visión inicial cambiaría nada más que supieras el destino. Pues todavía no conoces lo mejor.
—¿Hay más? No creo que…
—¿Qué te viene a la mente si te digo Eilean Donan?
—¿El castillo dónde se han rodado películas, series y anuncios? ¿Me estás diciendo que la boda se va a celebrar allí mismo?
—Exacto. A ver, nuestro cliente es el padre de la novia. Ha enviado a Nora billetes de avión para Inverness, y nos ha reservado una habitación en un hotel en esa ciudad. Tenemos que coger el vuelo a Londres pasado mañana según veo en la fecha de estos. Haremos escala y cogeremos otro a Inverness. Allí nos esperan para llevarnos al hotel. Una vez allí tendremos que encargarnos de todo lo referente a la sesión de fotos, claro. Lo demás corre por cuenta de este. Espero poder concretarlo todo con el tal Roger McFarland, según dice aquí en el correo que Nora me ha enviado. Bueno, esto es, a grandes rasgos, el tema.
—Entonces, vamos a pasar unos días en las Tierras Altas de Escocia —resumió Denise.
—Así es. Eso sí, hay que currar, ya lo sabes. No vamos a hacer turismo.
—No hay problema. Curraremos a tope. Y el tiempo que nos quede libre podremos recorres los alrededores de Inverness.
A Karen le encantaba el cambio que había experimentado la voz de su colega.
—Genial. Bueno, pues eso era lo que tenía que contarte. Vete preparando la maleta.
—¿Llevaremos nuestro propio equipo fotográfico?
—Nora me comentó de pasada que ellos estaban dispuestos a facilitarnos uno… Pero sabes que soy una maniática y que prefiero trabajar con lo que ya conozco.
—Lo que tú digas. ¿Algo más que deba saber?
—Los billetes están en mi correo y del hotel no tenemos que preocuparnos. Lo único que te pido es que tengas tu pasaporte en regla.
—Descuida. Lo renové hace un par de años. Está vigente.
—Genial, pues por el momento está todo dicho. Si necesitamos algo te pego un toque. Oye, por cierto, ese violín que suena de fondo…
—Es el vecino. Está practicando.
—Pues es muy bueno.
—¡Qué me vas a contar!
—Aprovecha la melodía para relajarte. Yo voy a enviarle a Nora las fotos de esta mañana. Estamos en contacto.
—Claro. Lo que sea. Adiós.
—Adiós —dijo deslizando el dedo por la pantalla de su móvil y centrando toda su atención en su trabajo. Terminaría lo antes posible, se daría una ducha y buscaría algo de información sobre Inverness y sobre Eilean Donan, claro estaba. No le gustaría que Denise y ella se presentaran a ciegas. Al menos conocer un poco por dónde iban a moverse. Y de paso entrar en la página del hotel y echar un vistazo a este.
***
El timbre de la puerta sonó cuando terminaba de secarse el pelo. ¡Qué oportuno quien fuera! Pensó camino de esta descalza y envuelta en el albornoz. Se acercó a la mirilla y resopló cuando reconoció a Vincent esperando en el descansillo. Contó hasta cinco y abrió.
Cuando él la vio se quedó sin saber qué decir y sin poder mover un pie del sitio que estaba.
—Cierra cuando hayas entrado —le pidió caminando hacia su habitación para vestirse. ¿Qué narices hacía él allí? Llevaban tiempo sin verse y de repente se presentaba en su casa sin avisar—. ¿Qué haces aquí? —le preguntó apareciendo en el salón vestida con unos pantalones de hilo y una camiseta de manga corta. Se había recogido el pelo en lo alto con una pinza salvo por algunos mechones que caían a ambos lados de su rostro.
—¿No puedo pasar a verte? —le preguntó él mostrándose sorprendido por el recibimiento.
—¿Quieres la verdad? Después de pasarnos días enteros sin vernos y casi sin hablar… si exceptuamos algunos mensajes de WhatsApp… No te esperaba. Y que conste que no te lo echo en cara porque yo también tengo mi parte de culpa en ello.
Vincent frunció los labios y asintió.
—Me parece bien. Y ahora, dime, ¿qué tal estás? De haber sabido que ibas a recibirme desnuda…
—Desnuda es lo que tú hubieras querido. Llevaba el albornoz puesto, por si no te diste cuenta. A lo mejor estabas demasiado centrado en imaginarte si llevaba algo puesto bajo este.
—Apuesto a que no había nada excepto tú. —Vincent sonrió con sarcasmo—. ¡Te marchas a Escocia! —Hizo un gesto con la mano hacia la documentación sobre el viaje que ella tenía abierta en su portátil.
—Trabajo.
—¿Cuándo?
—Pasado mañana.
—¿Ibas a decírmelo?
—¿Para qué? No vas a venir. Como en otras ocasiones que he tenido que viajar.
—Ya. Bueno, veo que has tomado tu propia decisión.
—Vincent, no sé qué quieres que te diga salvo que cada uno de nosotros vivimos en nuestro propio mundo. Tú quieres que yo encuentre un trabajo algo más tranquilo en el sentido de viajar. Y yo no puedo quedarme sentada en una oficina viendo caer las horas.
—Lo sé, y no te pido que…
—Es inútil seguir con esto cuando ambos sabemos que no habrá el final del cuento. Y disculpa si te soy tan sincera, pero durante todo este tiempo que apenas nos hemos visto me he dado cuenta de que es inútil seguir adelante.
—Siempre he admirado tu sinceridad, Karen —le dijo con un tono irónico que buscaba hacer algo de daño.
—Es decir la verdad.
—¿Cuánto tiempo te marchas a Escocia?
—Algunos días. Lo que dure los preparativos de la boda y esta.
Vincent apretó los labios y asintió. Sabía que ella tenía toda la razón porque aquella relación no existía como tal. Los trabajos los separaban. Ella viajando para los reportajes y desfiles de moda. Y él en su bufete del que había ocasiones que pasaba por casa para darse una ducha, cambiarse de ropa y regresar. La verdad, no era una vida para tener una pareja. Para ninguno de los dos.
—Está bien. Te dejo que sigas con tu nuevo proyecto. Yo aprovecharé para ver a un cliente y comentarle un par de cosas. Disfruta de ese trabajo en Escocia. Ya me enseñarás las fotos a la vuelta. Si tenemos a bien vernos…
Ella no esperaba aquella reacción por parte de él, pero allí estaba. Una despedida como si fueran a volver a verse, o tal vez no. Porque la disculpa de que le enseñara las fotografías a su regreso era eso: una disculpa para quedar bien antes de marcharse. Tenía la impresión de que él también daba por terminada la relación. Era más, hasta pensaba que le venía bien. Una despedida fría, cortante, sin un beso, una caricia… Ni siquiera se había molestado en preguntarle a qué localidad de Escocia iba. Ni de qué iba este nuevo proyecto. Esos eran los detalles que le habían hecho ver la clase de vida y de relación que le esperaba si seguía con él. Por eso había sido lo suficientemente clara para que se diera por enterado. Y, a decir verdad, parecía que él estuviera esperándolo porque no había hecho nada por revertir la situación. Karen echaba en falta una pareja que estuviera dispuesta a pelear por ella. A hacerle ver que estaba dispuesto a que ambos acoplaran sus trabajos y sus vidas para encontrar un punto que los uniera. Ella estaba dispuesta a renunciar a algunos proyectos si veía el compromiso en su compañero.
Se quedó contemplando la puerta de su piso sin saber qué hacer. Al menos, centrarse en preparar el viaje a Escocia. Eso era lo que en verdad le tenía que importar desde ese momento.
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