Читать книгу «Dimelo cantando» онлайн полностью📖 — Инма Рубиалес — MyBook.
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¿Así que era eso? ¿A esto se refería mamá cuando me dijo que estaban pasando por una situación difícil? ¿El padre de Sam está en el hospital? ¿Por qué? ¿Y desde cuándo? Unos meses es mucho tiempo. No quiero ni imaginarme lo difícil que habrá sido para Sam compaginarlo con sus estudios en Medicina.

Debería haber estado ahí para él.

—Está bien, ¿verdad? —pregunto rápidamente—. Quiero decir, está ingresado y todo esto, pero ¿se va a recuperar?

Blake lleva sus ojos a los míos y con eso ya me lo dice todo.

—Según nos ha contado Sam… —Deja la frase en el aire, como si no pudiera pronunciarlo en voz alta, y a mí se me forma un nudo en la garganta—. Prefiero no perder la esperanza.

Un doloroso sentimiento de culpabilidad me apretuja los pulmones. El padre de Sam está en una situación muy crítica y no lo sabía. He sido tan egoísta, me he centrado tanto en mí misma y en mis problemas, que ni siquiera quise preguntar por él en su día. No llamé a Sam para decirle que podía contar conmigo y ofrecerle mi apoyo. Me necesitaba y no estuve.

—Soy una persona horrible.

Hablo en voz alta sin darme cuenta. Blake me mira con tristeza.

—Tampoco habla mucho con nosotros. Va a Newcastle casi todas las semanas y, cuando vuelve, suele estar pendiente del teléfono. Supongo que Finn te ha contado que el ambiente en casa ahora es un poco… tenso. Sam prefiere evitar los conflictos, así que se pasa el día entero en su habitación. La verdad es que no lo culpo. Yo también lo haría si estuviera en su lugar.

¿Cómo he podido dejar que se enfrente solo a todo esto? No me lo pienso y saco el móvil.

—¿Puedes pasarme su número? ¿Tiene uno nuevo? Voy a llamarlo ahora mismo.

Lo busco entre mis contactos. Necesito decirle que no me importa el tiempo que haya pasado, puede seguir contando conmigo si me necesita. Blake me agarra del brazo para detenerme.

—Ni siquiera sabe que estás en Londres. Volverá en unos días. Creo que será mejor que esperes y hables con él en persona.

En el fondo, sé que sería lo más coherente. Si no hablé con ellos durante el verano fue justo por esa razón. Se merecían una buena explicación. Y Sam, el que más.

Nuestra relación no se parecía a la que tenía con los otros. Sam era mi mejor amigo. Llevábamos toda la vida juntos. Lo ayudé a superar su primer corazón roto y él se quedó a dormir conmigo todas las noches que mis padres discutieron. Estuvo conmigo en mis peores momentos y le prometí que haría lo mismo por él. Cuando rompí con Alex, fue el único que nunca se apartó de mi lado.

Durante mucho tiempo, ha sido una persona tan importante en mi vida que no podría darle apenas unas disculpas por teléfono. De todas formas, si lo llamase ahora mismo, ¿quién dice que contestaría?

—Tienes razón. —Muy a mi pesar, vuelvo a guardarme el móvil en el bolso. Como si quisiera hacerme sentir mejor, Blake se inclina sobre la mesa y me aprieta la mano.

—Sé positiva, ¿vale? Solo llevas unos días en la ciudad y ya has arreglado las cosas con Finn y conmigo. Cuando quieras darte cuenta, todo será como antes.

—No estuve con Sam cuando más me necesitaba, Mason me odia por una razón que no entiendo yAlex se comporta como un gilipollas conmigo. Sinceramente, no tengo muchas esperanzas.

—En primer lugar, Mason odia a todo el mundo, así que no te creas especial —rebate, en broma, y yo fuerzo una sonrisa—. Sam te perdonará con el tiempo. Y no creo que tengas que preocuparte por mi hermano.

Sin embargo, sí que me preocupa porque, aunque la conversación incluya a tres personas, toda mi atención recae sobre una de ellas. ¿Alex le habrá hablado sobre mí? ¿Le habrá contado lo que dije en la azotea? No es que me importe que Blake se entere de lo que ocurrió en Mánchester, pero preferiría que lo supiera por mí, no por otra persona.

—¿Qué te ha dicho? —pregunto sin pensar. Al verla alzar las cejas, reculo y le quito importancia—: De cualquier modo, me da igual. Me quedó claro anoche. No quiere saber nada de mí.

Claro que ni siquiera yo estoy convencida. Me escuchó con mucha atención y después me dijo que se alegraba de que estuviera en Londres cumpliendo mi sueño. Y también que estaba orgulloso de mí. Uno no le dice esas cosas a alguien a quien no quiere volver a ver.

—Sinceramente, creo que la situación le pasa factura. No solo por las discusiones que hay en casa, sino también por nuestro agente. Nos presiona de forma constante para que le enviemos nuevas canciones y Alex se pasa horas componiendo, o intentándolo, porque cree que es responsabilidad suya. Que hayas vuelto nada más lo ha tomado un poco por sorpresa.

Arqueo las cejas con incredulidad. Alex es su hermano y ocupa el primer puesto en su lista de prioridades, así que es comprensible que lo defienda.

—Puede que tengas razón —respondo al fin, ya que no tiene sentido discutir.

—Además, está de mal humor desde que Finn le dijo que quería liarse contigo.

Casi me atraganto. ¿Que Finn quiere hacer qué?

—¿Tú tampoco lo sabías? —pregunta al ver mi reacción. Cuando niego, sonríe, asombrada—. Vaya, este chico me sorprende cada día más. No le des más vueltas. En realidad, no quiere salir contigo.

—Lo sé. Va detrás de mi compañera de habitación.

Junta las cejas.

—Guau, eso es nuevo. ¿Desde cuándo?

—Desde ayer.

—Típico de Finn.

—¿De verdad le dijo eso a Alex? Lo voy a matar.

¿Así que este era ese magnífico plan que no quería contarme? ¿Qué pretende exactamente? ¿Poner celoso a mi ex y ver qué ocurre después? No me extraña que Alex esté molesto. Es absurdo.

—Confío en que tiene un plan perfecto que solucionará todos nuestros problemas —dice Blake—. Al fin y al cabo, es Finn. Siempre tiene buenas ideas.

—No hay nada que «solucionar» entre Alex y yo.

Quizá he sonado muy brusca, pero, vamos, es la realidad. Blake me observa en silencio y, tras unos segundos, admite:

—Estoy aquí gracias a él, ¿sabes?

Alzo la mirada.

—¿En serio?

—No tenía pensado hablar contigo, pero me dijo esta mañana que creía que merecías otra oportunidad. No es tan malo como crees. Sigue preocupándose por ti. No quería que te sintieras sola en la ciudad. Me animó a hablar contigo porque sabía que me necesitabas. Y yo a ti.

¿Cuánta gente hay que se preocupe por mí a estas alturas? Además de Chloe, Finn y quizá Blake, no se me ocurre nadie más. Mis padres están obsesionados con mi reputación y con la imagen que los otros se forman de mi persona, pero ¿y lo que yo pienso? ¿Lo que siento?

—Gracias por hacerle caso —contesto. No sé qué más decir.

—Mira, no sé lo que pasó anoche, pero creo que al menos deberíais intentar llevaros bien. Ahora que has regresado a nuestras vidas, tendréis que veros a menudo, os guste o no.

Asiento y fuerzo una sonrisa cuando por fin cambiamos de tema. Comienza a contarme algo sobre un examen, pero, aunque lo intento, no soy capaz de prestarle mucha atención. No paro de pensar en lo que ha dicho. Alex todavía se preocupa por mí y, gracias a él, ahora Blake vuelve a ser mi amiga. De no haber intervenido, probablemente su hermana no me hubiera dado una oportunidad.

Es frustrante que me cueste tanto estar enfadada con él.

Blake tiene que volver al trabajo, así que pagamos la cuenta a medias y, después de invitarme a cenar con ellos esta noche, nos despedimos en la puerta. Al parecer, cocina lasaña todos los lunes y está deseando demostrarme sus dotes culinarias. Parece muy entusiasmada, por lo que no dudo en aceptar.

Media hora más tarde, la camioneta de 3 A. M. aparca frente a la cafetería. He avisado a Finn de que tengo la tarde entera libre y ha insistido en venir a recogerme. Cuando me subo, me lo encuentro sentado frente al volante, con una camiseta rosa fucsia terriblemente fea que quemaré en cuanto se despiste.

—Hola, Hollie. ¿Qué tal tu primer día?

—¿Le has dicho a Alex que quieres liarte conmigo?

Directo y sin rodeos. Se le borra la sonrisa.

—Vaya, ¿se me olvidó comentártelo?

—¿O sea que era verdad? —le espeto de manera brusca. Finn da un respingo—. ¿Quieres liarte conmigo? Porque te aprecio muchísimo, pero…

—Para el carro, guapa. No eres el centro del mundo. Me reservo para mi próxima conquista, que, por si aún no te ha quedado claro, me gustaría que fuera tu amiga Chloe. Por cierto, ¿estará en la residencia?

—Entonces, ¿se puede saber por qué diablos le has dicho eso a Alex?

Aunque sigo molesta, es un alivio que parezca tan sincero. No quiero volver a romperle el corazón a nadie. Mucho menos a él.

Ajeno a mis pensamientos, el muy imbécil pone los ojos en blanco.

—De nada por ponerte las cosas fáciles.

Pestañeo. Será una broma.

—¿Perdón?

—Venga ya, ¿no te diste cuenta de cómo nos miraba ayer?

—¿Esperas que te dé las gracias por cabrear a mi exnovio?

—Por cabrearlo, no. Por hacer que se dé cuenta de que sigue sintiendo algo por ti. Como veo que es correspondido, me complace informarte de que mi plan va maravillosamente bien.

—No tienes ni idea de lo que dices.

—Está bien. Seré más directo. Primera pregunta: ¿sigues sintiendo algo por Alex?

—No. —Solo que enseguida me retracto—: No lo sé.

—Exacto. —Me apunta con un dedo, sonriendo—. Eso significa que sí. Como decía, si os gustáis, pues liaros.

—No he dicho que sí. He dicho que no lo sé.

Finn resopla, impaciente.

—¿Quieres que vayamos aún más lento? Está bien. Todo sea porque el amor triunfe —expresa con dramatismo. Hace una pausa y me mira de reojo—. ¿Todavía sientes algo por Gale?

—No —respondo con el ceño fruncido. ¿A qué ha venido eso?

Asiente y vuelve a señalarme.

—¿Ves? Así es como respondes cuando ya no sientes nada por tu ex. Cuando sigues estando loca por él y eres demasiado orgullosa para admitirlo, te excusas detrás de un «no lo sé». Puedes mentirte a ti misma todo lo que quieras, pero no puedes engañar al tío Finn. Te he calado.

Pongo los ojos en blanco. No sé si me molesta más su tono de superioridad o el que sea muy probable que tenga razón.

—No pienso liarme con Alex —protesto de todas formas. De hecho, no me permito ni pensar en ello. Solo serviría para torturarme. Prefiero no acordarme de cómo me sentía al estar con él. De sus besos. O de su voz. O de su risa.

—Dame unos días y mi magia de Gurú del amor te hará cambiar de opinión. Cuando menos te lo esperes, le habrás metido la lengua hasta la garganta —prosigue con alegría.

Supongo que espera que vuelva a replicar, sin embargo, tengo la mente en otra parte. Más concretamente, en aquello en lo que no debería estar pensando. Maldigo para mis adentros. Tengo que sacarme a Alex de la cabeza como sea.

—He hablado con Blake. Ha venido a verme al terminar las clases —le suelto. Necesito cambiar de tema con desesperación.

Finn se tensa, pero no tarda en recomponerse y sonreír.

—¿Cómo ha ido?

Alterna la mirada entre la pista y yo, expectante. Si no insisto en que me cuente lo que pasó, estoy segura de que nunca lo hará. No podemos seguir dejando pasar el tema.

—Quiero que me expliques por qué habéis discutido. No voy a poder ayudarte si no lo haces. —Sus ojos conectan con los míos—. Por favor, Finn. Sabes que puedes hablar conmigo.

Vuelve a mirar hacia adelante, apretando con fuerza el volante. Tras considerarlo durante unos largos segundos, suspira y responde:

—Está bien.

Doy un salto en el asiento. No esperaba que fuera tan fácil.

—¿Y bien? —insisto.

—Fue un cúmulo de cosas. Por un lado, Alex y su frustración por el tema de las canciones. Por otro,Sam apenas pasaba tiempo en casa, imagino que ya sabes por qué. Y después estaba el asunto de Masony Blake. Se peleaban a menudo, ocurrieron ciertas… cosas y tuvieron una discusión fuerte de verdad. Tanto que creo que se formaron dos bandos. Alex se puso de parte de su hermana y se enfadó conMason. Sam nos mandó a la mierda porque estaba harto de todos. Yo intenté quedarme al margen. Sabía que, si me involucraba, empeoraría las cosas. Se me da muy bien cabrear a la gente.

—Pero ahora estás involucrado —lo interrumpo con cautela. Hay algo que no me está contando y me da un mal presentimiento—. Más bien, estás intentando arreglarlo.

—Sí, porque fue culpa mía. —Mi rostro debe de reflejar que no entiendo nada. Finn me mira un momento y frunce el ceño—. Holland, ¿no sabes por qué discutieron Blake y Mason?

Niego con la cabeza, aunque no entiendo por qué parece tan sorprendido. He estado fuera durante casi dos años. ¿Cómo iba a saberlo?

—No, claro que no.

—¿Tampoco sabes por qué se pelearon la noche del baile en el instituto? —Lee la respuesta en mis ojos y traga saliva, tenso—. Blake no te lo contó —añade como para sí mismo.

—¿Contarme el qué?

En realidad, no recuerdo qué hicieron los demás esa noche. Únicamente que me escondí con Alex en el sótano y fui su primer beso. Y el segundo y el tercero.

Suficiente. Fuera de mi cabeza.

—Digamos que esas dos discusiones están relacionadas —continúa—. Ambas fueron culpa mía.

—¿Por qué? —insisto, con curiosidad y algo confundida.

Finn se toma un momento para contestar, como si le costara demasiado pronunciarlo en voz alta.

—Fueron las dos veces que le dije a Blake que estaba enamorado de ella.