Cantar la epopeya de Penélope es el objetivo de Penélope y las doce criadas (The Penelopiad, 2005) de Margaret Atwood, una novela en la que se juega, a imitación de la Odisea, con las voces, los narradores y la perspectiva, para que Penélope, desde el ahora, nos cuente «su» historia, la que Homero y toda la cultura patriarcal acallaron durante tantos siglos, y la sustituya por una historia de dominación y violencia:
Ahora que todos los demás se han quedado ya sin aliento, me toca a mí contar lo ocurrido. Me lo debo a mí misma. No me ha resultado fácil convencerme de ello: la narración de cuentos es un arte menor. A las ancianas les encanta, como a los vagabundos, a los cantores ciegos, a las sirvientas, a los niños: gente con tiempo. En otra época se habrían reído si yo hubiera intentado reconvertirme en aedo, pues no hay nada más ridículo que un aristócrata metido a artista, pero ¿qué importa ahora la opinión pública? ¿Qué valor tiene la opinión de la gente que hay aquí abajo: la opinión de las sombras, de los ecos? Así que voy a tejer mi propia versión. [...] Pero siempre he sido una mujer decidida. Paciente, decían. Me gusta ver las cosas acabadas.
(M. Atwood, Penélope y las doce criadas, pp. 3-4; trad. G. Rovira) 97
Junto a Penélope, también Circe ha asumido un protagonismo especial en novelas como Circe de Madeleine Miller (2018), o en Circe o el placer del azul (Circe ou o pracer do azul) de Begoña Caamaño (véase López Gregoris 2018).
También en poesía esta es la tendencia dominante y se cuestionan las versiones tradicionales, desde la angustia o la fina ironía, o se reivindican su soledad, sus deseos de aventura o su derecho a ser sin Ulises, incluso a adoptar su papel.
Pensaron que era la paciente esposa
de un héroe. La que espera noche y día
tejiendo y destejiendo. La que ignora
que nunca vuelve el mismo que ha partido.
Y solo soy una maldita araña. [...]
(Amalia Bautista, Hilos de seda, 2003)
Tanto tiempo esperando
que volvieras, Ulises y llenaras
toda mi soledad de tu presencia
pero con el regreso
me siento, más que nunca, desvalida [...]
Te encadenó la guerra al mar Egeo.
Tu valor a la espada.
La urgencia de tu sexo a las mujeres.
La aventura a los cantos de sirenas,
a la furia de Circe, a Polifemo...
¡Qué larga esclavitud de veinte años
mientras yo disfrutaba de mi albedrío
libre para dolerme de la espera! [...]
(Ana M.ª Romero Yebra, «Decimosexta lágrima», en El llanto de Penélope, 1998)
Es significativo que no solo sean las poetas las implicadas en estas nuevas lecturas:
Te escribo, Penélope,
a orillas de la espera,
hacia no sé qué lugar del mar,
tejiendo escenas de regresos
en la desangelada urdidumbre [sic]
de la impaciencia. [...]
Sin más me despido;
vuélvete a tu odisea
que yo me vuelvo a mi trama,
y aunque desde el día de tu marcha
no he encontrado el hilo,
tejiendo,
cómo no,
tejiendo te aguardo.
Tuyo siempre:
Ulises.
Ítaca.
Mil novecientos
noventa y seis
(Pedro Flores, «Carta a Penélope», El complejo ejercicio del delirio, 1998)
La otra perspectiva está centrada en Ulises. Ya Ovidio, exiliado, se había identificado con él en el dolor no del que regresa, sino del que está lejos. En los últimos tiempos, Ulises aparece como símbolo constante de la dolorosa realidad del migrante y a través de él se denuncia a la sociedad que asiste impasible a la crisis de los refugiados98. Podemos citar novelas, como Ulysse from Bagdad de Eric-Emmanuel Schmitt (2008) y Les sirènes de Bagdad de Yasmina Khadra (2006) 99, y novelas gráficas, como El regreso de Ulises (2014), con texto de Alberto Manguel y dibujos de Max (véase Ortega Villaro 2018). No hay que olvidar, además, que determinadas películas han tenido un gran impacto en la consideración de este valor subyacente al tema de Ulises, tales como La mirada de Ulises (To Vlemma tou Odyssea, 1995) de Theo Angelopoulos, donde «Ulises» es el exiliado perpetuo testigo de una guerra interminable, o Edén al Oeste (Eden à l’Ouest, 2009) de Costa-Gavras. Su indudable calidad, pero también el referente literario de la Odisea, aleja todas estas obras de la mera crónica-denuncia.
La identificación con Ulises, sin embargo, puede estar libre de esa carga reivindicativa y ser explotada como el paradigma multiforme que ilumina muchas de las situaciones humanas. Esta presencia simbólica invade la poesía contemporánea, empezando por el que podríamos considerar casi su himno, «Ítaca» de Constantino Kavafis («Ιθάκη», 1931):
Cuando salgas hacia Ítaca
ruega por que el camino sea largo,
lleno de peripecias y descubrimientos.
A lestrigones y a cíclopes,
o al iracundo Poseidón no temas.
No encontrarás tal cosa en tu camino
si alto es tu pensamiento, y refinada
la emoción que toque tu espíritu y tu cuerpo.
A lestrigones y a cíclopes
o al fiero Poseidón no habrás de hallarlos
a no ser que los lleves en tu corazón,
mientras tu corazón no los ponga frente a ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha,
con cuánta alegría entres a puertos nunca vistos: ...]
Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,
ya habrás comprendido las Ítacas qué es lo que significan.
(C. Kavafis, «Ítaca»; trad. J. M. Macías)
Otro autor griego, Yorgos Seferis, en «Sobre un verso extranjero» («Πάνω σ’ έναν ξένο στίχο», 1931), a partir del verso de Joachim du Bellay, dibuja a Ulises como un maestro de verdad y de vida (Boitani 2001: 146):
Dichoso quien hizo el viaje de Odiseo. [...]
Una y otra vez surge ante mí el fantasma de Odiseo, con
los ojos arrasados por la sal de las olas
y por el deseo maduro de ver de nuevo el humo que brota
del hogar de su morada y su perro ya viejo
aguardándole a la puerta.
Es el gran Odiseo: aquel que sugirió construir el caballo
de madera con el que los aqueos conquistaron
Troya.
Sueño que viene a enseñarme cómo construir yo un caballo
de madera con el que conquistar mi propia Troya. [...]
(Y. Seferis, «Sobre un verso extranjero»; trad. P. Bádenas)
Ulises recorre la poesía contemporánea100 como recorrió el Mediterráneo, mostrando todas sus caras inagotables: Ulises, el que añora a las mujeres de su vida o las ignora, el navegante en un viaje perpetuo, el peregrino tomado por la nostalgia o por el deseo de aventura:
¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.
Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.
Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.
(Luis Cernuda, «El peregrino», en Desolación de la quimera, 1962)
También el poeta que recuerda y relata su propia vida, Ulises el griego y Ulises cada uno de nosotros: ...] Quizá un lejano Ulises murió en Troya,
y quizá lo lloró alguna mujer,
pero en el sueño de un poeta ciego
continúas salvándote:
en la frente de Homero, riguroso,
eterno, cada vez que rompe el alba
un solitario Ulises desembarca.
(Joan Margarit, «Ulises en aguas de Ítaca», Llum de pluja, 1987)
A su vez, Penélope es símbolo ya universal de la espera, libre de interpretaciones reivindicativas:
Somos Penélope que espera
en Ítaca al Ulises que soñamos.
Tejemos ilusiones en el cénit,
al ocaso la vida destejemos.
Somos tal vez la mueca de los dioses,
cualquier siniestra burla del Olympo.
Y ese porquero anónimo, inconsciente,
lo reconocerá, mientras nosotros
no sabemos que llega.
En los andenes, el tumulto,
el tráfago inmediato de las gentes,
ese ligero pálpito en la sangre,
anuncia imperceptible
una llegada próxima.
Tal vez el propio Ulises
arribe a nuestra casa,
tras larga, accidentada peripecia,
a habitar con nosotros.
(José Luis Puerto, El tiempo que nos teje, 1982)
Para acabar este recorrido necesariamente apresurado por la tradición de la obra más influyente de la literatura occidental, hemos de detenernos en su presencia en la llamada «cultura popular». El conocimiento generalizado del poema homérico o, al menos, de su fábula multiplica las referencias y las imágenes creadas, que pueden ser muchas veces tópicas, pero que reflejan la enorme vitalidad de episodios y personajes.
El cine ha recurrido al «guion» de Homero desde Odyssey, de Charles Le Bargy y André Calmettes (1908). La adaptación más famosa es Ulises de Mario Camerini y Mario Bava (1955), con Kirk Douglas y Silvana Mangano. También fiel al poema es la versión televisiva The Odyssey de A. Konchalovsky (1997). Más innovadoras son Naked de Mike Leigh (1993), una amarga odisea por los bajos fondos de Londres, y, con un tono muy distinto, O Brother!, Where Art Thou? de Joel y Ethan Coen (2000), una parodia elaborada y muy efectiva de la Odisea trasplantada al sur de Estados Unidos en los años veinte del pasado siglo.
Por otra parte, personajes puntuales aparecen en muchas películas: así Calipso en Piratas del Caribe: El fin del mundo (Pirates of the Caribbean: At World’s End, 2007), de Gore Verbinski. También las sagas juveniles de tema mitológico, como las novelas protagonizadas por Percy Jackson, creadas por Rick Riordan desde 2005, presentan algunos de los personajes odiseicos como Polifemo, Escila y Caribdis, las sirenas, etc. En esta misma línea, son habituales en videojuegos, como Age of Mythology o God of War.
Un apartado especial hay que reservar para series y películas de ciencia ficción, donde es tema recurrente, al ser el espacio una frontera misteriosa como lo era el Mediterráneo en tiempos de Homero 101 y que está simbólicamente representada en el título de una de las películas fundacionales, 2001: A Space Odyssey de Stanley Kubrick (1968). Las referencias odiseicas son muy abundantes, por ejemplo, en Star Treck, y son la base para Ulysse 31 [Ulises 31], de Jean Chalopin y Nina Wolmark (1981-1982), serie de animación sobre las aventuras de Ulises trasladadas al siglo XXXI (véase Unceta Gómez 2019).
Como era de esperar, también aparece en cómic. Entre otras muchas adaptaciones, se pueden citar Ulysses de George Pichard y Jacques Lob (1968), una versión para adultos, The Infinite Horizon de Gerry Dugan y Phil Noto (2007-2012), o la obra de Fabio Visintin Odisea. Narrado para la mirada (2018), un ejemplo magnífico de narrativa visual.
Y finalmente, recordaremos su presencia en la música contemporánea, donde la Odisea ha servido de tema para canciones como «Penélope» de Joan Manuel Serrat (1984), «Calypso» de Suzanne Vega (1987) o «Como Ulises» de Javier Krahe (2002).
En Del culto de los libros, un ensayo incluido en Otras inquisiciones (1962), escribe Borges: «En el octavo libro de Odisea se lee que los dioses tejen desdichas para que a las futuras generaciones no les falte algo que cantar.» Podríamos añadir que tejieron los muchos males del hábil varón con tal maestría que siguen dando de cantar y de contar tres milenios más tarde.
1 Así lo concibe TUCÍDIDES, historiador del siglo V a. C. (Historia de la guerra del Peloponeso I 3.1).
2 Mantenemos en esta introducción el nombre latino por coherencia con la traducción.
3 La división no es original, sino creada probablemente por ZENÓDOTO DE ÉFESO, el primer director de la Biblioteca de Alejandría, hacia el año 280 a. C., en lo que podríamos llamar la primera edición crítica de los poemas homéricos.
4 Esta introducción está realizada con el apoyo de muchos trabajos previos, recogidos en la bibliografía, que solo es una minúscula muestra de todos los estudios existentes sobre Homero en general y la Odisea en particular. Hemos intentado seleccionar obras de los últimos años no porque sean, per se, más valiosas que las anteriores, sino porque las recogen y comentan. También hemos intentado incluir obras en español para que quien desee profundizar pueda acceder a ellas más fácilmente. De entre todos, para esta primera parte, de contexto y análisis literario, han sido fundamentales los siguientes estudios por su carácter más abarcador: RODRÍGUEZ ADRADOS et alii (1984), HEUBECK, WEST y HAINSWORTH (1988), HEUBECK y HOEKSTRA (1989), RUSSO, FERNÁNDEZ-GALIANO y HEUBECK (1992), MORRIS y POWELL (1997), DE JONG (2001), FOWLER (2004), CARLIER (2005), SAID (2010), RUTHERFORD (2013), CRESPO (2019). Para no multiplicar las referencias, solo señalaremos las que tratan aspectos puntuales o plantean hipótesis enfrentadas.
5 Esta idea aparece en la Poética de ARISTÓTELES (1455a22) y en De lo sublime de PSEUDO LONGINO (15.1).
6 Para estos aspectos, véanse, entre otros, SEGAL (1996) y NAGY (2013: I §10).
7 Lo que aquí vamos a presentar es un muy sucinto resumen. Remitimos a la Introducción a la Ilíada de CRESPO (2019) para un acercamiento extenso y claro. SIGNES (2004) ofrece un estudio más en profundidad.
8 Véase, por ejemplo, N. PERPINYÀ (2008: 21-22) o DALBY (2008: 158-162).
9 Por ejemplo, WEST (1998), HEUBECK, WEST y HAINSWORTH (1988: 34) o CARLIER (2005: 67). FINLEY (1978: 6).
10 Aunque RODRÍGUEZ ADRADOS (1987: 87) considera imposible decidirse por una u otra opción, mientras SAÏD (2010) ni se plantea la cuestión.
11 Analista es, en líneas generales, el detallado comentario de HEUBECK, WEST y HAINSWORTH (1988), HEUBECK y HOEKSTRA (1989), y RUSSO, FERNÁNDEZ-GALIANO y HEUBECK (1992); en la Introducción a la Odisea de CALVO (1987: 25-36) se analizan los episodios que pueden probar, con mayor o menor seguridad, la idea de un refundidor. Buenos estados de la cuestión pueden leerse en WEST (2011) y RUTHERFORD (20132: 98-100).
12 Se denomina así al conjunto de los poemas épicos heroicos de la Grecia arcaica. Excepto la Ilíada y la Odisea, los demás poemas solo son conocidos por referencias indirectas o fragmentos, traducidos estos últimos por BERNABÉ (1987). Véase, entre otros trabajos, MONTANARI (2012).
13 Sobre las vidas de Homero, véase CRESPO (2019: 66-71).
14 Escolio a Ilíada XX, 67; Dindorf IV.231. También hablan de él JENÓFANES, frag. 21 D.-K. y SIMÓNIDES, PMG frag. 564.
15 Historias II 116.2 y IV 29.
16 Aunque eran siete las ciudades que se proclamaban patria de Homero, por razones lingüísticas y por el hecho de que de allí procedían los homéridas, Quíos parece la más probable —en caso de serlo alguna.
17 De fines del siglo VIII, según ADRADOS (1963: 82), RUTHERFORD (2013: 33) y CRESPO (2019: 83).
18 Entre ambas, sin precisar más, KIRK (1985: 255-259).
19 Una curiosidad: aplicando métodos del análisis de la moderna genética al vocabulario homérico, ALTSCHULER et alii (2013) han defendido que los poemas se han de datar en el año 762 a. C.
20 Véase LESSER (2018), para un detallado estado de la cuestión.
21 En especial a partir de los estudios de RABINOWITZ y RICHLIN (1993), y MCMANUS (1997).
22 El más conocido defensor de esta teoría, Robert GRAVES, le dio además forma literaria en La hija de Homero (Homer’s daughter, 1955). La teoría vuelve a aparecer de cuando en cuando: por ejemplo, DALBY (2008), que extiende la autoría femenina también a la Ilíada y que ha generado un interesante debate, popular, en internet.
23 La tendencia ha llegado también al campo de la traducción. En la traducción de la Odisea de Emily WILSON (Nueva York-Londres, Norton, 2017), esta ha intentado recoger los sentimientos de Penélope, que, en su opinión, se disimulan en muchas traducciones masculinas (véase https://www.newyorker.com/books/page-turner/a-translators-reckoning-with-the-women-of-the-odyssey). Ello ha abierto un encendido debate en los medios y en el ámbito académico, como puede verse, por ejemplo, en la reseña que le dedica C. PACHE, en BMCR (http://www.bmcreview.org/2018/10/20181058.html).
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