MENELAO . — ¡Oh Zeus!, pues que te llaman dios padre y sabio, dirige tu mirada hacia nosotros y líbranos de males. No dejes de ayudar a quienes arrastramos por caminos rocosos [1445] nuestras calamidades. Rózanos solamente con el dedo, y alcanzaremos la felicidad que deseamos. Muchas han sido las fatigas que hemos tenido que sufrir hasta hoy. Me habéis oído llamaros con muchos nombres buenos, dioses, pero también con muchos ofensivos. No va a ser siempre, sin embargo, mi situación desesperada: alguna vez conseguiré [1450] marchar con pie derecho. Concededme un solo favor y haréis de mí un hombre feliz en lo sucesivo.
CORO .
Estrofa 1.a
¡Oh nave de Sidón la fenicia, veloz sobre la onda sonora, madre querida del batir de remos, rectora de las bellas [1455] danzas de los delfines, cuando el mar está en calma y sopla la brisa, y cuando Galanea 25 , la glauca hija de Ponto, dice [1460] así: «Desplegad velas y dejad que soplen las brisas marinas; y empuñad los remos de abeto, oh marineros, marineros, que conducís a Helena a las costas con bellos puertos donde están las moradas de Perseo.»
Antístrofa 1.a
Acaso allí, a la orilla del río o ante el templo de Palas , [1465] encuentres a las vírgenes Leucípides, y te unas a los cantos y a las danzas en el festín nocturno de Jacinto, a quien [1470] Febo mató con el disco redondo, habiéndole retado a ver quién lo lanzaba más lejos, y en ese día, a partir de entonces, se celebran sacrificios de bueyes en tierra laconia: el [1475] vástago de Zeus prescribió el rito. Y encontrarás también a Hermíone, tu hija, a quien dejaste en el hogar, y para la que no han ardido aún las antorchas nupciales 26 .
Estrofa 2.a
Ojalá tuviésemos alas para surcar el aire, como las aves de Libia que, en formación, dejan atrás las lluvias del [1480] invierno y, en su marcha, obedecen el silbido de la más vieja, que las guía y chilla, sobrevolando las llanuras sedientas [1485] pero fértiles de la tierra. Aves de largo cuello, rivales en carrera de las nubes, pasad bajo las Pléyades en el centro del día, en ruta hacia el nocturno Orión, y, deteniéndoos [1490] en las márgenes del Eurotas, anunciad la noticia de que Menelao vuelve a casa después de haber tomado la ciudad de Dárdano 27 .
Antístrofa 2.a
[1495] Venid también vosotros, cabalgando a través del éter, Tindáridas, entre los torbellinos de las resplandecientes [1500] estrellas. Habitantes del cielo, salvadores de Helena, bajad sobre la onda glauca, sobre la piel oscura de las olas, sobre [1505] los remolinos blancos del mar, y enviad de parte de Zeus soplos propicios de vientos para los marineros. Borrad, en fin, de vuestra hermana el deshonor de un lecho bárbaro, la [1510] mala fama con que, a raíz de la querella idea, fue castigada ella, que nunca estuvo en tierra de Ilión ni en las torres construidas por Febo 28 .
MENSAJERO . — Rey, para tu desgracia te encuentro en la morada, pues voy a referirte males inesperados.
TEOCLÍMENO . — ¿Qué ocurre?
[1515] MENSAJERO . — Búscate otra mujer para la boda. Helena se ha marchado de esta tierra.
TEOCLÍMENO . — ¿Volando por el aire o pisando el suelo?
MENSAJERO . — Se la ha llevado en una nave Menelao. Vino él mismo a anunciarte su propia muerte.
TEOCLÍMENO . — ¡Extrañas cosas dices! Y, ¿qué nave le [1520] ha conducido fuera de este país? ¡Parece increíble!
MENSAJERO . — La que tú mismo diste al extranjero. Ha huido con tus marineros, por decirlo en pocas palabras.
TEOCLÍMENO . — ¿Cómo? Estoy decidido a saberlo todo. Pues no consigo comprender cómo un solo hombre ha sido [1525] capaz de vencer a tantos marinos, entre los que tú te encontrabas.
MENSAJERO . — Después de abandonar estas regias moradas, la hija de Zeus se dirigió al mar, caminando con paso desalentado y lamentándose, lo más astutamente que podía, por su esposo, quien, lejos de estar muerto, junto a ella estaba. Cuando llegamos al recinto de tus arsenales, botamos [1530] una nave sidonia sin estrenar, que tenía cincuenta bancos de remeros. El trabajo sucedió entonces al trabajo: uno endereza el mástil, otro dispone en orden los remos; se izan las [1535] blancas velas y se deja caer al agua la parte plana del timón, sujeta con correas.
En estos trabajos nos hallábamos, cuando unos helenos, compañeros de Menelao, se acercaron a la playa, vestidos con harapos como los náufragos, bien formados de aspecto, [1540] aunque muy sucios. En cuanto advirtió su presencia, el hijo de Atreo les dijo, haciendo pública y engañosa ostentación de piedad: «¡Desventurados! ¿Cómo y a bordo de qué nave aquea habéis naufragado para llegar aquí? ¿Nos acompañaréis [1545] a sepultar al difunto hijo de Atreo, a quien, aunque en ausencia de su cuerpo, la hija de Tindáreo, aquí presente, tributa honores fúnebres?»
Derramando fingidas lágrimas, entraron ellos en la nave, y traían ofrendas para arrojar al mar en honor de Menelao. Esto nos parecía sospechoso, y nos extrañaba también el [1550] gran número de aquellos pasajeros inesperados. Pero tus propias palabras nos hicieron guardar silencio; y es que lo echaste todo a perder, nombrando al extranjero capitán de la embarcación.
Ya habíamos colocado dentro de la nave todo lo demás, [1555] que era ligero; pero las pezuñas del toro no querían subir a cubierta, y el animal mugía mirando a todas partes, encorvaba el lomo y, mirando de soslayo a sus cuernos, impedía que lo tocáramos. Entonces el esposo de Helena exclamó: «¡Vosotros que destruisteis la ciudad de Ilión! ¡Ea, coged [1560] sobre vuestros jóvenes hombros ese toro, a la usanza de los helenos, y dejadlo caer en proa, que muy pronto mi espada [1565] se teñirá en su sangre en honor del difunto!» Y ellos obedecieron su mandato, se apoderaron de la bestia y la depositaron en cubierta. En cuanto al caballo, Menelao, acariciándole el cuello y la frente, consiguió que subiese a bordo.
Por fin, después de que se hubo embarcado todo, Helena, [1570] con sus propios pies de hermosos tobillos, ascendió por la escala y se sentó en medio de los bancos. Se encontraba a su lado el presunto muerto, Menelao, y sus compañeros, en grupos iguales a babor y a estribor, situados hombro con [1575] hombro, tenían las espadas ocultas bajo los vestidos. El ruido de las olas se disipó ante nuestros gritos, cuando oímos la voz de mando del cómitre.
Una vez que estuvimos ni demasiado lejos ni demasiado [1580] cerca de tierra, le preguntó el timonel a Menelao: «¿Debemos seguir adelante, extranjero, o éste es buen sitio? Tú eres quien tiene el mando de la nave.» Menelao dijo: «Basta.» Luego, desenvainando su espada con la diestra, se dirigió a proa y, puesto en pie junto a la víctima taurina, no mencionó a ningún difunto, y, mientras degollaba al toro, ésta fue [1585] su oración: «Oh tú que el mar habitas, Posidón, y vosotras, sagradas hijas de Nereo, conducidnos sanos y salvos a las costas de Nauplia, lejos de Egipto, a mi esposa y a mí.» La sangre fluyó entonces en chorros hacia el mar, como un presagio favorable para el extranjero. Uno de los nuestros exclamó: [1590] «Esta navegación es un engaño. Regresemos. Vira tú a la derecha. Cambia de rumbo, timonel.» Desde donde se hallaba al degollar al toro, se levantó el hijo de Atreo y gritó de este modo a sus compañeros: «¿A qué esperáis, oh flor de la Hélade? Degollad, matad a estos bárbaros y arrojadlos al [1595] mar desde la nave.» Por su parte, el jefe de tus remeros arengó a tus marinos con estas palabras: «¡Valor! Que el uno esgrima una botavara como lanza, el otro un banco roto, y que otro arranque un remo del tolete, pero que todos hagan correr la sangre de la cabeza de estos extranjeros enemigos.»
Se pusieron todos en pie, los unos con garrotes marinos [1600] en las manos, los otros con espadas. La nave chorreaba sangre. Desde la popa, Helena los alentaba así: «¿Dónde está vuestra gloria troyana? Mostrádsela a estos bárbaros.» En el [1605] ardor de la lucha caían unos, otros lograban mantenerse erguidos, otros yacían muertos en el suelo. Menelao, con todas sus armas, acudía, espada en mano, allí donde flaqueaban sus compañeros, obligando a tus hombres a escapar a nado del barco. Consiguió, por fin, vaciar los bancos de tus [1610] marineros, y, dirigiéndose al timón, ordenó al piloto que pusiera rumbo a la Hélade. Largaron velas en seguida, ayudados por vientos favorables.
Así se alejaron de tierra firme. Para evitar la muerte, yo me había lanzado al mar por el lado del ancla. Desfallecía [1615] ya, cuando un pescador me recogió y me condujo a tierra para anunciarte esto. Y es que no hay nada, créeme, más útil a los hombres que una prudente desconfianza.
CORIFEO . — Nunca hubiera creído que Menelao pudiese engañamos como nos ha engañado, oh rey, y ante nuestra [1620] vista.
TEOCLÍMENO . — ¡Ay de mí, desdichado, presa de astucias femeniles! Se han desvanecido mis bodas. Si todavía estuviese a tiempo de perseguir la nave, no ahorraría esfuerzos para apoderarme de esos extranjeros. Me vengaré, al menos, de mi hermana, que me ha traicionado, pues, viendo [1625] a Menelao en palacio, me ocultó su presencia. Ya nunca más embaucará a nadie con sus adivinaciones.
SERVIDOR DE TEÓNOE . — ¿Adónde te diriges, señor? ¿En pos de qué homicidio?
TEOCLÍMENO . — Adonde la justicia me ordena ir. Apártate de mi camino.
SERVIDOR DE TEÓNOE . — No soltaré tu peplo. Te apresuras en busca de grandes males.
[1630] TEOCLÍMENO . — ¿Vas a mandar en tu señor tú, que eres esclavo?
SERVIDOR DE TEÓNOE . — Me asiste toda la razón.
TEOCLÍMENO . — No pienso yo lo mismo, si no me dejas…
SERVIDOR DE TEÓNOE . — Desde luego que no te dejaré.
TEOCLÍMENO . — …dar muerte a la peor de las hermanas…
SERVIDOR DE TEÓNOE . — La más piadosa, por el contrario.
TEOCLÍMENO . — …que me ha traicionado…
SERVIDOR DE TEÓNOE . — Noble traición es obrar lo justo.
TEOCLÍMENO . — …entregando mi esposa a otro.
SERVIDOR DE TEÓNOE . — A quien tiene sobre ella más derechos que tú.
[1635] TEOCLÍMENO . — ¿Quién puede ser el dueño de lo que es mío?
SERVIDOR DE TEÓNOE . — El que la obtuvo de su padre.
TEOCLÍMENO . — El azar me la había entregado…
SERVIDOR DE TEÓNOE . — Y el deber te la ha arrebatado.
TEOCLÍMENO . — No eres quién para juzgar mis acciones.
SERVIDOR DE TEÓNOE . — ¿Aunque hable con más sensatez que tú?
TEOCLÍMENO . — De hecho estoy sometido. He perdido el mando.
SERVIDOR DE TEÓNOE . — Tienes poder para obrar el bien, pero no para la injusticia.
TEOCLÍMENO . — Se diría que quieres morir.
SERVIDOR DE TEÓNOE . — Mátame. Pero no consentiré [1640] que mates a tu hermana. Déjame ocupar su lugar. Pues los esclavos de noble corazón obtienen el mayor timbre de gloria dando la vida por sus amos.
DIOSCUROS . — Depon la cólera que te extravía, Teoclímeno, rey de esta tierra. Te llamamos nosotros, los Dioscuros, a quienes dio a luz Leda en otro tiempo, así como a Helena, [1645] la que acaba de huir de tu palacio. Pues te irritas por unas bodas que no te estaban destinadas, y tu hermana Teónoe, la doncella descendiente de una Nereida, no te ha agraviado al respetar la ley de los dioses y los justos preceptos de tu padre.
Era preciso que hasta el día de hoy ella habitase en tus [1650] moradas. Ahora que los cimientos de Troya han sido destruidos, y que no debe ya prestar su nombre a los dioses, Helena tiene que volver al yugo de sus primeras bodas, regresar a su casa y vivir con su esposo. Por todo ello, aparta [1655] esa negra espada de tu hermana y convéncete de que ha obrado prudentemente. Hace tiempo que hubiésemos protegido a nuestra hermana, ya que Zeus nos ha hecho dioses; pero estamos sometidos al destino y a las divinidades que [1660] dispusieron así las cosas.
A ti te he hablado, Teoclímeno. Y a mi hermana le digo: navega con tu esposo. Tendréis un viento favorable. Nosotros, [1665] tus hermanos salvadores, cabalgando a tu lado sobre el mar, te llevaremos hasta tu patria. Y cuando el fin se acerque y tu vida termine, serás llamada diosa, y participarás de los sacrificios ofrecidos a los Dioscuros y de cuanto los hombres nos ofrezcan. Ésa es la voluntad de Zeus. Y el lugar [1670] donde se detuvo por vez primera el hijo de Maya en su viaje contigo a través del cielo, cuando te arrebató de Esparta para evitar tus bodas con Paris —me refiero a esa isla que, enfrente del Ática, se yergue como guardiana de sus costas—, en adelante se llamará Helena entre los mortales, ya que te recibió robada 29 furtivamente de tu hogar. En cuanto [1675] al errabundo Menelao, los dioses han decidido que habitará también la isla de los bienaventurados. Porque no es cierto que los inmortales odien a los varones de noble estirpe, pero sí que éstos tienen que soportar más fatigas que los que no cuentan para nada.
[1680] TEOCLÍMENO . — ¡Oh hijos de Leda y Zeus! Olvidaré mi antigua querella en relación con vuestra hermana, y no mataré ya a la mía. Que vuelva Helena a casa, si ello place a [1685] los dioses. Podéis jactaros de que ella, que tiene vuestra misma sangre, es la mejor y la más casta de las mujeres. Felicitaos por su nobleza de corazón, algo que no se encuentra fácilmente entre las de su sexo.
CORO . — De múltiples maneras se manifiesta lo divino, y los dioses dan cumplimiento a muchas cosas imprevistas . [1690] Y mientras lo esperado no se realiza, el dios encuentra un cauce para lo inesperado. Así ha ocurrido con la historia que ahora termina .
1 II 113-119.
2 Odisea IV 221-230.
3 Heródoto no dice que Helena llegara a Egipto tras asistir con Menelao al saco de Ilión, sino que afirma, por el contrario, que la heroína nunca estuvo en Troya.
4 Podría ser una alusión al conocido verso de Epicarno: «El espíritu ve y el espíritu oye; lo demás permanece sordo y ciego», pero tal vez no sea más que una simple coincidencia.
5 Genios marinos, mitad mujer, mitad ave. Aquí no se identifican ya con las bellas cantoras de la epopeya (Odisea XII 1-200), sino con divinidades del más allá, que cantaban para los bienaventurados en las Islas Dichosas. Pasaron a representar las armonías celestiales, y como tales aparecen a menudo en los sarcófagos.
6 Es la Atena Chalkíoikos venerada en Esparta.
7 Hermoso proverbio sobre la inferioridad de los bárbaros ante los griegos, basada en la condición servil de los súbditos que entraña toda monarquía.
8 Hermíone, hija única de Helena y Menelao.
9 La propia vida.
10 El ineludible destino personal que acompaña a cada hombre como su propia sombra.
11 Pasaje textualmente corrupto.
11bis Epíteto de Hécate, en cuanto diosa de los caminos y las encrucijadas.
12 Los gemelos Dioscuros Cástor y Pólux, hermanos de Helena.
13 Hermes
14 Para vengarse de la muerte por lapidación de su hijo Palamedes en Troya, Nauplio comenzó por engañar, una por una, a las esposas de los héroes ausentes, induciéndolas a tomar amantes. Más tarde, cuando el grueso del ejército griego regresaba de Ilión, cerca del cabo Cafereo, al sur de Eubea, encendió una gran hoguera nocturna entre los arrecifes; los aqueos, al ver la luz, creyeron que se trataba de un puerto, y se estrellaron contra las rocas; en tal naufragio perdió la vida Ayante, hijo de Oileo.
15 HERÓDOTO , II 15, lo sitúa en el extremo occidental del delta del Nilo.
16 Néstor, hijo de Neleo. Se refiere a la pérdida de su hijo Antíloco en la contienda troyana (Odisea III 111-112).
17 El tema del sit tibi terra leuis es muy común. Lo que ya no lo es tanto es la maldición contraria.
18 Pintoresca manera de interpretar los versos 965 y siguientes.
18bis Esta doctrina de una relativa inmortalidad personal, puesta en labios de Teónoe, responde al vago misticismo de la profetisa, rasgo fundamental de su carácter como personaje. Quien quiera ir más allá y ver filosofía preplatónica y muchas cosas más en el pasaje, que lo haga. A mí no me seduce lo más mínimo.
19 Nauplio. Cf. nota 14.
20 Los versos 1225-1230 constituyen un locus desperatus dentro del texto de la pieza. Numerosas conjeturas han intentado solventar los problemas, pero sin éxito.
21 Deméter, aquí identificada con Rea Cíbele, la Gran Madre, en curioso y audaz sincretismo religioso, ya que el ritual descrito es dionisíaco. Cf. DALE , notas ad locum .
22 Perséfone. Helena sí pronunció su inefable nombre en el verso 175.
23 Que Ártenis y Palas Atena colaboraron con Deméter en la búsqueda de la raptada Perséfone lo atestigua también CLAUDIANO , en su De raptu Proserpinae II 204-208: Diffugiunt Nymphae: rapitur Proserpina curru / imploratque deas. iam Gorgonis ora reuelat / Pallas et intento festinat Delia telo / nec patruo cedunt: stimulat communis in arma / uirginitas crimenque feri raptoris acerbat .
24 Bromio es un sobrenombre de Dioniso. Toda esta antístrofa II está muy corrompida textualmente.
25 Es la personificatión de la bonanza, del mar calmo y tranquilo. Galene (un nombre muy cercano en su forma a Galanea) es una de las Nereidas en el catálogo de HESÍODO , Teogonía 244.
26 Las Leucípides o hijas de Leucipo son Hilaíra y Febe, novias de los Dioscuros Cástor y Pólux. En cuanto a Jacinto, este texto es el más antiguo que nos refiere su leyenda; en su honor se celebraban anualmente en Esparta unas fiestas Jacintias muy renombradas.
27 Aunque el viaje de las grullas evocado aquí es el de regreso, en primavera, hacia el norte, Eurípides utiliza en su descripción un rasgo característico de la migración invernal de dichas aves hacia el sur: «…dejan atrás las lluvias del invierno…»
28 Otra vez los hijos de Tindáreo, aludidos por vez primera en el verso 137, preparándose ya su aparición final ex machina para arreglarlo todo. La «querella idea» es el juicio de Paris, que tuvo lugar en el monte Ida.
29 La raíz hel - del nombre Helénē se relaciona con la forma verbal heleîn , que está conectada semánticamente con «robar», «arrebatar», «coger», etc. Así, Helena sería «la robada», «la raptada», «la arrebatada», lo que explicaría el nombre de la isla y, en suma, todo el aítion euripideo.
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