Читать книгу «Insta-brain» онлайн полностью📖 — Андерса Хансен — MyBook.

LAS EMOCIONES NEGATIVAS TIENEN PRIORIDAD

Las emociones nos encauzan, para bien o para mal, hacia distintas decisiones. Pero no vienen solas. Con ellas, se producen una serie de reacciones en el cuerpo y el cerebro que afectan a nuestro funcionamiento y también a nuestros procesos mentales y a nuestra manera de percibir el mundo.

Cuando nos asustamos, el cerebro responde a la velocidad del rayo liberando cortisol y adrenalina para que el corazón lata más rápido y más fuerte, y bombee mayor cantidad de sangre a los músculos del cuerpo de forma eficaz; de ese modo, podremos tanto salir por piernas como pasar al ataque. Si vemos comida y tenemos hambre, se encargará de ello: sentiremos un gran deseo de comer, de liberar dopamina. También lo hará durante la excitación sexual. Sucede igual con la oxitocina, la cual, al crear una sensación de vínculo entre las personas, nos permite concentrarnos en quien está a nuestro lado y no en lo que están echando por televisión.

Las emociones negativas siempre han prevalecido sobre las positivas, dado que, históricamente, a menudo han estado relacionadas con amenazas frente a las que hay que actuar inmediatamente. Podemos dejar para más tarde cosas como comer, beber, dormir o aparearnos, pero no podemos posponer actuar ante un peligro. Esa es la razón por la que las personas bajo un fuerte nivel de estrés o de ansiedad tienen problemas a la hora de pensar en algo que no sea en su propia situación anímica. Es probable que, en su entorno, nuestros ancestros experimentaran bastantes más amenazas que oportunidades. También es posible que el hecho de que las emociones negativas fueran mucho más comunes explique por qué en casi todos los idiomas hay más palabras para describir estas que para describir las positivas. Por otro lado, no deja de ser cierto que son sentimientos que la mayoría de la gente encuentra más interesantes. ¿Quién quiere ver una película o leer un libro sin conflicto ni drama alguno?

Una de las fuentes más importantes de emociones negativas es el estrés. Así pues, vamos a dedicar el próximo capítulo a examinar más de cerca en qué consiste el estrés.

2 ESTRÉS, ANSIEDAD Y DEPRESIÓN: ¿VENCEDORES EVOLUTIVOS?

Durante el 99 % del tiempo que las bestias han habitado este planeta, el estrés ha consistido en tres minutos de terror después de los cuales, o bien acababas con tu oponente, o bien él acababa contigo. ¿Qué es lo que hacemos hoy en día? Activar el mismo mecanismo de respuesta al estrés ante nuestras hipotecas a treinta años.

ROBERT SAPOLSKY, catedrático de Neuroendocrinología y Biología Evolutiva en la Universidad de Stanford

Para ti y para mí, el estrés significa no poder llegar a encajar todas las piezas del rompecabezas diario; no tener tiempo para estudiar lo bastante de cara a un examen o no llegar a la fecha límite de entrega de un trabajo. Sin embargo, desde una perspectiva histórica, esas no son razones para sobrecargar el sistema del cerebro de respuesta al estrés.

Observemos más de cerca dicho mecanismo, que, en lenguaje médico, se llama eje HPA. Este es el resultado de millones de años de evolución, y se encuentra no solo en el hombre, sino también en la práctica totalidad de especies vertebradas, como los pájaros, los lagartos, los perros, los gatos o los monos. Se pone en marcha en una parte del cerebro denominada hipotálamo («H»), la cual envía una señal a la glándula pituitaria («P»), situada más abajo, que, a su vez, la manda a las glándulas adrenales («A»), ubicadas en la zona superior de los riñones y encargadas a continuación de liberar una sustancia conocida con el nombre de cortisol, la hormona del estrés más importante del cuerpo.

Es muy probable que el eje HPA se desarrollara, tanto en los seres humanos como en los animales, para ayudarlos a enfrentarse a amenazas, en su mayoría, extremas. Si, de repente, uno de nuestros antepasados veía un león, se activaba la alarma que le advertía del peligro para su integridad física. Esta reacción comienza, como te decía, en el hipotálamo. Luego, pasa a la glándula pituitaria, que solicita a las glándulas adrenales que liberen cortisol. Acto seguido, dicha hormona se encarga de movilizar la energía y hacer que el corazón empiece a latirnos más rápido y más fuerte. Todos hemos sentido en alguna ocasión cómo nos aumenta la frecuencia cardíaca ante una situación de estrés. Pero ¿por qué ocurre esto? Bueno, es evidente que, al toparse con el león, nuestro ancestro debía actuar rápido, ya fuera para atacar, ya fuera para salir corriendo (es decir, entraba en el «modo lucha o huye», fight or flight). Para poder hacer cualquiera de las dos cosas con la mayor presteza posible, los músculos del cuerpo necesitan de un incremento del bombeo de sangre, motivo por el cual el corazón pasa a latir con más intensidad. Hoy en día, sigue ocurriendo lo mismo dentro de nosotros; por eso nuestra frecuencia cardíaca aumenta cuando nos estresamos.

ASÍ SE FORMÓ EL SISTEMA DE RESPUESTA AL ESTRÉS

El sistema de respuesta al estrés —el eje HPA— está ahí por idéntica razón que nuestras emociones: para ayudarnos a sobrevivir. Su desarrollo en el cerebro y en el resto del cuerpo de nuestros antepasados tuvo lugar con el objetivo de incrementar sus opciones de supervivencia en un mundo mucho más peligroso que el actual. Las amenazas a las que se veían expuestos no solo eran, a buen seguro, más frecuentes que las que hemos de afrontar en la actualidad, sino que también exigían de una acción inmediata. Quien se demoraba demasiado preguntándose qué hacer, si atacar o huir del león, es muy posible que fuera eliminado con rapidez del acervo genético.

Hoy en día, por suerte, la mayoría de las personas rara vez se ven envueltas en situaciones potencialmente mortales. Sin embargo, a pesar de ello, el mismo sistema del cerebro se activa en nosotros al estresarnos por causas psicosociales, como la fecha límite de entrega de un trabajo, la subida de los intereses de un préstamo hipotecario o el hecho de que nuestras publicaciones en redes no obtengan suficientes «me gusta». Como es lógico, en la actualidad, la respuesta al estrés que se pone en marcha en nosotros no es tan intensa como cuando uno se enfrenta a un león; no obstante, suele durar más tiempo, a veces varios meses o años. Y resulta muy probable que el eje HPA no esté concebido para mantenerse activo de forma tan prolongada. El torrente excesivo de hormonas del estrés puede conducir a que el cerebro deje de funcionar bien, y a que este pase a estar de manera constante en «modo lucha o huye»; es decir, relegando a un segundo plano toda actividad que no tenga que ver con atacar o salir por piernas. Esta vendría a ser su lógica:

 ¿Dormir? Puedo dejarlo para más tarde.

 ¿Digerir la comida? Puedo dejarlo para más tarde.

 ¿Reproducirme? Puedo dejarlo para más tarde.

¿Te resultan familiares tales razonamientos? ¿Te suena tal vez haberlos tenido en algún periodo estresante de tu vida? ¿Has sufrido entonces de malestar estomacal, náuseas, insomnio y disminución del deseo sexual? Por desgracia, son muchos los que responden de manera afirmativa. Estos síntomas, derivados de un estrés de larga duración, no son nada de extrañar si uno se fija en la forma en que el cerebro prioriza la resolución inmediata de problemas e ignora todo lo que no se halle implicado en ella. Sin embargo, las consecuencias de un estado de angustia y ansiedad prolongado no acaban ahí, sino que pueden, por desgracia, afectar también a nuestra salud mental. Estar bajo un nivel razonable de estrés agudiza nuestros sentidos; no obstante, si la presión que soportamos se vuelve demasiado fuerte, pasamos a dejar de pensar con claridad.

Si esto sucede, dejamos de usar la zona más avanzada y más exclusivamente humana de nuestro cerebro y recurrimos de nuevo a otras más antiguas y primitivas desde el punto de vista evolutivo. Es entonces cuando tendemos a actuar con fuerza y rapidez, pero sin la ayuda de la parte «pensante». Esto puede ser fuente de problemas.

En caso de experimentar un estrés intenso, debemos atacar o poner pies en polvorosa; es decir, no caben las medias tintas. El cerebro te dice que has de tomar una decisión rápida y entrar en «modo resolución de problemas». Se trata de una prioridad incuestionable, no hay tiempo de pararse a pensar en las formas. Cualquier fallo detectado en el entorno da lugar a una reacción fuerte. Es lo que sucede cuando nos irritamos por cosas pequeñas. «¿Por qué narices están los calcetines por el suelo?».

No tenemos tiempo de ser amables con los que nos rodean cuando estamos bajo un nivel de tensión agudo; por eso, a muchos nos sale el mal genio. Por el contrario, las sensaciones de bienestar nos llevan a bajar la guardia, y eso es lo último que quiere un cerebro que se siente amenazado: por eso, solemos sentirnos mal durante épocas de fuerte estrés. Otra de las funciones a las que el cerebro deja de dar preferencia es el almacenamiento de recuerdos a largo plazo. Para que estos se generen se deben crear conexiones entre las distintas áreas cerebrales, tarea que recae en el hipocampo, el centro de memoria de dicho órgano. La fortaleza de tales vínculos (y de la propia memoria) depende de que el hipocampo envíe una señal a través de los recién nacidos circuitos neuronales; algo que no le da tiempo a hacer durante una situación de estrés intenso. Por eso mucha gente recuerda peor las cosas a lo largo de estos periodos complicados.

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