SÓC . —En cambio, donde hay respeto, hay también temor. ¿Hay alguien que respete una cosa y que sienta vergüenza ante ella, y que, al [c] mismo tiempo no esté amedrentado y tema una reputación de maldad?
EUT. —La teme ciertamente.
SÓC . —Luego no es adecuado decir «pues donde está el temor, allí está también el respeto», sino donde está el respeto, allí está también el temor. En efecto, donde está el temor no todo es respeto, pues cubre más campo, creo, el temor que el respeto, porque el respeto es una parte del temor, como el impar es una parte del número, de modo que no donde hay número hay también impar, sino que donde hay impar hay también número. ¿Me sigues ahora?
EUT. —Perfectamente.
SÓC . —Pues algo semejante decía yo antes al preguntarte si acaso [d] donde está lo justo, está también lo pío. O bien, donde está lo pío, allí también está lo justo, pero donde está lo justo no todo es pío, pues lo pío es una parte de lo justo. ¿Debemos decirlo así, o piensas tú de otro modo?
EUT. —No, sino así, pues me parece que hablas bien.
SÓC . —Mira, pues, lo que sigue. En efecto, si lo pío es una parte de lo justo, debemos nosotros, según parece, hallar qué parte de lo justo es lo pío. Así pues, si tú me preguntaras algo de lo que hemos hablado ahora, por ejemplo, qué parte del número es el par y cómo es precisamente este número par, yo te diría que el que no es impar, es decir, el que es divisible en dos números iguales. ¿No te parece así?
EUT. —Sí me lo parece.
[e] SÓC . —Intenta tú también ahora mostrarme qué parte de lo justo es lo pío, para que podamos decir a Meleto que ya no nos haga injusticia ni nos presente acusación de impiedad, porque ya hemos aprendido de ti las cosas religiosas y pías y las que no lo son.
EUT. —Ciertamente, Sócrates, me parece que la parte de lo justo que es religiosa y pía es la referente al cuidado de los dioses, la que se refiere a los hombres es la parte restante de lo justo.
SÓC . —Me parece bien lo que dices, Eutifrón, pero necesito aún [13a] una pequeña aclaración. No comprendo todavía a qué llamas cuida do. Sin duda no dices que este cuidado de los dioses sea semejante a los otros cuidados. En efecto, usamos, por ejemplo, esta palabra cuando decimos: no todo el mundo sabe cuidar a los caballos, excepto el caballista. ¿Es así?
EUT. —Ciertamente.
SÓC . —Luego, de alguna manera, la hípica es el cuidado de los caballos.
EUT. —Sí.
SÓC . —Tampoco saben todos cuidar a los perros, excepto el encargado de ellos.
EUT. —Así es.
SÓC . —Pues, de algún modo, la cinegética es el cuidado de los perros.
EUT. —Sí.
SÓC . —Y la ganadería es el cuidado de los bueyes.
EUT. —Ciertamente. [b]
SÓC . —¿La piedad y la religiosidad es el cuidado de los dioses, Eutifrón? ¿Dices eso?
EUT. —Exactamente.
SÓC . —¿Luego toda clase de cuidado cumple el mismo fin? Más o menos, es para bien y utilidad de lo que se cuida, según ves que los caballos cuidados por el arte de la hípica sacan utilidad y mejoran. ¿No te parece así?
EUT. —A mí, sí.
SÓC . —Y los perros cuidados por el arte de la cinegética, y los bueyes, por el de la ganadería y todas las demás cosas, del mismo modo. ¿O bien crees tú que el cuidado es para daño de lo cuidado? [c]
EUT. —No, por Zeus.
SÓC . —¿Es para su utilidad?
EUT. —¿Cómo no?
SÓC . —¿Acaso también la piedad, que es cuidado de los dioses, es de utilidad para los dioses y los hace mejores? ¿Aceptarías tú que, cuando realizas algún acto pío, haces mejor a algún dios?
EUT. —De ningún modo, por Zeus.
SÓC . —Tampoco creo yo, Eutifrón, que tú digas esto. Estoy muy lejos de creerlo; pero, precisamente por esto, te preguntaba yo cuál creías que era realmente el cuidado de los dioses, porque pensaba que [d] tú no decías que fuera de esta clase.
EUT. —Y pensabas rectamente, Sócrates, pues no hablo de esa clase de cuidado.
SÓC . —Bien. Pero ¿qué clase de cuidado de los dioses sería la piedad?
EUT. —El que realizan los esclavos con sus dueños, Sócrates.
SÓC . —Ya entiendo; sería, según parece, una especie de servicio a los dioses.
EUT. —Ciertamente.
SÓC . —Puedes decirme entonces: el servicio a los médicos es un servicio, ¿para la realización de qué obra? ¿No crees que la obra de la salud?
EUT. —Ciertamente.
SÓC . —¿Y el servicio a los constructores de barcos es un servicio [e] para la realización de qué obra?
EUT. —Es evidente, Sócrates, que para la de los barcos.
SÓC . —¿Y el servicio a los arquitectos es la edificación de las casas?
EUT. —Sí.
SÓC . —Dime ahora, amigo, el servicio a los dioses sería un servicio, ¿para la realización de qué obra? Es evidente que tú lo sabes, puesto que afirmas que conoces las cosas divinas mejor que ningún hombre.
EUT. —Y digo la verdad, Sócrates.
SÓC . —Dime, por Zeus, ¿cuál es esa bellísima obra que los dioses producen valiéndose de nosotros como servidores?
EUT. —Son muchas y bellas, Sócrates.
[14a] SÓC . —También las producen los generales, amigo. Sin embargo, podrías decir fácilmente lo más importante, a saber: producen la victoria en la guerra. ¿Es así?
EUT. —Sin duda.
SÓC . —Creo que también los agricultores producen muchas cosas bellas; sin embargo, lo más importante es la producción del alimento sacado de la tierra.
EUT. —Ciertamente.
SÓC . —Y de las muchas cosas bellas que los dioses producen, ¿cuál es la más importante?
EUT. —Ya te he dicho antes, Sócrates, que supone bastante esfuerzo [b] aprender con precisión cómo son todas estas cosas. Sin embargo, te digo, simplemente, que si se sabe decir y hacer lo que complace a los dioses, orando y haciendo sacrificios, éstos son los actos piadosos y ellos salvan a las familias en privado y a la comunidad en las ciudades; lo contrario de lo que agrada a los dioses es lo impío, que destruye y arruina todo.
SÓC . —Por muy poco, Eutifrón, habrías podido decirme lo más importante de lo que yo te preguntaba, si hubieras querido. Pero no [c] estás dispuesto a instruirme; está claro. En efecto, ahora, cuando ya estabas a punto de decirlo, te echaste atrás. Si lo hubieras dicho, ya habría yo aprendido de ti suficientemente lo que es la piedad. Pero, ahora —pues es preciso que el amante siga al amado adonde aquél lo lleve—, ¿qué dices que es lo pío y la piedad? ¿No es, en algún modo, una ciencia de sacrificar y de orar?
EUT. —Ciertamente.
SÓC . —¿Sacrificar no es ofrecer dones a los dioses, y orar, hacerles peticiones?
EUT. —Exactamente, Sócrates.
SÓC . —Luego, según este razonamiento, la piedad sería la ciencia [d] de las peticiones y ofrendas a los dioses.
EUT. —Has comprendido muy bien, Sócrates, lo que he dicho.
SÓC . —Estoy deseoso de tu sabiduría, amigo, y le presto mi atención de modo que nada de lo que dices caiga a tierra. Explícame cuál es este servicio a los dioses; ¿afirmas que es hacerles peticiones y ofrecerles presentes?
EUT. —Sí lo afirmo.
SÓC . —¿No es cierto que pedir adecuadamente sería pedirles lo que necesitamos de ellos?
EUT. —¿Qué otra cosa podía ser?
SÓC . —Y, por otra parte, dar adecuadamente, ¿sería ofrecerles a [e] cambio lo que ellos necesitan de nosotros? En efecto, no sería inteligente que alguien ofreciera a uno cosas de las que no tiene ninguna necesidad.
EUT. —Dices la verdad, Sócrates.
SÓC . —Luego la piedad sería, para los dioses y los hombres, una especie de arte comercial de los unos para con los otros, Eutifrón.
EUT. —Arte comercial, si te gusta llamarlo así.
SÓC . —No hay nada agradable para mí, si no es verdad. Indícame qué utilidad sacan los dioses de las ofrendas que reciben de nosotros. Lo que ellos dan es evidente para todo el mundo. En efecto, no poseemos [15a] bien alguno que no nos lo den ellos. Pero ¿de qué les sirve lo que reciben de nosotros? ¿Acaso conseguimos tanta ventaja en este comercio, que nosotros recibimos de ellos todos los bienes y ellos no reciben nada de nosotros?
EUT. —Pero ¿crees tú, Sócrates, que los dioses sacan beneficio de las cosas que reciben de nosotros?
SÓC . —¿Qué serían, en fin, las ofrendas nuestras a los dioses, Eutifrón?
EUT. —¿Qué otra cosa crees que pueden ser, más que muestras de veneración, de homenaje y, tal como acabo de decir, deseos de complacerles?
[b] SÓC . —¿Luego lo pío, Eutifrón, es lo que les complace, pero no lo que es útil ni lo que es querido para los dioses?
EUT. —Yo creo que es precisamente lo más querido de todo.
SÓC . —Luego, según parece, de nuevo lo pío es lo querido para los dioses.
EUT. —Exactamente.
SÓC . —Diciendo tú estas cosas, ¿te causará extrañeza el que te parezca que tus razonamientos no permanecen fijos, sino que andan, y me acusarás a mí de ser un Dédalo y hacerlos andar, siendo tú mucho más diestro que Dédalo, pues los haces andar en círculo? ¿No te [c] das cuenta de que nuestro razonamiento ha dado la vuelta y está otra vez en el mismo punto? ¿Te acuerdas de que antes nos resultó que lo pío y lo agradable a los dioses no eran la misma cosa, sino algo distinto lo uno de lo otro? ¿No te acuerdas?
EUT. —Sí, me acuerdo.
SÓC . —¿Y no te das cuenta de que ahora afirmas que lo querido para los dioses es pío? ¿Es esto algo distinto de lo agradable a los dioses, o no?
EUT. —Es lo mismo.
SÓC . —Luego, o bien antes hemos llegado a un acuerdo equivocadamente, o bien, si ha sido acertadamente, ahora hacemos una proposición falsa.
EUT. —Así parece.
SÓC . —Por tanto, tenemos que examinar otra vez desde el principio qué es lo pío, porque yo, en lo que de mí depende, no cederé [d] hasta que lo sepa. No me desdeñes, sino aplica, de todos modos, tu mente a ello lo más posible y dime la verdad. En efecto, tú lo conoces mejor que ningún otro hombre y no se te debe dejar ir, como a Proteo, 15 hasta que lo digas. Porque si tú no conocieras claramente lo pío y lo impío, es imposible que nunca hubieras intentado a causa de un asalariado acusar de homicidio a tu viejo padre, sino que hubieras temido ante los dioses arriesgarte temerariamente, si no obrabas rectamente, y hubieras sentido vergüenza ante los hombres. Por ello, [e] sé bien que tú crees saber con precisión lo que es pío y lo que no lo es. Así pues, dímelo, querido Eutifrón, y no me ocultes lo que tú piensas que es.
EUT. —En otra ocasión, Sócrates; ahora tengo prisa y es tiempo de marcharme.
SÓC . —¿Qué haces, amigo? Te alejas, derribándome de la gran esperanza que tenía de que, tras aprender de ti lo que es pío y lo que no lo es, me libraría de la acusación de Meleto demostrándole que, instruido [16a] por Eutifrón, era ya experto en las cosas divinas y que ya nunca obraría a la ligera ni haría innovaciones respecto a ellas por ignorancia, y, además, que en adelante llevaría una vida mejor.
1 Era un lugar al nordeste de Atenas, ya en las afueras, en el que se hallaban un santuario de Apolo y un gimnasio. Este último era sitio preferido para conversar y frecuentado por sofistas.
2 El Pórtico del rey, es decir, el Pórtico del arconte rey, era el edificio en el que el arconte rey ejercía sus funciones. Las competencias de este arconte eran sobre asuntos religiosos y de culto y, en consecuencia, sobre los delitos de sangre. Por esta razón, causas aparentemente diferentes hacen que Sócrates y Eutifrón se encuentren en el mismo lugar.
3 Ateniense del demo de Prospalta. Platón lo cita también en el Crátilo (396d, 399e, 428c). Era, sin duda, un personaje bien conocido en la ciudad, aunque de escasa relevancia. Está suficientemente caracterizado en el diálogo.
4 Por medio de la oposición de dos términos griegos específicos del vocabulario procesal queda explícito el carácter de la acusación.
5 Como se ve, la actitud de Eutifrón hacia Sócrates es benévola y no parece hallar motivos para la acusación de Meleto.
6 Por esta frase se ve que lo que Sócrates dice en Apología de Sócrates , 40a debía de ser conocido por la mayor parte de los atenienses.
7 Es la primera cita, en textos atenienses, de este Colegio, formado sólo por dos miembros, de nombramiento vitalicio. Eran los intérpretes del derecho sagrado. Tenían sus funciones divididas y a uno de ellos le competía informar sobre purificaciones.
8 Traducimos por carácter la palabra griega idéa , que aparece usada aquí por primera vez con un sentido especializado. En diálogos posteriores insistirá Platón en el uso técnico de este término, recargándolo con una significación filosófica que aún no tiene en este contexto.
9 Esta diferencia de apreciación entre Sócrates y Eutifrón constituye un dato importante acerca del juicio de Sócrates sobre los dioses.
10 La fiesta más solemne, en honor de la diosa Atenea, protectora de la ciudad. Se celebraba cada cuatro años. El momento central de la procesión era la subida, a la acrópolis, del peplo bordado desde meses antes para la diosa. El peplo, de gran tamaño, era llevado sobre un carro en forma de barco.
11 Para Dédalo, vid. nota 3 a Hipias Mayor .
12 Mítico rey de Lidia. Los dioses le concedieron bienes sin cuento, pero al pretender llevar la vida de los dioses fue castigado por Zeus. Vid. nota 14 a Hipias Mayor .
13 Es decir, «si ciertamente eres más joven que yo, en cuanto a sabiduría la diferencia a tu favor es aún mayor». Aunque la construcción de la frase no es la misma, la comparación de términos no homogéneos es semejante en Apología , 39a-b.
14 Fragmento de las Ciprias , de Estasino de Chipre. No recojo la elección adoptada por Burnet neikeîn «disputar», sino la de eipeîn «hablar», mejor atestiguada en la tradición manuscrita.
15 Es una divinidad marina, con dones proféticos y con la capacidad de metamorfosearse de modos muy diversos. Vid. Odisea , IV , 351 y sigs. y en este volumen, Ion , 541e.
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