EUTIFRÓN
Traducción y notas de
JULIO CALONGE
NOTA DE TRADUCCIÓN
Para la versión española se ha seguido, en general, el texto de J. Burnet, Platonis Opera , Oxford, 1900 (reimpresión, 1973).
EUTIFRÓN, SÓCRATES
EUTIFRÓN —¿Qué ha sucedido, Sócrates, para que dejes tus conversacio [2a] nes en el Liceo 1 y emplees tu tiempo aquí, en el Pórtico del rey? 2 Pues es seguro que tú no tienes una causa ante el arconte rey, como yo la tengo.
SÓCRATES —A esto mío, Eutifrón, 3 los atenienses no lo llaman causa, sino acusación criminal. 4
EUT. —¿Qué dices? ¿Según parece, alguien ha presentado contra [b] ti una acusación criminal? Pues no puedo pensar que la has presentado tú contra otro.
SÓC. —Ciertamente, no.
EUT. —Pero sí otro contra ti.
SÓC. —Exactamente.
EUT. —¿Quién es ese hombre?
SÓC. —No lo conozco bien yo mismo, Eutifrón, pues parece que es joven y poco conocido. Según creo, se llama Meleto y es del demo de Piteo, por si conoces a un Meleto de Piteo, de pelos largos, poca barba y nariz aguileña.
[ c] EUT. —No lo conozco, Sócrates. Pero ¿qué acusación te ha presentado?
SÓC. —¿Qué acusación? Me parece que de altas aspiraciones. En efecto, no es poca cosa que un joven comprenda un asunto de tanta importancia. Según dice, él sabe de qué modo se corrompe a los jóvenes y quiénes los corrompen. Es probable que sea algún sabio que, habiendo observado mi ignorancia, viene a acusarme ante la ciudad, como ante una madre, de corromper a los de su edad. Me parece que [d] es el único de los políticos que empieza como es debido: pues es sensato preocuparse en primer lugar de que los jóvenes sean lo mejor posible, del mismo modo que el buen agricultor se preocupa, naturalmente en primer lugar, de las plantas nuevas y, luego, de las otras. [3a] Quizá así también Meleto nos elimina primero a nosotros, los que destruimos los brotes de la juventud, según él dice. Después de esto, es evidente que se ocupará de los de mi edad y será el causante de los mayores bienes para la ciudad, según es presumible que suceda, cuando parte de tan buenos principios.
EUT. —Así lo quisiera yo, Sócrates, pero me da miedo de que suceda lo contrario. Sencillamente, creo que empieza a atacar en su mejor fundamento a la ciudad, al intentar hacerte daño a ti. 5 Y dime, ¿qué dice que haces para corromper a los jóvenes?
[b] SÓC . —Cosas absurdas, amigo mío, para oírlas sin más. En efecto, dice que soy hacedor de dioses, y, según él, presentó esta acusación contra mí porque yo hago nuevos dioses y no creo en los antiguos.
EUT. —Entiendo, Sócrates, que eso es por el espíritu 6 que tú dices que está contigo en cada ocasión. Así pues, en la idea de que tú tratas de hacer innovaciones en las cosas divinas, te ha presentado esta acusación y, para desacreditarte, acude al tribunal, sabiendo que las cosas de esta especie son objeto de descrédito ante la multitud. En efecto, cuando yo hablo en la asamblea sobre las cosas divinas anunciándoles [c] lo que va a suceder, se ríen de mí pensando que estoy loco. Sin embargo, no he dicho nada que no fuera verdad en lo que les he anunciado, pero nos tienen envidia a todos los que somos de esta condición. En todo caso, no hay que preocuparse de ellos, sino hacerles frente.
SÓC . —El ser objeto de risa, querido Eutifrón, no tiene importancia alguna. Sin duda a los atenienses no les importa mucho, según creo, si creen que alguien es experto en algo, con tal de que no enseñe la sabiduría que posee. Pero si piensan que él trata de hacer también de otros lo que él es, se irritan, sea por envidia, como tú dices, sea por otra causa. [d]
EUT. —No deseo mucho hacer la prueba de cómo son sus sentimientos respecto a mí acerca de esto.
SÓC . —Quizá tú das la impresión de dejarte ver poco y no querer enseñar tu propia sabiduría. En cambio yo temo que, a causa de mi interés por los hombres, dé a los atenienses la impresión de que lo que tengo se lo digo a todos los hombres con profusión, no sólo sin remuneración, sino incluso pagando yo si alguien quisiera oírme gustosamente. Si ciertamente, según ahora decía, fueran a reírse de mí, como tú dices que se ríen de ti, no sería desagradable pasar el tiempo en el [e] tribunal bromeando y riendo. Pero si lo toman en serio, es incierto ya dónde acabará esto, excepto para vosotros, los adivinos.
EUT. —Será quizás una cosa sin importancia, Sócrates; tú defenderás tu juicio según tu idea y creo que yo el mío.
SÓC . —¿Cuál es tu proceso, Eutifrón? ¿Eres acusado o acusador?
EUT. —Acusador.
SÓC . —¿A quién acusas?
EUT. —A quien, por acusarle, voy a parecer loco. [4a]
SÓC . —¿Qué, pues, persigues a un pájaro?
EUT. —Está muy lejos de volar; es, precisamente, un hombre muy viejo.
SÓC . —¿Quién es él?
EUT. —Mi padre.
SÓC . —¿Tu padre, amigo?
EUT. —Ciertamente.
SÓC . —¿Cuál es el motivo de tu acusación y por qué, el juicio?
EUT. —Homicidio, Sócrates.
SÓC . —¡Por Heracles! De seguro que la multitud ignora lo que es realmente obrar bien. En efecto, yo creo que hacer esto no está al alcance de cualquiera, sino del que ya está adelante en la sabiduría. [b]
EUT. —Ciertamente avanzado, por Zeus, Sócrates.
SÓC . —¿Es algún miembro de la familia el muerto por tu padre? Es seguro que sí, pues tú no le perseguirías por homicidio a causa de un extraño.
EUT. —Es ridículo, Sócrates, que pienses que hay alguna diferencia en que sea extraño o sea familiar el muerto, y que, por el contrario, no pienses que es sólo necesario tener en cuenta si el que lo mató lo hizo justamente o no. Y si lo ha hecho justamente, dejar el asunto en paz; pero si no, perseguirlo, aunque el matador viva en el mismo hogar [c] que tú y coma en la misma mesa. En efecto, la impureza es la misma, si, sabiéndolo, vives con él y no te libras de ella tú mismo y lo libras a él acusándole en justicia. En este caso, el muerto era un jornalero mío. Como explotamos una tierra en Naxos, estaba allí a sueldo con nosotros. Habiéndose emborrachado e irritado con uno de nuestros criados, lo degolló. Así pues, mi padre mandó atarlo de pies y manos y echarlo a una fosa, y envió aquí a un hombre para informarse [d] del exegeta 7 sobre qué debía hacer. En este tiempo se despreocupó del hombre atado y se olvidó de él en la idea de que, como homicida, no era cosa importante si moría. Es lo que sucedió. Por el hambre, el frío y las ataduras murió antes de que regresara el enviado al exegeta. A causa de esto, están irritados mi padre y los otros familiares porque yo, por este homicida, acuse a mi padre de homicidio; sin haberlo él matado, dicen ellos, y si incluso lo hubiera matado, al ser el muerto un homicida, no había necesidad de preocuparse por un hombre así. Pues es impío que un hijo lleve una acción judicial de homicidio contra [e] su padre. Saben mal, Sócrates, cómo es lo divino acerca de lo pío y lo impío.
SÓC . —¿Y tú, Eutifrón, por Zeus, crees tener un conocimiento tan perfecto acerca de cómo son las cosas divinas y los actos píos e impíos, que, habiendo sucedido las cosas según dices, no tienes temor de que, al promoverle un proceso a tu padre, no estés a tu vez haciendo, tú precisamente, un acto impío?
EUT. —Ciertamente no valdría yo nada, Sócrates, y en nada se distinguiría Eutifrón de la mayoría de los hombres, si no supiera con [5a] exactitud todas estas cosas.
SÓC . —¿No es acaso lo mejor para mí, admirable Eutifrón, hacerme discípulo tuyo y, antes del juicio frente a Meleto, proponerle estos razonamientos? Le diría que ya antes consideraba muy importante conocer las cosas divinas y que ahora, cuando él afirma que yo peco al hablar a la ligera sobre las cosas divinas y al hacer innovaciones, me he hecho discípulo tuyo. Le diría: «Si tú, Meleto, estás de acuerdo en que Eutifrón es sabio en estas cosas, considera que yo pienso también [b] rectamente y renuncia a juzgarme; si no, intenta un proceso contra él, el maestro, antes que contra mí, el discípulo, porque corrompe a los de más edad, a mí y a su padre; a mí por enseñarme, a su padre reprendiéndole e intentando que se le castigue». Y si no me hace caso ni me libra del juicio y no presenta acusación contra ti en vez de contra mí, diría yo en el juicio las mismas palabras que le había propuesto a él.
EUT. —Por Zeus, Sócrates, si acaso intentara presentar una acusación contra mí, encontraría yo, según creo, dónde está su punto débil [c] y hablaríamos ante el tribunal más sobre él que sobre mí.
SÓC . —Por conocer yo, mi buen amigo, esto que dices, deseo ser discípulo tuyo, sabiendo que ningún otro, ni tampoco este Meleto, fija la atención en ti; en cambio a mí me examina con tanta penetración y facilidad, que ha presentado una acusación de impiedad contra mí. Ahora, por Zeus, dime lo que, hace un momento, asegurabas conocer claramente: ¿qué afirmas tú que es la piedad, respecto al homicidio y a cualquier otro acto? ¿Es que lo pío en sí mismo no es una [d] sola cosa en sí en toda acción, y por su parte lo impío no es todo lo contrario de lo pío, pero igual a sí mismo, y tiene un solo carácter 8 conforme a la impiedad, todo lo que vaya a ser impío?
EUT. —Sin ninguna duda, Sócrates.
SÓC . —Dime exactamente qué afirmas tú que es lo pío y lo impío.
EUT. —Pues bien, digo que lo pío es lo que ahora yo hago, acusar al que comete delito y peca, sea por homicidio, sea por robo de templos o por otra cosa de este tipo, aunque se trate precisamente del padre, de la madre o de otro cualquiera; no acusarle es impío. Pues observa, [e] Sócrates, qué gran prueba te voy a decir de que es así la ley. Es lo que ya he dicho también a otros que sería correcto que sucediera así: no ceder ante el impío, quienquiera que él sea. En efecto, los mismos hombres que creen firmemente que Zeus es el mejor y el más justo de los dioses reconocen que encadenó a su propio padre, y que [6a] éste, a su vez, mutiló al suyo por causas semejantes. En cambio, esos mismos se irritan contra mí porque acuso a mi padre, que ha cometido injusticia, y de este modo se contradicen a sí mismos respecto a los dioses y respecto a mí.
SÓC . —¿Acaso no es por esto, Eutifrón, por lo que yo soy acusado, porque cuando alguien dice estas cosas de los dioses las recibo con indignación? 9 A causa de lo cual, según parece, alguno dirá que cometo falta. Ahora, si también estás de acuerdo tú que conoces bien [b] estas cosas, es necesario, según parece, que también nosotros lo aceptemos. En efecto, ¿qué vamos a decir nosotros, los que admitimos que no sabemos nada de estos temas? Pero dime, por el dios de la amistad, ¿tú de verdad crees que esto ha sucedido así?
EUT. —E, incluso, cosas aún más asombrosas que éstas, Sócrates, que la mayoría desconoce.
SÓC . —¿Luego tú crees también que de verdad los dioses tienen guerras unos contra otros y terribles enemistades y luchas y otras muchas cosas de esta clase que narran los poetas, de las que los bue [c] nos artistas han llenado los templos y de las que precisamente, en las grandes Panateneas, 10 el peplo que se sube a la acrópolis está lleno de bordados con estas escenas? ¿Debemos decir que esto es verdad, Eutifrón?
EUT. —No sólo eso, Sócrates. Como te acabo de decir, si quieres, yo te puedo exponer detalladamente otras muchas cosas sobre los dioses de las que estoy seguro de que te asombrarás al oírlas.
SÓC . —No me asombraría. Pero ya me las expondrás con calma en otra ocasión. Ahora intenta decirme muy claramente lo que te [d] pregunté antes. En efecto, no te has explicado suficientemente al preguntarte qué es en realidad lo pío, sino que me dijiste que es precisamente, pío lo que tú haces ahora acusando a tu padre de homicidio.
EUT. —He dicho la verdad, Sócrates.
SÓC . —Tal vez sí; pero hay, además, otras muchas cosas que tú afirmas que son pías.
EUT. —Ciertamente, lo son.
SÓC . —¿Te acuerdas de que yo no te incitaba a exponerme uno o dos de los muchos actos píos, sino el carácter propio por el que todas las co pías son pías? En efecto, tú afirmabas que por un solo carácter las cosas impías son impías y las cosas pías son pías. ¿No te acuerdas? [e]
EUT. —Sí.
SÓC . —Exponme, pues, cuál es realmente ese carácter, a fin de que, dirigiendo la vista a él y sirviéndome de él como medida, pueda yo decir que es pío un acto de esta clase que realices tú u otra persona, y si no es de esta clase, diga que no es pío.
EUT. —Pues, si así lo quieres, Sócrates, así voy a decírtelo.
SÓC . —Ciertamente, es lo que quiero.
EUT. —Es, ciertamente, pío lo que agrada a los dioses, y lo que no les agrada es impío. [7a]
SÓC . —Perfectamente, Eutifrón; ahora has contestado como yo buscaba que contestaras. Si realmente es verdad, no lo sé aún, pero evidentemente tú vas a explicar que es verdad lo que dices.
EUT. —Ciertamente.
SÓC . —¡Ea! Examinemos lo que decimos. El acto agradable para los dioses, y el hombre agradable para los dioses, es pío, el acto odioso para los dioses, y el hombre odioso para los dioses, es impío. No son la misma cosa, sino las cosas más opuestas, lo pío y lo impío. ¿No es así?
EUT. —Así es, ciertamente.
SÓC . —¿Y nos parece que son palabras acertadas?
EUT. —Así lo creo, Sócrates; es, en efecto, lo que hemos dicho. [b]
SÓC . —¿No es cierto que también se ha dicho que los dioses forman partidos, disputan unos con otros y tienen entre ellos enemistades?
EUT. —En efecto, se ha dicho.
О проекте
О подписке
Другие проекты
