Bien lo veo. En balde acumulé sobre mí todos los tesoros del espíritu humano, y cuando al fin me siento para descansar, ninguna nueva fuerza, a pesar de ello, nace en mi pecho; no soy más alto del grueso de un cabello, ni estoy más cerca de lo Infinito.
MEFISTÓFELES
Mi buen señor, vos veis las cosas exactamente como se ven de ordinario. Es preciso obrar con más tino, antes que huya de nosotros el placer de la vida. ¡Qué diantre! Tuyos son, sin duda, manos y pies, cabeza y c...;2 pero todo aquello de que yo disfruto buenamente ¿es menos mío por eso? Si puedo pagar seis caballos, ¿no son mías las fuerzas de ellos? Corro así velozmente y soy un hombre verdadero y cabal, como si tuviera veinticuatro piernas. ¡Ánimo, pues! Déjate de cavilaciones, y lancémonos de rondón en el mundo. Yo te lo digo: el hombre que se devana los sesos, es como una bestia a quien un mal espíritu hace dar vueltas por un seco erial, por todas partes rodeado de lozanos y verdes pastos.
FAUSTO
¿Cuándo empezamos eso?
MEFISTÓFELES
Partimos al instante. ¿Qué lugar de tortura es ése? ¿Puede llamarse vivir el aburrirse uno mismo y aburrir a los muchachos? Deja eso para el vecino maese Barrigón. ¿Por qué te afanas trillando la paja? Lo mejor que puedes saber no te atreves a enseñarlo a tus discípulos... Precisamente ahora oigo uno en el corredor.
FAUSTO
No me es posible recibirle.
MEFISTÓFELES
El pobre chico está esperando largo rato ha, y no puede irse desconsolado. Ven, dame tu ropón y tu gorro. Tal disfraz debe sentarme a maravilla. (Se cambia de vestido.) Ahora deja eso para mi ingenio. No necesito más que un breve cuarto de hora. Mientras tanto, prepárate para el hermoso viaje.
Vase Fausto.
MEFISTÓFELES
(Vestido con el ropón de Fausto.) Desdeña la razón y el saber, supremas fuerzas del hombre; déjate afirmar, por el espíritu de mentira, en las obras de ilusión y prestigio: te tengo incondicionalmente... Diole el destino un espíritu que, indómito, se lanza siempre adelante y, en su harto precipitado esfuerzo, salta por cima de los goces terrenos. Yo le arrastraré por una vida desordenada, por la trivial frivolidad; es preciso que se me revuelva, se obstine y se adhiera, e insaciable como es, verá suspendidos manjares y bebidas ante sus ávidos labios, sin que llegue a tocarlos. En vano implorará consuelo para él, y aunque no se hubiese dado al diablo, habría de perderse sin remedio.
Entra un Estudiante.
ESTUDIANTE
Poco tiempo hace que estoy aquí, y vengo sumiso para hablar y conocer a un hombre a quien todos me nombran con respeto.
MEFISTÓFELES
Vuestra cortesía me halaga en extremo. Veis un hombre como tantos otros. ¿Os habéis dirigido ya a otras partes?
ESTUDIANTE
Ruégoos que os intereséis por mí. Llego con la mayor voluntad, algún dinero y sangre joven. A duras penas consintió mi madre en separarse de mí. Bien quisiera yo aprender algo bueno.
MEFISTÓFELES
Entonces os halláis cabalmente en el sitio debido.
ESTUDIANTE
Francamente, quisiera volverme ya. Entre estos muros, en estos recintos, no me hallo a gusto en manera alguna. Es un espacio harto reducido, no se descubre nada de verdor, ningún árbol, y en esas aulas, en esos bancos, se me van el oído, la vista y el pensamiento.
MEFISTÓFELES
Eso no es sino cuestión de hábito. Tampoco, al principio, toma el niño de buen grado el pecho de su madre, pero bien pronto se alimenta con delicia. Así también, junto a los pechos de la sabiduría, sentiréis cada día acrecentarse vuestro afán.
ESTUDIANTE
A su cuello quiero colgarme con deleite. Mas decidme: ¿cómo puedo conseguirlo?
MEFISTÓFELES
Explicaos antes que vayáis más lejos. ¿Qué facultad elegís?
ESTUDIANTE
Quisiera llegar a ser muy sabio, y me gustaría comprender todo cuanto hay en la tierra y el cielo, la ciencia y la naturaleza.
MEFISTÓFELES
Estáis, pues, en el verdadero camino, pero no debéis dejaros distraer.
ESTUDIANTE
Conforme estoy en alma y cuerpo; pero sin duda no me vendría mal un poco de libertad y esparcimiento en las hermosas vacaciones de verano.
MEFISTÓFELES
Aprovechad el tiempo; ¡pasa tan pronto!... Pero el método os enseñará a ganarlo. Para ello, caro amigo, os aconsejo ante todo el Collegium logicum. Allí se adiestrará bien vuestro espíritu, aprisionado en borceguíes españoles, a fin de que así, más reflexivo, en adelante recorra con paso mesurado la vía del pensamiento y no divague tal vez como un fuego fatuo de aquí para allí, a diestro y siniestro. Luego se os enseñará durante muchos días que aquello que antes solíais ejecutar de un solo golpe con toda libertad, como el comer y el beber, es necesario hacerlo en uno, dos, tres tiempos. No hay duda que con la elaboración de las ideas pasa lo mismo que con una obra maestra de tejedor, en la cual una simple presión del pie pone en movimiento un millar de hilos, las lanzaderas se disparan hacia aquí y hacia allí, los hilos corren invisibles, y un golpe único forma de repente mil trabazones. Viene el filósofo, y os demuestra que ello debe ser de este modo: lo primero era así y lo segundo así, luego lo tercero y lo cuarto son así; y si lo primero y lo segundo no existiesen, lo tercero y lo cuarto jamás podrían existir. Los estudiantes de todas partes ponen esto sobre las nubes, mas no han llegado a ser tejedores. El que quiere conocer y describir alguna cosa viviente, procura ante todo sacar de ella el espíritu; entonces tiene en su mano las partes; lo único que falta, ¡ay!, es el lazo espiritual que las une. Encheiresin naturae llama a eso la química, que, sin saberlo, se burla de sí misma.
ESTUDIANTE
No puedo acabar de comprenderos.
MEFISTÓFELES
Pronto lo entenderéis mejor cuando aprendáis a reducirlo y clasificarlo todo como es debido.
ESTUDIANTE
Tan aturdido estoy con todo ello, como si dentro de la cabeza me diera vueltas una rueda de molino.
MEFISTÓFELES
En seguida, antes que ninguna otra cosa, es menester que os apliquéis a la Metafísica. En ella, ved de abarcar con espíritu profundo lo que no se adapta al cerebro humano. Para aquello que entra en él o deja de entrar, tenéis a vuestra disposición un nombre magnífico. Pero sobre todo, en este medio año observad bien el mejor método. Cinco horas de lección tenéis cada día; estad dentro al toque de campana. Venid bien preparado de antemano y tened bien aprendidos los parágrafos, a fin de que luego veáis más claro que el profesor no dice sino lo que está en el libro. No obstante, aplicaos de veras a escribir, como si os dictara el Espíritu Santo.
ESTUDIANTE
Eso no tendréis que decírmelo dos veces. Ya me figuro cuán provechoso es, puesto que lo que se posee en negro sobre blanco, puede uno llevárselo confiado a su casa.
MEFISTÓFELES
Elegidme, pues, una facultad.
ESTUDIANTE
A la Jurisprudencia no puedo acomodarme.
MEFISTÓFELES
No encuentro eso tan mal de parte vuestra. Bien sé lo que pasa con esta ciencia. Leyes y derechos se transmiten de un modo hereditario como una enfermedad perenne; van arrastrándose de generación en generación y avanzan lentamente de un lugar a otro. La razón se convierte en sinrazón, el beneficio en ofensa. ¡Desgraciado de ti que eres nieto! Del derecho que con nosotros ha nacido, de él, ¡ay!, nunca se trata.
ESTUDIANTE
Mi aversión crece al oíros. ¡Oh! ¡Dichoso aquel a quien vos adoctrináis! Ahora casi estoy por estudiar Teología.
MEFISTÓFELES
No quisiera yo induciros en error. Tocante a esta ciencia, es muy difícil evitar el falso camino; hay en ella tanto veneno escondido, que apenas puede distinguirse del remedio. También aquí lo mejor será que no escuchéis sino a un solo maestro y que juréis por su palabra. En suma, ateneos a las palabras. Entonces, entráis en el templo de la certeza por la puerta segura.
ESTUDIANTE
Pero la palabra debe entrañar un concepto...
MEFISTÓFELES
¡Desde luego! Pero no hay que apurarse mucho por eso, pues precisamente allí donde faltan los conceptos, se presenta una palabra en punto y en sazón. Con palabras se puede discutir a las mil maravillas, con palabras es posible erigir un sistema; en las palabras se puede creer a ciegas; de una palabra no se puede quitar ni una jota.
ESTUDIANTE
Perdonad si os detengo con tantas preguntas, pero no puedo menos de molestaros aún. ¿No podríais decirme también alguna palabrita de peso acerca de la Medicina? Tres años son un tiempo asaz breve, y ¡ay, Dios!, el campo es dilatado en exceso. Si uno tiene siquiera una indicación, esto permite orientarse más allá.
MEFISTÓFELES
(Aparte.) Ya estoy ahíto del tono árido; es menester que vuelva a mi papel de diablo. (Alto.) El espíritu de la Medicina es fácil de concebir. Estudiáis a fondo el grande y el pequeño mundo, para dejar al fin y al cabo que vayan las cosas como a Dios le plazca. Inútil es que divaguéis de un lado a otro en busca de sabiduría; cada uno aprende sólo aquello que puede aprender; sin embargo el que sabe aprovechar el momento oportuno, es el verdadero hombre. Por lo demás, estáis dotado de regular apostura, tampoco os falta osadía, y bastará que tengáis confianza en vos mismo, para que los demás la tengan en vos. Aprended sobre todo a gobernar las mujeres. Sus sempiternos ayes y gimoteos, repetidos de mil maneras diversas, hay que curarlos todos de un modo único, y con sólo portaros medio decentemente, dispondréis de todas ellas como se os antoje. Ante todo, un título debe darles plena garantía de que vuestro arte sobrepuja a muchas otras artes. De entrada palpáis entonces todas aquellas cositas, alrededor de las cuales otro va rodando años enteros. Sabed oprimir bien el pequeño pulso, y asestando pícaras miradas de fuego, ceñid con delicadeza el talle esbelto sin reparo alguno, para ver si está muy anudado.
ESTUDIANTE
Eso parece ya mejor. Al menos ve uno el dónde y el cómo.
MEFISTÓFELES
Toda teoría es gris, caro amigo, y verde el árbol de oro de la vida.
ESTUDIANTE
Os juro que eso me parece un sueño. ¿Me permitiréis que venga a molestaros otra vez para escuchar a fondo vuestra sabiduría?
MEFISTÓFELES
En lo que de mí dependa, lo haré gustoso.
ESTUDIANTE
No puedo en manera alguna retirarme sin presentaros antes mi álbum. Otorgadme esa muestra de fineza.
MEFISTÓFELES
Muy bien.
Escribe, y lo entrega.
ESTUDIANTE
(Lee.) Eritis sicut Deus, scientes bonum et malum.3
Cierra el álbum con respeto, y se despide.
MEFISTÓFELES
(Solo.) Sigue la vieja sentencia de mi prima la serpiente y de seguro que algún día te dará que sentir tu semejanza con Dios.
Entra Fausto.
FAUSTO
¿Adónde hay que ir ahora?
MEFISTÓFELES
A donde te plazca. Veremos primero el pequeño, y luego el gran mundo. ¡Con qué placer, con qué provecho vas a seguir de balde este curso!
FAUSTO
Pero con mi luenga barba, fáltame soltura en el trato de las gentes. La tentativa no me saldrá bien; jamás he sabido acomodarme al mundo. ¡Siéntome tan pequeño delante de los demás!... Siempre estaré perplejo.
MEFISTÓFELES
Todo se remediará, mi buen amigo. Sabrás vivir tan pronto como tengas confianza en ti mismo.
FAUSTO
¿Y cómo salimos de casa? ¿Dónde tienes los caballos, lacayo, carruaje?
MEFISTÓFELES
Extendamos sencillamente este manto, que nos ha de llevar por los aires. Para este atrevido viaje, te encargo sobremanera que no lleves ningún lío abultado. Un poco de aire ígneo, que yo prepararé, nos elevará pronto de esta tierra, y si somos ligeros subiremos con rapidez. Te felicito por el nuevo curso de tu vida.
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