BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 2
Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ANTONIO GUZMÁN GUERRA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008
López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.
PRIMERA EDICIÓN , 1977.
2a . REIMPRESIÓN.
3a . REIMPRESIÓN.
ISBN 9788424930394.
INTRODUCCIÓN
Vida de Jenofonte
Las propias obras de Jenofonte y el segundo libro de las Vidas de los filósofos de Diógenes Laercio son las fuentes que nos proporcionan algunos datos sobre su vida. Poco es lo que sabemos acerca de él, aunque sea algo más de lo que conocemos de otros historiadores como Heródoto y Tucídides. Ignoramos la fecha exacta de su nacimiento y de su muerte. Probablemente nació en Atenas hacia el año 430 a. de C. Así lo suponen todos los autores, basándose en su participación en la expedición de Ciro en los años 401-399 a. de C. como oficial griego más joven, y en que fue discípulo de Sócrates como dice en las Memorables . (Véase Strasburger, Xenophon Hellenika , pág. 646; Lesky, Hist. de la literatura griega , pág. 646.) Este último sitúa su muerte después del año 359, aunque quizá se deba rebajar esa fecha tope, pues en el libro VI habla de Tisífono, tirano de Feras del 358 a 355. Como este dato está relacionado con la cronología de las Helénicas volveremos más tarde sobre él.
Naturalmente, en la Anábasis hay numerosas alusiones a sus intervenciones en la expedición que relata, y también alguna marginal al tema de la obra. Así en III 1, 4 y ss. nos informa de su incorporación a la expedición invitado por Próxeno de Beocia; en III 1, 11 y ss.; 45, de su elección como jefe; antes, en II 5, 37 y siguientes, va con Cleanor y Soféneto para enterarse de lo que le sucedió a Próxeno que no ha vuelto; en III 2, 7 y ss., propone el plan de retirada; en V 3, 4 y ss., trata de la parte que le correspondió de botín y de su estancia en Escilunte en la finca que le regalaron los lacedemonios; en VI 1, 20 y ss., de su intento de elección como jefe único al regresar al Mar Negro; en VII 7, 55, de su intervención ante Seutes y de la preparación del regreso a Atenas de donde aún no había sido desterrado, según afirma él mismo; finalmente en VII 8, 22, de sus últimas actividades con los expedicionarios antes de incorporarse al ejército de Tibrón.
Después de la batalla de Leuctra (371) vivió algún tiempo en Corinto, al caer su finca de Escilunte en manos de los eleos.
Las «Helénicas »
Cronología .—Si dejamos aparte el Cinegético , obra de autenticidad dudosa considerada de su etapa juvenil, debemos situar las Helénicas , al menos parcialmente, entre las primeras obras de Jenofonte.
Casi todos los autores coinciden en separar una primera parte formada por I-II 3, 9 (o sea, la parte que corresponde a la guerra del Peloponeso) del resto de la obra. A esta primera parte le asignan como fecha probable de composición el año 390, después de la campaña de Ciro y la estancia con Agesilao en Asia Menor. (Así Anderson, Xenophon , pág. 66, que añade que no hay pruebas de que fuera escrita antes del año 401.) Pudo haber tenido la idea de escribir la historia en los años 403-401 y haber tomado notas hasta el gobierno de los Treinta, incluido este período. (Strasburger, Xenophon, Hellenika , pág. 667; Brownson, Xenophon, Hellenica , pág. VIII, fijan el año 393 para la composición de esta parte o un poco más tarde; Hatzfeld, Xénophon, Helléniques , pág. 9, el 390.)
Asimismo todos señalan las diferencias estilísticas con la segunda parte o el resto de la obra. (Por ejemplo, Anderson, pág. 66, se fija en los caracteres de Tisafernes y Farnabazo y los coteja con el resto y con la Anábasis. Henry, Greek historical writing. A historiographical Essay Based on Xenophon’s Hellenics , pág. 14, observa el diferente uso de una serie de partículas: mḗn no aparece en I mientras es común en II (73 veces); dḗ , sólo 7 veces en I, frente a 211 en II; ge 7 frente a 130; -per 11 y 151 respectivamente; Strasburger, Hellenika , páginas 668-69, no ve la narración intuitiva que observa en Helénicas II y Anábasis , salvo en algunas escenas como la llegada de Alcibíades al Pireo, el proceso de las Arginusas, la actuación de Calicrátidas en Asia Menor y algunas más.) La viveza de la descripción que nos cautiva en la Anábasis se encuentra a menudo en Helénicas II y aparecen nuevos elementos estilísticos que apenas se encuentran en la primera parte: caracterizaciones de personajes, diálogos, juicios del autor en primera persona, sentencias, comparaciones y sobre todo la observación de la influencia de la divinidad en el correr de la historia. (Hatzfeld, ob. cit ., pág. 6, insiste en el método analítico de la primera parte, en las digresiones de la segunda, etc.; lo mismo podemos ver en Lesky, ob. cit ., pág. 649, que nota además el uso del optativo futuro después de II 3, 9.)
Estas diferencias suelen atribuirse a la influencia de Tucídides en la primera parte, cosa que no ocurrió en la segunda, donde Jenofonte tiene ya un estilo propio. Incluso algunos pretenden que la primera es fruto intencionado de una imitación de Tucídides, del que Jenofonte intenta continuar la obra inacabada. Pero los más se inclinan por atribuir al tiempo estas diferencias, puesto que entre ambas partes hay un largo intervalo que supone un desarrollo en el estilo jenofonteo.
Para esta segunda parte ha de pensarse en los años posteriores al 381, si se tiene en cuenta que en III habla de la muerte de Pausanias ocurrida en este año; en VI de los tiranos de Feras, entre ellos de Tisífono (358-355) que vive cuando escribe esa historia. En III remite a la Anábasis para los hechos correspondientes a esa época. (Por ello Strasburger, pág. 668, piensa que han de colocarse en este orden cronológico las Helénicas y la Anábasis: Helénicas I [1.a parte], Anábasis y Helénicas II [2.a parte]. Cf. asimismo Hatzfeld, página 9.)
Hay autores que sostienen una división tripartita, es decir, hacen una segunda separación en lo que hemos llamado 2.a parte: 2.a II 3, 11-V 1, 36 y 3.a V 2, 1-fin, escritas en los años 385-380 y 362-354 respectivamente (como en Brownson, Hellenica , págs. VIII y IX), o un núcleo compuesto por III y IV completado luego con la 1.a parte y más tarde con la 3.a , pero casi todos rechazan esta división por considerarla inútil y no estar fundada en pruebas convincentes. (Así Lesky, pág. 649; Hatzfeld, págs. 7 y 8; Strasburger, pág. 670, y, sobre todo, Henry, op. cit ., págs. 131 y ss., que rebate ampliamente a De Sanctis y Sordi, los sostenedores de tal teoría.)
Otro problema es el de la cronología relativa del Agesilao con las Helénicas y sobre todo con las partes correspondientes III-V. Henry, ob. cit ., págs. 108-133, no ve argumentos sólidos para sostener la anterioridad de una u otra; pero la mayoría sitúan el Agesilao después de la parte correspondiente de las Helénicas . Por ejemplo, De Sanctis admite la fecha del 360 para el Agesilao , antes del VI y VII de las Helénicas .
Relación con la obra de Tucídides .—Comúnmente se admite que Jenofonte pretende continuar y completar la obra histórica de Tucídides y que sus primeras palabras metà dè taûta ... enlazan directamente con los acontecimientos descritos por su predecesor. Incluso el título de su obra es muchas veces Paraleipómena tês Thoukydídou xyggraphês o Complemento de la historia de Tucídides . El de Helénicas es común a muchas historias de autores de esta época. En Lesky (págs. 653-659), encontramos media docena de Helénicas , como las de Teopompo, que también enlazan con Tucídides; las de Oxirrinco, de Calístenes de Olinto, Anaxímenes de Lámpsaco... Sin duda ha de entenderse su significado en oposición con Persiká o Mediká de Ctesias, Indiká , etcétera, obras que abundan en este siglo IV y en los posteriores.
Mas puede pensarse que Jenofonte no tuviera esta idea de completar a Tucídides y que el punto de partida sea sólo eso, un punto de arranque de un historiador que pretende también escribir los hechos de su tiempo. En este sentido, repetimos, Teopompo enlaza igualmente con Tucídides en sus Helénicas . Su método analístico y los demás rasgos tucidídeos pueden ser consecuencia de la influencia profunda del maestro en sus escritos jóvenes o incluso una imitación consciente sin que ello presuponga la intención de completar la obra del maestro. De todos modos, piénsese que precisamente presenta esas semajanzas el período de la Guerra del Peloponeso, es decir, la 1.a parte que señalamos antes hasta el II 3, 10 con la capitulación de Samos.
Pero veamos más detenidamente este problema. Siguiendo a los autores que constituyen la base de nuestra introducción, Lesky, ob. cit ., pág. 649, lo da por admitido. Hatzfeld, Helléniques , págs. 5-6, señala que la unión no es perfecta. Strasburger, Hellenika , págs. 666-667, nos recuerda la teoría de varios investigadores que sostienen que existía un resumen de Jenofonte con los últimos acontecimientos de Tucídides e incluso que se debió perder una parte de este último. A ello opone que otras obras de Jenofonte comienzan de modo parecido sin introducción o presentación como el Económico . Agrega (págs. 670 y ss.), que acaso su intención fue acabar la obra inacabada de Tucídides, y publicarla y que quizás animado por el éxito de la Anábasis se decidió a pasar la línea del 404 por sus propias fuerzas, aunque nunca abandonó la influencia de Tucídides. Así en VI 2, 9 razona los motivos de ayuda a Corcira de un modo semejante a Tuc., I 32; la caracterización de Alcibíades de I 4, 16 aparece con los rasgos de Tuc., V 43, VI 16, aunque aquí la semejanza puede no deberse a dependencia mutua, ya que Alcibíades es una figura clave entre historiadores y filósofos; la contraposición de Atenas como poder marítimo y Esparta como poder terrestre del discurso de Procles en VII 1, 2, es réplica de Tuc., IV 12. Como éste coloca tres discursos antes de la expedición a Sicilia, así Jenofonte inserta otros tres antes de la batalla de Leuctra. La caracterización tucidídea de Brásidas influye en la jenofontea de Calicrátidas.
Al faltar una introducción que nos explique sus propósitos, método, relaciones con sus predecesores, etc., nos quedamos con la duda de si Jenofonte quiso hacer en su tiempo lo que aquél en la guerra del Peloponeso.
Henry, ob. cit ., págs. 15 y ss., trata este problema con más detenimiento y parte de una doble suposición: si Jenofonte al escribir la primera parte reconocía simplemente la existencia de la obra de Tucídides y sufrió su influencia o si el relato de Jenofonte de los últimos años de la guerra del Peloponeso constituye un intento formal de continuar y completar la obra inacabada de Tucídides. Luego estudia los desajustes de la unión de ambas obras. Luego (págs. 53 y ss.), sostiene que en el fondo esta relación con Tucídides nace de un juicio de valor comparativo de la obra de Jenofonte. También habla de los que sostienen que Jenofonte tuvo en su poder unas notas —hypomnémata — de Tucídides para su propia historia y que estaría relacionado con lo que dice Diógenes Laercio sobre Jenofonte como editor de Tucídides. Más adelante (pág. 87), nos recuerda la tendencia antigua a asociar sucesos importantes y personas: como los tres trágicos con la batalla de Salamina, así se ponen en relación los tres historiadores: Tucídides y Heródoto por su vida en parte coetánea, Tucídides y Jenofonte por los biblia lanthánonta de los antiguos y las notas o hypomnémata de los modernos. Hipótesis, añade, que no sirve sino para confundir y añadir dificultades sin que ayude a resolverlas.
Fuentes .—Hay unanimidad en casi todos los autores al señalar la misma vida viajera de Jenofonte como la principal fuente de información de los hechos relatados en las Helénicas . Así, de su vida en Atenas hasta la expedición de Ciro provendría su conocimiento de los acontecimientos de la primera parte y de los Treinta; la estancia en Asia Menor con Agesilao le puso en contacto directo con los de esta época hasta la batalla de Coronea y, en consecuencia, estaríamos ante una especie de memorias como la Anábasis . Asimismo su permanencia en el Peloponeso y especialmente en Escilunte (Élide) le dio ocasión de anotar hechos y recabar información del lado lacedemonio. Su último período en Corinto le proporcionó abundante material sobre los asuntos de esta polis, de Sición y de Fliunte... Incluso algunos atribuyen omisiones importantes en su historia a esta causa: Jenofonte no refiere a sabiendas acontecimientos trascendentes porque no asistió a ellos, como sería la batalla naval de Cnido, que sólo menciona de paso cuando se entera de la noticia durante el regreso a Grecia, la segunda liga marítima ática, que se creó como resultado de la influencia de Atenas cuando él estaba fuera de su área, etc.
Es de suponer que le ayudarían informadores, testigos directos o indirectos de los hechos que personalmente no pudo conocer. Sobre otras fuentes, al carecer de una introducción, no podemos asegurar nada, así como de la consulta a los documentos oficiales, por así decirlo, que por cierto parece no haber prodigado según se deduce de la misma obra. (Véanse Henry, Essay.. ., páginas 91 y ss.; Strasburger, Hel ., págs. 677 y ss. Ésta añade además que coincide a veces con Isócrates sin que podamos decir quién sigue a quién; Brownson, Hel ., pág. IX, le llama ciudadano del mundo y nos confirma que de ahí saca su material; Hatzfeld, Helléniques , págs. 14 y 15, abunda en lo mismo.)
Jenofonte escritor .—Las cualidades que los investigadores niegan a Jenofonte como historiador se las suelen reconocer como escritor. Efectivamente, todos coinciden en alabar su claridad, sencillez, viveza del relato y agradable fluidez. Por ejemplo, Bowra (Introducción ..., página 269), reconoce su sentido de la situación dramática y elogia pasajes como el lamento que recorre los Muros Largos a la llegada de la noticia de Egospótamos. Strasburger, (págs. 681 y ss.) admite que los discursos son más reales y adaptados a los personajes que los pronuncian que los de Tucídides, sus escritos son verdaderas memorias que se leen con gusto y enumera unos cuantos episodios que cautivan al lector: conversaciones de Agesilao, conspiración de Cinadón, despedida de Teleutias, el vendaval que azota al ejército peloponesio al regreso de Beocia, situación de Corcira durante el asedio, las maniobras por mar de Ifícrates, el ataque nocturno contra Fliunte...
Henry, (págs. 192 y ss.) elogia igualmente su obra literaria e insiste en que hay que verla como tal más que como obra histórica. Volveremos sobre él en la valoración crítica.
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