Читать книгу «Dimelo cantando» онлайн полностью📖 — Инма Рубиалес — MyBook.
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4. Sigue latiendo
Holland

—Con que esta noche voy a conocer a tu ex —comenta Chloe a mis espaldas.

Intento aplicarme otra capa de rímel, pero es imposible con lo que me tiemblan las manos. Al final me rindo y cierro el neceser.

—No sé si estará allí —me limito a contestar.

«O si me atreveré a acercarme a él».

No tengo muy claro por qué he aceptado ir a la fiesta. Finn no ha querido contarme su plan y, a estas alturas, comienzo a dudar de que tenga uno. Por muy decidida que esté a ayudarlo a reparar la banda, no creo que una casa llena de gente y música sea el lugar más adecuado para mantener una conversación. Además, todavía no he conseguido que me cuente qué es lo que ha pasado entre ellos.

Me trajo a la residencia hace un par de horas. Estaba tan angustiada que, cuando me encontré con Chloe en la habitación, tuve que contárselo todo. Hice especial hincapié en lo mucho que me aterraba ver nuevamente a mi exnovio y a mis ex mejores amigos después de más de un año y medio.

En cuanto comprendió hasta qué punto me afecta el tema, me dijo que de ninguna manera iría a la fiesta sin ella.

—Sinceramente, espero que esté allí —dice, sacándome de mis pensamientos—. Me muero por darle una buena patada en las pelotas.

Vale. Tengo que contarle lo que pasó entre nosotros. Pronto.

Doy varios pasos hacia atrás para mirarme al espejo. Voy más sencilla que anoche, con unos vaqueros anchos y una camiseta. Mientras más desapercibida pase, mejor. He acompañado el atuendo con unas zapatillas por si tengo que salir corriendo otra vez. Ha sido un consejo de Chloe. Desde luego, la chica sabe lo que hace.

Al verme tan nerviosa, se acerca para ponerme las manos sobre los hombros.

—Relájate, ¿sí? Todo saldrá bien. Y estás guapísima. —Sonríe y me obligo a asentir, aunque no esté muy convencida—. ¿A qué hora dices que viene tu amigo?

—Debería estar a punto de llegar. ¿Seguro que no prefieres quedarte? No quiero ser una carga.

—¿De verdad crees que voy a perderme la oportunidad de meterme con tu ex? ¡Venga ya!

—No me hizo nada malo, Chloe.

Con toda seguridad, era lo último que esperaba. Se queda callada y leo las preguntas en sus ojos. Antes de que pueda decir nada, comienzan a aporrear la puerta.

—¡Holland, aquí estoy! —canturrea alegremente Finn desde el otro lado.

Intercambio una mirada con Chloe. Dolly no permite entrar a nadie ajeno a la residencia. ¿Cómo diablos se ha colado?

—¡Déjame entrar! —añade, poniendo voz grave esta vez.

—Menudo imbécil —gruñe Chloe.

Cruza la habitación para abrir la puerta. Mientras tanto, aprovecho para echarme un último vistazo frente al espejo, inquieta. Puedo con esto.

—Vaya. Hola. ¿Y tú quién eres?

—Alguien que no soporta tu actitud —le espeta Chloe. Me lanza una mirada por encima del hombro—. Te espero abajo.

Rodea a Finn para salir, cargada de irritación. Él se lleva una mano al pecho, afectado.

—¿Qué hay de malo en mi actitud? —cuestiona, mirando el pasillo por el que Chloe se ha marchado.

—No te preocupes. Es mi compañera de habitación. Ya te acostumbrarás.

Asiente, aunque todavía parece preocupado. Como si necesitara pensar en otra cosa, me mira de arriba abajo y suelta un silbido.

—Estás guapa —dice, tan amable como de costumbre.

—Gracias. Tú también.

—Yo siempre.

—Pues vale.

Comienza a reírse y logra sacarme una sonrisa. Lleva unos vaqueros ajustados y una camisa negra y, como he dicho, le sienta bastante bien. Me invita a salir primero haciendo una reverencia.

—Adelante —dramatiza y, al verme tragar saliva, añade—: Estamos juntos en esto.

Me sigue fuera del dormitorio.

En definitiva, he subestimado sus habilidades. Cuando bajamos al primer piso, Finn no solo no intenta esconderse, sino que intercambia una sonrisa con Dolly al pasar junto al mostrador. Intento no mostrarme muy sorprendida. Chloe nos espera en el exterior.

—¿Tu amiga está libre? —me pregunta Finn, aprovechando que no nos escucha.

—De momento, sí.

—Buenas noticias. —Se frota las manos y me sonríe. Después, alza la voz para incluirla en la conversación—: Vaya, Holland, no sabía que teníamos una acoplada esta noche.

—Soy su amiga, friki —se defiende Chloe, malhumorada.

—Que utilices friki como insulto dice bastante de ti. No hay nada de malo en ser fanático de algo. Lástima que tu vida sea tan aburrida. —Chasquea la lengua y la mira de arriba abajo—. Intenta no ensuciar mi camioneta, ¿quieres?

Muy bien. ¿En qué momento se me ocurrió dejar que estos dos se conocieran?

Chloe me mira.

—No será este tu ex, ¿no?

—No —contesto rápidamente.

—Bien. Eso me da vía libre para darle una patada en los huevos.

—Vale, todos a la camioneta —ordeno. Agarro a Finn del brazo para que se monte en el vehículo de una vez.

Chloe y yo vamos en la parte de atrás. Aprecio que haya querido acompañarme, pero espero que no se pase toda la noche discutiendo. Cuando él nos pide que nos pongamos el cinturón, lanzo una mirada fulminante a mi amiga para que no rechiste. Obedece de mala gana.

Nos pasamos los siguientes minutos en silencio. Ha oscurecido y solo las farolas iluminan las calles de Londres. Pese a que había oído en boca de turistas que es una ciudad triste, mi concepción cambió cuando me mudé aquí. Puede que sea porque la veo con los ojos de un artista. Todo en este sitio hace que me entren ganas de dibujar.

Intento concentrarme en las vistas para no pensar en que dentro de poco llegaremos a la fiesta, pero no funciona.

—¿Cuál es el plan? —La voz de Chloe rompe el silencio.

Finn intercambia una mirada conmigo a través del espejo retrovisor. Asiento para confirmarle que puede confiar en ella. No parece muy entusiasmado con la idea.

—Los demás no saben que Holland está en Londres, así que el primer paso es que se enteren —explica de todas formas.

—Habría sido más fácil subir una foto a Instagram —comenta Chloe con ironía.

—Es mejor en persona. Además, habrá mucha gente en la fiesta, por lo que no tendrás que quedarte a solas con ellos si no quieres —prosigue Finn—. Estaría bien que acordásemos con quiénes quieres hablar primero.

Enarco las cejas. ¿Es una broma?

—¿De verdad pretendes que hable con todos esta noche?

—¿En una fiesta? Mala idea —me apoya Chloe.

Finn nos mira con cara de pocos amigos. Al parecer, no le hace gracia que nos hayamos unido en su contra.

—Necesito que te reconcilies con cada uno lo antes posible para que me ayudes a lidiar con lo demás. Que estés allí no puede empeorar las cosas, créeme.

—¿Cómo quieres que te ayude «con lo demás» si no me has contado nada?

—Lo haré cuando hayas hablado con todos —insiste.

Dudo. Eso implicaría a cuatro personas y todavía no estoy preparada para enfrentarme a una de ellas. Al notar el cambio en mi actitud, Finn suspira y giramos a la derecha.

—Y cuando digo todos también me refiero a Alex —añade para que me quede claro.

Tengo intenciones de replicar, pero Chloe se me adelanta.

—¿Alex? ¿Ese es tu ex? ¿Al que tengo que patearle el culo?

—¿Por qué le has pedido que le patee el culo? —inquiere Finn, confundido.

—No lo he hecho. —Lanzo una mirada de reproche a Chloe—. Quedamos en que nos saltaríamos esa parte.

—Qué aburrimiento —grazna ella. Me parece ver a Finn sonreír. Chloe apoya la barbilla en el asiento del conductor para dirigirse a él—: ¿Puedes contarme por qué rompieron? Necesito ponerme en contexto. ¿Le puso los cuernos?

—¿Estás de coña? Alex jamás habría sido capaz de hacer eso. Estaba tan colado por ella que daba asco.

—¿Entonces? —añade Chloe, solo que esta vez la pregunta va dirigida a mí.

Se me forma un nudo en la garganta. No he hablado con nadie del tema, excepto con Martha, mi psicóloga. En Mánchester no tuve amigos como Chloe. La mayoría se limitaban a vivir el presente y olvidar el resto. Creía que eso era lo que necesitaba. Sin embargo, me he dado cuenta de que ignorar el pasado solamente nos lleva a cometer los mismos errores.

—Fue culpa mía. Tomé una decisión estúpida creyendo que hacía lo correcto. Aunque me perdonó, no quiso que volviéramos. Alex pensaba que no éramos buenos el uno para el otro. Me dejó porque decía que quería que fuera feliz.

«Porque era la persona, pero no el momento».

Nos sumimos en un silencio que me satura de incomodidad. No tendría que haber hablado tanto. Ahora no puedo sacarme esa noche de la cabeza. Nuestra historia se cerró de la peor forma posible. Ni siquiera pudo despedirse de mí al día siguiente, en el aeropuerto. Se marchó sin decir adiós.

—Joder —susurra Chloe y Finn asiente, tenso.

—Alex no nos lo había contado —dice.

Entonces, ¿por qué creen que rompimos?

—Diría que es bonito, aunque la verdad es que me parece una muy mala excusa —añade mi amiga—. Lo siento, pero todavía me cae mal.

Estoy de acuerdo con ella. Aunque tuviera buenas intenciones, esa noche acabó conmigo. Me pasé sola todo el verano. Empecé a pensar que no valía la pena, que el problema estaba en mi interior y no en mi físico, como había creído siempre. Que era mala para quienes me rodean. Traté de buscarlo en otros chicos porque necesitaba encontrar a alguien que me hiciera sentir bien, y eso, claramente, no pasó.

Así que decidí que yo misma tendría que ser esa persona.

Pero no fue «bonito». Ni por asomo. Me destrozó.

La conversación se extingue cuando Finn aparca frente al edificio. Se trata de un bloque de pisos situado en una calle poco transitada. Las luces del ático parpadean y cambian de color. Parece que hemos encontrado nuestra fiesta.

—¿Preparadas?

Es una suerte que Chloe responda por mí, ya que no puedo hablar.

—Preparadas y dispuestas a patear traseros.

Salimos y Finn nos conduce al interior. Cuando nos montamos en el ascensor, me miro al espejo una vez más, nerviosa. Me clavo las uñas en las palmas con tanta fuerza que me hago daño. Finn se da cuenta y me da un empujón suave para relajarme.

—Todo irá bien —me asegura.

—Mason, Blake, Sam, Alex —pronuncio de sopetón—. Hablaré con ellos en ese orden.

Frunce los labios con consecuencia.

—Es mejor que dejemos a Mason para la fase tres.

—No tengo ningún problema con él.

—Le rompiste el corazón a su mejor amigo y lo ignoraste durante un año y medio mientras se comía la cabeza por ti. Créeme, Holland, sí lo tienes.

Sus palabras me habrían dolido si no tuviera la sensación de que hay cosas que no me está contando. Cuando llegamos a la planta superior, Finn se asegura de que salga antes que él, como si temiera que en cualquier momento pudiera salir corriendo. Solo habla una vez más antes de llamar a la puerta del apartamento:

—Primero hablarás con Blake. Fase uno.

Aun cuando dudo que a ella no le importe el daño que le hice a su hermano, no lo menciono.

Nos recibe un chico fortachón que debe de conocer a Finn, porque sonríe y chocan puños. No me pasa inadvertida la mirada descarada que nos lanza a Chloe y a mí. Dentro la música suena a todo volumen y parece que han instalado una bola de discoteca en medio del salón. Al verme tan sorprendida, el chico esboza una sonrisa burlona.

Se apoya contra la puerta, mirándome.

—¿Cuál de las dos viene contigo? —le pregunta a Finn, como diciendo «¿con cuál puedo quedarme?».

Chloe interviene antes de que él pueda contestar:

—Holland, ¿crees que tenemos cara de no saber hablar? Parece que este individuo piensa que no puede preguntárnoslo directamente a nosotras.

Finn se sorprende con su respuesta y a mí no me cabe la sonrisa en la cara. Me encanta esta chica. Antes de que el susodicho diga nada, me agarra del brazo y entramos juntas en el apartamento.

Estoy acostumbrada a estos ambientes, pero no estoy de humor para fiestas y no tardo en agobiarme. Hay demasiada gente. Nos abrimos paso entre la multitud, aunque ninguna sabe muy bien a dónde vamos. No deberíamos habernos separado de Finn. Siempre que me cruzo con un chico, temo que se dé la vuelta y sea Mason. O Alex. O Sam.

Ni siquiera he pensado en lo que voy a decirle a Sam.

Puede que Mason me odie por haber hecho daño a Alex, pero ¿y Sam? Era mi mejor amigo. Me esfumé después de prometer que seguiríamos en contacto. Su madre fue varias veces a casa para preguntar por mí, pero la mía daba largas. Y nunca se lo impedí.

Sé que estos últimos meses han sido duros para su familia. Todavía no sé por qué, pues no me atreví a preguntárselo a mamá, pero seguramente me necesitaba y no estuve ahí. Fui una amiga terrible. Aunque no me merezco que me perdone, tampoco puedo rendirme sin intentarlo. Ahora soy más madura y valiente. Puedo enmendar mis errores.

Tiro de Chloe para que paremos de andar sin rumbo. Cuando compruebo que Finn nos pisa los talones, se me escapa un suspiro de alivio.

—Id con cuidado. —Echa un vistazo al salón, como si buscara a alguien, y me agarra del brazo—. Vamos a por algo de beber.

En la cocina hay menos gente. Finn saluda a unos chicos que nos ofrecen cerveza, que rechazo sin pensármelo dos veces. Después del espectáculo de anoche, no probaré el alcohol en una temporada. Además, mañana empiezo la universidad y sería contraproducente no estar al cien por cien.

—¿Vamos a buscar a Blake? —le pregunto a Finn, que baila distraídamente a mi lado para no desentonar. Mientras antes acabemos con esto, mejor.

Sin embargo, niega y da un trago a su cerveza.

—De momento, basta con que nos quedemos justo aquí. Ten un poco de paciencia.

Parpadeo. Espero que me tome el pelo.

—¿Tienes un plan y no me lo has contado?

—Pues sí. Consiste en improvisar. Y está yendo sobre ruedas. —Entonces sonríe y, como si todo estuviera planeado, se acerca y me susurra—: ¿Te parece que pasemos directamente a la fase cuatro?

Sigo su mirada y me da un vuelco el corazón.

Alex está aquí.

Nuestras miradas se cruzan entre la multitud. Aunque sus amigos continúan hablando, parece que no los escucha. Se encuentra a varios metros de distancia, pero noto su presencia como si estuviera a mi lado. ¿Era así cuando salíamos? Acabo de darme cuenta de que no me acuerdo de cómo se sentía tenerlo cerca. Ni del sonido de su risa. Solo me quedan recuerdos borrosos.

He imaginado tantas veces este momento, en el que volveríamos a estar en la misma habitación, que me cuesta reaccionar. Mis sentidos olvidan la música y las luces, y parece que la voz de Finn suena lejana cuando se dirige a Chloe.

—Sé que no me soportas, pero es un buen momento para que tú y yo nos larguemos.

—¿Qué? —mascullo. Cuando me giro, descubro que han desaparecido.

Genial.

Mientras tanto, Alex también se aleja entre la multitud.

La experiencia me ha enseñado a no posponer las cosas importantes. Confiamos en que después tendremos tiempo para pronunciar todos los «te quiero» que callamos en su día y dar todos los abrazos que nos guardamos, cuando no es así. El tiempo se te escurre entre los dedos antes de lo que esperas. De pronto, ya no puedes volver atrás y hacer aquello que un día te prometiste que harías.

No puedo desperdiciar esta oportunidad. Y a pesar de que sé que no es una buena idea, me abro paso entre la gente para seguirlo.

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