Agradecimientos
V.1: diciembre de 2021
© Inma Rubiales, 2021
© de esta edición, Futurbox Project, S. L., 2021
Todos los derechos reservados.
Diseño de cubierta: Taller de los Libros
Publicado por Wonderbooks
C/ Aragó, 287, 2.º 1.ª
08009, Barcelona
www.wonderbooks.es
ISBN: 978-84-18509-31-5
THEMA: YFM
Conversión a ebook: Taller de los Libros
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser efectuada con la autorización de los titulares, con excepción prevista por la ley.
Tras romper con su pasado, Holland comienza una nueva vida en la Universidad de Bellas Artes de Londres, pero su camino no tardará en cruzarse con el de sus viejos amigos, y, entre ellos, con el de su exnovio, Alex, que está pasando por una mala racha: no es capaz de componer ninguna canción y, por si fuera poco, la tensión en su grupo, 3 A. M., está a flor de piel.
Además, Holland tiene que lidiar con las duras críticas de sus padres, que no aceptan que quiera hacer realidad sus sueños. Sin embargo, esta vez quiere ser valiente. Está decidida a tomar las riendas de su vida y volver a escuchar la música de su corazón.
De la autora de Un amigo gratis y Mi conquista tiene una lista
«Inma se supera con cada historia que escribe. Tiene un don y crea personajes especiales que te marcan y a los que es imposible no adorar desde el primer minuto.»
Books and cauldrons
«Inma Rubiales tiene un gran talento y en cada título lo vemos más claro […]. Una autora relevante en la literatura juvenil nacional.»
Vorágine Interna
«Quiero leer todo lo que escribe Inma Rubiales.»
Sintiendo tus letras
«La pluma de Inma Rubiales es muy ágil, sencilla y divertida.»
En un mundo de sueños
«Inma Rubiales es una joven escritora que tiene una gran proyección en las letras.»
Laura Rodríguez, FanFan
A quienes hayan renunciado a un sueño que creían imposible,
id a por él. Este libro también lo era antes.
A mi hermana, Laura,
que me contagió su amor por la música.
Siempre serás mi compañera de aventuras.
Y a ti, lector,
gracias por acoger a mis chicos con los brazos abiertos.
Creo que estoy empezando a perderme
y todavía me quedan mil y una veces por delante.
No sabía que estaba perdido hasta que me encontraste.
¿Vendrás a por mí cuando no vea el camino de vuelta a casa?
«Mil y una veces» – 3 A. M.
Una de las cosas que me gustan de este lugar es que está cerca de la facultad.
Alzo la mirada hacia el edificio. La residencia de estudiantes en la que me alojo tiene todo lo necesario para que una persona como mamá la deteste. Las paredes son de ladrillo, de forma que se integra con el resto de bloques de apartamentos, y las puertas son pesadas y de madera desgastada. Mi parte favorita es el interior, que está pintarrajeado con colores extravagantes.
Este lugar no se parece en nada a nuestra vivienda en Newcastle y, sin embargo, me siento como en casa.
Antes de mudarme a Londres, tuve que negociar con mis padres una serie de condiciones. Que viviese en una residencia era su segunda prioridad, inmediatamente después de que me «comportara como una Owen». La idea no me entusiasmaba al principio y quizá habrían cedido si me hubiera negado, teniendo en cuenta cómo estaban las cosas por entonces, pero no quise tentar a la suerte.
Cualquier estudiante de clase media habría optado por alquilar una habitación en las afueras. Es la opción más barata y por la que se decanta la mayoría. Y era también lo que estaba en mis planes, pero mis padres tenían una opinión muy clara al respecto. Pueden permitirse pagar cualquier residencia. Supongo que, cuando me pidieron que escogiese la que más me gustaba, que mencionase esta era lo último que esperaban.
—Has vuelto a buena hora del paseo. Muy bien.
Dolly me recibe sentada en el mostrador, como todos los días, mientras hojea distraída una revista. Tiene el pelo corto y cano y la cara llena de arrugas. Junto a su marido regentan el establecimiento desde sus inicios. Alojan a más de doscientos estudiantes, así que tienen que ser bastante estrictos para que no se desate el caos.
—Tengo clase mañana —respondo y canto victoria cuando la veo sonreír con aprobación. Que me considere una alumna responsable hará que, a la hora de la verdad, me tenga menos vigilada.
Subo por las escaleras hasta el tercer piso. Las paredes están cubiertas de pintura de pizarra y los estudiantes podemos escribir lo que queramos, así que están llenas de frases, dibujos y colores. Tomo el primer desvío a la derecha y, en un recoveco, encuentro la habitación trescientos seis.
Abro de golpe y sin llamar.
—De acuerdo. Nueva regla: vuelve a darme un susto así y te meto una percha por el culo.
—Hola a ti también, Chloe.
Sonrío y cierro la puerta con más cuidado esta vez. Solo llevo unos días aquí, pero hemos hablado tanto porWhatsApp durante las últimas semanas que ya estoy más que acostumbrada a las constantes amenazas de mi compañera de habitación.
Si tuviera que definir a Chloe en una palabra diría que es explosiva. Me mudé a la residencia con la esperanza de estar rodeada de artistas y no podría haber elegido mejor. Chloe estudia Diseño, se pasa el día haciendo bocetos y combinando estampados que me dan dolor de cabeza. Aunque no compartamos horario, vamos a la misma facultad, lo que es toda una suerte. Hemos intimado mucho desde que llegamos, básicamente porque es incapaz de aguantar callada más de treinta segundos.
—¿Lo has terminado? —Señalo el vestido que cuelga de la puerta del armario.
Se levanta de un salto y esboza una gran sonrisa.
—Aún le faltan unos retoques. ¿Te gusta?
Se trata de un vestido de encaje negro con un escote muy pronunciado. No me veo capaz de ponerme algo tan atrevido, pero encaja con la personalidad de Chloe. Lleva el pelo oscuro recogido en una coleta alta y se sobrepone la prenda para que pueda hacerme una idea.
—Es superbonito.
Asiente, orgullosa, mientras se mira al espejo.
—Podría negarlo, pero, vamos, las dos sabemos que soy alucinante.
Sonrío y me dejo caer en mi cama. A diferencia de la mía, su parte del cuarto está muy desordenada; tiene trastos y trozos de tela tirados por el suelo. Yo ordené mis útiles de dibujo sobre el escritorio nada más llegar y no los he tocado desde entonces.
—Me apetece salir esta noche. —La apunto para dejar claro que está incluida en el plan—. Así podrías estrenar tu nueva obra de arte.
Cuelga el vestido de la percha, no muy convencida.
—Depende. ¿A dónde vamos a ir?
—No lo sé. ¿Qué tal el pub de la última vez?
—Paso. Demasiados niños con dinero y sin cerebro. He descubierto que me dan alergia.
—Vale, pues tú eliges. Seguro que conoces algún sitio que merezca la pena. —Me doy la vuelta sobre el colchón y hago un puchero—. Por favor —insisto.
Finge pensárselo, aunque estoy convencida de que aceptará. No solo porque le encanta salir a bailar, sino porque adora tener cualquier excusa para arreglarse. Es una persona tan abierta y espontánea que me intimidó un poco cuando nos conocimos, pero ahora creo que su amistad es justo lo que necesito.
Me ayuda a olvidar lo que llevo a cuestas. Por eso tengo que salir esta noche.
—Regla número uno. —Alza un dedo y la interrumpo porque ya me la conozco.
—Llegamos juntas y nos vamos juntas.
—Bien. Y número dos. —Arqueo las cejas, expectante, y esboza una sonrisa burlona—. Vas a dejar que te busque un tío esta noche.
Pongo los ojos en blanco, aunque no puedo evitar sonreír. Tan considerada como siempre.
—Sus deseos son órdenes.
—Así me gusta.
Decido dejarme el pelo suelto. Me lo corté hace unos meses y ahora me cae en ondas rojizas hasta los hombros. Chloe, que también es una fanática del maquillaje, insiste en experimentar conmigo. No me aplica base para no cubrirme las pecas, pero me ahúma los ojos y me pinta los labios de color granate porque, según dice, me ayudará a sentirme poderosa. Me enfundo unos vaqueros y un top ajustado negro y sin mangas y, después de ponerme los tacones, me miro al espejo.
La Holland que me devuelve la mirada no se parece a la chica que era en el instituto. Ahora parece más fuerte. Más segura de sí misma. Verme de ese modo me recuerda la época que pasé en Mánchester y lo que ocurrió allí, pero enseguida borro esos pensamientos de mi mente. Estoy segura de que, si los ignoro lo suficiente, desaparecerán.
He intentado hacer lo mismo con él desde hace más de un año y no ha funcionado.
Llamamos a un taxi que nos deja en la puerta del pub que Chloe ha escogido. Está guapísima. Lleva ese vestido de marca propia que se ajusta a sus curvas y el pelo echado sobre un hombro. Va mucho más maquillada que yo, pero le sienta bien. De todas formas, es Chloe. Con esa actitud podría darle estilo a cualquier cosa.
Nos adentramos en un local de música en directo que está a rebosar porque es sábado por la noche. Chloe me agarra del brazo para evitar que nos separemos y la sigo tambaleándome sobre los tacones. Hace calor y la música suena a todo volumen. Nos abrimos paso sorteando a la gente y dando algún que otro empujón. Aunque este sitio es asfixiante, me gusta. No puedo pensar cuando hay tanto ruido. Es precisamente lo que busco.
Encontramos una mesa libre delante del escenario. Un poco más atrás se encuentra la barra y bajando unas escaleras llegaríamos a la pista de baile. Echo un vistazo a los músicos que tocan esta noche mientras Chloe rebusca en su bolso. El vocalista es un chico rubio con una voz ronca que le pondría a cualquiera la piel de gallina.
No funciona conmigo, pero sí con Chloe, a la que le falta poco para hiperventilar.
—Me lo pido —anuncia, sin dejar lugar a discusiones.
—Todo tuyo. —Miro hacia otra parte con desinterés—. Los músicos no me van.
—En ese caso, me los pido todos.
Sonrío y los cuento mentalmente. Cinco en total.
—No tienes tantas manos —discrepo.
—Si piensas que es un inconveniente, es porque aún me queda mucho por enseñarte. —Pongo los ojos en blanco, riéndome, y me guiña un ojo—. Voy a por algo de beber. Invito yo. Espérame aquí, ¿vale?
Asiento y se marcha. Me quedo en la mesa y tamborileo distraída con los dedos siguiendo el ritmo de la canción. Miro de nuevo a la banda. No han tocado nada especialmente bueno, aunque tampoco son un desastre. Además, físicamente no están nada mal. Ahora entiendo por qué Chloe parecía tan entusiasmada.
De pronto, la mirada del vocalista se cruza con la mía. Esboza una sonrisa coquetona y me guiña un ojo. Genial.
Solo espero que este no me escriba canciones.
Cuando Chloe regresa unos minutos después, acepto la copa que me ofrece y señalo el escenario con la cabeza.
—El rubio no dejaba de mirar en esta dirección. Creo que estaba esperando a que volvieras.
Mi amiga parece encantada. Se vuelve hacia el chico, le dedica una sonrisa sugerente y él pronuncia los últimos versos de la canción sin apartar los ojos de ella. Me doy mentalmente una palmadita en la espalda. Todos contentos.
—¿Crees que me presentará a sus amigos?
—No pierdes nada por intentarlo.
—¿Por qué dices que los músicos no te van?
La escucho con claridad porque ya no suena la música. De repente, noto una presión en el pecho. Cojo mi vaso y doy un trago. Hago una mueca cuando el alcohol me quema la garganta. A mi lado, Chloe suelta un silbido.
—Vale, lo pillo, mejor no pregunto.
—No es nada —miento—. He oído que los músicos son muy intensos. No me gusta el drama.
Quería que dejásemos el tema, pero ahora siente más curiosidad. Espera a que añada algo más y, como no lo hago, se encoge de hombros.
—No me importaría soportar un poco de drama con tal de que me escriban canciones.
—Yo no quiero que me escriban canciones.
Debo sonar muy seca, ya que no insiste. Todavía no hemos sacado el tema de los exnovios, pero me prometo que se lo contaré algún día. He aprendido que guardarme las cosas que duelen no me hace ningún bien.
—Mientras sean intensos en todos los ámbitos, estaré conforme —añade y, de pronto, me estoy riendo.
Me gusta Chloe. Como he mencionado antes, creo que podría convertirse en la amiga que necesito.
Mientras intercambia miraditas con el vocalista, echo otro vistazo al local. Hay varios grupos de amigos riéndose en las mesas de alrededor, pero no les presto mucha atención. Miro hacia la barra y, como si el destino supiera que necesito dejar la mente en blanco, por fin encuentro a mi distracción de esta noche.
На этой странице вы можете прочитать онлайн книгу «Dimelo cantando», автора Инма Рубиалес. Данная книга относится к жанру «Короткие любовные романы».. Книга «Dimelo cantando» была издана в 2021 году. Приятного чтения!
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