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© 1999 Trisha David
© 2021 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.
La boda más importante, n.º 1491 - enero 2021
Título original: Bride 2000
Publicada originalmente por Harlequin Enterprises, Ltd.
Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial.
Esta edición ha sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.
Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, lugares, y situaciones son producto de la imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.
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I.S.B.N.: 978-84-1375-136-8
Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.
BRYN Jasper nos ha robado nuestra boda número dos mil.
–¿De verdad? –Sophie Connell se colocó el teléfono bien pegado a la oreja y metió un lirio en una corona. ¿Serían demasiados? Se retiró un poco, miró el arreglo con ojo crítico y finalmente le dio el visto bueno. Esa corona de flores enorgullecería al fallecido y llorado John Henry Jefferson.
–¿Sophie, me estás escuchando?
–Pues claro.
Ellie parecía alterada; claro que, Ellie siempre estaba alterada. Bryn Jasper… ¿Quién demonios era ese?
–Sophie, tienes que venir. El abuelo está muy disgustado y ese hombre no deja de avasallar a todo el mundo.
Bryn Jasper… ¡Ah, sí! El dueño del Complejo Turístico Marlin Bluff y el granuja principal en las cartas de Ellie. Gracias a las cartas de su hermana y a los columnistas de sociedad, Sophie sabía perfectamente quién era Bryn Jasper.
–Bryn Jasper es un hombre de negocios, Ellie. Él se dedica a las bodas.
–No. Las bodas son cosa del abuelo.
Sophie suspiró. En algunas cosas su hermana era tan anticuada como su abuelo.
–Ellie, las parejas de hoy en día no siempre se casan en las iglesias.
–Algunas sí –dijo Ellie con obstinación–. James y yo lo hicimos.
–James y tú no sois lo que se dice demasiado modernos.
–Lo somos. Solo porque vivas en Nueva York cuando en realidad deberías vivir aquí no significa que lo sepas todo –le dijo su hermana con histerismo–. Sophie, debes ayudarnos. Es nuestra primera boda del milenio, la número dos mil por más señas, y va a celebrarse… bueno, iba a celebrarse dentro de un mes, el día uno de enero. El abuelo está tan emocionado. Dice que oficiará la ceremonia y que luego se jubilará; yo creo que es lo único que lo mantiene vivo.
–¿Y tú crees que se morirá si no se celebra?
–Quizá.
–No digas bobadas, Ellie. El abuelo me dijo que se moriría si me venía a Nueva York, y eso fue hace seis años.
–Bueno, pues ahora lo dice en serio –respondió su hermana–. Si Bryn Jasper sigue quitándonos las parejas, no sé si el abuelo podrá soportarlo. Y es tan discreto y honorable que no quiere decirme quién ha cancelado la boda para que no vaya a hablar con ellos. Sophie, es hora de que vuelvas a casa; yo sola no puedo con Bryn Jasper.
–¿Quieres que vuelva a casa y me encargue de ese granuja?
–Precisamente. Es tu obligación, Sophie.
Sophie suspiró y se armó de valor. Estaba acostumbrada al chantaje emocional de su hermana. Pero entonces alzó la cabeza y miró hacia la acera cubierta de hielo por la ventana de su elegante floristería de Nueva York. Además, había huelga de basuras desde hacía tres semanas y las calles estaban asquerosas.
Sophie había tenido seis funerales en los últimos quince días, mientras que Rick se había encargado de todas las bodas. Pero Marlin Bluff, que era desde donde Ellie llamaba…
Pronto empezaría la estación de las lluvias en el Norte de Queensland. Su hermana contemplaría desde la ventana los exuberantes y húmedos jardines tropicales. Llovería a cántaros, lo mismo que en Nueva York, pero la de Queensland sería una lluvia cálida y maravillosa. El sol aparecería entre aguacero y aguacero, haciendo que el paisaje se tornara mágico y vaporoso… Y de repente Sophie sintió una nostalgia tan tremenda por su tierra que enseguida tomó una decisión.
Rick podría hacerse cargo de los funerales durante un mes o poco más; podría soportar la escarcha y la basura y, además, se lo merecía por quedarse él con todas las bodas.
–Está bien, Ellie –le dijo a su hermana y escuchó el silencio de su estupor con una pícara sonrisa dibujada en los labios–. Volveré a casa y le robaré vuestra pareja número dos mil a Bryn Jasper.
–¿En serio?
–Claro.
Sophie se imaginó cómo sería la primera boda del milenio en aquella pequeña capilla junto al mar de Marlin Bluff. El abuelo luciría su preciosa sotana carmesí y la capilla estaría inundada de todas las flores a las que pudiera echarle mano.
Sería el primer matrimonio del milenio y una boda para recordar durante los mil años siguientes… Pero solo si pudiera arrebatársela a Bryn Jasper.
Tal vez podría o tal vez no, pero quizá se divirtiera intentándolo.
–Sí –dijo–. Lo digo muy en serio. ¿Dónde está ese granuja, Ellie, cariño? Vamos a celebrar una boda de morirse. Allá voy, Bryn Jasper.
NORMALMENTE aquel camino estaba desierto, de otro modo no los habría dejado sueltos. Nadie lo utilizaba y menos en medio de una tormenta tropical. Bryn se acercó para ver quién estaba debajo de sus dos perros.
Era un chica. No, era una mujer, tumbada de espaldas en el barro. Llevaba un vestido de algodón blanco que estaba cubierto de barro; tenía el pelo negro, corto y rizado, empapado y pegado a una preciosa cara. Un par de enormes ojos grises lo miraron por entre los afanosos perros, pero lo más gracioso fue que lo miraban divertidos.
–¡Quítemelos de encima! Ay, qué brutos… –Sophie se apartó a los dos gran daneses de encima e intentó incorporarse, pero los perros siguieron lamiéndole la cara. Le colocaron las patas sobre los hombros y tuvo que tumbarse de nuevo, muerta de risa.
–¡Marty, Goggle! ¡Fuera!
Bryn se repuso del susto, agarró a cada perro por su collar y tiró de ellos. Pero no consiguió demasiado. Los perros eran fuertes y estaban resbaladizos, además de muy emocionados con su hallazgo.
Claro que Sophie también se había llevado un buen susto. Estaba caminando tan tranquila por el camino que había utilizado durante años para volver a casa del colegio, cuando de repente dos perros la lanzaron al barro y empezaron a darle lengüetazos en la cara. Y en ese momento, entre lengüetazo y lengüetazo, vio el torso masculino más impresionante que había visto en su vida.
Bryn había sacado a los perros para darles un buen paseo. Hacía calor y había mucha humedad, y se puso unos pantalones cortos, zapatillas de deporte… y nada más.
Sophie se fijó en su cara y enseguida adivinó quién era. Había visto la foto de Bryn en las revistas del corazón y habría reconocido sus ojos de mirada penetrante en cualquier sitio. En cuanto al resto…
Bryn tenía las piernas largas y fuertes y más arriba aquellos pantalones cortos… Tragó saliva y alzó la vista; tenía el pecho grande y fuerte.
¿Pero qué estaba haciendo? Allí tirada en el suelo lleno de barro, con dos perros encima pegándole lengüetazos sin parar, y ella fantaseando tontamente con un hombre que se cernía sobre ella.
Pero qué ojos… Eran marrones oscuros, del mismo tono que su bronceada piel. Por la frente le corrían gotas de agua que intensificaban el negro de sus cabellos rizados. Pero lo que más la impresionó fueron sus ojos; cualquier mujer podría perderse en esa mirada.
Sophie tenía que decir algo. Cuando por fin Bryn le quitó los chuchos de encima, ella abrió la boca e intentó aparentar naturalidad.
–¡Hola!
Pero Bryn arrugó el entrecejo con preocupación.
–¿Se encuentra bien?
–Oh, sí. Estoy bien; mejor que nunca. Los baños de barro son buenísimos para la salud, ¿no lo sabía? –se puso de pie y sonrió–. ¿Tengo el placer de saludar a Bryn Jasper?
Eso lo pilló desprevenido. De repente, se sintió más aturdido de lo que se había sentido en su vida.
–Sí –consiguió decir–. ¿Quién… ?
–Soy Sophie Connell, pero no espere que le dé la mano, porque su tarea principal en este momento, señor Jasper, es agarrar bien a esos perros. ¿Cómo los ha llamado?
–Marty y Goggle. Pero…
–¿Por qué?
Bryn se quedó sin saber qué decir. Había salido con algunas de las mujeres más bellas del mundo, tenía a cientos de mujeres empleadas en su negocio, pero por primera vez en su vida no sabía qué hacer.
–¿Cómo ha dicho?
–¿Que por qué les ha puesto Marty y Goggle? Habría pensado que Tonto y Bobo les quedarían mejor.
Entonces Bryn sonrió. Era la primera vez que Sophie lo veía sonreír y los pensamientos eróticos que había tenido al verlo momentos antes volvieron a su imaginación con más fuerza. La prensa del corazón lo describía como uno de los solteros más apetecibles del mundo y en ese momento Sophie entendió por qué.
–Se llaman igual que dos peces de colores que tuvo mi madre.
–¿Sí? –cualquier otra mujer le habría preguntado el motivo pero Sophie se volvió, buscó con la mirada las bolsas de viaje y cuando las vio las colocó a su lado–. Bueno, no puedo decir que haya sido un encuentro demasiado agradable, señor Jasper, pero ha resultado interesante. Adiós.
–¿Adónde va? –Bryn le preguntó débilmente.
Al final del camino no había más que una capilla y la residencia del vicario, y las bolsas parecían bastante pesadas.
–Voy a casa de mi abuelo. Es el vicario de St. Marks.
–¿Su abuelo es el vicario de St. Marks?
–Exactamente –dijo en tono de aprobación–. Un cuerpo atlético, una inteligencia notable, más un par de perros muy bien entrenados. Su madre debe de estar muy orgullosa de usted. Ahora, si me disculpa… –y esperó con paciencia a que él se colocara a un lado.
–¿Va a ir andando hasta casa de su abuelo?
Sophie sonrió; aquel tipo le estaba empezando a parecer un poco necio. Lo había dejado boquiabierto y no le vendría mal que se quedara así.
–Bueno, esa era mi intención, pero estoy dispuesta a nadar si sigue lloviendo.
Pero Bryn quería saber muchas más cosas de ella y no pensaba echarse atrás por un simple sarcasmo.
–¿De dónde ha salido?
–¿De debajo de una seta? –Sophie suspiró y le sonrió como si estuviera sonriéndole al tonto del pueblo–. Lo siento, estaba bromeando. Ni siquiera en esta selva crecen setas tan grandes. Vengo de Nueva York.
–¡Nueva York!
–Eso está en los Estados Unidos de América –añadió Sophie amablemente.
Entonces Bryn perdió el control, se echó a reír a carcajadas y la miró con admiración. Qué mujer más encantadora.
–Deje que la ayude a llevar sus… –se acercó a levantar las bolsas pero al hacerlo soltó a los perros, que se abalanzaron de nuevo sobre Sophie; Bryn se echó hacia delante para agarrarla de los hombros y que los perros no se le subieran encima–. Fuera de aquí, chuchos. Voy a hacer de vosotros comida para caballos. Qué bichos más estúpidos…
Consiguió apartarlos y de pronto no había perros entre ellos dos. Bryn tenía el pecho pegado al de Sophie, su aliento le rozaba la mejilla y sus luminosos ojos estaban a tan solo unos centímetros de los suyos.
Bryn apenas si podía respirar. Qué mujer más preciosa…
–¿Perdone, le importa soltarme?
На этой странице вы можете прочитать онлайн книгу «La boda más importante», автора Trisha David. Данная книга относится к жанрам: «Эротические романы», «Короткие любовные романы».. Книга «La boda más importante» была издана в 2021 году. Приятного чтения!
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