Título original: False nine
© ThynKER Ltd, 2015.
© de la traducción: Víctor M. García de Isusi, 2018.
© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2018.
Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
REF.: ODBO205
ISBN: 9788491870296
Composición digital: Newcomlab, S.L.L.
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Índice
ESTA NOVELA SE LA DEDICO
A MI QUERIDO AMIGO JONATHAN TAYLOR
El término falso nueve hace referencia a un futbolista que juega de único delantero y muy adelantado para buscar el balón. El cometido de esta figura es el de atraer a los defensores centrales para que sus compañeros aprovechen los espacios que deja en las líneas defensivas y, así, aumenten las probabilidades de marcar de estos.
KIERAN ROBINSON
Siempre que quiero sentirme mejor, me meto en Twitter y leo algunos de los comentarios que se hacen sobre mí. No hay vez en que no me quede claro lo deportivo y ecuánime que es el gran público británico.
Manson, eres un cabrón inútil. Lo mejor que
has hecho nunca es dejar el club.
#Cityencrisis
¿De verdad dejaste tú el club, Manson, o te
dieron la patada, como a todos los
entrenadores soplapollas con sueldos
desorbitados? #Cityencrisis
Nos dejaste tirados, Manson. Si no te hubieras
ido, no tendríamos ahora al mierda de Kolchak
y no iríamos cuartos por la cola. #Cityencrisis
Vuelve a la Corona de Espinas, Scott.
Mourinho lo hizo, ¿por qué tú no? Ya te
hemos perdonado. #Cityencrisis
Negro de mierda, pensarás que lo que dijiste
sobre el Chelsea en @BBCMOTD era
inteligente. Consigues que Colin Murray
parezca bueno.
La mayoría de los comentaristas de
@BBCMOTD son muertos vivientes, pero,
si Darryl Dixon le dispara con la ballesta a
alguno, que sea a ti.
Que hayas salido en la portada de la GQ no
quiere decir que no seas un negro de mierda.
Solo eres un negro de mierda con un traje caro.
Te echamos de menos, Scott. El fútbol es
basura desde que te fuiste. Kolchak no sabe
ni cómo cogérsela. #Cityencrisis
¿Cuándo vas a explicar por qué dejaste el
City, Manson? Que lleves tanto tiempo callado
al respecto le hace daño al club. #Cityencrisis
Tengo cuenta en Twitter porque a mi editor le pareció que me ayudaría a vender más libros en Navidad. Y es que van a publicar una nueva edición en rústica con un capítulo añadido de mi libro acerca de mi corto reinado en el London City. No es que diga gran cosa en él, ya que, en su día, firmé un contrato de confidencialidad con Viktor Sokolnikov, el dueño del club, que me impide explicar por qué me fui del City. En cualquier caso, tuvo mucho que ver con la muerte de Bekim Develi, que es lo poco que puedo decir al respecto. El nuevo capítulo tuvieron que aprobarlo los abogados de Viktor, cómo no. Para ser sinceros, no vale ni el papel en el que está impreso, y eso no lo cambia ni el hecho de que dé pie a miles de tuits.
No me gustan las redes sociales. Creo que nos iría mucho mejor si cada tuit costara cinco peniques y tuvieras que ponerle un sello de correos antes de publicarlo. O algo por el estilo. La opinión de la mayoría de la gente no vale una mierda, incluida la mía. Y eso, teniendo en cuenta solo a la gente razonable. Ni que decir tiene que en Twitter hay muchísimo odio, y que gran parte de este tiene que ver con el fútbol. Y lo cierto es que, hasta cierto punto, no me sorprende. Allá por 1992, cuando el programa de mano de un partido costaba una libra y la entrada, poco más de diez, cabía esperar que la gente fuera más transigente con los asuntos del fútbol. Sin embargo, hoy en día, una entrada para un club de primera línea, como el Manchester United, por ejemplo, cuesta seis o siete veces más, y no puedes recriminar a los aficionados que esperen algo más del equipo. Aunque, a veces, se pasan.
Lo curioso es que, aunque no suelo prestar mucha atención a las cosas bonitas que la gente tuitea sobre mí, me resulta inevitable fijarme en los insultos que me lanzan. Intento no hacerlo, pero la verdad es que me cuesta. En ese aspecto, Twitter es como viajar en avión: no prestas la menor atención mientras todo va bien, pero te resulta inevitable preocuparte cuando las cosas empiezan a torcerse. Es curioso, pero algo en mi fuero interno considera que todos esos tuits desagradables tienen algo de razón. Como este:
Si fueras tan bueno, Manson, ya te habría
fichado otro equipo. De no haber muerto João
Zarco, todavía estarías recogiendo conos.
O este:
En el fondo, siempre supiste que el cargo te
iba demasiado grande. Por eso te la pegaste,
tío mierda. #Cityencrisis
A veces, incluso, lees algún comentario que parece una aportación interesante al fútbol en sí.
Nunca llegaste a entender que la finalidad de
los pases no es mover el balón, sino dar con el
que está desmarcado.
Y puede que este también:
El problema del fútbol británico es que todos
se creen Stanley Matthews. No regatees,
corre con la pelota. Corre para provocar.
Estar en el paro suele ser el estado natural de todo aquel que se considere entrenador de fútbol. Perder el trabajo, o marcharse porque la situación se ha vuelto insostenible, es tan inevitable como marcar algún gol en propia meta por muy buen cuatro que seas. Como dijo Platón: «Son putadas que pasan». Siempre es jodido dejar un equipo de fútbol cuando eres el entrenador, porque, por buenas que sean las posibles recompensas, el riesgo de cagarla también es muy grande. Otro tanto sucede con las inversiones. Cada vez que quedo para comer con mi asesor financiero, este me recuerda los cinco niveles del umbral de riesgo, a saber: reacio, mínimo, cauteloso, abierto y hambriento. Yo me definiría como un inversor cauteloso que se decanta por las opciones seguras que entrañan un nivel de riesgo reducido, aunque tengan un potencial de recompensa limitado. El fútbol, sin embargo, es muy diferente. El fútbol siempre está en el último nivel. Si no tienes hambre de riesgo, es mejor que no te dediques a entrenar. Todo el que dude de mis palabras debería fijarse en el color del pelo de Mourinho o en las caras arrugadas de Arsène Wenger o Manuel Pellegrini. Para ser francos, hasta que no pierdes el empleo no puedes decir que de verdad te has dejado la piel en el intento. Aunque, seamos sinceros, hasta el peor entrenador puede convertirse en un mesías de un día para el otro. Brian Clough es el mejor ejemplo de un entrenador que falló garrafalmente en un equipo pero obtuvo un éxito espectacular en el siguiente. Resulta tentador pensar que el Leeds United podría haber ganado dos Copas de Europa consecutivas de haber seguido confiando en Clough. De hecho, yo estoy convencido de ello.
En cualquier caso, es difícil dejar buscar a un equipo de fútbol. Durante el verano no lo pasé tan mal pero, ahora que ha empezado la temporada, nada me gustaría más que estar en el campo de entrenamiento con un equipo, aunque sea recogiendo los conos. Echo mucho de menos el fútbol. Y lo que más echo de menos es a la gente del London City. A veces, echo tanto de menos al equipo que me siento como si estuviera enfermo. Ahora mismo es como si no fuera capaz de encontrarme como persona. Como si mi vida careciera de significado. Lánguido. Que es una buena palabra para describir lo que se siente cuando eres un entrenador en paro, pues significa que has perdido el vigor y el espíritu; pero también que estás débil y fatigado. Y es justo así como me siento: lánguido. Ahora bien, no uses una palabra así en Match of the Day: seguro que no te vuelven a invitar al programa. No quiero ni imaginar lo que tuitearía la gente si se me ocurriera emplear una palabra así.
Harry Redknapp diría algo así como: «Solo eres entrenador cuando entrenas a alguien». Entonces, cuando no entrenas a nadie y sales de comentarista en MOTD o en A Question of Sport, ¿qué eres? No estoy seguro de que, ahora mismo, sea nada de nada. A mi entender, he aquí otro tuit que lo explica muy bien:
Ahora que has dejado el City, Manson, vas a
darte cuenta de que no eres más que otro de
los muchos soplapollas del mundo del fútbol.
Y tiene razón. No soy sino otro de los muchos soplapollas del mundo del fútbol. Es peor que ser actor y verte obligado a trabajar de camarero porque, en una situación como esa, nadie sabe si, sencillamente, eres un actor que está «de descanso». En cambio, cuando eres un entrenador sin trabajo, parece que todo el puto mundo esté al tanto de ello. Como el tipo que se ha sentado a mi lado esta mañana en el avión a Edimburgo:
—Seguro que no tardará en ficharte otro equipo. —Pretendía animarme—. Cuando a David Moyes lo despidieron del United, yo tenía bien claro que no pasaría mucho tiempo antes de que volviera a entrenar en un buen club. Y a ti va a sucederte lo mismo, ya verás.
—A mí no me despidieron. Lo dejé.
—Cada año pasa lo mismo. El fútbol parece el juego de las sillas musicales. ¿Sabes, Scott? No entiendo cómo la gente no se da cuenta de que un entrenador tarda un tiempo en enmendar el rumbo del equipo cuando las cosas no van bien. Si le das ese tiempo necesario, casi siempre les calla la boca a sus detractores. Nueve de cada diez veces, el entrenador no es más que el cabeza de turco. En el mundo de los negocios pasa lo mismo. Fíjate en Marks & Spencer, por ejemplo. ¿Cuántos directores generales han tenido esos grandes almacenes desde que sir Richard Greenbury lo dejó en 1999?
—Ni idea.
—El problema no es el director general, sino el modelo de negocio. Está claro que la gente no quiere comprar la ropa donde compra los sándwiches. ¿Tengo razón o tengo razón?
Al fijarme en la ropa con la que viajaba mi compañero de asiento, no estuve seguro de qué responder. Con aquel traje marrón y aquella camisa de color rosa asalmonado, el hombre parecía un sándwich de gambas. Sin embargo, asentí con educación y esperé a que me dejara en paz para retomar la lectura del fascinante libro de Roy Keane en mi Kindle. Pero no lo hizo, y bajé del avión maldiciéndome por no haber ido con gorra y gafas, como Ian Wright. No necesito gafas. No me gustan las gorras. Sin embargo, hablar de fútbol con extraños me gusta aún menos. Es mucho mejor tener pinta de gilipollas que pasarte todo el vuelo hablando con uno.
На этой странице вы можете прочитать онлайн книгу «Falso nueve», автора Philip Kerr. Данная книга относится к жанрам: «Современная зарубежная литература», «Зарубежные детективы».. Книга «Falso nueve» была издана в 2022 году. Приятного чтения!
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