Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley.
Diríjase a CEDRO si necesita reproducir algún fragmento de esta obra.
www.conlicencia.com - Tels.: 91 702 19 70 / 93 272 04 47
Editado por Harlequin Ibérica.
Una división de HarperCollins Ibérica, S.A.
Núñez de Balboa, 56
28001 Madrid
© 2020 Maureen Child
© 2020 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.
Magia en el mar, n.º 2142 - diciembre 2020
Título original: Temptation at Christmas
Publicada originalmente por Harlequin Enterprises, Ltd.
Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial. Esta edición ha sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.
Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, lugares, y situaciones son producto de la imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.
® Harlequin, Harlequin Deseo y logotipo Harlequin son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited.
® y ™ son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited y sus filiales, utilizadas con licencia. Las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y en otros países.
Imagen de cubierta utilizada con permiso de Harlequin Enterprises Limited. Todos los derechos están reservados.
I.S.B.N.: 978-84-1348-954-4
Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.
Sam Buchanan odiaba la Navidad.
Siempre la había odiado, pero este año tenía más motivos que nunca para desear hacer desaparecer del calendario la temporada navideña.
–Venga, vete a hacer un crucero navideño –murmuró furioso–. Muy buena idea.
Había sabido que sería duro, pero él no era de los que se desentendían de sus obligaciones. Tenía un negocio del que ocuparse y no permitiría que sus asuntos personales se interpusieran.
Pero eso no significaba que tuviera que agradarle.
Desde su suite privada del Noches de Fantasía, uno de los barcos de Cruceros Fantasía, miró hacia la curvada proa con su cubierta color azul cielo y el mar extendiéndose tras ella. Miró en esa dirección porque no quería mirar hacia el muelle.
El puerto de San Pedro, California, estaba abarrotado de pasajeros emocionados por partir hacia Hawái y lo que menos le apetecía era ver a gente feliz y de celebración. Una vez el crucero zarpara, podría encerrarse en su suite y salir únicamente para controlar a sus empleados.
Hacía cuatro viajes al año en distintos barcos de la línea Buchanan porque siempre había pensado que experimentar los cruceros en persona era el mejor modo de estar al corriente de lo que necesitaban tanto sus clientes como sus empleados y de asegurarse de que el trabajo de esos empleados satisfacía sus expectativas.
Con una taza de café entre las manos miraba fijamente el océano. Una vez estuvieran en mar abierto, iría a ver al capitán del barco y después daría una vuelta por los restaurantes.
Pero no le apetecía lo más mínimo.
Sus cruceros eran exclusivos para adultos, aunque en Navidad se permitían niños a bordo para que las familias pudieran disfrutar en sus barcos más pequeños e íntimos.
Así que durante ese crucero no solo tendría que enfrentarse a kilómetros de guirnaldas navideñas, árboles iluminados y villancicos, sino que también tendría que aguantar a docenas de niños. Y aun así, eso sería mejor que estar en su casa, donde la ausencia de Navidad lo atormentaría más todavía.
–¿Diga? –preguntó cuando le sonó el teléfono.
–Señor Buchanan, el capitán dice que zarpamos en una hora.
–Bien. Gracias –colgó y escuchó el silencio de su suite. Ahí habría mucho silencio durante las próximas dos semanas. Y era algo que deseaba y temía a la vez.
Un año atrás las cosas habían sido distintas. Había conocido a una mujer en otro crucero y dos meses después habían celebrado una boda navideña y habían hecho este mismo crucero en su luna de miel. Sí, por Mia había sido capaz incluso de darle una oportunidad a la Navidad.
Ahora ese matrimonio y ella habían quedado atrás, pero la Navidad había vuelto como para torturarlo.
Dejó la taza de café sobre la barra del minibar, se metió las manos en los bolsillos y contempló su precioso camarote. Eran ciento diez metros cuadrados de lujo con suelos de teca que resplandecían bajo la luz del sol y una pared de vidrio unidireccional que le ofrecía unas vistas incomparables del océano y de la amplia terraza privada que se extendía a lo largo de la suite.
Además tenía dos dormitorios y tres cuartos de baño. El dormitorio principal y el baño adjunto tenían también paredes de vidrio unidireccional. Él podía ver lo que había fuera, pero nadie podía ver lo que había dentro.
Y a pesar del entorno en el que se encontraba, Sam se sentía… al límite. Salió a la terraza y al mirar abajo, hacia la cubierta de proa casi vacía, se fijó en una mujer con el pelo largo, ondulado y pelirrojo y sintió un fuerte golpe en el pecho.
–No es ella. ¿Por qué iba a estar aquí?
Aun así, no era capaz de desviar la mirada. La mujer llevaba unos pantalones blancos y una camisa verde de manga larga. El cabello se le alzaba y sacudía con el viento. Entonces se puso de perfil y Sam vio que estaba embarazada. La decepción y el alivio se entremezclaron en su interior hasta que la pelirroja se detuvo y miró arriba.
¿Mia?
Le dio un vuelco el corazón y cerró los puños con fuerza sobre la fría y blanca baranda.
¿Estaba embarazada? ¿Por qué no le había dicho nada? ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Y por qué no se quitaba las gafas de sol para dejarle ver esos ojos verdes que lo habían embrujado durante meses?
Sin embargo, no le concedió ese deseo. Al contrario; sacudió la cabeza claramente disgustada y echó a andar, desapareciendo de su vista en un instante.
Mia. Embarazada. Y ahí.
Sam necesitaba respuestas. Salió corriendo de la habitación y bajó a la cubierta principal, donde aún había pasajeros embarcando. El sobrecargo estaba ahí, junto con dos miembros del equipo de animación, para dar la bienvenida a los viajeros al Noches de Fantasía.
–Señor Wilson –dijo, y el sobrecargo se giró.
–Señor Buchanan. ¿Puedo ayudarle en algo?
–Sí. ¿Se ha registrado una mujer llamada Mia…? –estuvo a punto de decir «Buchanan», pero entonces recordó que su exmujer usaría su apellido de soltera–. ¿Mia Harper?
Rápidamente, el hombre comprobó la lista de pasajeros.
–Sí, señor. Así es. Hace media hora. Ha…
Así que sí era Mia. Y una Mia embarazadísima.
–¿En qué suite está?
Sabía que tenía una suite porque todos los camarotes del Noches de Fantasía eran suites. Algunas estaban decoradas y equipadas con más lujos que otras, pero todas eran espaciosas y acogedoras.
–En la Poseidón, señor. Dos cubiertas más abajo en la zona de babor y…
–Gracias. Es todo lo que necesito –Sam se abrió paso entre la multitud que ya abarrotaba el atrio, la zona de bienvenida principal de cualquier barco.
En el Noches de Fantasía el atrio eran dos pisos de escaleras de cristal y madera, ahora cubiertas por guirnaldas de pino. En el centro había un árbol de Navidad gigantesco con miles de lucecitas de colores y adornos que los pasajeros podían comprar en la tienda de regalos. En un extremo había un coro cantando villancicos y, rodeando todo el espacio, kilómetros de más guirnaldas de pino.
Del techo colgaban cientos de tiras de brillantes luces blancas que simulaban una nevada, y a lo largo de una pared había mesas abarrotadas de galletitas navideñas y chocolate caliente.
Sam apenas se fijó en todo eso y tampoco se entretuvo esperando el ascensor, sino que fue hacia la escalera más cercana y subió los escalones de dos en dos. Se conocía cada barco de la flota como la palma de su mano, así que no necesitó consultar los mapas que había en las paredes para saber adónde dirigirse.
La suite Poseidón era una de las más grandes. ¿Por qué Mia se habría molestado en reservar una de dos dormitorios? Y si estaba embarazada, ¿por qué no había ido a hablar con él directamente meses atrás? No tenía respuestas a todas las preguntas que se le pasaban por la cabeza, pero se prometió que resolvería ese misterio cuanto antes.
Las animadas conversaciones y las carcajadas de los niños y sus padres lo persiguieron por el primer vestíbulo de la zona de babor. Los pasillos de los Cruceros Fantasía eran más anchos de lo habitual y especialmente luminosos, con suelos de teca y placas en cada puerta representando el nombre del camarote en cuestión. Por ejemplo, la puerta de la suite de Mia tenía una imagen de Poseidón subido a una ballena y sujetando su tridente como preparado para atacar a un enemigo. Preguntándose si sería un presagio de lo que iba a suceder, llamó a la puerta y un instante después esta se abrió.
Cabello largo y pelirrojo. Ojos verdes. Camisa verde. Pantalones blancos. Tripa de embarazada.
Pero no era Mia.
Era Maya, su gemela.
¿Estaba sintiendo alivio, decepción o las dos cosas? Se la quedó mirando, pero no se le ocurrió nada qué decir.
Maya, en cambio, lo miró y dijo con brusquedad:
–Feliz aniversario, capullo.
Casi al instante Mia apareció detrás de su gemela.
–Maya. Para ya.
Su hermana la miró.
–¿En serio? ¿Vas a defenderlo?
–¿Defenderme de qué? –preguntó Sam.
–¿De qué? –repitió Maya fulminándolo con la mirada antes de dirigirse a su hermana–. ¿En serio? ¿Incluso ahora quieres que me haga la simpática?
Mia tiró del brazo de su hermana.
–Te quiero, pero lárgate.
–Muy bien –respondió Maya levantando las manos. Miró a Sam una última vez y añadió–: Pero no me iré lejos…
–¿Pero qué…? –murmuró Sam mirándola con recelo mientras la mujer se alejaba.
Ese no era el modo en que Mia había querido manejar la situación, aunque en realidad nada de lo relacionado con ese viaje estaba saliendo como había querido. Por ejemplo, no había tenido pensado llevarse a toda su familia con ella, pero ya no había nada que pudiera hacer al respecto excepto, tal vez, mantener a Maya lejos de Sam.
–Ya, no puede decirse que sea tu mayor fan –admitió Mia antes de salir al pasillo. Cerró la puerta, se apoyó en ella y miró al hombre de sus sueños.
O, mejor dicho, al exhombre de sus sueños.
Era alto. Siempre le había gustado eso de él. Es más, había sido una de las primeras cosas en las que se había fijado cuando se conocieron. Ella medía un metro setenta y cinco, así que había sido genial conocer a un hombre que midiera más de metro noventa. Aquella noche llevaba unos tacones de casi ocho centímetros y aun así había tenido que levantar la mirada para poder mirarlo directamente a los ojos.
Y eran unos ojos fantásticos, por cierto. Azules, muy muy claros, que pasaban del hielo al fuego en un instante. Tenía el cabello demasiado largo para tratarse del pelo del director de una empresa tan importante, pero era tupido y de un negro brillante y hubo un tiempo en el que le había encantado enredar los dedos en él. E incluso después de todo lo que había pasado, sus dedos aún anhelaban hacerlo.
На этой странице вы можете прочитать онлайн книгу «Magia en el mar », автора Maureen Child. Данная книга относится к жанрам: «Эротические романы», «Короткие любовные романы».. Книга «Magia en el mar » была издана в 2021 году. Приятного чтения!
О проекте
О подписке
Другие проекты
