Primera edición en Panamericana Editorial Ltda.,
abril de 2021
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Editor
Panamericana Editorial Ltda.
Edición
Miguel Ángel Nova
Traducción del inglés
Violeta Villalba
Ilustraciones
Diego Nicoletti
© LanaN - Shutterstock.com
Diagramación
Martha Cadena
ISBN 978-958-30-6212-4 (impreso)
ISBN 978-958-30-6426-5 (epub)
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por cualquier medio sin permiso del Editor.
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Quien solo actúa como impresor.
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Niña de frente pura, despejada,
¡tus ojos soñadores no dejan de asombrarse!
Aunque el tiempo corra y se empeñe
en separarnos la mitad de una vida,
acogerás sonriendo tiernamente
esta historia que con amor te regalo.
Ya mis ojos no ven tu carita radiante,
y tu risa de plata se la llevó el viento;
ni un solo recuerdo mío se ocultará
en la memoria de tu joven vida…
Pero me basta ahora con que escuches
esta historia que para ti he inventado.
El cuento que nació en otros días
bajo brillantes luces de verano,
mientras un tamborcito marcaba
el ritmo de nuestro remar…
Vivirán en mí sus ecos aun cuando
el envidioso tiempo me insista en olvidar.
Ven, y escucha, antes de que
la fiera voz traiga noticias amargas
y llame a la melancólica niña
¡que no quiere irse a dormir!
No somos más que niños viejos, inquietos
cuando llega la hora de acostarse.
Afuera, la escarcha, la nieve que nos ciega;
y un viento enloquecido en tormenta.
Adentro, el resplandor del fuego,
el nido jubiloso de la infancia.
Aférrate a estas mágicas palabras
e ignora el furioso rumor del viento.
Y aunque la sombra de un suspiro,
quizá tiemble a través de la historia
por aquellos “felices días de verano”1
—esos tiempos gloriosos ya lejanos—,
no marchitará con su dolido aliento
el hermoso encanto2 de nuestro relato.
Lewis Carroll
1 N. de la T.: Las palabras entre comillas son las últimas cuatro palabras de Alicia en el País de las Maravillas.
2 N. de la T.: En el poema original aparece la palabra inglesa pleasance, una forma arcaica del término pleasure (“placer”, “gusto”) que también se usa como nombre femenino. Carroll quiso incluirla para presentar el segundo nombre de Alicia Liddell. Ella, junto con sus dos hermanas, fueron quienes por primera vez escucharon la historia de Alicia en el País de las Maravillas de labios del mismo Carroll, una tarde de verano de 1862.
ROJAS
BLANCAS
El peón blanco (Alicia) juega y gana en 11 movimientos.
| 1. Alicia conoce a la Reina Roja | 1. Reina Roja a Torre de Rey Rojo en la casilla 4 |
| 2. Alicia pasa por la Reina en la casilla 3 (en tren) y llega a Reina en la casilla 4 (Tweedledum y Tweedledee) | 2. Reina Blanca a Alfil de Reina en la casilla 4 (después del chal) |
| 3. Alicia conoce a la Reina Blanca (con su chal) | 3. Reina Blanca a Alfil de Reina en la casilla 5 (se convierte en oveja) |
| 4. Alicia a Reina en la casilla 5 (tienda, río, tienda) | 4. Reina Blanca a Alfil de Rey en la casilla 8 (deja el huevo en el estante) |
| 5. Alicia a Reina en la casilla 6 (Humpty Dumpty) | 5. Reina Blanca a Alfil de Reina en la casilla 8 (escapa volando del Caballero Rojo) |
| 6. Alicia a Reina en la casilla 7 (bosque) | 6. Caballero Rojo a Rey Blanco en la casilla 2 (jaque) |
| 7. Caballero Blanco captura a Caballero Rojo | 7. Caballero Blanco a Alfil de Rey en la casilla 5 |
| 8. Alicia pasa a la Reina en la casilla 8 (coronación) | 8. Reina Roja a la casilla del Rey Rojo (interrogatorio) |
| 9. Alicia se convierte en reina | 9. Las Reinas enrocan (entra al castillo) |
| 10. Alicia enroca (banquete en el castillo) | 10. Reina Blanca a Torre de Reina en la casilla 6 (sopa) |
| 11. Alicia captura a la Reina Roja y gana |
Contenido
Capítulo 1. La Casa del Espejo
Capítulo 2. El jardín de las flores vivientes
Capítulo 3. Insectos del Espejo
Capítulo 4. Tweedledum y Tweedledee
Capítulo 7. El León y el Unicornio
Capítulo 8. “Es de mi propia invención”
Capítulo perdido. Una Avispa con peluca
Capítulo 1
La Casa del Espejo
Una cosa es segura: la gatita blanca no tuvo nada que ver con todo esto. Fue solo culpa de la gatita negra, pues durante el último cuarto de hora, Dina había estado bañando a la minina blanca (que por cierto lo soportó bastante bien); así que, como puedes ver, no es posible que haya tomado parte en esta travesura.
Esta es la manera en que Dina les lavaba la cara a sus crías: ponía una pata sobre la oreja de la pobre minina y luego le restregaba toda la cara con la otra, a contrapelo, empezando por la nariz. Y justo en este momento, como decía, estaba muy ocupada con la gatita blanca, que apenas se movía y hasta intentaba ronronear…, sin duda porque sentía que todo aquello era por su bien.
Pero el baño de la minina negra ya había terminado aquella tarde y entonces sucedió que, mientras Alicia estaba acurrucada a un lado de la gran butaca, hablando consigo misma casi dormida, la gatita se había estado divirtiendo de lo lindo con el ovillo de lana que Alicia trataba de enrollar; lo había hecho rodar tanto de un lado para otro que se había desbaratado por completo; allí estaba, por toda la alfombra de la chimenea, vuelto nudos y marañas, mientras la gatita, en el medio, corría tras su propia cola.
—¡Ay, pero qué cosita tan traviesa! —exclamó Alicia atrapando a la minina y dándole un besito para hacerle entender que se había portado una manera vergonzosa—. ¡La verdad es que Dina debería haberte enseñado mejores modales! ¡Sí, Dina, sabes que así es! —añadió mirando con reproche a la vieja gata y hablándole con el tono más severo que podía usar.
Alicia se acomodó de nuevo en la butaca llevando consigo a la gatita y la lana para volver a enrollarla. Pero no avanzaba muy rápido, ya que no paraba de hablar, a veces con la minina y otras consigo misma. Kitty se ubicó con sigilo en su regazo jugando a observar el progreso del enrollado, y de vez en cuando extendía una patita y tocaba delicadamente el ovillo, como si quisiera ayudar a Alicia en su tarea, si pudiere.
—¿Sabes qué día es mañana, Kitty? —le preguntó Alicia—. Lo sabrías si te hubieras asomado a la ventana conmigo…; solo que como Dina te estaba aseando no pudiste. Estuve viendo cómo los chicos reunían leña para la fogata… ¡y se necesitan muchísimas ramas! Aunque hacía tanto frío y nevaba tanto que tuvieron que parar. No te preocupes, Kitty, mañana veremos la fogata.
En este punto, Alicia enrolló dos o tres veces la lana alrededor del cuello de la gatita, solo para ver cómo le quedaba; esto causó tal alboroto que el ovillo rodó por el suelo una vez más extendiéndose yardas y yardas.
—¿Sabes? Me enfadé muchísimo, Kitty —continuó Alicia tan pronto volvieron a ponerse cómodas—, cuando vi todas las travesuras que habías estado haciendo; ¡hasta estuve a punto de abrir la ventana y ponerte de patitas en la nieve! ¡Y te lo habrías merecido, linda picarona! ¿Qué vas a decir a eso? Ahora no me interrumpas —prosiguió Alicia, levantando el dedo—, ¡que voy a enumerarte todas tus faltas! Número uno: chillaste dos veces mientras Dina te bañaba la cara esta mañana; y ni se te ocurra negarlo, Kitty, ¡yo misma te oí! ¿Qué dijiste? —Alicia estaba haciendo como que la gatita decía algo—. ¿Que te metió la pata en un ojo? Bueno, eso es culpa tuya, por dejar los ojos abiertos… Si los hubieras cerrado bien, no habría pasado nada. ¡Ya no más excusas y escúchame bien! Número dos: ¡agarraste por la cola a Snowdrop tan pronto puse la leche en su plato! ¿Cómo?, ¿que tenías sed? ¿Y si ella también tenía sed? Bueno, aquí va la número tres: ¡desenrollaste un ovillo de lana entero cuando no estaba mirando!
»Son tres faltas, Kitty, y no has sido castigada por ninguna. Bien sabes que estoy reservando todos tus castigos para el miércoles de la próxima semana… ¡Imagina que reservaran todos mis castigos! —siguió hablando más consigo misma que con la minina—. ¿Qué no me harían a final de año? Supongo que me enviarían a prisión cuando llegara el momento. O si no, veamos…, imagina que el castigo fuese quedarme sin cenar; entonces cuando llegara el espantoso día, ¡me quedaría sin cenar cincuenta comidas! Bueno, quizá no me importaría tanto…; ¡preferiría eso a tener que comérmelas todas al tiempo!
»¿Oyes la nieve sobre el cristal de las ventanas, Kitty? ¡Qué sonido tan suave y bello! Como si estuvieran dándole besos a todo el cristal por fuera. Me pregunto si la nieve besa tan dulcemente a los árboles y a los campos porque los ama…, cubriéndolos luego, ya sabes, con su manto blanco para que estén calientitos; y tal vez les diga: “Vayan a dormir, queridos, hasta que regrese el verano”. Y cuando despiertan en verano se visten todos de verde y se ponen a bailar cada vez que sopla el viento… ¡Ay, qué lindo suena! —exclamó Alicia, dejando caer el ovillo para aplaudir—, ¡y cómo quisiera que fuese verdad! Estoy segura de que los bosques se ven adormilados en otoño, cuando las hojas se vuelven doradas.
»Kitty, ¿sabes jugar ajedrez? Ay, no sonrías, querida; te lo pregunto en serio. Porque cuando estábamos jugando hace un rato nos mirabas como si entendieras; y cuando dije “jaque”, ¡ronroneaste! Bueno, es que ese jaque me salió muy bien, y a decir verdad creo que habría ganado si no fuese por ese odioso caballero que avanzó zigzagueando por entre mis piezas. Kitty, querida, juguemos a que…
Y aquí desearía poder contarte al menos la mitad de las ideas que acompañaban la frase favorita de Alicia: “Juguemos a que…”. Tan solo el día anterior había tenido una larga discusión con su hermana por culpa de aquella frase; Alicia le había propuesto: “Juguemos a que éramos reyes y reinas”; y su hermana, a quien le gustaba ser muy precisa, le había alegado que era imposible hacerlo, pues solo podían jugar a ser dos, hasta que finalmente Alicia resolvió el asunto diciendo:
—Entonces tú puedes ser uno de ellos y yo seré todos los demás.
Y en otra ocasión, la vieja institutriz se dio un gran susto cuando Alicia le gritó de repente al oído:
—¡Nana! ¡Juguemos a que yo era una hiena hambrienta y tú un hueso!
Pero esto nos aparta del discurso que Alicia le estaba dando a la gatita:
—¡Juguemos a que tú eras la Reina Roja, Kitty! ¿Sabes? Creo que si te sentaras y cruzaras los brazos, te verías igualitica a ella. ¿Lo intentarías? ¡Di que sí!
Y Alicia tomó a la Reina Roja de encima de la mesa y la puso frente a la minina para que viera el modelo que debía imitar; sin embargo, la cosa no resultó bien sobre todo porque, según Alicia, Kitty no se cruzaba de brazos en la forma adecuada. Así que, como castigo, la alzó delante del espejo para que se diera cuenta de la expresión tan gruñona que tenía.
—Y si no te portas bien de inmediato —añadió—, te pasaré a través del cristal y te pondré en la Casa del Espejo. ¿Qué opinas de eso?
На этой странице вы можете прочитать онлайн книгу «A través del Espejo», автора Lewis Carroll. Данная книга относится к жанру «Кулинария».. Книга «A través del Espejo» была издана в 2021 году. Приятного чтения!
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