| JUEGOS MULTICULTURALES 225 Juegos tradicionales para un mundo global |
JAUME BANTULÀ JANOT
JOSEP MARIA MORA VERDENY
AUTORES
Jaume Bantulà Janot
Profesor del departamento de Didáctica de la Expresión Musical y Corporal
Universidad de Barcelona
Profesor de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte
Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y del Deporte
Blanquerna. Universidad Ramon Llull (URL)
Josep Maria Mora Verdeny
Profesor de Educación Física del IES Jaume Balmes. Barcelona
Licenciado en Ciencias de la Educación.
DIBUJANTE: Joan Carmona
DISEÑO CUBIERTA: David Carretero
© 2016, Editorial Paidotribo
E-mail: paidotribo@paidotribo.com
4ª reimpresión de la 2ª edición
ISBN: 978-84-8019-669-7
ISBN EPUB: 9788499107981
BIC: YNW
Maquetación: Editor Service, S.L.
Diagonal, 299 – 08013 Barcelona
ÍNDICE
LA CONFIGURACIÓN DEL REPERTORIO DE JUEGOS
Los criterios de selección de los juegos
El modelo de ficha y su configuración
ÍNDICE DE JUEGOS DEL CONTINENTE SEGÚN LOS PAÍSES
ÍNDICE DE JUEGOS DEL CONTINENTE SEGÚN LOS PAÍSES
MAPA DEL CONTINENTE
FICHAS DE JUEGOS
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FICHAS DE JUEGOS
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FICHAS DE JUEGOS
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FICHAS DE JUEGOS
ÍNDICE GENERAL DE JUEGOS
RELACIÓN DE JUEGOS CON OTRAS DENOMINACIONES
ASPECTOS DIDÁCTICOS BÁSICOS
El séptimo principio de la Declaración de los Derechos del Niño, aprobada por las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1959, puntualiza:
“El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deberán estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho”.
Durante el año 1998 se organizó la Marcha Mundial contra la explotación laboral de la infancia, denunciándose que más de 300 millones de niños y niñas en edades comprendidas entre 5 y 14 años de todo el mundo no pueden acceder a la escuela debido a su situación de explotación.
A tod@s aquell@s niñ@s del mundo que debido a la situación en la que viven no tienen garantizado el derecho a jugar y, lo que es peor, ni tan siquiera la posibilidad de disfrutar de una vida exenta de miseria, explotación, pobreza, guerra, hambre, prostitución, malos tratos, abusos y enfermedades.
Con la esperanza que algún día tod@s l@s niñ@s que integran los diferentes pueblos y culturas de la tierra puedan disfrutar con plenitud de estos juegos.
AGRADECIMIENTOS
En primer lugar, mostramos nuestra más sincera y cordial gratitud al alumnado que con enorme entusiasmo ha informado acerca de juegos pertenecientes a otras realidades culturales:
Gorai Ramjee, Julia y Lucía Giordano, Hugo Da Silva (CC Sant Felip Neri); Pau Barrena (IES Lluís Vives); Quaiser Paruaiz, Arzar Ahmed (CEIP Ruben Darío); Rashid Ashiq, Emilia Pico, Lilí Zhang, Mireia Gordi, Felipe Barreneche, Magda García, Leila Esfandiari, Daniel Rodríguez, Nabila Bouras y Júlia Mercader (IES Jaume Balmes).
Hay que hacer una mención especial al personal de los centros docentes de Barcelona que han participado de una manera u otra en posibilitar que este libro salga hoy a la luz: CC Vedruna, CEIP Colla-so i Gil, CEIP Drassanes, CEIP Mediterrania, CEIP Joan Miró, IES Miquel Tarradell y CC Sant Felip Neri.
De inestimable valor han sido las aportaciones y materiales facilitados por los cooperantes de las ONG de Intermón y Setem: Rosa Serra, Rosalía Riambau, Andrè Senghor, Akina Núria y Laia Mir, Floren Ramaya Koudoro, Georgina Florejachs y, muy especialmente, Jaume Plens, Martí Boneta y Montse Món.
Cómo no mencionar las colaboraciones puntuales de profesores de Educación Física: Carles Vallès, Ramon Pedret, Cristina García, Gemma Blanc, Robert Díez, Francisco Sánchez, Rosa Parra y Ferran Pujol.
Han sido de gran ayuda durante el desarrollo del proyecto las aportaciones y eruditos consejos de los profesores Jesús González,
del INEF-Barcelona y Pere Lavega, del INEF-Lleida. También nuestro reconocimiento más profundo al profesorado del Departamento de Didáctica de Expresión Musical y Corporal de la Universidad de Barcelona, al que nos unen lazos de una sincera amistad.
Debemos mucho a Carlos Velázquez, por el intercambio de materiales; a Marta Carranza, por conseguirnos bibliografía de otras latitudes; a Lluís Cuesta, Agregado cultural de la Embajada de España en Colombia, por idéntico motivo; a M. Regina Öfele, coordinadora de la Sede Sudamérica del Instituto para la Investigación y la Pedagogía del Juego, por el continuo y constante intercambio de información.
A Samir Saloum, Montse Escutia, Ignasi Navarra y Júlia Trullén, porque sin ellos, y debido a nuestras limitaciones idiomáticas, muchos de los juegos que conforman el repertorio dormirían aún en el baúl. Reconocer la paciente labor mostrada por Iolanda Merino en la revisión de la obra.
Y en último lugar, y no por ello de menor importancia, no olvidamos a Iolanda, Montse y a la pequeña Maria, por el tiempo robado.
INTRODUCCIÓN
ACERCA DEL JUEGO
Definir y analizar cada una de las palabras que componen el título del presente libro supone un arduo trabajo que se escapa a la finalidad de la obra. Sí, en cambio, es deseable transmitir su intencionalidad, nacida del entusiasmo que despierta esta manifestación lúdica de difusión universal que acompaña al hombre, desde el nacimiento hasta la vejez, y de la cual se han llegado a escribir infinidad de páginas a lo largo de los siglos, pero que aún hoy en día despierta una gran pasión, y su contenido encierra todavía toda la magia, magia que Duhamel, plasmó en esta bella expresión “jugar es como soñar con el cuerpo”.
Como ya es bien sabido, hablar del juego y sus excelencias no es nuevo. A lo largo de la historia de la humanidad han sido numerosas las personalidades que desde distintos campos del saber han abordado y reflexionado sobre el concepto de juego como parte fundamental del lenguaje universal y fuente de transmisión de conocimientos y valores socio-culturales.
Ya en los primeros yacimientos arqueológicos aparecen elementos referidos al juego y a los juguetes que se remontan a más de 4000 a. J.C. Hipócrates (300 a. J.C.) recomienda hacer rodar el aro en un tratado de medicina. También se menciona el juego en los textos religiosos, tal es el caso de las Confesiones de san Agustín (350-430), donde se indica que: “El juego es inminentemente educativo en el sentido de que es el resorte de nuestra curiosidad por el mundo y por la vida, el principio de todo descubrimiento y creación”. Filósofos como Heráclito, Heidegger, Sartre, Schiller, entre muchos otros, reflexionan sobre el juego en sus obras. Éste último escribió: “El hombre sólo es verdaderamente humano cuando juega”. Mientras que Platón en las Leyes afirma: “El juego es un factor determinante en la formación del ciudadano perfecto”.
El juego fue cosa de reyes. Se han encontrado tableros de juego en las sepulturas de los reyes de Ur, situadas en esta ciudad sumeria junto al cauce del bajo Éufrates. Del mismo modo está presente en diversas expresiones artísticas elaboradas durante las distintas dinastías de Egipto.
Fue practicado por grandes señores, nobles y cortesanos tanto en Asia, como en América, África y Europa. A destacar el caso del rey de Castilla Alfonso X “el Sabio” que en 1283 recopiló en Libro de los Juegos, el primer tratado de juegos de la literatura europea. Sin embargo, la gran mayoría de juegos han transcendido a las clases populares, siendo practicados en torno a actos religiosos, durante fiestas y celebraciones, en el ámbito laboral, etc. para encontrar acomodo, paulatinamente, en el corazón de la infancia.
Esta pasión por el juego ha sido reflejada en numerosísimas obras de arte: pintura, cerámica, grabado, escultura, etc. Basta mencionar a artistas como Brueghel con su óleo Juegos de niños (1560) en el que se muestran más de ochenta juegos tradicionales de la época; la no menor muestra que ofrece la colección de grabados de Stella (1657) en su obra Jeux et plaisirs de l’enfance; a Goya con sus tapices de La gallina ciega (1788) y de El Pelele (1792), o el lienzo La niña con el aro (1885) de Renoir, para constatar cómo ha sido plasmado plásticamente el universo del juego.
Con el despertar del interés por la infancia, pedagogos como Rousseau ven en el juego uno de los soportes básicos para la correcta educación de los niños y niñas. Freinet interpretaba que el juego para el niño debía tener un significado parecido al que representa el trabajo –actividad seria– para el adulto. Autores como Freud en el campo de la psicología dicen: “El juego supone el paso del fantasma al símbolo. Jugar es negar y superar el fantasma arcaico”, constatando nuevamente la importancia del fenómeno lúdico dentro del mundo infantil y evidenciado por Claparède (1951) al escribir: “Para el niño el juego es el trabajo, es el deber, es el ideal de la vida (...), el niño al jugar puede ser protagonista de sus eventos, cosa que la sociedad normalmente le impide”.
En referencia a las aportaciones de la antropología, autores como Batenson (1984) señalan que: “El juego es el mejor medio de comunicación entre especies diferentes, como también es el mejor medio de comunicación entre personas de generaciones, clases sociales o culturas diferentes”, mientras que Blanchard y Cheska (1986) llegan a la conclusión de que “si queremos comprender la humanidad, es indispensable que estudiemos este tipo excepcional del comportamiento humano”. Mientras, el historiador holandés Johan Huizinga marca uno de los puntos de inflexión en el estudio del juego otorgándole un protagonismo inusual en su obra Homo ludens (1938) cuando afirma: “La cultura nace del juego, aunque éste último la precede”. Posteriormente, el sociólogo Roger Callois evidencia la similitud entre la actitud lúdica y la actitud cultural al expresar “el juego es consubstancial a la cultura”.
En el campo de la literatura también se observa un mismo interés y sensibilidad en torno al juego, siendo varios los escritores que se refieren a él en sus obras literarias. En La Ilíada y La Odisea de Homero se alude a juegos similares a las tabas; François Rabelais ofrece en Gargantúa y Pantagruel (1532) un amplio repertorio de juegos practicados durante el Renacimiento; en Alicia en el país de las maravillas, su autor Lewis Carroll hace una bella descripción acerca del juego del críquet, de la misma manera que Julio Cortázar narra exquisitamente cómo jugar al infernáculo en su novela Rayuela (1963).
Y como ellos, un sinfín de personalidades han visto en el juego una de las manifestaciones culturales más entrañables que han acompañado al ser humano en su periplo por la historia, ya sea regulando contiendas, determinando mandatos u otorgando un sentido mágico-religioso a las creencias del hombre. El juego siempre ha estado ahí presente, transmitiendo todo el saber popular de generación en generación.
A pesar de las excelsitudes y aportaciones que despierta el juego en el devenir de la humanidad, no han sido pocas las voces que por otra parte se han pronunciado en su contra, sobre todo en la cultura judeocristiana. Del juego se ha dicho que se trata de un modo de proceder sin consecuencia ni formalidad, de una actividad placentera sin más interés que la de jugar, sólo practicada por los más pequeños que no tienen nada que hacer, etc.
Algunas de sus prácticas fueron prohibidas y fuertemente perseguidas, dictándose leyes y ordenanzas en su contra en toda la Europa de finales de la Edad Media, por su supuesta perversión de la sociedad al creer que desvirtuaba a los hombres de buena voluntad. Si bien es cierto que esta persecución fue más propia de los juegos de mesa y azar, de mayor reglamentación, que de los juegos de calle practicados por los niños y niñas, de transmisión básicamente oral. Juegos a los cuales el mundo adulto, durante mucho tiempo, no ha prestado la más mínima atención.
El juego siempre ha tenido su espacio de manifestación y debate. Cientos de nombres, definiciones, teorías y clasificaciones para intentar comprender la acción de jugar. Jugar es jugar, y sólo de esta manera se puede entender.
Incluso a partir de la década de los años ochenta parece ser que el juego goza de un prestigio inédito en la historia. Scheines (1999) comenta al respecto: “A los chicos se les enseña jugando, los ejecutivos se capacitan jugando, toda la cultura se juega. Se previenen situaciones de crisis financiera a través de juegos de posibilidades y combinatorias. La guerra se proyecta y se proclama a partir de juegos de guerra. El juego adquiere una jerarquía insólita; pareciera que donde no se juega no se puede vivir”.
Lo cierto es que son numerosos los organismos oficiales y congresos realizados con la intención de recuperar esta manifestación lúdica como derecho fundamental de la infancia. Sirvan de ejemplo el Fondo Internacional para el Desarrollo de la Educación Física y el Deporte (FIDEPS) de la UNESCO, que tiene como objetivo proteger y desarrollar los juegos tradicionales; la fundación en 1974 de la Asociación para el estudio antropológico del juego (TAASP); la creación en 1981 de la Asociación Internacional por el Derecho del niño a Jugar; el Proyecto Belgrado-OMEP (1985) para la investigación y recopilación de juegos tradicionales infantiles en diversas partes del mundo; el Segundo Congreso del ISHPES (International Society for the history of physical) llevado a cabo en Berlín (1993) bajo un título tan sugerente como: Games of the World-The World of Games; el Primer Congreso Internacional de Luchas y Juegos Tradicionales, celebrado en las Islas Canarias en 1996.
Hay que referirse, cómo no, al Museo del Juego de Mechelen (Bélgica); al Museo de Juegos Tradicionales de Campo, inaugurado en
1998 (España), y al Instituto para la Investigación y Pedagogía del Juego, creado en 1991 en Austria, que cuenta en Latinoamérica con una sede en Buenos Aires.
En el entorno educativo, el juego pasa de manera incuestionable a constituirse como la herramienta más eficaz del aprendizaje de la infancia y la juventud, utilizado en la gran mayoría de áreas curriculares, siendo un recurso muy apreciado para abordar el tratamiento de los temas transversales. Desde esta perspectiva, viene entroncado con la educación intercultural entendida como la respuesta pedagógica a la exigencia de preparar a los futuros ciudadanos para desarrollarse en una sociedad prácticamente multicultural e idealmente democrática. Una educación pensada para todo el alumnado, para que adquiera una sólida competencia cultural basada en el respeto a la diversidad.
El actual compromiso intercultural ya fue abordado en la Conferencia de Educación Pública de Ginegra (1968) con la siguiente resolución: “La educación debería ayudar a los jóvenes a adquirir un mejor conocimiento del mundo y de sus habitantes y a formar actitudes que desarrollen en ellos un espíritu de aprecio y respeto mutuo para las otras culturas, razas y estilos de vida”, constituyendo en el despertar del nuevo milenio un reto que deben asumir los profesionales de la educación, tanto en el ámbito formal como en el no formal, para abordar con éxito los cambios sociales y flujos migratorios, que durante las últimas décadas han modificado profundamente el tejido social y la población escolar en toda Europa y, recientemente, en España.
Ahora bien, para hacer frente a esta problemática, los educadores requieren de instrumentos eficaces para desarrollar planteamientos educativos capaces de garantizar la adquisición de competencias en materia de educación intercultural. Es desde esta determinada óptica, y ciñéndose a la utilización del juego como eficaz contenido y recurso de aprendizaje, que se detecta la falta de materiales elaborados con este propósito. Tras una prospección por el mercado editorial nacional e internacional, se llega a la conclusión de que son prácticamente inexistentes las publicaciones que recojan en un mismo volumen manifestaciones lúdicas de distintas culturas, tratadas todas ellas en un plano de igualdad.
En las dos últimas décadas, y en mayor medida, desde los años noventa, en el Estado español ha proliferado la bibliografía relacionada con el tratamiento de los juegos tradicionales y populares. En este sentido, sí es cierto que existen varias monografías sobre determinados juegos, destacando algunas de ellas por su gran aportación al estudio del fenómeno del juego, como es el caso de la tesis doctoral realizada por Lavega (1995). Del joc a l’esport. El joc de bitlles al Pla d’Urgell (Lleida)
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