BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 244
Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO Y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JUAN M.a NÚÑEZ GONZÁLEZ.
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1997.
REF. GEBO338
ISBN 9788424932671.
INTRODUCCIÓN
1. La «Retórica a Herenio»
La introducción en Roma de la retórica griega en tanto que ars técnica fue un proceso tardío, inseparable de la helenización general de la cultura romana y sujeto a las cambiantes circunstancias políticas e ideológicas que caracterizan al siglo II 1 a. C. Hasta la generación de Escipión el Africano, a mediados del siglo, cuando rétores, gramáticos y filósofos griegos comienzan a llegar de Asia para servir como maestros y pedagogos, la retórica griega no fue practicada y enseñada en Roma de una manera abierta. Es probable que en esa misma época comenzara la circulación de manuales de instrucción retórica en griego. Sin embargo, de esta producción, así como de las primeras artes retóricas escritas en latín, no se ha conservado nada. Los primeros tratados de retórica en lengua latina de que disponemos datan aproximadamente de los primeros años del siglo I y son la incompleta invención retórica del joven Cicerón y esta Retórica a Herenio de autor desconocido, a la que su inclusión en el corpus de obras de Cicerón en el siglo IV d. C. le proporcionó durante mucho tiempo un gran prestigio y garantizó su pervivencia durante toda la Edad Media. Ambas obras son manuales técnicos, sistemáticos y ordenados de acuerdo con los principios formales de la enseñanza helenística; aunque utilizan una terminología plenamente latinizada y procuran adaptar los ejemplos que presentan a la realidad histórica y social romana, reflejan básicamente la enseñanza retórica de época helenística, de cuya téchnē siguen siendo ampliamente tributarias.
Sin embargo, aunque la deuda que ambos manuales tienen con la tradición retórica anterior es sin duda considerable, resulta sumamente difícil determinar con exactitud qué es lo que tomaron de ella y qué doctrinas retóricas reflejan. Y ello básicamente porque la retórica griega de época helenística no es bien conocida y son precisamente estas dos obras latinas las que sirven para reconstruirla. Anteriores a ellas sólo se conservan la Retórica de Aristóteles, un tratado de orientación y alcance completamente diferentes de los aquí presentados y que, por otra parte, permaneció mucho tiempo fuera de circulación, y la llamada Retórica a Alejandro, atribuida inicialmente a Aristóteles y hoy considerada como obra de Anaximenes de Lámpsaco, un rétor de mediados del siglo IV 2 . Además, los maestros griegos de elocuencia encontraron en Roma tanta oposición por parte de los círculos más conservadores de la sociedad que sus métodos permanecieron durante mucho tiempo confidenciales, confinados a determinados círculos y ligados a algunas familias helenizantes como la de los Escipiones o los Gracos 3 . Naturalmente ello no quiere decir que en esta primera época la retórica griega fuera completamente desconocida en Roma, pues ya en autores como Catón o Terencio es posible reconocer su presencia. Tampoco se sabe mucho de los teóricos de la segunda ola que entraron, esta vez con más éxito, en la educación romana a finales del siglo II y comienzos del I . El desconocido auctor ad Herennium no menciona el nombre de ningún rétor griego y aunque se ha querido ver en su misterioso doctor a Plocio Galo, el primer rétor latino del que se tiene noticia, la hipótesis tampoco añade mucho, pues se ignora casi todo sobre su doctrina. Las afinidades señaladas entre estas obras y el ars del orador Antonio, el primer tratado retórico en lengua latina del que se tiene noticia, no conducen más que al establecimiento de ciertas correspondencias entre estos autores que poco contribuyen al esclarecimiento de la retórica helenística de la época 4 . Más concretos a este respecto se muestran Cicerón y, especialmente, Quintiliano, que ofrecen un esquemático, pero aún así importantísimo, bosquejo de la historia de la retórica griega en época helenística 5 .
2. El autor de la obra
Atribuida a Cicerón desde el siglo IV d. C y editada junto con el La invención retórica durante toda la Edad Media con el nombre de Rhetorica secunda o noua, la cuestión de su autoría ha ocupado la atención de los investigadores desde que en 1491 el humanista Rafael Regio demostró la falsedad de la atribución a Cicerón. En 1533 Petrus Victorius sostuvo la hipótesis de que el autor de esta obra podía ser cierto Cornificio, un rétor al que Quintiliano cita en su Instrucción Oratoria en varias ocasiones. Objeto de fuertes críticas ya en ese momento y sin recibir una aceptación unánime, la tesis ha sido retomada en época más reciente por autores como Tolkiehn, Kroll y, especialmente, G. Calboli 6 , el más decidido partidario de su atribución a Cornificio.
Los argumentos para esta atribución se basan en las correspondencias existentes entre ciertas categorías y conceptos retóricos mencionados por Quintiliano y otras tantas del libro IV de la Retórica a Herenio. Así, Quintiliano señala en V 10, 1 que el enthýmēma es llamado contrarium por Cornificio y en la Retórica a Herenio (IV 18, 25) el entimema es denominado también contrarium 7 . En XI 3, 91 Quintiliano critica a Rutilio y Cornificio por considerar la finitio, que no es una figura, como una figura de dicción. De manera semejante, en la Retórica a Herenio la definitio, aunque caracterizada de manera diferente, aparece como figura en IV 25, 35. Además, Quintiliano (IX 2, 27) dice que Cornificio llamaba a la parrhēsía griega licentia y la Retórica a Herenio incluye una larga exposición de esta figura retórica (IV 36, 48-50). Por último, en IX 3, 98 enumera Quintiliano diez figuras de dicción analizadas por Cornificio; todas ellas aparecen citadas en la Retórica a Herenio 8 .
Quintiliano menciona a Cornificio también en otros dos pasajes de su obra. En III 1, 19 ss., al bosquejar la historia de la retórica en Roma, menciona a Catón, Antonio, los rhetorici libri que Cicerón escribió en su juventud y a continuación una serie de autores de artes retóricas, entre ellos, Cornificio (III 1, 21). También en IX 3, 89 aparece Cornificio citado en una lista de autores que dedicaron libros completos a la discusión de las figuras retóricas (IX 3, 89). Por último, en otros cinco lugares Quintiliano presenta ejemplos que aparecen también en la Retórica a Herenio 9 . Ninguno de éstos es atribuido expresamente a Cornificio por Quintiliano, pero dado que estos ejemplos pueden ser comunes a los manuales de retórica, es posible que procedan en última instancia de Cornificio. Sin embargo, todas estas correspondencias no dejan de plantear problemas y objeciones 10 .
Aun aceptando para la Retórica a Herenio la paternidad del Cornificio mencionado por Quintiliano, resulta difícil individualizar a éste como persona. Entre los Cornificios de los que se tiene noticia en la época en que se supone que la obra fue escrita, existe un Cornificio gramático y etimólogo que sería el principal candidato; a su favor cuenta con el interés que muestra el auctor ad Herennium por los temas gramaticales y las cuestiones etimológicas, muy visible en determinados pasajes de la obra 11 . En contra de la atribución puede señalarse que la adscripción a este Cornificio, tan interesado por las etimologías de palabras griegas, es difícilmente compatible con la actitud antigriega que muestra la Retórica ; además, su De etymis deorum es posterior al 45. Si se acepta como fecha de publicación más probable de la Retórica entre el año 86 y el 82, existiría al menos un intervalo de 30 a 35 años entre ambos escritos; de haber nacido en torno al año 100, este Comificio etimólogo habría escrito la Retórica cuando contaba entre 15 y 20 años. Sin ser un caso de excepcional precocidad, por las propias indicaciones contenidas en el tratado no parece sin embargo que se trate de la obra de un joven sino de una persona más madura y con intereses más concretos. Otro inconveniente es que de ser este rétor y gramático, ciertamente importante, el autor de ambas obras, habría dejado demasiado pocas huellas en la tradición posterior. Pese a todo, la identificación del Cornificio autor de la Retórica a Herenio con el Cornificio etimólogo, aun sin ser plenamente demostrable, es la hipótesis más probable en opinión de Calboli 12 .
Contra la atribución a Cornificio se han manifestado autores como Marx, Brzoska, Koehler y Caplan 13 y, por diferentes motivos, otros como Douglas, Schmidt o Hermann 14 , que sitúan la obra en una época bastante posterior a la que se acepta generalmente como fecha de su redacción. Partiendo del examen de los mencionados pasajes de Quintiliano estos autores llegan a conclusiones contrarias a la atribución a Cornificio. Así, el lugar en que lo menciona Quintiliano en III 1, 8 ss., que obviamente está manteniendo en su exposición un orden cronológico, implicaría que este Cornificio sería posterior a Cicerón y, aunque la relación entre la Retórica a Herenio y el La invención retórica de Cicerón es muy discutida, parece seguro que ambas obras son aproximadamente contemporáneas, de la segunda década del siglo I . También en IX 3, 91 y IX 3, 98-99 Cornificio, Cecilio y Rutilio son mencionados después de discutir Quintiliano las teorías de Cicerón. Por último, en IX 3, 89, Cornificio es citado junto a escritores de la época de Augusto, lo que haría suponer que era contemporáneo de estos autores o un poco posterior. En cuanto a la coincidencia entre las figuras mencionadas en la Retórica a Herenio y las que Quintiliano menciona en relación con Cornificio, es posible que existiera un Cornificio, autor de un tratado específico sobre las figuras, que sería una de las fuentes utilizadas por Quintiliano en el libro IX de la Instrucción Oratoria. En conclusión, para estos autores el Cornificio que menciona Quintiliano parece haber vivido en una época posterior a la del auctor ad Herennium y no podría ser el autor de la Retórica ; el libro de Cornificio que Quintiliano cita no sería la Retórica a Herenio, pues no hay evidencia alguna de que conociera o usara este tratado, y las concordancias entre la obra de Cornificio y la del desconocido autor se explicarían asumiendo la existencia de una fuente común o suponiendo que Cornificio tuvo acceso directo a este tratado, al menos en la sección dedicada a las figuras del estilo.
Más recientemente G. Achard 15 , tras descartar también la atribución a Cornificio, y a partir de los escasos indicios que el autor mismo nos revela en su obra, llega a bosquejar un personaje muy diferente del que se suele señalar; de acuerdo con esta tesis, el desconocido auctor no sería un simple rétor, de origen más o menos humilde, sino un senador experto en la milicia y en la política; tampoco sería un hombre joven, pues él mismo nos informa al comienzo de la obra que se encuentra ocupado en la dirección de sus asuntos privados (I 1, 1), y aunque muestra deferencia con respecto al destinatario, C. Herenio 16 , en sus consejos revela una autoridad que implica cierta madurez. No se trataría de un senex, pues sería poco verosímil que un hombre de edad se entregara a la exercitatio como le propone al alumno (II 31, 50). Lo más probable, por tanto, es que al redactar la obra tuviera entre veinticinco y cuarenta y cinco años. En cuanto a la procedencia, si se acepta la hipótesis de que era pariente del destinatario y teniendo en cuenta que la mayoría de las ciudades mencionadas en la obra pertenecen a la Italia central y meridional (Alba Fucens, Casilinum, Fregella), que parece estar muy preocupado por la guerra social y que se interesa por la latinitas (IV 12, 17), se puede suponer que procedería de una región al sudeste o este de Roma. La dedicación a sus negotia y su interés por la elocuencia judicial, así como su relación con la gens Herennia, sugieren un origen en la nobleza local (locus equester). En cuanto a la formación, conoce bien el griego, pues traduce la terminología técnica de esta lengua, ha estudiado retórica y también filosofía. Él mismo insiste en que ha leído muchos tratados (I 1, 1; IV 1, 1). Tampoco debe tratarse de un caballero ocioso, entregado a las letras y las artes, pues en III 2, 3 señala que tiene la intención de escribir, tras su manual de retórica, un tratado de re militan y una obra sobre la administración del estado (de administratione rei publicae), proyectos que implican el conocimiento y la experiencia de la materia y, consiguientemente, la participación en el cursus honorum. Los ejemplos, en los que abunda su manual, probablemente están inspirados en los que pronunciaron él mismo o personalidades con las que se relacionaba, pues al comienzo del libro cuarto afirma que utilizará ejemplos propios 17 y un gran número de ellos se refieren a la aplicación de la lex Varia (II 28, 45) y al asesinato de Sulpicio (I 15, 25). Sin embargo, no da la impresión de haber accedido a los cargos más elevados de la política romana, pues en ese caso habría evocado su dignitas y no mostraría tantas consideraciones con el destinatario. La conclusión de Achard es que muy probablemente el redactor del manual fuese un senador de cierto rango que ejerció su actividad política en el movimiento de Mario y que en los años 90 se encontraba en las filas del movimiento reformista de Sulpicio. Entre los años 84-83 no ocupa magistraturas, pues tiene tiempo para dedicarse a sus negotia, a la filosofía y para escribir un manual, al tiempo que proyecta escribir un libro sobre gramática (IV 12, 17) y otro sobre la memoria (III 16, 28). A mediados de los años ochenta, cierto C. Hèrenio, sin duda alguien más joven que él, le pidió un manual, probablemente porque no podía seguir las lecciones de los rhetores latini, cuya escuela había sufrido una nota de censura el año 92 18 . Sobre los acontecimientos posteriores es difícil aventurar alguna hipótesis puesto que la obra desapareció largo tiempo de la circulación, pero no es inverosímil pensar que tanto el autor como el destinatario desaparecieron en el período de agitación posterior a la llegada de Sila al poder, hipótesis más que posible si efectivamente el autor pertenecía a la facción popular 19 .
3. La orientación política del autor
Admitiendo la tesis de que el autor de la obra es un ciudadano importante de la época republicana, se ha intentado situarlo en relación con las dos grandes tendencias ideológicas del momento, la optimate, de orientación aristocrática y conservadora, y la popular, más democrática. En este punto la opinión de Marx según la cual el análisis de los principales ejemplos utilizados por el auctor revela una tendencia política favorable a los populares y al partido de Mario, ha gozado de una aceptación casi unánime 20 . Es cierto que los pasajes filodemocráticos constituyen casi la mitad de los exempla utilizados en la obra: así, la muerte de Tiberio Graco es calificada como indigna (IV 22, 31); su hermano Graco recibe la calificación de amantissimus rei publicae; Druso (IV 22, 31) y Sulpicio, el tribuno popular del año 88, que es el personaje más citado en la obra 21 , fueron asesinados cruelmente; Mario es evocado elogiosamente en IV 55, 68, y en IV 22, 31 el autor subraya que Saturnino murió per perfidiam. Por último, en I 5, 8 aconseja obtener la animadversión contra los oponentes poniendo de relieve su pertenencia a la nobilitas. Es precisamente esta actitud filopopular la que ha permitido también relacionar la Retórica a Herenio con Plocio Galo y los rhetores latini así como con el Herenio al que va dirigida la obra 22 .
Decididamente favorable a los optimates sólo hay un pasaje, IV 34, 45, donde este término es utilizado en sentido elogioso 23 . Más inciertos en cuanto a su adscripción ideológica son otros pasajes como I 14, 24, sobre el cónsul Cepión; I 15, 25, sobre el asesino de Sulpicio; IV 28, 38, referido posiblemente a la muerte de Sulpicio; IV 35, 47, sobre la función del senado; y IV 54, 67, sobre Saturnino. En I 12, 21, los hombres que acompañan a Cepión contra Saturnino son calificados de boni uiri y en II 12, 17 el autor elogia la conducta de Cepión; en IV 8, 12 deplora que se ataque a los optimates y en IV 28, 38 Cayo Graco es acusado de provocar el pánico. La presencia de estos elementos abiertamente favorables a los oligárquicos o de atribución ideológica incierta podría atribuirse a la influencia del ars de Antonio que, pese a haber defendido a Norbano el año 95, fue siempre un partidario de la oligarquía aristocrática, aunque también es posible que su presencia se deba simplemente a la prudencia del autor ante el nuevo clima político instaurado por la llegada de Sila al poder.
En conclusión, ciertos puntos marcadamente filodemocráticos podrían ser debidos con mucha probabilidad a la convergencia de las fuerzas antioligárquicas en torno a Mario en los años siguientes al 88, en tanto que los pasajes partidarios de los optimates se pueden atribuir a la influencia de aquellos hombres de cultura aristocrática que, como Antonio, se aproximaron a Mario entre el 100 y el 91. El autor habría conservado el material recogido en esa época, bien para disponer de él ante una posible recuperación del poder por parte de Sila, bien por servirse del material ya preparado. Lo cierto es que el auctor
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