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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 270


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traduccions de este volumen han sido revisada por Óscar Martínez García (Fisiognomía ) y Teresa Martínez Manzano (Fisiólogo ).

© EDITORIAL GREDOS, S. A.


Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1999.

www.editorialgredos.com

Las introduccions, traducciones y notas han sido llevadas a cabo por: Teresa Martínez Manzao (Fisiognomía ) y Carmen Calvo Delcán (fisiólogo ).

REF. GEBO357

ISBN 9788424932862.

PSEUDO ARISTÓTELES

FISIOGNOMÍA

INTRODUCCIÓN

La fisiognomía en el mundo antiguo

La fisiognomía es el arte que permite conocer el carácter o la condición psicológica de una persona a partir de sus rasgos físicos. Marcada en la Antigüedad clásica por una ambigüedad teórica que la llevó a discurrir por caminos próximos tanto a la medicina como a la mántica, la fisiognomía trató de contrarrestar el fuerte componente pseudo-científico que la caracterizaba y que hundía sus raíces en creencias y supersticiones populares. Para ello procuró alcanzar un rigor cientifico y un método racional que tuviesen su base en postulados precisos, como la correspondencia unívoca entre un signo visible y una afección interna o la relación de interdependencia entre los rasgos físicos y los psíquicos, al tiempo que excluía de sus argumentaciones la intervención de causas sobrenaturales. Esta aspiración se hace patente en los tratados fisiognómicos de la cultura grecolatina que conocemos, y muy especialmente en la Fisiognomía de pseu-do-Aristóteles, el primer tratado íntegramente conservado sobre esta materia en su lengua original 1 .

Por lo que atañe al nacimiento de la ciencia fisiognómica en Grecia, parece claro que ya en época arcaica existía en el pensamiento griego una cierta «conciencia fisiognómica», aunque quizás en sus albores fuese solamente intuitiva. Según esta clave interpretativa pueden leerse algunos versos de Homero, como los de Ilíada XIII 276-286, en donde se asegura que el semblante del cobarde cambia de color repentinamente, mientras el del valiente permanece inalterable 2 .

En el tratado Sobre el hado V 10, Cicerón cuenta que en Atenas existió en época de Sócrates un fisiognomista llamado Zópiro que aseguraba poder conocer la condición moral y más íntima de las personas a través del examen de su aspecto extemo, y muy en especial de los ojos, el rostro y la frente 3 , y que tras observar el hundimiento de las clavículas de Sócrates había juzgado al filósofo como estúpido, torpe y aficionado a las mujeres. En Tusculanas IV 37, 80, Cicerón añade que Zópiro había sido objeto de burla por atribuir a Sócrates numerosos vicios, si bien éste había defendido al fisiognomista admitiendo que tenía efectivamente todos esos vicios, pero que había logrado vencerlos por medio de la razón. La anécdota 4 puede ponerse en relación con la noticia que Diógenes Laercio (II 45) pone en boca de Aristóteles según la cual un mago llegado a Atenas procedente de Siria habría reconocido en Sócrates multitud de vicios y le habría predicho una muerte violenta.

Suponiendo que el mago al que alude Diógenes Laercio pueda ser identificado con Zópiro, pueden extraerse a partir de este testimonio dos interesantes conclusiones sobre los orígenes de la fisiognomía: el papel desempeñado por Oriente en la introducción de esta disciplina en Grecia y su estrecha afinidad con la mántica 5 . Sin embargo, debe hacerse hincapié en el hecho de que en Grecia, a diferencia del Oriente, la fisiognomía se mantuvo alejada durante largo tiempo de toda forma de predicción y de adivinación, por cuanto que los rasgos seleccionados no ofrecían indicaciones sobre el destino de una persona, sino sobre una realidad actual y presente, y el experto no recibía ni tampoco interpretaba las indicaciones de un dios, sino que él mismo seleccionaba en las personas objeto de su estudio los ‘rasgos’ que le permitirían deducir el carácter de aquéllas 6 .

La fisiognomía se sirve de los datos provenientes de la observación: se funda por lo tanto en un proceso de inferencia semiótica, que fue el principal instrumento heurístico de las téchnai del s. v , desde la medicina a la historiografía 7 . La condición de téchnē de la fisiognomía y la existencia de personas que se dedicaban profesionalmente a ese arte en época clásica puede inferirse del pasaje del Sobre la generación de los animales 769b 18 sigs. de Aristóteles, en donde leemos que «un físiognomista reducía todos los tipos de expresiones a los de dos o tres animales logrando a menudo convencer a su público de la verdad de sus afirmaciones». Por otra parte, Diógenes Laercio (VI 16) nos informa de que el filósofo Antístenes (ss. v-iv a. C.), el fundador de la escuela cínica, escribió un tratado sobre los sofistas desde una perspectiva fisiognómica (Perí tôn sophistôn physiognōmikós). Y posteriormente, un epigrama de la Antología Palatina (VII 661) atribuido a Leónidas de Tarento o a Teócrito y dedicado a un cierto Éustenes, «fisiognomista capaz de comprender el pensamiento a través de la mirada», confirma que alrededor de un siglo después de Aristóteles existían verdaderos profesionales de este saber 8 .

Las fuentes discrepan a la hora de asignar a la fisiognomía un inventor o prôtos heuretḗs en Grecia: el neoplatónico del s. iii d. C. Porfirio considera que Pitágoras fue el primero en practicar la fisiognomía 9 , un arte que, junto con la onirocrítica, habría aprendido de árabes, caldeos y hebreos (nuevamente se asocia aquí el nacimiento de la fisiognomía en Grecia con Oriente); y que antes de acoger a alguien como amigo o discípulo lo sometía a un examen fisiognómico con el fin de conocer su verdadera naturaleza 10 . En cambio, Galeno, el ilustre médico del s. ii d. C., defendió en su obra De que las costumbres del espíritu están en consonancia con los temperamentos del cuerpo (4 y 7) que el fundador de la fisiognomía fue Hipócrates y definió esta disciplina como una theōría cuyas conclusiones suponían una ayuda indispensable para la medicina 11 .

Precisamente es en la literatura médica donde se hallan algunos de los presupuestos teóricos más relevantes de la ciencia fisiognómica, y más concretamente en ciertos pasajes de los tratados hipocráticos, como en Epidemias II 5, 1 y II 6, 1, en donde por vez primera se encuentra explícita la relación entre el aspecto físico, el estado de salud y el carácter de un individuo 12 ; en Aires, aguas y lugares 24, en donde aparece expuesta la influencia del clima sobre el aspecto físico y el carácter 13 ; o en Sobre la dieta I 28; I 35, en donde se prescinde de la teoría de los humores y se asegura que los seres vivos están constituidos de fuego y agua y que la prevalencia de uno de estos dos elementos explica no sólo las diferencias entre los sexos, sino también el diferente grado de inteligencia entre los individuos 14 . En este intento de dar una explicación científica de la inteligencia humana se inscriben también numerosos pasajes de la Fisiognomía pseudo-aristotélica.

No obstante, otros estudiosos han subrayado igualmente la importancia de la conciencia retórica para la construcción de la disciplina fisiognómica aduciendo, entre otros argumentos, el hecho de que el razonamiento fisiognómico puede ser descrito como un entimema o un silogismo retórico, la elaboración de los ejemplos de la fisiognomía de acuerdo con los tópoi retóricos tradicionales y la influencia de la oratoria de encomio y vituperio en la elección del método fisiognómico 15 .

La fisiognomía en la obra de Aristóteles

En las Vidas de filósofos célebres V 12 Diógenes Laercio consigna entre las obras de Aristóteles un Physiognómonikón en un volumen, y a lo mismo aluden Pólux en su Onomasticon II 135 y el autor anónimo del De Physiognomonia liber, el único tratado latino conservado íntegramente sobre fisiognomía. Dado que el texto griego que manejó este anónimo latino como modelo era al parecer mucho más amplio que el que conservamos nosotros, es de suponer que en época antigua circularon bajo el nombre de Aristóteles diversos escritos fisiognómicos, parte de los cuales se han perdido.

El manual de Fisiognomía que nos ocupa se ha transmitido bajo la autoría de Aristóteles, y aunque la crítica moderna manifestó tempranamente sus dudas sobre la paternidad de la obra, no ha dudado nunca en asignar su génesis al ámbito peripatético. En efecto, en la composición de nuestra Fisiognomía parecen confluir los resultados de las investigaciones aristotélicas llevadas a cabo en el terreno de la ética y la biología, ya que sus principales líneas de pensamiento —la relación entre los fenómenos físicos y anímicos, el uso de la analogía hombre-animal, la teoría de la excelencia del término medio y la oposición metodológica entre lo masculino y lo femenino— encuentran su justificación en la obra de Aristóteles 16 . Un rápido repaso a los loci physiognomonici de los escritos aristotélicos permite confirmar esta teoría.

Es en los Analíticos primeros II 70b y sigs. donde Aristóteles ofrece la justificación teórica de la disciplina fisiognómica, posiblemente en un intento de conferir a esta materia, considerada quizás por algunos como próxima a la mántica, cierta dignidad científica 17 . Para ello exige tres presupuestos con vistas a la práctica de esta téchnē: que todas las afecciones naturales —por ejemplo, los impulsos y deseos— transformen simultáneamente el cuerpo y el alma, que la afección tenga un único signo, y que cada género tenga una afección y un signo específico. De acuerdo con estas tres premisas, Aristóteles cree posible establecer que, si en el león las extremidades largas son señal de valentía, mediante una deducción silogística que conlleva una extensión analógica es lícito concluir que aquella persona que posea extremidades largas será valiente.

En sus tratados biológicos Aristóteles vuelve a hacer referencia a los presupuestos de la teoría fisiognómica. En Historia de los animales I 488b 12 afirma que existen diferencias sustanciales entre los animales en lo que atañe a su carácter, y más adelante (VIII 588a y sigs.; IX 608b 14) abunda en esta idea precisando que los animales presentan rasgos de temperamento que en el hombre resultan más matizados al ser la índole humana más compleja. De este modo se justifica esa continua asimilación entre el hombre y el animal que tanto protagonismo alcanza en los tratados fisiognómicos. En la misma Historia de los animales Aristóteles acepta sin discusión la idea de que los rasgos físicos puedan aportar indicaciones sobre los psíquicos y así (I 491b 12 y sigs.; 492a 32; 497a 7), al clasificar las partes del cuerpo humano y mencionar la frente, las cejas, la zona nasal, los ojos y las orejas, se refiere al modo en que pueden interpretarse los rasgos faciales.

Otro argumento recurrente en los tratados fisiognómicos es la idea de la mesótēs o bondad del término medio, que fue teorizada por Aristóteles en la conocida afirmación de la virtud como término medio que se lee en la Ética a Nicómaco 1107a8 y que se convirtió en uno de los fundamentos del pensamiento ético, político y científico griego 18 . En la Historia de los animales esta teoría se transfiere a un plano físico haciendo que la justa proporción en el tamaño de un órgano sea no sólo la mejor desde un punto de vista físico, sino también garantía de un temperamento óptimo 19 . En el libro IV de esta misma obra (538b2; 608a21 y sigs.) Aristóteles defiende finalmente la superioridad del macho sobre la hembra, tanto en el reino animal en general como en la especie humana.

Únicamente en dos aspectos se distancia nuestro tratado de Aristóteles: ni se analizan con detalle las manos, en las cuales Aristóteles veía la posibilidad de leer el futuro 20 , ni hay referencias específicas a los dientes, que, también según Aristóteles (fragm. 286 Rose), en un número superior a treinta y dos son signo de longevidad 21 .

La «Fisiognomía» pseudo-aristotélica

La Fisiognomía de pseudo-Aristóteles es el más antiguo de los escritos conservados sobre esta materia y a la vez el de mayor calado teórico. Su objetivo es fundamentar racionalmente una ciencia de naturaleza empírica y sustraerla en la medida de lo posible al ámbito de la mántica y la adivinación, El texto tal como se nos ha transmitido se articula en seis capítulos, aunque esa disposición encubre seguramente la yuxtaposición de dos obras —la primera formada por los capítulos I-III, y la segunda por los capítulos IV-VI— próximas en el plano del contenido, pero distanciadas desde el punto de vista lingüístico y en parte conceptual. Cada una de las dos partes es autónoma —la segunda no presupone necesariamente la primera, y aunque en ocasiones repite afirmaciones de aquélla, en otras las contradice— y cada una se inicia con sendos preámbulos teóricos. Las dos partes parecen, pues, de autores diferentes —el primero sería el más cercano a Aristóteles, quizás un alumno suyo— y redactadas con una finalidad también distinta —la primera presenta una mayor sistematización teórica y la segunda persigue un objetivo más práctico y una finalidad casi manualística—, pero ambas tienen sin duda su origen en ambientes próximos al perípato 22 .

En el primer capítulo se exponen los tres métodos utilizados comúnmente por los fisiognomistas anteriores, el zoológico, el etnológico y el etológico 23 . El primero parte de la premisa de que cada especie animal tiene un aspecto y un carácter concretos, de modo que, por extensión analógica, la persona que se asemeja físicamente a un animal será también semejante a él en el plano anímico; el segundo método sustituye los animales por los pueblos o razas como término de comparación; y el tercero deduce los rasgos del carácter a partir de la expresión puntual de las emociones correspondientes. A continuación se exponen críticas contra los tres métodos por el modo en que derivan los rasgos que utilizan y se propone como alternativa un método zoológico basado, no en animales particulares, sino en un conjunto de animales con una cualidad común a ellos y no a otros.

En el cap. II se define la fisiognomía y se delimita su campo de acción: ésta se ocupa de las características del temperamento, sean éstas naturales o adquiridas, en tanto en cuanto comporten una modificación de los rasgos físicos distintivos de la persona. Seguidamente se enumeran los factores de los que se deducen esos rasgos, los cuales aparecen clasificados según una división dicotómica: lo blando frente a lo duro, lo lento frente a lo rápido, etc. En cada pareja de adjetivos contrapuestos hay siempre un término positivo, asociado por lo general a las ideas de valor y masculinidad, y otro negativo, relacionado con las de cobardía y feminidad.

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